22 de agosto de 18071
Padre y muy querido hermano,
Todavía le escribo esta carta desde He-tan-kéu. Un obstáculo sucede a otro y retrasa mi salida hacia Yao-ping. La administración de una cristiandad que no entraba en mis cálculos; luego la enfermedad; y ahora son las lluvias continuas, que han acrecentado los ríos de manera que las barcas no se atreven a emprender camino. Confío aun así en que nos embarquemos dentro de uno o dos días. Mi salud se ha robustecido lo bastante para poder seguir la visita de las cristiandades de Fang-hien. Sin nada de particular que decirle por el momento, sino que el reloj ha contraído una enfermedad que no conozco bien; todo parece reducirse a que la cadena se ha desprendido del tambor. Creo que podrá usted poner remedio a esta falta. No sé si se lo enviaré desde Hotan-kéu o de Yao-ping. Pero si es usted lo bastante diestro para arreglarlo, devuélvamelo con la primera ocasión segura y favorable.
La venta de su tierra que ha hecho Fan-chi-hoa a la viuda Siu, hermana de Y Penta, encierra dificultades que me obligan a decirle algo, a fin de que con su prudencia impida que los vendedores, intermediarios, mediadores ofendan a Dios. La viuda Siu escribe una carta en la que apunta que si en el espacio de un año o dos la tierra de Y-sien-seng (señor Y) está en venta, ella se propone comprarla. Viendo los padres de dicha viuda que la tierra del señor Y no puede venderse, cambian de parecer y, sin consultarla en nada, le compran en su nombre otra tierra muy inferior a la que dice en la carta, y bastante alejada de Chin-mutang (Capilla de la Virgen Santísima). La llegada de Kao-ke-gin y de Y-co-tsong, portadores del contrato de venta, me ha dejado estupefacto a la vista de los obstáculos que preveía por parte de Siu-hong-tao, quien no había sido consultado antes, debiéndolo ser para concluir este negocio de común acuerdo. No soy el único extrañado; la viuda Siu y toda la familia de Siu-hong-tao no lo están menos. Con todo, la referida viuda se inclinaba a esta compra, pero su familia, sin la cual ella nada puede hacer, se negaba en absoluto a dar el consentimiento; entonces se han dirigido a mí por si mi mediación podía obtener algo. Como consecuencia, he tenido dos largas conversaciones con SiuHong-tao en las que creo haber dado razones convincentes para que consintiera y se prestara a la compra de dicha tierra; pero todo ha sido en vano. Me hizo un Ko-teú (golpear el suelo con la frente) y se retiró diciendo que, comprada esta tierra sin consultarle, se debía completar la compra sin consultarle: era lo mismo que decir que no consentía en esta compra, que sin su mediación y concurso, no puede ejecutarse. Hay más dificultades de las que parece. El año pasado, la viuda Siu contrajo una deuda de 140 mil denarios para comprar 5 arpentas (mutien).2 Si compra este nuevo terreno, se verá con una deuda de más de 400 mil denarios, para lo cual no le queda otra solución que el préstamo, que no puedo aprobar. He propuesto otro medio sobre el que insistí mucho, a saber, la venta de 5 mu-tiens, que constituyen la herencia de las dos hijas de la viuda Siu: pero no he logrado que Siu-Hong-tao consienta. Al ver esto he manifestado mi descontento para con él y toda la familia, lo que al fin ha inclinado a Siu-Hong-tao a avanzar algo en dirección de dicha compra, o sea enviar al lugar a un hombre seguro que examine si esta compra es ventajosa para la viuda Siu y si, bien examinado, consta de la utilidad y las ventajas de dicha compra, no se negará a prestar sus buenos oficios, pues en un asunto de esta importancia no quiere actuar a ciegas. Esto es lo que se ha determinado en mi presencia y para lo cual fue escrita una carta en chino…
Me parece que los intermediarios en este negocio no han actuado conforme a las reglas de la prudencia. Creo que se debería haber escrito antes a la viuda Siu que no debía de ninguna forma contar con la compra de la tierra de su tío, ya que los dueños actuales no la querían vender, pero que ahora estaba en venta una tierra de tal precio, situada a 7 u 8 ly de la Capilla, etc., y que viera si consentía en esta compra o no. Así se habrían evitado muchos pecados pasados, presentes y quizá futuros. Pero me parece poco prudente concluir una compra de importancia sin consultar a la parte interesada. He hecho, sin embargo, todo lo posible para que se aviniesen a esa compra, pero no he podido conseguirlo. Si el terreno a adquirir fuera menos caro y cayera más cerca de la Capilla, y en un lugar donde fuese menos escabroso el camino a Tcha-yuen-kéu, tal vez habría sido más fácil de concluir el negocio a satisfacción de los intermediarios.
Si he insistido en esta compra, fue mi motivo secreto el interés de la cristiandad de Hoang-kia-ta-po. Porque si se vende a un pagano, será difícil luego administrarlo. Pero me he guardado bien de proponer este motivo…
Le expongo los detalles de este asunto para que haga uso de su prudencia e impida que se ofenda a Dios, si no se puede concluir la compra.
Deseo de todo corazón que mi carta le halle con salud de cuerpo y paz del alma, entre las perplejidades y dificultades que presenta nuestro ministerio.
Y soy en el amor de N. S.,
Padre y querido hermano,
su muy humilde y obediente servidor, Clet, i. s. d. l. m.
PS. Recuerdos al Kon-sien-seng.3
PS. He oído decir que se retenía en nuestra casa a Hutchi-pang de Hoang-chan-ya que, por causa del juego, ha emprendido la huida para evitar las vejaciones de sus acreedores. Si es así, le ruego que lo despida de inmediato: pues no debemos encubrir a jugadores, porque corremos peligro de que se diga que nuestra casa es el refugio de gentes de mala nota. Si no puede residir en Hoang-chan-ya, dígale de mi parte que busque asilo en otro lugar.







