7.—Santa Quiteria, cerca de Felgueiras.
Colegio; Misión. 1868.
El Sr. Bernardo Pader, Sacerdote de la Misión, enviado para dirigir esta obra, escribía en 16 de Septiembre de 1868: «He dejado a Dax para venir a la nueva casa que se nos ofrecía en Portugal. Me embarqué en Burdeos para Lisboa, y después de haber descansado en esta capital, me dirigí a Santa Quiteria, Capilla de la parroquia de Margaride, Concejo de Felgueiras, distrito de Braga, Diócesis de Braga, donde me hallo desde el día 10 de este mes.
Si queréis saber lo que es esta fundación, helo aquí: Un buen Sacerdote, de cincuenta años de edad, acostumbrado a dar misiones con mucho fruto y edificación, ha hecho construir una casa, cerca de la Capilla de Santa Quiteria, con intención de ofrecerla, con todos sus muebles y terrenos que le pertenecen, a Sacerdotes Misioneros.
«Se ha dirigido a nuestra Congregación, y la Congregación ha aceptado su oferta, en cuya virtud estoy aquí, en compañía del fundador, hoy hermano nuestro, del Sr. Gonzálvez y dos postulantes. Algunos Sacerdotes que solían acompañar en las misiones al Sr. D. Joaquín José Alvarez de Moura (es el nombre del fundador) han pedido entrar en nuestra Congregación.» El Sr. Pader, Bernardo, natural de la Diócesis de Auch, en Francia, era un Misionero muy distinguido y muy sabio, y murió en Santa Quiteria en 1871.
La obra no tardó en prosperar, como se puede ver por las siguientes líneas, escritas seis años más tarde:
«Este establecimiento es un Colegio, el cual está anejo el Santuario de Santa Quiteria, mártir portuguesa, cuya tradición es muy extraordinaria y a la que el país profesa mucha devoción. El P. Joaquín Alvarez de Moura (nacido en 1815 y admitido en la Congregación en 1868), digno y piadoso Sacerdote, y hoy compañero nuestro, dándonos la casa que él poseía a lado del Santuario, hizo que se nos diera también el Santuario mismo, no en cuanto a la propiedad, pues ésta pertenece a una Cofradía, pero sí en cuanto al servicio de la Iglesia, en la que tenemos que decir Misa todos los días y oír las confesiones de los peregrinos, que son muy numerosos, de tal modo que no pasa un solo día en que el Superior y demás Sacerdotes de la Misión no tengan algún penitente a quien oír, y frecuentemente muchos.
El Colegio está situado sobre la misma montaña que el Santuario, a distancia de algún centenar de pasos, en una posición magnífica y con un clima templado y ventilación inmejorable. Aunque está un poco aislado y es preciso ir algo lejos a buscar las provisiones, esto no ofrece gran dificultad, por la buena disposición de los caminos.
Este Colegio goza ya de gran reputación, siendo aprobados en los exámenes, que sustituyen al bachillerato para las carreras científicas, cuantos alumnos presenta. Y así, habiendo comenzado en 1868 con siete u ocho alumnos, hoy (1874) tiene noventa y dos, y no tiene más porque no caben.
„Todos estos alumnos, excepto dos, pagan una pensión de 500 francos, en lo cual no se comprenden los cursos accesorios. Esto explica cómo pudo el Sr. Varet, contando únicamente con los fondos del Colegio, ensanchar la casa más del doble, sin contraer deudas; pues si bien es verdad que aun falta por terminar un ala del edificio, también lo es que, pagando al contado a los obreros y materiales, en vez de deudas tiene aún fondos con que continuar, que para el próximo curso podrá admitir más de cien alumnos, y que podrá entonces completar el plan de la obra, resultando el Colegio un cuadro perfecto y un establecimiento magnífico. La situación material es buena, y no lo es menos la situación moral. El establecimiento goza de la confianza pública y los alumnos tienen muy buen espíritu, pudiendo comparárseles, así por la piedad como por las costumbres, a los alumnos de nuestros Seminarios menores. Una porción del actual terreno fue adquirida por el señor Varet.
El venerable fundador de la obra, Sr. Joaquín Alvarez de Moura, murió en 1881, dejando en testamento todos sus bienes a la Congregación de la Misión.
Por el deseo de que prosperaran las misiones, se pensó entonces en traspasar el Colegio a sacerdotes seculares, a fin de que todos los Msioneros pudieran dedicarse a la predicación; mas esta transformación del establecimiento, de la cual habla el Sr. Fiat en la Circular de I.° de Enero de 1879, sólo se verificó de una manera transitoria. Muy pronto volvieron los Misioneros a encargarse de nuevo de la dirección del Colegio, y así continúan, dando los más consoladores resultados.
Al Colegio se ha añadido una Escuela apostólica para la Congregación, destinando al efecto un departamento especial. La Escuela se sostiene, como es evidente, gracias al Colegio; los alumnos más jóvenes de aquélla siguen el curso juntamente con los de éste, y los más adelantados pasan a Lisboa a la casa del Visitador, para continuar sus estudios. Hoy cuenta el Colegio con un centenar de alumnos (1905).
El Sr. Fragues hizo construir en 1886 la fachada del mismo, y en 1895 se inauguró una cañería para traer agua potable de una fuente muy abundante que existe a 4 kilómetros de Santa Quiteria.
En 1906 se han inaugurado las misiones con mucho fruto. La Capilla de la Cofradía es muy visitada, y todos los domingos acude al Santuario mucha gente de las parroquias vecinas.
También las Hijas de la Caridad tienen en Santa Quite-ria obras muy florecientes, y prestan a los Misioneros su generoso concurso. He aquí algunas cifras referentes a sus obras: Hijas de María, 560; Madres Cristianas, 400; Obra de San José para hombres, 350.
Los Superiores que han gobernado sucesivamente la casa de Santa Quiteria, son: Sres. PADER (Bernardo), 3 de Julio de 1868. VARET (Pedro), 27 de Febrero de 1871. ALVAREZ DE MOURA (Joaquín), 27 Marzo de 1877. RIVIER (Alberto), II de Abril de 1882. FRAGuEs (Alfredo), 17 de Septiembre de 1883. LEITAO (Pedro), 5 de Octubre de 1897.
8.—Torres Vedras.
Colegio de San José. 1873.
Torres Vedras es una ciudad de 5.000 habitantes, perteneciente al distrito de Lisboa y situada a 40 kilómetros de dicha capital. Es capital de un Concejo, y tiene estación en el ferrocarril que va de Lisboa a Figueira da Foz; está fortificada, y dista del mar 15 kilómetros.
Expondremos ahora el origen y sucesión de los acontecimientos del Colegio de San José de Torres Vedras en el corto período de su existencia.
El digno religioso de la Orden de San Francisco, Padre Agustín de la Anunciación, el mismo que había llamado a San Fidel los Sacerdotes de la Misión, habiendo recibido fondos para establecer un Colegio en Torres Vedras, alquiló, con promesa de venta al cabo de veinte años, un antiguo convento perteneciente a un particular de esta ciudad, y que no podía ser vendido por entonces. Era éste una casa destartalada, en la que, a excepción de una sala donde se reunían los francmasones, no había puertas ni ventanas. Cuando el P. Agustín tomó posesión de él, arregló como pudo el primer piso, único que había, y dejó el piso bajo lo mismo que lo había encontrado, enteramente inhabitable. Por otra parte, el primer piso no era muy a propósito para Colegio; pues, a parte de una pieza transformada en dormitorio, lo restante consistía en un pasillo largo, al cual daban tres habitaciones de cada lado. Los alumnos no tenían más lugar de recreo que una azotea ex puesta a sol y agua.
El Colegio, establecido en tales condiciones por el Padre Antonio con el concurso de su sobrino el P. Sebastián,
Sacerdote secular, y de dos profesores seglares, no prosperaba y contraía deudas. Entonces el P. Antonio, de acuerdo con su sobrino, llamó a las puertas de la Congregación. Al principio se rechazó su ofrecimiento, y ojalá se hubiese perseverado en ello; pero al fin se aceptó en 1872, siendo enviado para encargarse momentáneamente de la dirección de la obra el Sr. Roume.
Poco después los Lazaristas alemanes se vieron obligados, por las leyes del Kulturkampf, a abandonar su patria, y el Sr. Etienne envió tres de ellos, a saber: los Sres. Du-plan, Schmitz y Franzen, con cuatro Hermanos Coadjutores, a trabajar en el Colegio de Torres Vedras.
El Sr. Duplan fue nombrado Superior (Octubre de 1873), y todos pusieron manos a la obra con buena voluntad. El Sr. Duplan tocaba el harmonium y hacía cantar a los niños. Esto agradaba a la gente, y la Autoridad militar dispuso que los soldados asistieran los domingos a la Misa que se decía en la Capilla del Colegio. Los alumnos estimaban a los Sacerdotes Lazaristas; pero las condiciones materiales eran difíciles, pues en 1874, cuando el Sr. Nicolle hizo la visita de la casa, había en el Colegio treinta alumnos, de los cuales diez o doce estaban gratis.
El P. Agustín, para asegurar la obra, quería dar una cantidad de dinero con la casa y una propiedad que había dejado una señora Fatella para esta buena obra; pero murió casi repentinamente, sin tomar disposición alguna, en 18 de Marzo de 1874, y todo pasó a poder de su sobrino D. Sebastián, que no tenía las mismas intenciones.
Los Sacerdotes de la Misión abandonaron el Colegio de Torres Vedras en el mes de Agosto de 1874 y fueron a establecerse en Lisboa (Marville), a donde les siguieron la mayor parte de sus antiguos discípulos.
Estuvieron sucesivamente al frente del Colegio los Sres. ROUME (Eugenio), 1872. DUPLAU (Carlos), Superior; 6 Noviembre de 1873.
9.—Marville.
Colegio, 1873.
Marville es un caserío perteneciente a la jurisdicción de Lisboa, a 4 o 5 kilómetros al nordeste del centro de la ciudad, no lejos de las orillas del Tajo y de la estación Pozo do Bispo, del ferrocarril del Este. También hay tranvías desde Lisboa a Pozo do Bispo. Compraron esta propiedad en 1870 el Sr. Miel y Sor Revel. Allí toman las Hermanas portuguesas una casita con una finca. El Sr. Miel la agrandó y convirtió en casa de campo para los Misioneros de San Luis. Cuando se cerró la casa de Torres Vedras se instaló el Colegio en Marville, en el año 1873, época en que comenzó el Magisterio.
En 1882 fue preciso encargarse de nuevo del Colegio de Santa Quiteria, y a esta casa se trasladó el personal de Marville, que actualmente (1905) está ocupado por locatarios.
Fueron Superiores de la Casa de Marville los Sres. DUPLAU (Carlos), 1874. BOUQUIER (Francisco), 1875. VARET (Pedro), 27 de Marzo de 1877. PREVOT (León-Javier), 1881.
10.—Funchal (Isla de la Madera.)
Seminario, 1881.
Cuando en 1881 el Ilmo. Sr. Barreto, Obispo de Funchal, encomendó a la Congregación de la Misión la dirección de su Seminario, los Misioneros pudieron traer a la memoria lejanos y agradables recuerdos. Más de un siglo hacía que habían existido las mismas relaciones entre el Obispo de Funchal, que era entonces el Ilmo. Sr. Gaspar Alfonso de Costa Brandao, natural de Villa Coya, Diócesis de Coimbra, antiguo profesor de la Universidad, y el Superior General de entonces, Sr. de Bras.
En efecto, con fecha I.° de Enero de 1758 escribía el Señor de Bras:
«El Ilmo. Sr. Obispo de Funchal, lleno de celo por la formación del clero y penetrado de estima hacia los Misioneros, ha pedido dos para su Seminario. Hasta ahora habíamos rehusado condescender a su petición, vista por una parte la dificultad del servicio y por otra la falta de objeto fijo para la fundación; pero al fin nos hemos visto obligados a ceder ante las reiteradas instancias de este santo Prelado. El día 30 de Julio salieron de Lisboa, y el 5 de Agosto llegaron a Funchal, capital de la Isla de la Madera, los Misioneros Sres. de Reis y Alasia. Están hospedados en el Palacio episcopal mientras se edifica un nuevo Seminario, pues el antiguo está muy arruinado. Los domingos y fiestas reúnen a todos los clérigos en una Capilla de Palacio para la Conferencia eclesiástica, y darán Ejercicios espirituales a los Ordenandos en un eremitorio que existe a las puertas de la ciudad, lugar cómodo y que está a disposición del Sr. Obispo, quien podrá, por consiguiente, servirse de él para edificar el nuevo Seminario. La buena acogida que han tenido los Misioneros y la confianza que les testifica el clero y el pueblo les hacen concebir la esperanza de que trabajarán con fruto por la gloria de Dios y la salud de aquellos isleños.»
Dos años después escribía el Sr. de Bras:
«Los dos Misioneros enviados a la Isla de la Madera ejercen con fruto todas las funciones propias de nuestro Instituto. El Ilmo. Sr. Obispo les honra con su confianza, los lleva consigo a la visita de la Diócesis, y ha dado al señor Alasia el cargo de enseñar públicamente la Teología a los eclesiásticos de la Isla.»
En 1761, el Superior General, Sr. de Bras, daba las siguientes noticias: «Los Misioneros enviados a la Isla de la Madera continúan ejerciendo con celo y bendición su ministerio, según las intenciones del Santo Obispo que los tiene a su lado. En Julio de 1759 se embarcaron en una gran nave para ir a dar misiones a la isla de Porto Santo. La navegación, a pesar de ser corta, fue tan peligrosa, que estuvieron a pique de naufragar por la ignorancia é impericia del Capitán y de los marineros. A pesar de que la misión se hizo en tiempo del mayor calor, tuvo excelente resultado, porque se reconciliaron muchas familias que se aborrecían de muerte y se confesaron casi todos los habitantes de la isla. Nuestros hermanos continuaron así sus trabajos hasta el mes de Enero; y en el mes de Abril escribía desde Funchal el Sr. Alasia diciendo que tenía pensado volver a embarcarse en el mes de Junio para dar misiones en los puertos adyacentes, a fin de secundar los deseos del Ilmo. Sr. Obispo. En el pobre pueblo reina grande ignorancia, y lo que pone el colmo a esta desgracia es que la mayor parte de los Sacerdotes son tan incapaces para instruirlo, que hasta ignoran la Doctrina cristiana. De manera que se puede aplicar aquí aquella frase de San Juan Crisóstomo: Multi sacerdotes, pauci sacerdotes; multi nomine, pauci opere, por lo cual estamos todos obligados a dirigir al Señor fervorosas súplicas a fin de ayudar a nuestros hermanos en sus arduos trabajos.»
Parece, sin embargo, que esto no fue un establecimiento definitivo, pues vemos en 1768 que el Visitador provincial de Lisboa llamó a los Misioneros que estaban en la isla de la Madera, porque tenía necesidad de ellos en el Continente.
En el siglo XIX, como queda dicho ya, volvieron a la Isla de la Madera los Sacerdotes de la Misión para ejercer su ministerio cerca de las Hermanas de la Caridad y los enfermos del Hospicio D. M. Amelia. Al mismo tiempo prestaban su concurso a las obras piadosas que se lo de-. mandaban.
Con este motivo, el Sr. Schmitz, Lazarista, Superior de la casa del Hospicio D. M. Amelia, iba de vez en cuando al Seminario, a ruegos del Sr. Obispo, como examinador o confesor, y todos los sábados por la tarde, durante el curso 1878-1879, daba una conferencia espiritual.
El curso siguiente fue invitado el Sr. Schmitz a dar todos los días una clase de francés, y su compañero el Sr. Prevot a explicar la Filosofía.
Para la buena marcha de un establecimiento de educación se necesita mantener la disciplina por medio de una vigilancia directa y constante; mas para esto es preciso consagrarse por completo a esta obra. Considerando, pues, el venerable Obispo de Funchal que, dirigiéndose a los Sacerdotes de la Misión, obtendría estos elementos necesarios al buen éxito de su Seminario, hizo en Mayo de 1881 un contrato con el Sr. D. Antonio Fiat, Superior General de la Congregación de la Misión, en virtud del cual el Prelado, usando de, su autoridad, encomienda la dirección del Seminario a los Sacerdotes de la Misión.
Juzgamos a propósito reproducir aquí una nota histórica sobre el Seminario de Funchal, publicada en el periódico de esta ciudad Diario de Noticias, en el número correspondiente al 4 de Agosto de 1905.
La traducción de este texto y las notas que le acompañan son debidas a la amable solicitud del Sr. Palaysi, Misionero Lazarista, destinado a ejercer su ministerio sacerdotal en el Hospicio de Doña María Amelia.







