Reconozco, y lo confieso, que no soy un teórico de la Misión Popular vicentina; no me considero, además, un experto en la historia misionera de la Provincia. Soy ciertamente un misionero que desde mi regreso a México en 1974, he dedicado gran parte de mi vida al trabajo pastoral parroquial y al ministerio de las misiones, muy particularmente como coordinador del Equipo Misionero desde 1991 hasta finales de 2002 en que fui elegido Visitador de la Provincia, en cuya responsabilidad he estado muy cercano a la acción misionera del Equipo, asistiendo tanto a la apertura como a la clausura de las misiones. Me considero, por tanto, un misionero de campo y, en este sentido, un testigo de nuestro trabajo misionero actual y algo conocedor de nuestro pasado y, como Visitador, comprometido en la búsqueda de nuevos derroteros para nuestra vocación misionera.
¿Qué hacemos en la actualidad?
En continuidad con la tradición misionera de la Provincia, seguimos dando misiones, si bien a escala menor. Tenemos un Equipo de misiones integrado por tres misioneros como máximo. Ellos son responsables de recibir las peticiones de la misión, de hacer la propuesta de nuestra misión al párroco y a su Equipo de Pastoral. Se encarga, también, de la Premisión y de la postmisión. En la misión propiamente tal, participan miembros de toda la Provincia en número variable según los centros misioneros. Este dato es interesante porque la Provincia se ha resistido a que el Equipo monopolice la acción misionera. La Provincia entera ha querido sentirse responsable de participar en las misiones según lo proponga y lo solicite el P. Visitador. En cuanto a métodos y contenidos nos hemos inspirado mucho en materiales de España y de Clapvi, adaptados siempre a nuestro pueblo. Nosotros no enfrentamos, aún, el fenómeno de la increencia; nuestro problema es el extendido analfabetismo religioso y el predominio de lo cultual sobre la acción evangelizadora. Por otra parte, la misión no sólo es aceptada; es anhelada por nuestro pueblo.
Otra contribución muy valiosa a la acción misionera es la participación de los seglares jóvenes y de nuestros estudiantes de la etapa de Apostólica a la de teología en las misiones populares, en semana santa y en el verano.
En cuanto a nuestra propuesta misionera somos flexibles. Hay congregaciones misioneras con propuestas muy estructuradas, de forma que si las parroquias no las aceptan en su totalidad, no dan la misión; o si la comienzan y ven que la parroquia no sigue su ritmo, se retiran. Nosotros somos flexibles; mantenemos lo esencial de nuestra propuesta; nuestra flexibilidad se debe a que lo que nos interesa es evangelizar a pueblos sedientos de la Palabra de Dios. Nuestro objetivo hacia donde todo se canaliza, es: dejar comunidades de evangelización permanente en la etapa de postmisión. Quienes realizan esta labor evangelizadora, dirigidos por el Equipo misionero de la Provincia, son los párrocos con su equipo de Laicos, que son esenciales en el trabajo de premisión, misión y postmisión. Desde el inicio implicamos al párroco y a su equipo parroquial de laicos para que participen en las tres etapas. Los párrocos, en general, nos secundan codo con codo; la misión se da y deja sus frutos. Damos un promedio de 5 misiones al año en 10 meses de trabajo misionero.
La herencia del pasado: Para entender el alcance y la hondura de nuestra acción evangelizadora en la segunda mitad del siglo XIX y primera del XX, es interesante anotar algunos antecedentes a la llegada de los primeros misioneros e Hijas de la Caridad (1844).
A los 10 años de nuestra Independencia, la Iglesia de México se encontraba en un proceso de recomposición tanto de sus diócesis como de sus más diversos ministerios.
Las 10 inmensas diócesis de un territorio de 3 millones de km2 habían quedado vacantes por la muerte de 8 obispos y el regreso a España de los otros 2. En 1831, «Motu proprio», el Papa Gregorio XVI comenzó el proceso del nombramiento de nuevos Pastores. En 1863, el papa Pío IX creo las primeras 5 diócesis nuevas en un proceso que seguiría ya con cierta periodicidad. En 1821, por Decreto de las Cortes de Cádiz, fueron expulsadas de México todas las Ordenes Hospitalarias. Entre 1860 y 1861 se aplicaron las «Leyes de Reforma», por las que quedaron suprimidas las Cofradías, Ordenes Terceras, Gremios y Órdenes religiosas masculinas y femeninas.
No menor importancia tiene citar el hecho de que el desgaste de la Vida religiosa masculina la tenía en una verdadera postración. Por esto, un historiador de la Iglesia no ha dudado en afirmar que la llegada a México de Misioneros e Hijas de la Caridad, constituyeron un verdadero «elemento de refresco». Y esto se demostró con el requerimiento que se hizo de inmediato a misioneros e Hijas de la Caridad. Estas últimas se fueron ocupando de la antigua red hospitalaria y de crear escuelas elementales, orfanatos, colegios y «escuelas dominicales». Les llovieron las vocaciones al grado de que hacia 1874 el número de casas era de 42 y el de Hijas de la Caridad ascendía a cerca de 400. Los misioneros también fueron requeridos de inmediato. Enumeremos los ministerios que fueron asumiendo: 1)el de la prensa, con la publicación del periódico llamado «El Católico» (1845-1848), sustituido, luego, por la «Voz de la Religión (1848-1852), periódicos de tiraje nacional y que compitieron con los principales diarios de los Liberales.2) el de los Seminarios Mayores y Menores (1846-1944); el del magisterio en los grandes colegios de León, de Guanajuato y de Tacubaya en el D. F., (1847-1930); 3) el de las misiones en el campo (1854 hasta la fecha); 4) la organización de los Laicos: Las Conferencias de San Vicente de Paúl (1845); las Hijas de María (1862); las Cofradías de Caridad (1863). Una característica de estas agrupaciones es que, desde los orígenes, se les dio una organización nacional que contribuyó a su expansión y a la eficacia de sus obras. Y un denominador común a todos estos grupos vicentinos, incluidos misioneros y Hermanas, es su acción evangelizadora diversificada: salud, misiones a los pueblos, educación en los seminarios y Colegios; educación elemental en escuelas, colegios, orfanatorios, «escuelas dominicales»; catequesis infantil y de adultos. La obra catequística de las Cofradías de Caridad fue inmensa; sin embargo, las Hijas de María se llevan el lauro de oro en este ministerio al instituir en 1930 la «Obra Nacional de la Catequesis de las Hijas de María». En sus mejores momentos llegaron a tener en pie a 7’000 catequistas de la Asociación, formadas en las más actuales corrientes catequéticas de Bélgica y Francia. En cuanto al misionerismo de los Padres hay que destacar las casas-misión de México, Puebla, Mérida, Chihuahua, Chilapa, etc.; y el testimonio de los profesores de Seminarios que atendían a las Asociaciones y a la catequesis y se entregaban a pequeñas misiones; porque no había que olvidar, decía más de alguno, que en los diversos ministerios, somos ante todo: Misioneros. En el pasado reciente (años 60…), sobresale nuestra gran acción evangelizadora en las parroquias de suburbio y, sobre todo, en las inmensas parcelas de Netzahualcóyotl y Ecatepec de la zona metropolitana, en donde hemos dejado innumerables iglesias y capillas construidas y comunidades cristianas bien organizadas.
Hacia el futuro: El futuro de nuestra acción misionera en México, podemos intentar ilustrarlo desde dos perspectivas, una desde la realidad actual de nuestro pueblo y otra, desde nuestra lucidez para entender el momento que vivimos y estructurar una misión que sea creíble y eficaz para promover una evangelización renovadora.
En cuanto a la realidad de México, podemos citar algunos datos concretos: la población campesina asciende a unos 20 millones; la de los pueblos indígenas, a 10 millones; la población marginada en los suburbios se estima en unos 5 a 7 millones; el fenómeno de la migración interna como es el caso de cientos de familias indígenas que cada año emigran enteras del sur al norte del país, a los campos agrícolas de Sinaloa, Sonora y Baja California en condiciones laborales deplorables y sin ninguna atención pastoral; el fenómeno, incuantificable, de los «niños de la calle» y de los «sin techo», etc.
En lo religioso, ya he insinuado que no nos enfrentamos aún a la increencia generalizada ni a una animosidad agresiva contra la Iglesia. El fenómeno preocupante es el analfabetismo religioso y la falta de formación de una conciencia social y misionera en nuestras comunidades cristianas. «Mucho culto y poca evangelización», es lo que se viene denunciando desde hace décadas en nuestra Iglesia de México y, en general, en la América Latina.
Si admitimos estos presupuestos, podíamos aplicar al México actual el título del libro de Gaudin que en los años cuarenta levantó tanta polémica en Francia: «¿México, país de misión?». El campo para la misión vicentina en México es inmenso, pero, además, favorable, acogedor, todavía. Tenemos centenares de ciudades medias y pequeños poblados donde somos bienvenidos. Aún en las grandes urbes, como el D. F., donde sí se resiente el secularismo y asoma la oreja el ateísmo y el anticlericalismo, aún es viable la misión si está es bien planteada y mejor conducida.
Si miramos el futuro de la misión vicentina desde nuestra Provincia, podemos esbozar algunas líneas de búsqueda que estamos trabajando desde hace algunos años. Desde luego, seguimos dando misiones y con mucho provecho del pueblo. Pero los retos apuntados y otros muchos que no es posible señalar aquí, son urgentes: y, quizá estén apuntando hacia una última llamada. Por eso es que estamos trabajando algunas búsquedas que solamente señalo:
- el de la formación inicial y permanente de nuestros misioneros en vista de la misión que requiere, hoy, nuestro pueblo. Este tema lo trataremos en una Asamblea extraordinaria en abril de 2008;
- el de la actualización del Proyecto provincial y de nuestros proyectos comunitarios, pastorales y económicos locales, temas que trataremos en reunión extraordinaria de toda la provincia, prevista para los primeros días de diciembre próximo;
- puesto que de un total de 75 misioneros, 43 trabajan en parroquias y casas de culto, nos urge sacar adelante el «Proyecto de parroquia misionera» para formar grupos laicales comprometidos con nuestra misión, particularmente los grupos de Familia Vicentina;
- entre abril y junio del presente año, hemos tenido dos encuentros de Congregaciones tradicionalmente misioneras. Hemos puesto en la mesa lo que hacemos; en septiembre próximo avanzaremos hacia lo que podemos hacer uniendo fuerzas.
El futuro de nuestra misión vicentina depende de lograr las metas de estas búsquedas en el espíritu de renovación que hoy anima fuertemente a la VC y a los Institutos de Vida Apostólica. Concluyendo, puedo decir que nos encontramos comprometidos en dos procesos: el de la oración-reflexión y el de la actualización de nuestros proyectos; todo lo cual apunta en una misma dirección: rescatar toda la fuerza de nuestra vocación vicentina de CARIDAD y MISIÓN en los nuevos retos y oportunidades que nos ofrecen, hoy, nuestro país y nuestra Iglesia local de México.






