Por los Padres de la Misión (II)

Mitxel OlabuénagaHistoria de las Hijas de la CaridadLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Carmen Hernández · Fuente: Anales españoles, 2011.
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Antonio Segura, Visitador y Director (1814-1817)

El Visitador de los Paúles, P. Segura, se muestra dolido y enfadado. Han denigrado y calumniado al P. Salvador Codina y han conseguido desterrarlo como al P. Murillo.

Sor Rebentos sigue enredando con sus marañas, también maquina para que se separen las de Reus. El Patriarca prepara unas reglas por­que en el Noviciado han dicho que no tienen reglas. El arzobispo de Toledo se entera; le dicen que el Patriarca prepara Bulas. Las de la In­clusa permanecen sujetas a los PP. de la Misión.

Por fin llega la Bula de Roma con las nuevas Reglas para las sepa­radas y con pretensiones de hacerlas extensivas a todas. Mas la detie­ne el Consejo de Castilla, y no se le da pase.

Es entonces, 1815, cuando se imprimen en Barbastro las mismas re­glas manuscritas que trajeron de París, al venir a España en 1790. El Vi­sitador general remitió las reglas (se halla un ejemplar en el archivo del Ministerio de Justicia) y dijo los inconvenientes de las nuevas constitu­ciones.

El Patriarca se inquieta porque no dan pase a sus constituciones. El Consejo da el pase a la Bula de S. Santidad Postquam Superiori, de 23 de junio de 1818, que deroga la detenida del Patriarca, de 1816, que nunca entró en vigor. Se ordena que se sujeten todas la Hijas de la Caridad, con inclusión de las del Noviciado, al Vicario General de la Misión.

Ha estado gestionando el asunto el P. Antonio Allué y Sessé, natu­ral de Asín, obispado de Huesca, capellán de Honor de S.M.32, para hacerlas volver a la obediencia de los padres de la Congregación de la Misión. No cabe duda de que conoció al P. Murillo pues los dos habían estado en la misma época en Barbastro y Huesca.

 

Francisco Camprodón, Visitador y Director (1817-1825)

Este Visitador es el que da plenos poderes a Antonio Allué con una escritura ante notario para que gestione la vuelta de las del Noviciado.

Sor Rebentos no tiene otro remedio que acatar las órdenes, pero no hay quien la saque del Noviciado.

 

Fortunato Feu, Visitador (1825-1829)

El padre Buenaventura Codina escribe, en 1826, una memoria diri­gida al ministerio de Justicia: El Visitador General de la Congregación de la Misión, D. Fortunato Feu, vino a la Corte para visitar las cuatro casas de Hijas de la Caridad… no las halló en estado muy satisfacto­rio, sin duda, a causa de estar muy distantes de su Superior y de no te­ner directores de su misma Congregación… y de estar el Noviciado a cargo de sacerdotes extraños… esto obligó a las Superioras de las cua­tro casas… pidiesen a S.M. mandase al Visitador que proporcionase directores de la Misión. S.M. condescendió.

Sor Rebentos sigue en el Noviciado; por fin consigue lo que no pudo obtener en Reus; de hecho, ya viste según su gusto. Tiene muchos valimientos en los altos estamentos de la nación, como se lo hizo no­tar al cardenal de Toledo, al comunicar que en su escuela hay educan­das de “personas de carácter como la Srta. del Sr. D. Pedro Cevallos, dos hermanas del Sr. Conde de Ibargrande y otras de este tenor”.

Por fin, se impone a todas las Hijas de la Caridad de España el traje del Noviciado. El 1 de enero de 1827, el secretario del Rey, D. Julián González de Soto, comunica la real disposición al Visitador, D. Fortu­nato Feu, para que, como Superior, la comunique a todas las casas de las Hijas de la Caridad de España. Dice entre otras cosas: … Observando el mismo Católico Monarca que algunas Hijas de la Caridad llevaban un traje algo diferente al usado en el Real Noviciado de Madrid…

El Sr. Feu escribe a las hermanas: …El Rey nuestro señor, acaba de comunicarme ser su Real voluntad y beneplácito que yo, como Prela­do y Superior de todas las Hijas de la Caridad de los Reinos de Espa­ña, disponga que todas dejen la toca grande vulgarmente llamada cor­neta, usen habitual y únicamente… la toquilla…

Buenaventura Codina es nombrado director de las Hijas de la Ca­ridad, por el P. Fortunato Feu, en 1827. Sigue de director hasta 1839, que ha de exiliarse en Francia.

S.M. concede a los padres fundar una casa en Madrid en 1828.

Sor Lucía sigue mandando en el Noviciado. Escribe a los Superio­res de París mostrándose sumisa. La madre General Antoinette Beau­court contesta satisfecha, creyendo las palabras de sor Rebentos. En­tre tanto, también se forman hermanas en el hospital de Valencia y Pamplona. El P. Codina encuentra mal el Noviciado e informa a París.

Juan Roca, Visitador (1829-1839), confirma de director de las Hi­jas de la Caridad a Buenaventura Codina y nombra, también, a Fortu­nato Feu.

El P. Lamboley, de parte del Superior General, manda instrucciones al P. Codina, el 18 de enero de 1830: Vuelvo a escribir a Vm. dos car­tas; una ostensible para disponer a su tiempo a la hermana Rebentos a llevar con sumisión, que sea descargada de su empleo; y preparar a los personajes que la favorecen… la otra no ostensible; para Vm. so­lamente, con excepción del E Roca y del E Feu, si están en el mismo sentir con Vm.

Empieza por la segunda y dice, entre otras cosas, que la hermana Rebentos no sólo por sus enfermedades, sino también por su genio y poco celo obliga en conciencia a los Superiores a tomar los medios más eficaces para sacarla de un empleo tan importante que jamás ha­brá cumplido dignamente… En este sentido están de acuerdo el Sr Superior General y la Superiora en Jefe, a la que sin embargo, no he dicho nada de lo que más está en desfavor de la mencionada herma­na… no habiendo yo hablado a la Superiora sino de los achaques… Sigue una carta muy interesante, llena de sabias y prudentes reco­mendaciones. Le pide que mande la fecha de fundación de los esta­blecimientos de Reus, Lérida, Barbastro, Tarragona, Tafalla, La Sel­va, Madrid, Valencia, Segovia, Valladolid, San Felipe de Játiva, Pam­plona, Bilbao, Sangüesa, Tortosa y Vitoria. La Superiora desea tener estos datos para insertarlos en el catálogo de los establecimientos de las Hijas de la Caridad. Y añade que la hermana Rebentos sea sacada del seminario porque querría siempre tener por compañía hermanas de su genio y que a las hermanas que la secundan se las lleve a otra casa.

Hemos visto las casas en las que estaban establecidas las Hijas de la Caridad. Es un momento muy fecundo en fundaciones de la Com­pañía; la Virgen la favorece con las apariciones a sor Catalina Labou­ré. En España, el padre Buenaventura Codina, con celo extraordinario dirige a las hermanas. En 1830 se nombra superiora del Noviciado y de todas las Hijas de la Caridad de España a sor Rosa Grau.

El P. Codina pide consejo, consulta todos los asuntos concernientes a las Hijas de la Caridad de España, mantiene correspondencia con el P. Carlos F. Lamboley, que escribe en nombre del Superior General, P. D. Domingo Salhorgne. Manda instrucciones detalladas; dice que el Superior General está contento de las disposiciones de las hermanas que no tienen interés en ir a la Corte sino que sólo piensan en servir a los más pobres. Añade que las hermanas francesas que vinieron a ins­truir a las españolas en farmacia y cirugía, escribieron al Superior Ge­neral elogiando la acogida de las españolas y que no vieron desorden ninguno en ninguna casa. También enviaron los mismos elogios a la Superiora de la “grande” comunidad de París.

El P. Lamboley envía también un reglamento, de parte del Superior General, para los directores de las hermanas (Amiens, 5 mayo de 1832).

El P. Buenaventura Codina es el promotor incansable de nuevas fundaciones de las Hijas de la Caridad en España. Y no sólo eso, sino que escribe dejando constancia de relatos sobre las historia de las mis­mas. Elabora una lista de las casas donde sirven las hermanas. En 1832, según la relación del P. Codina, existen ya 33 casas de Hijas de la Caridad con 429 hermanas.

El seminario continúa teniendo dificultades financieras y, en abril de 1833, el P. Fortunato Feu es el encargado de escribir al rey Fernan­do VII, presentando las necesidades de las Hijas de la Caridad: recur­sos económicos y una nueva casa para Noviciado.

En junio del mismo año, es el P. Buenaventura Codina quien escri­be al Ministerio de Gracia y Justicia para que proporcionen un edificio para el Seminario. “Se han introducido muchas mejoras en el hospital de la Pasión, de mujeres, desde que están las Hijas de la Caridad, y la junta gubernativa de los hospitales generales proyecta confiarles tam­bién el hospital de hombres. Es necesario poner en los hospitales ge­nerales 120 hermanas y han de salir todas de este Noviciado de mi car­go. También se trabaja para poner a las hermanas en el Hospital General de Santiago, de Galicia, y el cardenal de Sevilla quiere llevarlas a uno de sus hospitales. Nos veremos en la necesidad de negar todas las fundaciones y aun de abandonar las que se tienen si no atienden las pe­ticiones de un nuevo edificio y el cobro efectivo de las pensiones”.

El P. Juan Roca, en su circular de 30 de junio de 1833, comunica a las hermanas de España algunas disposiciones del Superior General, P. Salhorgne, respecto a los directores de las Hijas de la Caridad. In­forma del cuidado que los Superiores Generales han tenido en su di­rección: “Pero no ha sido menor el esmero con que los Visitadores es­pañoles, mis dignos predecesores, han mirado por vuestra conservación y aumento… Recorred con vuestra memoria los varios acontecimien­tos y las insuperables dificultades que desde vuestra entrada en el Rei­no han tenido que vencer… Pero jamás habéis sido abandonadas de vuestros directores y Visitadores quienes siempre han salido al frente para defender vuestro honor y conservación en vuestra vocación. Y si al presente os veis respetadas, deseadas y vuestras casas multiplicadas, debéis atribuirlo a la solicitud y prudencia de vuestros directores, el P. Fortunato Feu y el P. Buenaventura Codina,… [que] os han dirigido en estos últimos tiempos. Éstos se han desvelado y aun desvivido para for­maros en el espíritu de su vocación y para extender vuestro santo insti­tuto… Ahora por disposición de… el Señor Superior General… ambas familias tendrán un mismo jefe. A mí… se me ha encargado vuestro gobierno, así como tengo el de todos los Misioneros de España”.

Vuelve a escribir al Rey el P. Fortunato Feu en agosto de 1833, con las misma peticiones43.

Al morir Fernando VII (29 de septiembre de 1833) se quiere acabar con las Órdenes religiosas en España. La Congregación de la Misión sufre las consecuencias. Son vejados y sufren el destierro.

El P. Buenaventura Codina no descansa, sigue trabajando en favor de las dos Congregaciones. Escribe al secretario de Estado y del Des­pacho de Gracia y Justicia, en 1835: “Ayer recibí el oficio que V.E. tuvo a bien dirigir al Rvmo. Visitador General de la Congregación de la Misión, cuyas veces hago, durante su ausencia y forzosa emigración, en que se dan providencia a consecuencia del Rl. Decreto de 15 de ju­nio último sobre reforma de Regulares… ni la citada Rl. Órden ni las que en virtud de ella emanen, comprenden a la Congregación de la Mi­sión, que no pertenece a la clase de Regulares; sí sólo es una Corpora­ción de Clérigos seculares destinada a servir a los Sres. Obispos para misionar gratis en los pueblos más necesitados… y a instruir a los or­denandos del Clero secular… Madrid, 13 de septiembre de 1835, Bue­naventura Codina”.

También escribe a la Reina Madre, Dña. María Cristina de Borbón, el 25 de septiembre de 1835, con los mismos argumentos que en el ofi­cio anterior. Añade que tampoco las Hijas de la Caridad son regulares ni se les puede tener por monjas.

En el mismo año escribe al duque de Ribas, secretario de Estado de la Gobernación. Pide alojamiento y pensión para el Noviciado: “La co­munidad consta de 41 hermanas y pronto subirán a 70, al recogerse en él las que están en el servicio de los Hospitales Militares de Vitoria y Pamplona. El Noviciado ha sufrido muchos gastos para proporcionar cerca de 30 hermanas para dichos hospitales, en los que han padecido cuantos horrores, privaciones y vejámenes se pueden imaginar y que han hecho los sacrificios más heroicos a favor de las tropas de S.M. También están en el Noviciado la tercera parte o la mitad de hermanas achacosas y estropeadas en el servicio de los pobres. Si no es socorri­do pronto este establecimiento, me veré en la precisión de suplicar al Gobierno de S. M. se haga cargo de las hermanas enfermas e inutili­zadas, destinándolas a algún hospital donde sean asistidas. Las útiles se mandarían a la América meridional para donde las piden con la ma­yor insistencia. 25 de junio de 1835. Buenaventura Codina”.

El Superior General, P. Nozo, escribe en 1835: Hasta ahora, no ha sido perturbada las tranquilidad de nuestros hermanos de España, pero viven en un estado penoso…

El Sr. Etienne, Procurador General de la C.M., pide al Gobierno de Francia que permita a los Paúles de España vivir en Francia. En octu­bre de 1835 les permite residir en el Departamento de Aude.

Encontramos oficios del P. Codina, dirigidos a la Reina y a la Se­cretaría de Estado de Gobernación, de los años 1835, 1836 y 1837, fechados en Madrid, reclamando los derechos de las Hijas de la Ca­ridad.

Fallece sor Rosa Grau y se nombra Superiora a sor Rosa Peñasco, en 1837.

Como Superiora escribe a la Regente, Cristina de Borbón-Dos Si­cilias, resaltando los servicios que han prestado a los súbditos de “Vuestra excelsa Hija, nuestra Soberana Dña. Isabel IP” las Hijas de la Caridad. Los Hospitales Generales, Militares y de Incurables, las In­clusas, Hospicios y Misericordias pueden probar el celo, vigilancia, aseo y esmero a favor de los soldados del ejército y Armada de V M., de los Dementes, Ancianos, Jóvenes de uno y otro sexo, de los Niños expósitos y de toda clase de desgraciados con que las Hermanas de la Caridad ayudan y sirven a todos. Sus votos son por un año, sus claus­tros son las Salas de un Hospital, las calles de la ciudad o las clases de una enseñanza gratuita o de un colegio, todo esto en conformidad con su Regla. Resalta que el Noviciado es el vivero de buenas e idóneas Hi­jas de la Caridad. Implora la protección y conservación de la Rl. (Casa Noviciado. Madrid 27 de noviembre de 1839).

Miguel Gros (1839-1841) es nombrado Director General en los dominios de España (los PP. Codina y Roca están exiliados en Fran­cia).

En los primeros meses visita las casas de Madrid: He pasado la vi­sita de estas cuatro casas —escribía a sor Margarita Roselló—, y ayer co­menzaron los ejercicios espirituales algunas hermanas de este Novi­ciado, donde he puesto de superiora a sor Vicenta Molner y, en el Hos­pital General, a sor Vicenta Rocamora. Si puedo iré a Toledo a hacer la visita… y antes de pascua a Segovia… Deja en todas partes extensas ordenanzas, exhorta a las hermanas a seguir viviendo estrechamente unidas, ayudándose mutuamente, sin quejas ni murmuraciones, ha­ciendo todo en Dios, por Dios y para Dios, cuidando a las niñas y a los enfermos como a personas que os envía el mismo Dios para que los cuidéis como a vuestros señores y que representan la persona de Jesu­cristo.

Las anima a observar las reglas y evitar el trato frecuente con ex­ternos, que hace perder el amor a la vocación, la afición al trabajo y al servicio de los pobres y la caridad fraterna. Las superioras no deben guardar consigo el dinero de la comunidad, deben guardarlo en un arca que tendrá dos llaves: una la guardará la hermana sirviente y la otra, la segunda o más antigua. No habrá salida de dinero sin intervención de las dos.

El P. Gros trabajó con el E Sanz en la traducción de las Confe­rencias de San Vicente que se imprimieron en español en 1843. Se conservan numerosos manuscritos del P. Gros que traslucen su tenaz trabajo, conocimiento y profundo amor a las cosas de la Congrega­ción.

 

Juan Roca, director

Vuelto a España el P. Roca, el 8 de diciembre de 1841 comunica a las hermanas que retorna el cargo de director por orden del Superior General, P. Juan Bautista Nozo. Se constituye el primer Consejo de las Hijas de la Caridad en España. Miembros que lo forman:

  • El Superior o su representante, que por ahora será el P. Gros, y, en su ausencia o enfermedad, el P. D. Tomás Mata.
  • Superiora del Noviciado, sor Vicenta Molner.
  • Sor María Antonia Gurrea y sor María Peñasco, oficialas.
  • Una secretaria, que elegirá el Consejo.

El P. Juan Roca da cuenta al Ministerio de la Gobernación de las actividades de las Hijas de la Caridad. Envía una lista de las casas don­de prestan sus servicios. Además de las casas citadas en páginas ante­riores se anotan las siguientes:

  • Toledo, Hospital. Se tomó posesión en marzo de 1836. Ávila, Hospital y Enseñanza. Se tomó posesión en 1836.
  • Sevilla, Cuna o Inclusa. Se tomó posesión el 13 de octubre de 1838.
  • Barbastro, Hospital. Se tomó posesión el 12 de abril de 1840. Sevilla, Hospital General o Central. Se tomó posesión el 13 de octubre de 1840.
  • Sos, Enseñanza y Colegio. Se tomó posesión el 4 de enero de 1841.
  • Cabra, Hospital. Se tomó posesión el 5 de febrero de 1841.
  • Lérida, Casa de Caridad. Se tomó posesión el 29 de octubre de 1841.
  • Sevilla, Hospital de la Sta. Caridad. Incurables hombres. 4 de fe­brero de 1842.
  • Sevilla, Hospital de mujeres en Sta. Isabel. 8 de febrero de 1842.

Y anota: De las 42 Hnas. del Noviciado las 21 son enfermas o acha­cosas y de éstas hay tres que han perdido las dos vistas y están entera­mente ciegas, y otras tres han perdido una vista, y la otra no les ha que­dado muy buena. Madrid 7 de enero de 1843. Juan Roca, Director.

Está obligado el P. Roca a dar cuenta al Ministerio de la Goberna­ción de todas las actividades del Noviciado; hay que pedir permiso para la admisión, notificar dónde hacen la prueba y los establecimien­tos que las solicitan: Los presbíteros de la suprimida Congregación de San Vicente de Paúl que ejercen los cargos de Secretario, Subsecreta­rio y Administrador del Noviciado y Procurador General de toda la Congregación de las Hijas de la Caridad son, el primero, D. Ramón Sanz, el segundo, D. Antonio Borja y el tercero, D. Tomás Mata, todos tres procedentes de la Casa de la suprimida Congregación de la Misión de San Vicente de Paúl, sita en la calle del Barquillo de esta Corte, los cuales fueron admitidos por el actual director para desempeñar los en­cargos expresados, desde el año 1836, sin emolumento alguno…

Reclama las rentas que pertenecen al Noviciado y que no están co­brando y vuelve a solicitar un edificio, muy necesario para el Novicia­do, que pueda alojar a las enfermas y a las jóvenes que se forman en él. “Madrid 25 de abril de 1843. Juan Roca”

En un expediente de Gobernación, con fecha de diciembre de 1843, se anota que se necesitan cuatro hermanas para Jaén, siete para Tara- zona, seis para Zaragoza, nueve para Vitoria, seis para Fregenal, cinco para Plasencia, cuatro para Antequera, seis para Montoro, cuatro para Málaga, veintidós para Córdoba, cinco para Alicante, cuatro para Al- coy, seis para Logroño, cinco para Gijón, siete para Cádiz y cuatro para Écija.

Para todos los establecimientos de Beneficencia de México, 60. El expediente continúa con el asunto de los capellanes del Noviciado. Les llama la atención lo de las 60 para México.

En agosto de 1843, se celebra la décima Asamblea General de la Congregación de la Misión y es elegido Superior General el P. Jean­Baptiste Etienne (1843-1874).

 

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