Miguel García Padilla (1945-2002)

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros Paúles1 Comment

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Author: Joan Sonet · Year of first publication: 2002 · Source: Boletín Provincial de Barcelona.
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«Hay un tiempo para vivir y hay un tiempo para morir…», podemos afirmar parafraseando la inapelable sentencia del autor del Libro del Eclesiastés.

«Vejez venerable no son los muchos días, ni se mide por el número de años… Agradó mucho a Dios, Y Dios lo amó», nos alecciona el libro de la Sabiduría.

Hay un tiempo para vivir: la vida de nuestro estimado biografiado no fue larga en años, pero sí que Dios le concedió la gracia de saber aprovechar plenamente los 56 años de vida que le concedió, para llevar a cabo, con un tesón extraordinario la misión que la Provincia de Barcelona podía esperar de uno de sus noveles miembros desde los inicios de su ministerio sacerdotal. Lo desarrollaremos más adelante.

Y hay un tiempo para morir. Se podría decir que el P. Miguel se resistió a que le llegara la hora de cumplir con la segunda parte del proverbio. Una persona sin las ansias de vida como las suyas quizá hubiera sucumbido más fácilmente a los largos, dolorosos y repetidos embates de la muerte. Ansias de vivir, sí, pero para seguir trabajando generosamente, con ilusión, por el bien de los demás y esto a pesar de sus dolencias, y hasta el final de su vida. Mientras quienes le visitaban los últimos días de su enfermedad sólo presagiaban el pronto desenlace de aquella vida que se extinguía, desde su lecho de muerte el enfermo todavía manifestaba al P. Visitador, quien le visitó cuantas veces pudo, sus deseos de participar en la Santa Misión que se empezaba a dar aquellos días en l’Atmella de Mar y que él mismo había estado preparando con gran entusiasmo desde hacía largo tiempo…; y su interés en dar uno más de los muchos cursillos de liturgia que había impartido en numerosas ocasiones y que tenía previsto dar dentro de algunas semanas…; y su ilusión de seguir trabajando en su querida parroquia de Monte Olivete…

Pero la hermana muerte le estaba traicionando. El día anterior al final del combate entre la vida y la muerte a una de las Hijas de la Caridad que fue a visitarle le expresó con entrecortadas palabras: «Siento que el alma… se quiere… ir… pronto…», a lo que la Hermana le contestó: «Miguel, ya no eres de este mundo desde que te ordenaste, tranquilo, Dios está contigo», arrancando una tenue sonrisa del enfermo irremediablemente atacado por la muerte.

Y así fue. Era el sábado 12 de enero. Bien de mañana el superior de la casa de Valencia le administró el sacramento de la unción de los enfermos, mientras el moribundo le confiaba con serenidad: «Estoy en paz con Dios». Hacia las 12:30 la respiración del enfermo se hizo más pausada y fatigosa, y sus ojos empezaban a teñirse de blanco. Había llegado la hora. Mientras todos los presentes, sacerdotes, familiares y su inseparable enfermero que le había atendido abnegadamente día y noche desde que fue hospitalizado el día 27 de diciembre, se unían apesadumbrados en la plegaria reconfortante del padrenuestro, el alma del fiel servidor de Cristo empezaba su ascenso hacia la Casa del Padre. El P. José Vicente cerró conmocionado los párpados de aquellos ojos que habían relucido vivarachos a lo largo de 56 cortos años y que nunca más volverían a ver el fulgor de las cosas mundanas.

Hay un tiempo para vivir. Miguel García Padilla empezó su peregrinar por este mundo el día 8 de mayo de 1945 en Génave, Jaén, el último de los cinco hijos de Hilario y Saturnina. Huérfano de madre desde los cinco años, a la edad de unos 12 años se fue a vivir a Mallorca junto con su hermana María que servía de mayordoma del párroco de Vileta, un sacerdote amante del arte. Gracias a los buenos ejemplos del piadoso cura párroco y al apoyo de su hermana, al jovencito monaguillo Miguel le entraron ganas de ser sacerdote. Así fue como la Providencia le encaminó hacia la Escuela Apostólica de Palma de Mallorca, donde entró en septiembre de 1958. Cinco años más tarde, el día 7 de septiembre de 1963 vestía, en l’Espluga de Francolí la sotana y faja de misionero paúl. El tradicional día del nacimiento de la Virgen María de 1965 pronunció con gran fervor sus votos. Del largo testimonio que dejó escrito de sus emociones de aquel día tan esperado, permítanme los lectores copiar solamente un par de frases que nos demuestran su verdadero amor a su vocación misionera: «Palpita mi corazón en un ritmo algo descontrolado… La verdad es que soy feliz, demasiado feliz. ¡Los votos.’ ¡He hecho mis votos.’ ¡He vencido! ¡Me he laureado!… El crucifijo de mis votos es mío y preside todos mis actos en la cabecera de mi cama. Él será mi escudo y mi espada….».

Los dos primeros años de Filosofía los empezó allí mismo y el tercero lo cursó en Hortaleza (Madrid). Se trasladó a Salamanca para hacer los dos primeros cursos de Teología y regresó a Barcelona en 1970 para completar los restantes en la «Facultat de Teología de Sant Pació». El 29 de mayo de 1971 se incorporó definitivamente a la Congregación de la Misión mediante los votos perpetuos. Pocos días después, el 6 y 19 de junio el obispo auxiliar de Barcelona Mons. Josep NP Guix le administraba las Ordenes Menores. El orden del subdiaconado se lo confirió Mons. Jaime Brufau el mismo año en el día de la fiesta de San Vicente de Paúl en nuestra parroquia de Barcelona y al día siguiente el diaconado en la amplia y bella capilla de María Reina. La ordenación sacerdotal la recibió el día 28 de junio de 1972 en nuestra esbelta iglesia de San Vicente de Paúl de Barcelona de manos del Arzobispo de la diócesis, el Dr. Narcís Jubany.

El neo sacerdote escogió su villa natal para solemnizar su primera misa, viéndose acompañado de sus hermanos, parientes, amistades y numerosos feligreses. Por parte de la Provincia asistieron los padres José Mulet, Visitador y Nicolás Mas, Director de las Hijas de la Caridad y su compañero de estudios Antonio Cárcel.

Después de continuar durante un año más sus estudios en Barcelona e iniciarse en el ministerio sacerdotal, el P. Miguel García fue destinado a la parroquia de la Sagrada Familia de Palma de Mallorca en julio de 1973 y de allí pasó un año más tarde a la de la Mare de Déu de Montolivet, en Valencia, como vicario, haciéndose cargo principalmente de la catequesis y la atención a la juventud de la parroquia.

El día de su santo del año 1976, cuando sólo tenía 31 años, se le confió ponerse al frente de la parroquia, ampliando de esta manera el campo de trabajo. Su ilusión todavía juvenil y su total entrega, añadidas a sus cortos pero laboriosos años de experiencia pastoral, dieron un nuevo y conveniente impulso a las diversas actividades parroquiales. Entre las innovaciones surgidas de sus ansias de mejorar la vida de la parroquia podemos consignar el reorganizar los varios grupos parroquiales, iniciar las primeras catequesis de preparación para establecer el camino Neocatecumenal, en octubre de 1978; el poner en marcha el Consejo Pastoral al año siguiente, contando con todos los agrupaciones de la feligresía; recuperar las fiestas patronales con el concurso de las seis primeras claraviesas y que irían aumentando de número progresivamente los años posteriores; y la Campaña de Evangelización dividida en varias etapas a lo largo del año 1980 y en la que entre otros participaron los padres José Mulet, Luis Solé, coordinador, junto con algunas Hijas de la Caridad. También se instauraron aquel año los Ministros delegados de la Eucaristía. A él se deben, en nuestra Provincia de Barcelona los inicios de Juventudes Marianas Vicencianas, así como también la promoción vocacional mediante la Etapa de Acogida en Valencia.

La proyección provincial del P. García se incrementó con la elección del P. Nicolás Mas como nuevo Visitador, el día 19 de junio de 1979. A finales de agosto de aquel mismo año se celebró la Asamblea Provincial, en la cual el P. García fue elegido Consejero Provincial. El día 3 de septiembre se reunió el P. Mas con sus Consejeros y entre las varias determinaciones que se tomaron ‘fue la de poner en práctica la resolución de la Asamblea Provincial de nombrar un «Equipo de Pastoral de la Provincia». Al P. García se le confió quedar al frente de la Pastoral de Parroquias junto con el P. Pedro J. Gómez y se le encargó la Dirección del «Butlletí Informatiu». El cambio de responsable de la revista provincial se notó desde el primer número (el 29) con la mejora del formato interior, con abundancia de relatos, recortes y fotografías, favorecido por la «Campaña de Evangelización», auspiciada por Mons. Jaime Brufau en San Pedro Sula el verano de 1979 y que culminaría con los dos años de la Santa Misión en toda la vasta diócesis, y en la que también él participó.

El mayor desarrolló en el campo de la pastoral vocacional lo pudo realizar a tiempo completo al ser nombrado Director del Estudiantado a principios de curso del año 1984-85. Las vocaciones entre los jóvenes de J.M.V. que él mismo había empezado a sembrar con esmero en Valencia dieron buenos frutos y pronto el tercer piso de la Casa Provincial tuvo que ser convenientemente remozado para poder albergar con mejores facilidades a los nuevos jóvenes que irían llegando de Valencia, Alicante, Mallorca, Girona, Brooklyn, Honduras…

Sus celo misionero en favor de la Misión de Honduras le impulsó a ponerse al frente de los grupos de J.M.V. de ambos sexos que todos los veranos, a partir del año 1984 iban a evangelizar durante los meses de verano, catequizando y animando las Campañas Infantiles que el dinámico P. Antonio Quetglas había empezado a organizar unos 8 años atrás en Puerto Cortés y más tarde en San Pedro Sula.

Su cargo de Director del Seminario Mayor, nombre que se le dio a nuestra Casa de Formación de Barcelona, no le impedía participar en otras múltiples actividades pastorales como predicar retiros y ejercicios espirituales a las Hijas de la Caridad, participar en misiones populares, dar cursillos de Liturgia, participar en cuantas reuniones interprovinciales se convocaban…

Del año 1985 al 1994 volvió a formar parte del Consejo Provincial. El 23 de octubre de 1993 había sido nombrado Superior de la Casa Provincial. Y el 10 de julio de 1995 seria elegido Visitador de la Provincia, continuando por iniciativa propia como Director del Seminario Mayor por un año más.

El día 2 de septiembre el P. Miguel García tomaba posesión de su nuevo oficio durante una Eucaristía en la que concelebraron 24 sacerdotes de la Provincia, además del Visitador de Zaragoza, P. Carlos Esparza, dos padres de las Provincia de Madrid y uno de Venezuela, convirtiéndose en el duodécimo Visitador de la Provincia de Barcelona (decimotercero si contamos los dos mandatos de 9 años del P. José Mulet). En su saludo de presentación, usando el idioma catalán, que a pesar de no ser el suyo propio llegó a dominar muy aceptablemente, no dejó de exponer su disponibilidad, primero a Dios, y después a todos los miembros de la Provincia «en su realidad personal con un deseo expreso de que todos y cada uno se sintieran acogidos, escuchados, valorados y estimados, como también su actitud de servicio generoso que facilitase el diálogo y la corresponsabilidad». Creemos que el P. García se mantuvo fiel a sus compromisos durante los casi 6 años que se mantuvo en el cargo, los tres últimos aquejado, más o menos gravemente, por su larga y dolorosa enfermedad que se esforzó en soportar con un espíritu fuerte y ejemplar edificación.

Su gran capacidad de trabajo y su constante dedicación a sus nuevas responsabilidades mientras su salud se lo permitía, hicieron que atendiera con eficacia a todos los quehaceres, que sólo el que tiene experiencia de haber asumido el cargo de Visitador puede llegar a conocer. Sus frecuentes desplazamientos para entrevistarse con los miembros de las comunidades e interesarse por los enfermos, tanto en las 4 regiones autonómicas que le competían en España, como sus repetidos y largos viajes a Brooklyn y sobre todo a Honduras, dan prueba de su gran interés por el bien de las personas e instituciones de la Provincia. Su apoyo a nuestra Misión «ad gentes» de Honduras puede que sea uno de sus mejores logros, a pesar de la escasez de personal. El establecimiento en Patuca de las Hermanas de la Caridad («Mallorquines»), y el nuevo Centro Misional en Puerto Lempira, con la participación de las Provincias de Zaragoza y Colombia son dos buenos ejemplos de ello. Imposible hacer muchas concreciones. Destaquemos, quizá, su interés particular en habilitar nuestra finca de Montcada i Rexach primero como Centro de rehabilitación para excarcelados y posteriormente en apoyo del Proyecto Hombre para drogadictos.

Durante los últimos meses, debido a la inesperada muerte del que fuera Procurador Provincial por espacio de 40 años, el P. José Font, le obligó a ponerse más directamente en los asuntos económicos de la Provincia, encontrando una buena ayuda en un buen feligrés de la parroquia y algo más tarde con el nombramiento del joven P. José Luis para ocupar este alto cargo de responsabilidad provincial.

Su colaboración en el ministerio con nuestras hermanas las Hijas de la Caridad de la Provincia de Barcelona creemos que fue siempre de mutua disponibilidad y ayuda.

Se puede bien decir que dejó el legado al nuevo Visitador con suficiente antelación. Para conseguirlo convocó elecciones con más anterioridad que lo establecido y a fin de que su sucesor pudiera participar en el mes de junio al Encuentro de Visitadores de toda la Congregación con el Superior General, P. Robert P. Maloney en Dublin.

…Y hay un tiempo para morir. No quisiera volver a repetir nada de lo que he expuesto anteriormente. Ni tampoco alargar demasiado esta biografía de nuestro estimado P. Miguel. Solamente unos apuntes acerca de la enfermedad que le llevaría inexorablemente a la muerte. Todo empezó cuando se le declaró un cáncer maligno del recto a finales de 1997 y del que fue intervenido el 20 de marzo de 1998, (en la mitad de su cargo de Visitador) y de la que se recuperó, de momento, satisfactoriamente gracias a un prolongado tratamiento de radioterapia. Pero la enfermedad seguía su curso extendiéndose por la parte pélvica y fue necesaria una segunda intervención que no pudo realizarse hasta finales de febrero de 2001 ya que el P. García quiso ir antes a despedirse de su querida Misión de Honduras, pasando allí la noche vieja. Aquella operación tuvo serias complicaciones, que le causaban dolores muy fuertes, y fue necesaria una tercera intervención quirúrgica. El día 9 de abril era dado de alta, pero con la necesidad de pasar por el control ambulatorio. La recuperación fue larga, pero pudo volver a sus quehaceres combinando su trabajo con las subsiguientes sesiones de quimioterapia y radioterapia, siendo siempre acompañado por su fiel enfermero el Sr. Ramón Carbonell, y al menos aparentemente pareció «rejuvenecer» volviéndosele a repoblar su ondulado canoso cabello. Sin embargo el cáncer seguía minando la parte del pelvis y no hubo más remedio que aumentar el tratamiento terapéutico para tratar de aliviarle lo más posible el fuerte dolor que sentía, sobre todo los últimos meses y que le obligaron a hacer uso de un bastón.

Al acercarse el final de los seis años de su mandato como Visitador tuvo la suficiente prudencia para no volver a presentarse como candidato para un posible nuevo trienio.

Después de permanecer unos meses en Barcelona, en buena parte para seguir su tratamiento médico, y también para orientar al nuevo Visitador, decidió volver a Valencia, aceptando ser nombrado vicario de la parroquia de Montolivet.

El día 27 de Diciembre se le subió mucho la fiebre y tuvo que ser internado en el hospital, donde permaneció hasta el fin de año, pasando la nochevieja con la Comunidad., Al día siguiente, empero, tuvo que volver a ser hospitalizado debido a que su salud empeoraba.

Los últimos días de vida y en particular el fallecimiento del P. García al mediodía del sábado 12 de enero ya lo hemos comentado. Pero no podríamos cerrar esta reseña sin llegar al final: las emocionantes exequias y el entierro de sus restos mortales el lunes día 14 de enero.

Como era de esperar, la asistencia a la Eucaristía exequial fue muy concurrida: estaban presentes sus dos hermanas María y Saturnina, y hermano Hilario con sus cónyuges e hijos respectivos; el P. Visitador y 12 sacerdotes de la Provincia; nuestros dos hermanos coadjutores, un estudiante y todos los seminaristas de Teruel; padres de las otras tres Provincias españolas, encabezados por los Visitadores de Madrid y Salamanca, PP. Félix Álvarez y Antonio Otero; muchas Hijas de la Caridad de Barcelona, Valencia, Alicante… con las Visitadoras de las Provincias de Barcelona y Pamplona al frente, sor María Cruz Arbeloa y sor Ma Teresa Clavería, respectivamente; otros miembros de la Familia Vicenciana, especialmente Voluntarias y J.M.V. de los primeros tiempos y actuales; además de los muchos feligreses que llenaron a rebosar la iglesia de Ntra. Sra. de Montolivet.

El obispo auxiliar de Valencia, Mons. Esteban Escudero se ofreció para presidir la Eucaristía, acompañándole en el altar el Vicario Episcopal, el Arcipreste y algún otro sacerdote diocesano y también el recién ordenado sacerdote de la diócesis de Barcelona, José Rodríguez a quien le unía una larga amistad con el P. García. En total fuimos 26 los concelebrantes. El coro de la parroquia, Hijas de la Caridad y jóvenes de J.M.V. con sus guitarras ayudaron a la animación de los adecuados cantos escogidos para la celebración fúnebre. En su breve y adecuada homilía Mons. Escudero comentó el fin y las virtudes básicas de la Congregación de la Misión, fidelidad a la voluntad de Dios y a la vocación, la humildad y sencillez, practicadas ejemplarmente por el P. Miguel García, así como al espíritu de caridad auténtica, puesta en práctica como el Buen Samaritano de la parábola del Evangelio de san Lucas que había sido proclamado.

Muy cortésmente el Sr. Obispo cedió al P. Visitador que oficiara el final del rito de las exequias, momento en el que el P. José Vicente tuvo la oportunidad de hacer un resumen de lo que seguramente hubiera sido su homilía: su primer comentario, no exento de un sano matiz de jovialidad, se refirió referir a que por lo mucho que le gustaba al P. García organizar y dirigir, «seguro será tan pesado con Dios que nos hará caso y nos ayudará». Recalcó a continuación su gran apoyo a la Pastoral Vocacional y a la apertura de la Etapa de Acogida cuando era superior de Valencia. Nos recordó asimismo que todo lo que fuera ayudar a la Misión de Honduras, él lo apoyaba y animaba, terminando con unas sinceras palabras de agradecimiento hacia todos los asistentes, en particular al gran número de Hijas de la Caridad llegadas de muchas comunidades, a los PP. Paúles, especialmente a los Visitadores de Madrid y Salamanca (el de Zaragoza se había excusado) y a las Visitadoras de Barcelona y Pamplona con algunas de sus Consejeras.

A continuación el féretro fue llevado al cementerio, acompañado de bastantes coches. Después que el superior de Valencia, P. Pedro Torrens, rezara las preces rituales, mientras era tapada la losa del nicho donde quedó guardado el ataúd, el P. José Vicente invitó a los presentes a despedimos con el canto de la Salve Regina.

Así terminaba el largo y emocionante acto de sepelio con que los familiares naturales y de Congregación y demás participantes honrábamos la persona y buenas obras del fiel sacerdote de Cristo, nuestro estimado hermano el P. Miguel García Padilla. Ya descansa en el sueño de los justos. Ya goza de la Pascua. ¡Aleluya!

One Comment on “Miguel García Padilla (1945-2002)”

  1. Buenas tardes,

    Soy Julian Garcia, un sobrino del Padre Miguel. Me ha gustado mucho esta biografía de mi tio y a mi padre Hilario, el hermano del Padre Miguel, también. Solo quiero comentaros un fallo que veo casi al final, donde decis sus hermanas Maria y Saturnina. Ese dato es incorrecto. Su hermanas son tres, Isabel, Juana y Maria, por si lo quereis rectificar. Saturnina era mi abuela, la madre de mi tio Miguel .

    Gracias por haber dedicado esta biografia a la memoria de mi tio. Una gran persona donde las haya.

    Saludos.

    Julián García

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