¿Quién fue sor Cecilia Charrin?

Mitxel OlabuénagaBiografías de Hijas de la CaridadLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Geneviéve Chardin, H.C. · Año publicación original: 1972 · Fuente: Folletito fotocopiado de origen desconocido.
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Sor Cecilia Charrin Deverchére, «la Hermana de los Pobres», fue una Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl, de origen Francés y procedencia aristocrática, hija de don Maurice Charrin y Cesarinne Deverchére. Su nombre completo era Marie Isabelle Rosalie Renée, y fueron sus hermanas: Gabrielle e Isabelle. Nació y vivió en su castillo de Néty en Saint Étienne -des­-Oulliéres, Rhóne, Francia. Al morir su padre, Renée se convirtió en la nueva jefa del Castillo de Néty.Por pertenecer a une familia aristocrática tuvo la oportunidad de vivir a la moda y ritmo de la sociedad de su tiempo. que le llevó hasta los salones de fiesta y banquetes del palacio del Príncipe Alberto de Mónaco.

Semblanza

Suor Cecilia CharrinHablando Jesús con Nicodemus que le llegó a consultar de noche y en secreto, le dijo: «El viento sopla donde quiere y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene, ni a dónde va, así es todo nacido del Espíritu » (Jn. 3, 8)

Sor Cecilia oyó la voz del Espíritu y la siguió  hasta el fin con una fidelidad admirable.

Cuando oyó su voz, no vaciló en romper toda atadura, entró a la Comunidad con su decisión tan particular: «Aquí estoy porque Dios me ha llamado«.

Alegre en su abnegación, se dio toda, sin saber a dónde iba a llevarla el Espíritu. A Guatemala la mandó y a Guatemala llegó el 30 de agosto de 1930. Contenta, feliz desde su llegada se dio a los pobres, en los que desde años soñaba, porque veía y encontraba en ellos a Jesucristo. Sólo y únicamente esto le preocupó. Algo original en su abnegación, no pensó en otra cosa. Aprender el castellano, ¿para qué? Y tan pronto como pudo lo machucó a su modo, hablando como ellos lo hablaban, poco más o menos. Lo principal era ayudarlos, consolarlos, sacarlos de apuro, también a su modo.

Fue asignada Hermana de Oficio en el Seminario. Hubo de comprobar que para ello no tenia aptitudes… Se le puso a estudiar enfermaría… lo mismo.

Para los Pobres era… y para los Pobres fue… Reorganizó la distribución de desayunos y almuerzos, yendo ella misma al mercado, para hacerse regalar lo que quedaba: verduras, frutas, carne… Todo era bueno. Se lo cargaba sobre una carretilla prestada o mal pagada, pues tenía el don de persuadir a la gente que la ayudase. ¡Cuán deliciosas sopas hacía pelando con sus pobres las verduras!, porque también habla conseguido que la Casa Central le diera un pedacito del fogón para poner su inmensa olla, que cualquier fulano, zutano o mengano iban a traer, sudando la gota gorda.

Estos fueron los principios. Como decía San Juan, el Espíritu soplaba ella no dejaba de oir su voz: la oía en todas las necesidades de los Pobres. Viendo, pues, que sola no podía hacer mucho, se conquistó a las Señoras de la Caridad, y muy de veras las conquistó: tanto que le preguntaban: »bueno, Sor Cecilia, ahora ¿qué hacemos?»…

Fundó una Sala Cuna para que las mujeres que tenían chiquitines en casa pudieran ir a trabajar… Estos también de repente terminaron en la Casa Central… Entonces pensó construir un Hospitalito de niños y compró con la ayuda de bienhechores un terreno en la Palmita, que más tarde aumentó con una herencia propia. Yo le decía: Pero Sor Cecilia, ¡cómo va a sostener un hospital gratuit0!… ¿No ve que usted tiene que parar los trabajos por falta de dinero? Pero seguía imperturbable.

La llevaba el Espíritu, el soplo que animó a San Vícente y a Santa Luisa, por lo que, a su imitación, se valía de todo y de todos para hacer el bien a los Pobres.

Con las Señoras de la Caridad fundó la Asociación de las Luisas de Marillac, movió a las catequistas, muchas tan pobres como ella misma. Se hicieron por todas partes Primeras Comuniones, se enseñaba la religión en los pueblos, y cuánto gozaba al entregar esas almas al Señor.

Después de fundar la Sala Cuna, se dio cuenta que había que velar por la instrucción de los niños Pobres, fundó la Escuelita de Loreto, contribuyó en gran parte a la de La Milagrosa. Incansable organizaba rifas, kermeses, buscaba contribuyentes. Luchó contra toda clase de incomprensiones, de criticas, de dificultades materiales, de contradicciones y censuras, de malas caras y duros recibimientos.

Para favorecer las vocaciones de niños pobres estableció su «Amparo del Patojo», manteniendo esta obra al precio de sacrificios de toda clase. Incansable… siempre alegre, siempre entusiasta, comunicaba su optimismo, animaba las buenas voluntades, no se le podía negar nada. Mal que bien, había que cooperar con ella. Todo era por el «Buen Dios», como decía.

Cuanta persona se le acercaba, recibia un saludo cariñoso, una sonrisa amable y un calificativo de BUENA, que daba a todas.

Sus últimos esfuerzos fueron por su querido «Loreto» y para la obra de Tecpán.

Incansable. aun a sus 83 años, salia por la mañana y por la tarde de casa en casa, para pasar las urnas de la Santisima Virgen y cobrar sus recibos.

¿Quién podrá calcular el valor de estos pasos, sino sólo Dios que la impulsaba?

Su último acto fue acercarse a la Santa Comunión en la Capilla de la Casa Central. Al salir de misa le empezó el derrame cerebral que en 15 días la llevó a recibir la recompensa prometida a los que aman y sirven a tos Pobres, con alma, vida y corazón.

Ojalá que desde el cielo mande a la juventud este celo incontenible por la salvación de las almas, que fue el ideal y la realización de toda su vida.

«El viento sopla donde quiere», oigamos su voz y llegaremos a la vida eterna.

Oración privada para la beatificación de sor Cecilia Charrin, Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl

Dios y Señor Nuestro, que suscitaste en el corazón de Sor Cecilia Charrin, Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl, celo y desvelo especial a favor de los pobres, tus predilectos, humildemente te pedimos la gracia de la beatificación de esta Sierva cuya, cuyos dones y talentos puso a favor de los pobres, y que nos alcances aquellos favores que por su intercesión te pedimos… por nuestro Señor Jesucristo tu hijo, que contigo vive y reina, en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los Sigios de los siglos. Amén.

Padre Nuestro, Ave Maria y Gloria al Padre.

Si recibe alguna gracia al rezar devotamente esta Oración comuníquese por favor a:

«Fundación Amigos de Sor Cecilia Charrin»
2ª Avenida 13-12, zona 1
01001,  Guatemala, Ciudad.
Tele: 2230-6874 y 2232-2323 CASA CENTRAL
E-mail museocasacentral@hotmail.com

Con licencia Eclesiástica según consta en el Libro II, Folio 16. Partida 96, 97 y 98 de la Curia Arzobispal.

 

Fue en Mónaco donde conoció a las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, no precisamente en el palacio, sino en el hospital que las Herrnanas atendían, que era por donde ella debla pasar. Tuvo muchas oportunidades de encontrarse con ellas y observar su trabajo a favor de los pobres y enfermos.

«Parecían blancas palomas por su corneta blanca y ello me cautivó«. Renée, segura de su vocación, no vaciló en romper toda atadura e ingresar con las Hijas de la Caridad: «Aquí estoy porque Dios me ha llamado«, hizo su seminario en la Casa Madre en Paris; recibió el hábito el 11 de abril de 1923. En 1930 fue enviada a trabajar a Guatemala.

En su vida comunitaria Sor Cecilia vivió y practicó las virtudes del Espiritu de las Hijas de la Caridad: Humildad, Sencillez y Caridad. Con sus compañeras fue amable, servicial, cariñosa y respetuosa, dándoles siempre ejemplo de su gran amor a Dios y a la Santísima Virgen. Las Hermanas que la conocieron y viven, la recuerdan con cariño y gratitud; dicen que vieron en ella un alma de Fe, de Esperanza y Caridad.

«Los pobres son mi peso y mi dolor» afirmaba San Vicente. Sor Cecilia, en la Casa Central, abrió nuevos caminos a favor de los pobres, sus amos y señores. Su Obra en Guatemala fue grande; no la realizó sola; aprovechó la fuerza y espíritu de los laicos, desde el más pequeño hasta el más grande, desde el más rico hasta el más pobre. Todos trabajaron con ella.

Para cada necesidad buscaba y tenía respuesta pronta. Su amor al pobre le causó insultos, vejaciones, lluvia, sol, sed, cansancio, incomprensiones y hasta fue detenida por la policía por pedir limosna en la calle, pero siempre estaba su buen Dios para consolarla y animarla a seguir adelante. Ante su humildad y bondad, no había corazón que se resistiera.

 

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