Presencia Vicenciana en Nigeria (1960-1994)

Mitxel OlabuénagaHistoria de la Congregación de la MisiónLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Richard Ikechukwu Diala, C.M. · Traductor: Máximo Agustín, C.M.. · Año publicación original: 1994 · Fuente: Vincentiana, 1994.
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La Provincia Irlandesa de los Vicencianos llegó a Nigeria el 1 de Noviembre de 1960, exactamente un mes después de la Independen­cia Nigeriana, a invitación del Obispo James Moynagh de la diócesis de Calabar. Los Padres Frank Mullan, C.M., Harry Morin, C.M., y Paddy Hughes, C.M., fueron el primer equipo de exploradores.

Una vez llegados y después de sus cursos de orientación y apren­dizaje establecieron una casa temporal en la población de Ikot Ekpene. En torno a esta residencia temporal se construyeron la casa cural y la parroquia de San Vicente, en 1963 y 1965 respectivamente. Estas construcciones fueron apadrinadas por las generosas gentes de Phibsboro, Dublin, Irlanda. Este primer grupo de Vicencianos Irlan­deses tuvo su primer momento triste digno de notar cuando, hacia finales de mayo de 1965, el P. Harry Morin falleció repentinamente de un ataque al corazón. Sin embargo, para 1966 ya había unos siete Vicencianos Irlandeses, incluido el P. Frank Mullan, C.M., quien sería Provincial años más tarde.

La mayor parte se ocupaban en trabajos de Misión y retiros en parroquias de sacerdotes y de religiosos, en escuelas, etc. Recorrieron en todas direcciones Nigeria Oriental, en particular Igboland. Al co­menzar la crisis Nigeriana en julio de 1966, con los asesinatos en el norte del país y acabar en guerra civil en mayo de 1967, los Vicen­cianos se habían ido a Abakaliki entonces diócesis de Ogoja, a Uzoag­ba y Atta en la diócesis de Owerri.

La guerra de Nigeria-Biafra, como se la llamó, detuvo el avance progresivo de los Vicencianos por otras partes del país, sobretodo cuando la mayoría de los misioneros del lado de Biafra se vieron obligados a marcharse, sea por la intensidad de la guerra, sea por el Gobierno Federal, entre 1967 y febrero de 1970.

Con todo, al final de la guerra civil en enero de 1970, con la intervención del Nuncio Apostólico en Lagos, siete Vicencianos Irlan­deses salieron de Dublin: los Padres Roderic Crowley, Frank Mur­phy, Padraig Regan y Bill Clarke, para la diócesis de Port Harcourt al este, mientras que los Padres Vinnie O’Brien, Tom Devine y Tim Casey salieron para la diócesis de Makurdi, una nueva expansión hacia la zona centro de Nigeria.

Las misiones y retiros Vicencianos resultaron atractivos a los jóvenes de Nigeria y ya en 1968 algunos comenzaron a sentir in­terés por hacerse Vicencianos. Hacia finales de 1970, los dos pri­meros Nigerianos aceptados, y enviados a Irlanda al noviciado y formación en el seminario, fueron Timothy Njoku y Anthony Njoku.

En la diócesis de Makurdi los Vicencianos se dedicaron a la for­mación de catequistas, de «Church Leaders», y de ministros eucarís­ticos, a misiones y a retiros. El P. O’Brien fue Director del Colegio Emmanuel, en Obokolo, desde enero de 1973. La parroquia de San Vicente en Ogobia quedó también a cargo de los Vicencianos. En Port Harcourt los Vicencianos se encargaron del Seminario Menor, de la Parroquia de Nuestra Señora en Creek Road, y también de dar retiros.

Al final de la crisis los Vicencianos regresaron a Ikot Ekpene, lugar de sus comienzos en 1960. Trece años después, en 1973, llegó un gran momento de gozo cuando el primer Vicenciano de Nigeria, el P. Timothy Njoku, C.M., después de completar el noviciado y estudios en Irlanda fue ordenado por el Obispo Dominico Ekan­dem, Ordinario del lugar. Este gozo había de culminar diez años más tarde (en el mismo Ikot Ekpene, en 1983), cuando los «novicios de la fundación», totalmente formados en Nigeria, iban a ser ordenados, el 16 de julio, por el Cardenal Dominico Ekandem. De esta forma los PP. Richard Ikechukwu Diala, C.M. y Michael Ime Edem, C.M., constituirían el estímulo para los Vicencianos formados en el propio lugar.

El año de 1975 es asimismo especial en los anales de los libros de historia de los Vicencianos en Nigeria. Este año tuvo lugar la ordenación del segundo Nigeriano, el Rev. Anthony Njoku (que según algunos, prestó sus servicios en la Diócesis de Owerri), y la apertura del Noviciado Vicenciano de Nigeria en Ogobia, Dió­cesis de Makurdi. El P. Paul Roche (el gran constructor), el primer Maestro de Novicios, con los tres novicios fundadores Ri­chard Dalia, Michael Edem y John Amadi, que se marchó años después, inauguró el programa de noviciado en agosto/setiembre de 1975.

En 1974 y 1976 respectivamente, los Vicencianos se comprome­tieron en la formación del clero local, en la dirección del mayor semi­nario del mundo de la época reciente, el Memorial Seminary de Bigard, en Enugu e Ikot Ekpene.

El P. James Cahalan, Papá como le llamaban sus estudiantes cariñosamente, de grato recuerdo, estuvo en Bigard, Enugu. Los PP. Myles Rearden y Roderic Crowley estuvieron en Bigard, Ikot Ekpe­ne. Entre los dos campus de teología y filosofía sumarían más de 700 estudiantes.

En 1979 los Vicencianos fueron invitados por el Arzobispo de Onitsha, Obispo Francis Arinze, a regentar una nueva parroquia en Oraifite, formaría la base del equipo de retiros en años sucesivos. Los Vicencianos también establecieron una escuela de vocaciones para chicas allí. A fin de consolidar el espíritu Vicenciano y de comunidad entre los seminaristas, se construyó una casa de estudiantes en Abiakpo, diócesis de Ikot Ekpene, en 1982, desde la que asistían a clase en el seminario de Bigard, campus de Ikot Ekpene. En 1990, se alquiló una residencia en Enugu para los estudiantes de teología del seminario de Bigard de Enugu. Anteriormente los Vicencianos ha­bían construído y abierto la Casa Regional en Enugu en 1988. Los planes para el Centro Pastoral y Retiros, en Oraifite, archidiócesis de Onitsha, no se han llevado a cabo todavía.

Está claro que el carisma y apostolado Vicencianos son muy apreciados por muchos miembros de las autoridades eclesiásticas Nigerianas. No faltan invitaciones de diócesis y provincias para tra­bajar, ya en parroquias ya en seminarios, pero desafortunadamente la Pequeña Compañía no ha podido dar respuesta a muchas de esas llamadas por falta de personal y de mano de obra cualificada. De manera que la inquietud de los Vicencianos en Nigeria no es tanto qué se ha de hacer, como por la falta de personal para realizar lo que está disponible, y lo que está por venir. El número todavía es escaso, lo que constituye una mayor dificultad para enviar cohermanos a una formación especializada.

A pesar de todo, es innegable el progreso y la esperanza — no obstante la lenta marcha — y se cree que la Provincia Irlandesa, al igual que las diócesis locales y otras comunidades religiosas, saque partido del auge vocacional de Nigeria hoy, ya que a la Nigeria de mañana le podría suceder lo que a la Europa y América de hoy en materia de vocaciones. Hoy contamos con 19 sacerdotes Vicencianos locales, un hermano y 31 estudiantes y novicios.

A partir de mi experiencia en el trabajo por las vocaciones y los retiros, puedo decir que los carismas Vicencianos en favor de los pobres y la predicación de la palabra, entre otros, atraen a muchos jóvenes Africanos, quizás más que otros carismas. Lo cual explica las muchas solicitudes que recibimos cada año.

Repasando los 34 años de presencia Vicenciana en Nigeria, podríamos decir que algo se ha conseguido. Los Nigerianos saben que existimos y que somos un grupo que predica el evangelio para la dignificación de los pobres. Los Nigerianos han vivido también la experiencia de este compromiso Vicenciano en el apostolado de las cárceles, incluso como seminaristas, en el trabajo como capellanes de la Sociedad de San Vicente de Paúl a nivel diocesano y nacional, en la rehabilitación de los sin hogar, con los discapacitados etc. Espe­ramos que antes del año 2000, la Provincia Irlandesa consolide su actividad misionera en Nigeria incrementando el número de estructuras físicas y el personal local, con el fin de establecer una base for­midable para dar origen a una Provincia Nigeriana. Los Nigerianos estaremos por siempre agradecidos a nuestros cohermanos Irlande­ses, a los que viven y a los que se fueron antes, sellados con el signo de paz.

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