Por los Padres de la Misión (III)

Mitxel OlabuénagaHistoria de las Hijas de la Caridad1 Comment

CRÉDITOS
Autor: Carmen Hernandez · Año publicación original: 2011 · Fuente: Anales españoles, 2011.
Tiempo de lectura estimado:

Buenaventura Codina, Director (1844-1847)

El P. Roca anuncia al nuevo Visitador y Director. El Superior Ge­neral ha nombrado Visitador de la C.M. y director de las Hijas de la Caridad de España, al P. Buenaventura Codina.

En una larga circular, el P. Codina se dirige a las hermanas, desde Madrid, el 25 de septiembre de 1844: «Después de más de cinco años de ausencia de la amada Patria, y de haber cesado por la calamidad de los tiempos, en las funciones de director de vuestra Congregación en España, ha dispuesto la Providencia que se me facilitara el regreso, y nuestro muy honorable padre, el P. Superior General, ha impuesto de nuevo sobre mis hombros la formidable carga de Director y Visita­dor… Durante mi ausencia he podido observar de cerca vuestra Con­gregación en el lugar mismo en que nació, tener estrechas relaciones con la Superiora principal, sus oficialas y consejeras, con el director de la Comunidad Madre y con el mismo Superior General; y por estos medios he podido ponerme al corriente del sistema de gobierno que nuestro Santo Padre y Fundador delineó… La provincia Española es una parte considerable de este cuerpo majestuoso… es necesario que, en cuanto las circunstancias y tiempos lo permitan, se conforme en todo con los usos y prácticas de las demás Provincias, e imite y siga los pasos de la Casa que es la Madre universal de todas las que están es­parcidas en las cuatro partes del mundo. Nada me ha encargado más vivamente nuestro muy honorable Padre, como el trabajar en estable­cer esta uniformidad en la Provincia…»

En la carta escribe cuatro puntos, que resumo:

1.° Que todas trabajen por adquirir el espíritu de su estado: humil­dad, sencillez y caridad. El medio necesario es la práctica fiel a todos los actos de piedad: oración, sacramentos, santa misa, exámenes, lectura, presencia de Dios. Las hermanas sirvientes son responsables ante Dios y los superiores de la práctica y de adelantarse con su ejemplo.

2.° Es necesario el recogimiento.

3.° Después de hacer el Oficio de María, darse con ardor, pero no excesivamente, a las obras de ca­ridad.

4.° Por las circunstancias adversas y falta de documentos, la Congre­gación de España ha estado casi incomunicada con los Superiores Mayores. Sólo dos veces al año se escribía a la Superiora General o al Superior para pedir licencia para renovar los votos, la otra para enviar las hermanas difun­tas, y esto por medio del director. Rara vez escribían las supe­rioras y menos las hermanas particulares. La Superiora Gene­ral se ha quejado de no recibir noticias de las españolas. A pe­sar de todo, se sabe de la tierna caridad con que recibió a las hermanas españolas que se refugiaron en Francia y los socorros pecuniarios que envió al Noviciado de Madrid, a causa del de­sastre de 1839.

N.M.H. Padre desea poner fin a este aislamiento y que la Provin­cia española forme un gobierno según el espíritu y letra de las consti­tuciones para lo que me ha nombrado Director y Visitador. Se ha de es­cribir a la Superiora General, por lo menos dos veces al año y cuan­tas veces lo juzguen conveniente.

Siguen cinco artículos, en los que se indica:

1.° Que habrá un director de la C.M.

2.° En el Noviciado de Madrid habrá una superiora, a quien co­rresponde el título de Visitadora, que recibirá el nombramiento del Superior General, que enviará la Patente.

3.0 En la Casa Central habrá un Consejo. Se reunirá una vez por se­mana.

4.° Las órdenes del Consejo se comunicarán a las superioras loca­les o hermanas sirvientes y a las demás hermanas.

5.º Todas las hermanas tienen derecho a pedir consejo al Director de España y a los Superiores Generales.

Y añade que está dispuesto a cumplir la misión encomendada, con­tando con las oraciones. Anota la advertencia de que, para evitar confusiones, se use el nombre propio, apellido de sus familiares, como ya se ha establecido en la casa principal de Madrid. Indica las direcciones de los Superiores de París.

Aún siguen una serie de advertencias y exhortaciones.

En 1847, el P. Buenaventura escribe que ha finalizado el trienio de la primera Visitadora, sor María Vicenta Molner, y que el Superior Ge­neral, P. Etienne, de acuerdo con el consejo de la Casa Matriz de París, nombra Visitadora a sor Valentina Culla, siempre bajo las órdenes del director, como representante del Sr. Superior General de ambas Con­gregaciones. «Desde que vuestra Congregación de España ha sido eri­gida formalmente en Provincia por el consejo de París y bajo su de­pendencia, esto es, de tres años a esta parte… [1844]». Desde esta fe­cha fue Visitadora sor M.a Vicenta, hasta 1847 en que es nombrada sor Valentina.

Es evidente que el P. Codina está dispuesto a secundar todas las ór­denes y deseos del P. Etienne, que confía en él; ha tenido ocasión de conocerlo en París, de palpar su celo, observancia y sabiduría. Los pa­dres exiliados en Francia ayudaron mucho al P. Etienne en la restaura­ción de la Congregación de la Misión.

En las cartas circulares que el P. Codina envía, informa a las her­manas del acontecer de la Compañía: en el Noviciado de París han te­nido que ampliar el local para poder contener trescientas novicias. En España cada día se solicitan nuevas fundaciones. El mundo, casi ente­ro, católicos y herejes, judíos y turcos, elogian el Instituto, a su Fun­dador y a las Hijas de la Caridad; se asombran de la intrepidez de unas pobres doncellas. Sigue nuestro buen Padre trasluciendo su entusias­mo: «Es una cosa maravillosa. Las revoluciones que amontonan ruina sobre ruina, sólo a vosotras perdonan… ¿Qué debemos decir a vista de todo esto, sino lo del Profeta Rey? «A Domino factum est.»… «Sólo Dios es el autor de estas maravillas». Hay que imitar a la Sma. Virgen. Cuantos más elogios más hay que considerar nuestra nada»

El P. Buenaventura sigue trabajando sin cesar en favor de las Hijas de la Caridad. Da cuenta al Ministerio de Estado, el 16 de abril de 1845, de la fundación en México. No son suficientes las diez herma­nas y dos directores que se enviaron de España. Para poder atender a tantas solicitudes de países lejanos son necesarios dos planteles de las dos familias.

La tenacidad del P. Codina es inagotable. Quiere ver pronto restable­cida la doble Compañía y multiplica sus escritos al Ministerio de la Go­bernación. En un oficio de noviembre de 1845, expone las razones para que los Misioneros de San Vicente de Paúl y las Hijas de la Caridad sean restablecidos legalmente. El día 12 del mismo mes repite el escrito, y el 20 lo tratan en distintos Ministerios. Conceden la parte del edificio y huerta que perteneció a los Trinitarios, para las Hijas de la Caridad.

En el Ministerio resumen los oficios, con las peticiones del P. Co­dina: «La sección entiende que si el gobierno de S.M. presenta a las Cortes un proyecto de Ley para el restablecimiento de los dos plante­les o congregaciones de hijas e hijos de San Vicente de Paul, fundado en los motivos y en las consideraciones que se leen en esta exposición del Director General de dicha Orden secular, todos los que sin preven­ción, despojados del fanatismo antirreligioso… aplaudirían ese pro­yecto tan digno de un Gobierno justo y respetuoso. Pero como esto puede aún retrasarse demasiado, la sección cree que puede decirse al Director y Visitador General de la Orden, que mientras se reúnen las Cortes, excite a los individuos que de ellas existen en España, a per­manecer en el País…»

En diciembre de 1845, el P. Codina escribe al Arzobispo de Tarra­gona. Le da las gracias por tener dos misioneros en su seminario arzo­bispal. Lo ve como un principio de restauración. Ve en el Ministerio la propensión de promoverla. Le incluye las copias dirigidas a los minis­tros de Gobernación y Estado.

Trata sobre las Hijas de la Caridad de Reus; confía en el arzobispo para que esas ramas desgajadas vuelvan a su tronco, logrando su recu­peración.

Es digna de admiración y reconocimiento la actividad que el P. Co­dina despliega a favor de las Hijas de la Caridad. Escribe a la Reina so­bre los directores de la C.M. donde se establecen las Hijas de la Cari­dad. Pide edificios, existencia legal y decreto de restauración. Sus pe­ticiones pasan de Ministerio a Ministerio.

Piden hermanas para La Habana. El P. Codina gestiona todo lo ne­cesario para las nuevas fundaciones».

Escribe a las hermanas al comienzo de 1847. Informa de que duran­te el año anterior 58 jóvenes han abrazado el Instituto. Y en distintos es­tablecimientos se encuentran bastantes postulantes e invita a seguir ro­gando al Señor. Se piden hermanas de todas partes. El año pasado han aumentado las fundaciones más que en los años anteriores: Jerez de la Frontera, Hospital de Vitoria, Burgos, colegio de huérfanas de Saldaña, Alicante, Barcelona, Cuba, Almería. Pero no basta dar gracias de boca. Y termina dando una serie de recomendaciones a las hermanas sirvien­tes. Junto a sus letras manda las cartas de los Superiores Generales.

El Nuncio de SS. y el Gobierno de la Nación, comunican al P. Co­dina su nombramiento de obispo de Canarias. El P. Codina se apresu­ra a presentar su renuncia al Gobierno y al Nuncio, Mons. Brunelli; pero ni la reina Isabel II ni el Nuncio estaban dispuestos a perder, para el episcopado, un sujeto de tanta valía. No se rinde el humilde hijo de San Vicente; envía su renuncia al Sumo Pontífice, Pío IX.

Se lo comunica al Superior General, P. Etienne: «… Ya sabe usted que la negativa a lo que ofrecieron de parte de la Reina, no ha sido aceptada ni por el representante de la Santa Sede ni por el Gobierno. Todas las diligencias hechas por mí, lo mismo que por los Misioneros y las Hijas de la Caridad, han sido vanas. Viendo que nada conseguía en Madrid, he recurrido a Roma para impedir la confirmación. Si des­pués de todo, Aquel que puede mandarme contesta: «Tomad la carga, id en nombre de Dios y trabajad lo que podáis en su viña», ¿qué debo hacer? Creo que ninguna otra cosa sino obedecer [.. .]

El Padre Santo me ha hecho saber por su delegado que si no acep­to de grado, Su Santidad me obligará a ello en virtud de Santa Obe­diencia».

El P. Etienne no entiende las razones que el P. Buenaventura le ex­pone sobre su nombramiento de Obispo. Lo aparta de la Congregación de la Misión y responde negativamente a la petición de llevar Padres Paúles a Canarias.

El nuevo Obispo, viendo lo que se le venía encima de tener que se­pararse de la Congregación de la Misión, que tan entrañablemente amaba, expone su situación al Papa, que le responde otorgándole a él, personalmente, todas las gracias y privilegios propios de la misma Congregación de la Misión, el 18 de febrero del año II del Pontificado del papa Pío IX.

El 4 de septiembre de 1847, el padre Codina propone al Superior General un director: «El P. Roca que, aunque mayor, puede viajar y le puede ayudar algún misionero. El más apropiado sería el P. Igüés, sa­bio, dotado de virtud y prudencia extraordinaria. Y si el P. Roca no acepta, tenéis al P. Vehil». Mas el Superior General parece tener otras intenciones.

El 3 de noviembre del mismo año, el P. Codina escribe al P. Etienne:

«… Recibí su carta el 26 de octubre… voy a tratar… acerca del sis­tema que pensáis seguir y que habéis tenido la bondad de indicarme, a saber, que no haya Visitador por ahora para los Misioneros, ni director para las hermanas… Respeto las intenciones de usted… Pero permíta­me que le diga con profundo respeto, que tal sistema, a mi ver, y lo mismo les parece a los que están sobre el terreno… podría traer fata­les consecuencias para las dos familias… »

El 10 de diciembre de 1847 el P. Codina se despide de las herma­nas: «… Esta es la última vez que hable en general a vuestra Compa­ñía en calidad de director… Rogué a nuestro honorabilísimo padre el Superior General se dignase nombrar a la persona de su agrado…»

Al cabo de los años…

Han pasado muchos años desde que se dio este hecho. El Superior General, P. Gregory Gay, nos llena de alegría, y nuestro agradecimien­to es inmenso por el gesto de reconocimiento y humildad que consta en Libro de visitas de personalidades de la iglesia catedral Basílica de Gran Canaria.

En este día 2 de noviembre, 2004, pido por el alma del obispo y mi­sionero Mons. Buenaventura Codina, quien era miembro de la Con­gregación de la Misión, amante de la Comunidad de las Hijas de la Caridad, y sobre todo, los pobres. Con mi autoridad como sucesor de San Vicente de Paúl, le reconozco como miembro pleno de la Congre­gación y pido perdón por el dolor que ha sufrido a causa de la Con­gregación.

Descanse en paz Mons. Codina, como un buen Paúl, por su amor a Cristo evangelizador de los pobres. G. Gregory Gay, C.M, Superior General.

El P. Etienne, en parte, sigue las indicaciones del P. Codina. Nom­bra como director de las Hijas de la Caridad al P. Santasusana, que es­cribe a las hermanas y, entre otras cosas, les dice: «… desearía reinase entre vosotras aquel espíritu de unión y caridad que convierte en un pa­raíso, según la expresión de San Vicente… Madrid 29 de febrero de 1848. Ignacio Santasusana, director».

Santasusana manifiesta al Superior General sus deseos de asistir a la Asamblea General de 1849. Expone los motivos: hay padres espa­ñoles que creen que son mirados con indiferencia por los franceses y desean su independencia… El P. Etienne atiende las razones y el P. Santasusana acude a la Asamblea. Vuelto a España espera la inminen­te restauración de la Congregación.

El P. Armengol comunica al Superior General que el P. Santasusa­na no es apto para estar al frente de las dos familias, sin embargo las observaciones de Armengol levantan sospechas porque se deja influir por el P. Madám. Llegan a oídos de Santasusana las maquinaciones y pide que se ponga a otro en su lugar. Ahora gozamos de paz y tranqui­lidad; pero no sé lo que sucederá cuando vuelva el P Madám que se encuentra en Andalucía con los PR. Armengol y Mata.

A últimos de enero de 1850, después de dejar revueltas a las her­manas de Cádiz, regresa a Madrid el P. Madám, prosiguiendo sus in­trigas. Santasusana pone al corriente al Superior General. El P. Roca escribe al P. General el 17 de marzo de 1851 asegurando que el P. San­tasusana es un buen sacerdote, muy instruido en la Teología moral y en Derecho canónico, pero sin talento para salir bien en los asuntos difí­ciles.

El P. Etienne manda a España al P. Escarrá para que forme un jui­cio exacto del asunto.

Se está preparando un Concordato entre el Gobierno y la Santa Sede, y por el mismo, el restablecimiento de las Órdenes religiosas. «Pero más que las dilaciones del Gobierno… turbó a los Misioneros el motu proprio de Pio IX (1.° de abril de 1851), determinando que todas las Congregaciones y Ordenes religiosas… quedasen sujetas al Ordi­nario…»

El 16 de junio de 1852, Mons. Codina escribe al P. General. Des­pués de haber arreglado los asuntos que le habían traído a la Corte, se disponía a volver a su diócesis, cuando recibe una R.O. para que en unión con el arzobispo de Toledo y de acuerdo con el Nuncio se infor­mase sobre el restablecimiento de la Congregación.

«Creyendo que mi inutilidad podría contribuir al feliz restableci­miento de la Congregación en España, suspendí mi partida. Mi estan­cia en Madrid fue provechosa para las Hijas de la Caridad… Puede ser que el contexto de la R.O., al pronto alarme a usted; pero tranquilíce­se y no tema. Conozco las intrigas del Gobierno… Mi parecer ha sido siempre que se debe conservar el Instituto tal como lo estableció San Vicente con la jerarquía oportuna… la sumisión… al superior local, de los superiores locales al Visitador y del Visitador, con los demás miem­bros, al Superior General… He aquí, Rvdo. Padre, los sentimientos que me animan y que siempre me han animado. Me sacrificaré gustoso por el acrecentamiento de las dos familias de San Vicente. Si la obediencia debida al Vicario de Jesucristo me ha separado del cuerpo de la Con­gregación, mi espíritu y mi corazón están siempre con ella; porque es mi tierna madre y le debo todo lo que soy».

El P. Escarrá, que había sido mandado por el Superior General a Es­paña para recoger informes, escribe: «He aquí… el resultado de mis maduras observaciones e informaciones de los Misioneros… acerca del que debe ser nuestra cabeza: el P. Armengol es el más a propósito para Visitador… El Ilmo. Sr. Codina, todos los Misioneros que esta­mos en Madrid y creo que también los que están fuera, somos del mis­mo parecer…

El P. Etienne… nombró Visitador de España al P. Armengol. … el Visitador debía ser… director de las Hijas de la Caridad…»

 

Buenaventura Armengol

El P. Armengol regresa de México, donde desempeñaba el cargo de director de las hermanas. El 3 de julio de 1853 desembarca en Santan­der. Apenas llega a Madrid, empieza a trabajar. Visita la mayor parte de las casas de hermanas en el norte de la península.

En noviembre, el P. Escarrá advierte al Superior General de que el gobierno español se muestra celoso de que los Misioneros españoles dependan de superior extranjero. En todo anda la mano oculta del P. Madám y de algún otro. Escarrá escribe al General, poco después: «Hace pocos días que el Sr. Madám me habló con mucha viveza de la separación de nuestra provincia, como de cosa casi cierta. Esto será perder la Congregación en España, le respondí…»

Los Misioneros españoles más respetables por su edad, saber y vir­tud, no ven claro el asunto. El 7 de mayo de 1854 escriben al P. Gene­ral los PP. Escarrá, Santasusana e Igüés: «Todos los Consejeros del Vi­sitador tememos que el Sr. Madám con el Sr. Armengol soliciten la se­paración de nuestra provincia, del jefe de la Congregación. Los moti­vos de nuestro temor…

1.° Los antecedentes del P. Madám, que es partidario de la se­paración con la esperanza de ser colocado en un puesto honorí­fico…

2.° La conducta del P Armengol respecto del P Madám…

3.0 Los disgustos e inquietudes que le han ocasionado vuestras ad­vertencias.

4.° Las idas y venidas… del P. Madám cerca de los ministros…»

A finales del mismo mes, el P. Amat escribe al P. Etienne: «… No conviene de ningún modo que echéis al P. Madám de la Congregación, ni que cambiéis por ahora al P. Armengol. El mejor remedio sería que el Santo Padre le llamara para darle cualquier destino: es hombre de ta­lento…»

También el P. Santasusana advierte al General de que no estarán se­guros hasta que el P. Madám salga de Madrid. Escarrá advierte de que busque medios de sacar de España a Madám para salvar las dos Com­pañías.

Los presentimientos de Escarrá, Santasusana, Igüés, Amat, etc., se van convirtiendo en realidades.

Encabezado con la palabra «Reservado», Armengol envía al Go­bierno, un oficio de su puño y letra diminuta:

DIRECCIÓN GENERAL DEL REAL NOVICIADO DE LAS HIJAS DE LA CARIDAD

«Exmo. Sr.: Tengo entendido que los Superiores Generales de Fran­cia ejercen sobre las Congregaciones de Presbíteros Seculares y de las Hijas de la Caridad, fundadas ambas por San Vicente de Paúl, una ju­risdicción amplia, y en la actualidad están haciendo instancias a algu­nas hermanas para que pasen a París con el fin de enviarlas a la Amé­rica en fundaciones francesas, lo cual debe ocasionar inconvenientes de consideración. Para cortarlos sería quizás a propósito, que las refe­ridas Congregaciones se gobernasen por Superior o Vicario General, español, como se hace en las demás Corporaciones, impetrando de la Sta. Sede el Breve correspondiente… Madrid 2 de abril de 1855. El Vi­sitador general Buenaventura Armengol».

El P. Armengol sigue con su empeño de separar a los Misioneros e Hijas de la Caridad de la dependencia de los superiores de París y es­cribe al Ministro de Gracia y Justicia:

CASA DE LA MISIÓN DE SAN VICENTE DE PAÚL MADRID

«…juzgo ser de mi obligación el poner en conocimiento de V.E. las medidas destructoras que ha dictado nuestro Superior General de París, luego que ha sido sabedor del recurso que el gobierno de S.M. (Q. D. G.) ha elevado o intenta elevar al Sumo Pontífice, para que se digne de­cretar que la Congregación de la Misión de San Vicente de Paúl y la de las Hermanas de la Caridad fundadas por el mismo Santo, sean gober­nadas en España por un Vicario General español que resida en esta Cor­te. El fin del Superior General es impedir que se lleve a cabo la provi­dencia que dictare Su Santidad…» Y sigue diciendo: «El Superior General depone al actual Visitador y a la Visitadora, y manda partir in­mediatamente para París a la hermana asistenta, sor María Josefa Ro- vira. Entroniza a los tres sujetos de ideas galicanas, que con sus secre­tas comunicaciones han dado ocasión a esta ruina. Estos sujetos son D. Melchor Igüés residente en esta Corte. D. Ignacio Santasusana que re­side en la Selva y sor Francisca Moriones residente en el Noviciado…

La confianza que tengo en V.E. me anima a proponerle el siguiente medio a fin de prevenir los males que nos amenazan, esto es, dar pasa­porte al Sr. D. Ignacio Santasusana para la Selva… El Sr. Melchor Igüés para Badajoz, y a sor Francisca Moriones para la Inclusa de Pamplona…

Debo también poner en conocimiento de V.E. que tenemos en el Noviciado de París… cuatro hermanas españolas de mucho provecho sacadas de España ilegalmente, esto es, sin Real permiso…

Leganés, 1 de noviembre de 1855. Buenaventura Armengol».

Armengol sigue confiando en el «paternal» Gobierno. Las hermanas lo pasan mal, están intranquilas y el director les exhorta a estar con paz y tranquilidad esperando las disposiciones del Vicario de Jesucristo.

«…El gobierno supremo de S.M. nos dispensa una protección ver­daderamente paternal, al que no podemos ser insensibles… S.M. tie­ne el derecho de proponer a la Santa Sede las modificaciones que juz­gue oportunas para el mejor gobierno de las congregaciones estable­cidas en sus dominios. Así lo ha hecho S.M. con respecto a nuestras Congregaciones, no para destruir nuestra unidad, sino para darnos se­guridad…

El Superior General todo lo cargaría sobre el Visitador y la Visita­dora, fulminaría contra ambos sentencia de deposición, como lo ha he­cho… consulté con el… Cardenal nuestro Arzobispo… y me dijo, que estando la causa en manos del Sumo Pontífice… De nuevo he consul­tado con su Eminencia, y ha sostenido la misma resolución, que tam­bién he comunicado a Roma… mis carísimas hermanas, vuestro hu­milde servidor y capellán.

Buenaventura Armengol, Leganés, 10 de noviembre de 1855».

No cesa la actividad del Sr. Armengol para conseguir su propósito. Escribe de nuevo al Ministerio de Gracia y Justicia insistiendo en que salgan de Madrid Igüés, Santasusana y sor Francisca Moriones; ésta, por medio de un conocido, pide pasaporte para Bayona o Pau. Le acompañará sor Deogracias Zabaleta.

Armengol manda a Igüés a Nápoles y a las dos hermanas a Bayona. El Visitador prepara su viaje a Roma, lleva cartas de recomenda­ción.

Interviene el Embajador de Francia en Madrid; se dirige a la Se­cretaría de Estado: «El último concordato que ha restablecido en Es­paña los Misioneros de San Vicente de Paúl, conocidos con el nombre de Lazaristas, estableció en uno de sus artículos, que serían restableci­dos según Constituciones y reglas emanadas del mismo fundador, y que el Visitador de España sería nombrado por aquel a quien de dere­cho corresponde…»

Es un oficio extenso en el que se ve que estaba enterado de todo el proceso de separación. Razona la dependencia y derechos del sucesor de San Vicente:

«… Si por el contrario abandonan los autores imprudentes de esta escisión desastrosa, todo permanecerá en orden, y el bien se continua­rá prestando y desenvolviéndose en España, como en todas las otras partes del mundo, donde la congregación de la misión goza del bene­ficio de sus reglas…»

Etienne y Armengol se encuentran en Roma. En carta circular lo comunica el Visitador: «…La Divina Providencia ha ordenado que en Roma me encontrase con nuestro honorabilísimo padre Superior Ge­neral, con el cual… he tenido dos entrevistas; me ha recibido con la amabilidad que le caracteriza, le he pedido perdón de las penas que le he ocasionado, el cual me ha acordado benignamente y me ha encar­gado os dirigiese la presente Circular, que él mismo ha aprobado… El Santo Padre ha resuelto que la petición referida no sea otorgada; que nada se innove y que quede íntegra, intacta y sostenida la autoridad del Superior General sobre toda la Congregación, por tanto sobre la Espa­ña… Tenéis ya noticia de la enfermedad larga y peligrosa con que Dios me ha visitado… Con esto me viene muy bien el quedar exonerado de vuestra dirección y de todo otro cargo en la Congregación… Mis carí­simas hermanas… Buenaventura Armengol. I.S.C.M. Roma, 22 de fe­brero de 1856».

Meses después del encuentro en Roma, el P. Armengol, se vio pre­cisado a separarse de la Congregación.

Hasta que llegara de México el P. Masnou, fue nombrado Pro-Visi­tador el Sr. Igüés, y Director de las hermanas el P. Santasusana; éste continuó hasta que los dos cargos se volvieron a unir en el P. Sanz.

Atendiendo a los deseos de la mayor parte de los Misioneros españo­les, el P. Etienne vino a Madrid el 30 de mayo de 1856. Fue recibido con singulares muestras de alegría y afecto por Hijos e Hijas de San Vicente. Estuvo en Madrid hasta el 19 de junio. Marchó muy satisfecho por las atenciones de que fue objeto durante su permanencia en la corte.

 

Juan Masnou, Visitador (1857-1862)

Vuelto a España Masnou, el Superior General, P. Etienne, lo nom­bra Visitador. En 1861 escribe al Superior General comunicándole la petición del Gobierno para enviar Misioneros e Hijas de la Caridad a Filipinas. Irían cuatro Misioneros y quince Hijas de la Caridad.

 

One Comment on “Por los Padres de la Misión (III)”

  1. Me gustaría, que el padre OLABUENAGA, gran historiador de la C.M. investigara mas de padre Codina y su extraordinaria labor como obispo de canarias. Al fin y al cabo fué un gran paul

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *