Metodología para leer los Escritos de Luisa de Marillac

Francisco Javier Fernández ChentoLuisa de MarillacLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Louise Sullivan, H.C. · Año publicación original: 2014 · Fuente: Ecos de la Compañía.
Tiempo de lectura estimado:

Santa Luisa de Marillac Dios es mi DiosHemos examinado juntas el servicio de correspondencia de Luisa de Marillac, que le permitió ser a distancia para las primeras Hermanas: formadora, consejera, directora espiritual y amiga. Leyendo las cartas a algunas Hermanas concretas, nos damos cuenta de cómo adaptaba ese ministerio de la palabra escrita a las necesidades, a las situaciones, a los temperamentos, a la madurez espiritual y humana así como a la salud física y mental de cada Hermana. Constatamos también que es muy consciente de las dinámicas del grupo en el que viven y de los desafíos de su servicio. Incluso con una misma Hermana, el tono y la función de Luisa van a cambiar. A veces es la formadora, otras la amiga. Como consejera es también con frecuencia la directora espiritual. A veces como superiora es cálida y cariñosa, otras veces llega a ser dura pero siempre afectuosa. Esta es Luisa, la que habla desde el corazón a sus compañeras y, si se lo permitimos, dejará que su corazón nos hable a cada una de nosotras.

El tema que me han pedido que trate hoy es la metodología o la manera de abordar la lectura de algunas de las 665 cartas y de los 115 documentos reunidos bajo el título de “Pensamientos” tal como lo tenemos en la versión original francesa, de los “Escritos Espirituales” publicados por Sor Elisabeth Charpy en 1983 y cuya traducción inglesa apareció en 1991. Es necesario algún método pues leer a Luisa, especialmente en el original francés, puede ser desalentador. El estilo de san Vicente, tanto en las cartas como en sus conferencias es sencillo y directo. Hace ya años, viví durante cinco años en una casa de Hijas de la Caridad en la calle Oudinot, aquí en París. Si ustedes atraviesan el jardín de la Casa Madre y el parque de Catalina Labouré, que antes formaba parte de nuestro jardín, llegan a esa casa. En aquél tiempo aún se hacía la lectura en común. Recuerdo que, en ocasiones, cuando nos sentíamos cansadas, pedíamos a Sor Margarita Lalanne, la Hermana Sirviente, que leyera una de las conferencias de san Vicente. Sor Lalanne era de Toulose, al suroeste de Francia, no lejos de Dax y del lugar de nacimiento de Vicente. Hablaba con el acento de esa región. No teníamos más que cerrar los ojos y nos transportábamos tres siglos más atrás, pareciéndonos estar escuchando al fundador mismo hablando a las primeras Hermanas.

A pesar de nuestra afección por Luisa, nadie sugeriría algo así en cuánto a ella, aunque tuviéramos en la casa una hermana con acento parisino. El estilo de Luisa es literario y muy complejo. Ella misma reconocía, y yo estoy de acuerdo con ella, que debía “simplificar” los razonamientos de su espíritu. Hay dos pequeños libros excelentes, publicados recientemente titulados “Orar 15 días con Vicente de Paúl” y “Orar 15 días con Luisa de Marillac”. Sor Elisabeth Charpy ha elaborado el de Luisa y recuerdo haber hablado con ella cuando estaba escribiéndolo. Me decía que era muy difícil encontrar citas de santa Luisa cortas y fáciles de leer. Con toda certeza esas citas existen, pero son más difíciles de encontrar porque las frases de Luisa son muy largas. La versión inglesa es más fácil de leer precisamente porque, aun permaneciendo fiel al original, yo he cortado las frases más largas y las he hecho más cortas. Desarrollados o breves, los escritos de Luisa, especialmente sus “Pensamientos”, son un desafío. Sin embargo, a pesar de eso, su personalidad brilla a través de lo que ha escrito. Dicho esto, veamos ahora algunos medios posibles de llegar a conocerla mejor.

Antes de utilizar ningún método, es importante que el lector tenga al menos una idea general de lo que santa Luisa vivió a lo largo de su vida. Para ella, como para Vicente, todo está enraizado en la vida, en los acontecimientos y en sus experiencias personales. Cualquier intento de definir sus puntos de vista y las obras del servicio de los pobres que resultaron, deben tener en cuenta, -y esto se aplica tanto al uno como al otro y en todas las empresas-, la afirmación con frecuencia repetida con la que Vicente concluye su carta del 5 de agosto de 1642 a Bernardo Codoing: “Esta es mi fe y esta es mi experiencia”1.

El primer “método”, consiste en leer las cartas de Luisa dirigidas a una determinada Hermana, por ejemplo Sor Ana Hardemont o a las Hermanas de una comunidad concreta, las Hermanas de Angers.

Es un método que parece funcionar bien a nivel de diferentes grupos: las Hijas de la Caridad, jóvenes o menos jóvenes, originarias de cualquier país; Hermanas en formación: Hermanas del Seminario, Hermanas sin votos, Hermanas de menos de 10 años de vocación; otras personas en formación: personas en discernimiento, pre-postulantes, postulantes, seminaristas de los Paúles. Luego también están los grupos laicos, miembros de la Familia Vicenciana: la AIC o Damas de la Caridad, la Sociedad de san Vicente de Paúl. Con estos últimos grupos generalmente por falta de tiempo, se les puede ofrecer una selección de cartas. Esto tiene la ventaja de darles documentos que más adelante puede servirles para su oración personal y para compartirlo con otros.

Sea el grupo que fuere, es también importante dar tiempo para la lectura y la reflexión personal, así como para compartir en grupo, para hacer preguntas o comentaros. A menudo, cuando llega el momento de terminar, pido a los participantes que se tomen un tiempo de reflexión y luego compartan, si quieren, sobre esta pregunta: “Si debieran olvidar el 95% de todo lo que han leído, reflexionado y compartido durante el tiempo pasado juntos, ¿qué retendrían y harían suyo y por qué? Los resultados pueden ser muy conmovedores. Recuerdo que en una ocasión compartía con un grupo de seminaristas de la Congregación de la Misión sobre Luisa. Les había presentado las experiencias que Luisa había tenido durante su vida y ellos había leído y compartido sobre sus cartas a diferentes Hermanas. Les había preguntado con qué se quedarían; les di tiempo para pensar en ello y esperé en silencio. El primer seminarista que tomó la palabra dijo algo que nunca olvidaré. Con lágrimas en los ojos comenzó: “Soy hijo de padres divorciados. He experimentado todo lo que la joven Luisa sintió: la ira, el rechazo, la sensación de abandono, el aislamiento. Sin embargo, ella fue capaz de superar todo esto y, en sus cartas pudo ayudar a las primeras Hermanas a vencer el dolor en sus vidas. Me di cuenta de que si podía hacer esto y llegar a vivir su vocación vicenciana al máximo, yo también puedo”.

Atravesando los siglos, Luisa había tocado el corazón de este joven y había transformado su vida. Ella hará lo mismo con todos los que se lo permitan.

Otro método de lectura consiste en leer cronológicamente los escritos de Luisa, es decir, siguiendo el orden en el que fueron escritos.

De alguna forma es más difícil. Con las cartas no tenemos más que la mitad de la correspondencia. Al leer a una determinada persona, la situación y la persona se nos muestran más claras. En el orden cronológico, las cartas a las personas concretas están separadas por las cartas a otros, con situaciones y circunstancias que varían. Lo que hace de la lectura de Coste un reto. Pero este método tiene ciertas ventajas y Luisa puede sin duda revelarse y tocar los corazones.

Cuando lean de esta manera, seguramente percibirán que la colocación de las cartas y de los Pensamientos no siguen el orden numérico. A finales del siglo XIX, Sor Goeffre, Secretaria general, reunió todos los autógrafos, es decir las cartas y los pensamientos originales de santa Luisa o firmados por ella y los numeró. Cuando Sor Elisabeth Charpy hizo la recopilación para los Escritos Espirituales de 1983, estudió cada elemento y descubrió que algunos textos eran de una fecha anterior o posterior a la que Sor Goeffre los había colocado. Por ello, a la vez que retenemos la numeración de Sor Goeffre, los textos están ahora en el orden en el que la investigación hecha por Sor Charpy ha revelado que deberían estar. Por ejemplo en la época de Sor Goeffre se pensaba que la carta A 26, sobre la preparación a la fiesta de Pentecostés, había sido escrita en los comienzos de la historia de la Compañía. La investigación ha demostrado sin embargo, que data de 1657, después del hundimiento del techo en la Casa Madre, en el que nadie resultó herido. No fue hasta después de aquél dramático suceso cuando Luisa comenzó a mirar hacia atrás y a reconocer la función vital del Espíritu Santo en su propia vida y en el desarrollo de la Compañía. Es un ejemplo conmovedor de lo que es la condición humana, de esta realidad que puede pasar mucho tiempo antes de que la presencia de Dios en nuestras vidas sea algo evidente.

Existe otra ventaja al leer los escritos en este orden. Nos muestra todo lo que ocurre en un período concreto. Mi estudiante era consciente de esto al preguntar: “¿De dónde sacaba Luisa el tiempo? El número de Hermanas diferentes a las que escribía en una época en la que los servicios se estaban iniciando y en el que se estaban comenzando nuevas obras, indica la importancia que Luisa daba a este servicio de su correspondencia. Aunque estuviera ocupada, nunca perdió de vista su papel de Formadora, de consejera, de guía espiritual y de amiga a distancia.

Lo mejor es leer las cartas de santa Luisa y de san Vicente en orden cronológico.

Muestran la evolución de sus relaciones: la de un Director espiritual a la dirigida, más tarde la de Colaborador y amigo. Es de destacar que no tenemos más que tres cartas de Luisa a Vicente antes de la fundación de la Compañía. Seguramente hubo más, pero es probable que debido a su carácter personal, no se han conservado. Para poder llenar este vacío les invito ardientemente a leer las cartas que Vicente dirige a Luisa en este mismo período, en el primer volumen de Coste2.

Vicente indudablemente ha reconocido las dotes y profunda espiritualidad de esta mujer angustiada y herida. Suave pero firmemente la va sacando de sí misma y la va liberando de todo para enviarla a visitar las Cofradías de la Caridad en mayo de 1629, como la primera responsable vicenciana formada en su escuela3. El acompañamiento de Vicente a Luisa se convierte para ella en un modelo para su acompañamiento a las Hermanas. Aunque estaba fundado en sus cualidades personales, también retuvo lo mejor de lo que había aprendido de él. La carta de Luisa a Francisca Carcireux, que citamos ayer, nos lo demuestra4.

Otra ventaja de la lectura cronológica de las cartas es el descubrimiento de ciertas situaciones que de otro modo se nos escaparían. Si volvemos la mirada a la época de las primeras Hermanas tendemos a pensar que todas eran una Margarita Naseau o que todo lo que Vicente, Luisa y esas Hermanas tocaban se transformaba en oro, que todo era un éxito. Todos nosotros hacemos lo que los franceses llaman: “enjoliver le passé,” es decir, “embellecer el pasado”. Si este pasado debe sernos beneficioso cuando estamos enfrentados a un futuro incierto, debemos verlo como un todo, con sus altos y bajos, sus éxitos y fracasos. La Compañía era algo totalmente nuevo y estas pioneras estaban dispuestas a correr riesgos, de tipo personal y en los servicios. Y arriesgarse significa a veces fracasar. Si no lo hubieran hecho, la Compañía no habría seguido creciendo y es muy probable que nosotras no estuviéramos hoy aquí.

Citaré sólo un pequeño ejemplo de una obra que no tuvo éxito pero que muestra también el apoyo de Luisa a las Hermanas, por su propio valor y su fuerza de carácter. Se trata del servicio de las Hijas de la Caridad en Chars. Las Hermanas fueron allí en 1647. En su servicio atendían un hospital, una escuela y la visita de los pobres en sus domicilios. Tras comenzar bien, las cosas se deterioraron rápidamente. Los problemas venían del párroco cuyas exigencias estaban directamente en oposición con las prácticas de la Comunidad. Las Hermanas eran sometidas a humillaciones públicas, como negarles la comunión al acercarse a recibirla y pedirles públicamente que hicieran penitencia. Después de consultar con san Vicente y la Dama de la Caridad que había pedido a las Hermanas, Luisa informó al párroco que las Hermanas se marcharían de allí. Con notable pena le dijo a la señora de Herse, la Dama de la Caridad implicada, “…no será por elección nuestra por lo que nos retiremos de un empleo que la Providencia nos había confiado sin duda sólo por un tiempo”5. Esto ocurría en 1657. Esta manera de arriesgarse había fallado esta vez, pero había suscitado muchos más éxitos en otros casos.

Al leer las cartas de Luisa en orden cronológico, descubrimos cómo pasó todo esto y cómo ella y las Hermanas reaccionaron tanto ante los éxitos como ante los fracasos.

Otra ventaja, quizá mayor, en este tipo de acercamiento a la lectura de sus escritos, es que descubrimos la visión que Luisa tiene de la vida comunitaria y la de servicio, las cualidades y virtudes necesarias para hacer de esta visión una realidad. Se instituyen y explican las prácticas comunitarias tales como los votos anuales. Descubrimos los inicios de la subsidiaridad con el nombramiento de Hermanas Sirvientes y de visitadoras, que no eran Provinciales ya que no había Provincias, sino Hermanas enviadas por santa Luisa para “visitar” a las Hermanas, especialmente a las misiones alejadas para ver cómo se encontraban y cómo se realizaba el servicio de los pobres.

La petición que Luisa hace a las Hermanas de que la escriban diciéndole cómo se encuentran es un elemento que se repite en sus cartas. Cuando Luisa estuvo directamente implicada en el establecimiento de las nuevas obras, ella siempre puso a las Hermanas en el centro de su misión de servicio. Es a partir de su ejemplo como aprendemos que nuestras Hermanas son nuestros primeros pobres. Es esta Luisa atenta, para quien cada Hermana importaba. Ella quería que las comunidades locales fuesen lo que más tarde el Cardenal Bernardin llamó “familias de fe”, en las que cada Hermana se sintiera valorada y apoyada, a la que, en una palabra, pertenece. Las cartas de Luisa eran el instrumento mediante el cual ella ayudaba a construir y a mantener esas comunidades en medio de las dificultades propias de personas de caracteres y personalidades diferentes que vivían y servían juntas en misiones que a su vez eran con frecuencia agotadoras y estresantes.

Otro método de lectura de los escritos de santa Luisa es el que consiste en estudiarlos por temas o por sujetos.

Esta es la forma más común de acercarnos a ella. Cuando preparamos un intercambio, una charla a un grupo, o una reflexión personal antes de la Renovación o una celebración litúrgica, es cuando querríamos alguna cita de santa Luisa. Queremos saber lo que ella compartió con las Hermanas acerca de nuestra vocación, nuestros votos, el servicio de la Hermana Sirviente, las relaciones con nuestras compañeras, nuestros colaboradores o con las personas a las que servimos.

Sor Charpy previó esta posibilidad cuando recopiló las 50 páginas del índice de su edición de 1983 de los Escritos espirituales, que, igualmente, aparece en la edición traducida al inglés. Muchos índices no sirven de gran ayuda porque se limitan a los nombres de personas y lugares. Sor Elisabeth ciertamente incluye los más significativos, pero subdivide cada tema para que podamos encontrar mejor lo que buscamos. En lugar de poner la palabra clave “Nantes” seguida de números de páginas, Sor Elisabeth describe brevemente la historia del hospital por los subtítulos que están indicados bajo esta palabra clave. Nos orienta en la fundación de la obra, el viaje de Luisa acompañando a las Hermanas, el contrato, las Hermanas que fueron enviadas allí y las dificultades. El mismo tipo de detalles se encuentran bajo el término “Angers” y los demás grandes establecimientos de la naciente Compañía. Bajo los nombres de las Hermanas encontramos una página de referencia para un resumen biográfico así como los lugares en los que sirvieron.

Tal vez lo más práctico para nosotras fuera de los lugares o incluso de las Hermanas, sea utilizar los temas que figuran en los títulos. Conocemos bien las Conferencias de san Vicente sobre “La Vocación de la Hija de la Caridad”, pero el Index nos conducirá a las palabras de Luisa sobre ella. Y, a diferencia de los índices de personas y lugares, éste nos lleva a los “Pensamientos”.

Estos textos son a veces más difíciles pero están reagrupados con las cartas del mismo tema, nos dan una idea clara del pensamiento de Luisa, que la mayor parte de las veces son el fruto de su oración. Y es en estos textos dónde encontramos las citas que buscamos. Con este método, descubrimos su comprensión de las virtudes de nuestro estado, de nuestros votos y de la manera como estamos llamadas a vivir juntas en Comunidad y a servir a los pobres. Estos textos nos muestran también a Luisa como Formadora y guía espiritual. Invita a una Hermana a la obediencia, a otra a la humildad y a todas a confiar en la Divina Providencia y a abandonarse a la voluntad de Dios.

La oración de Luisa sigue el ritmo del Año Litúrgico.

En sus cartas, así como en sus Pensamientos, encontramos referencias a los principales misterios de la vida de Nuestro Señor y a las grandes fiestas de Navidad, Pascua, la Ascensión y especialmente Pentecostés. El lugar del Espíritu Santo en la vida de Luisa y en la vida de la Compañía está enraizado en su oración, en su meditación y en las cartas que dirige a las Hermanas sobre este tema. No es, pues, sin razón que elijamos a la Superiora general el Lunes de Pentecostés, después de unos ejercicios de la Ascensión a Pentecostés. Luisa hacía sus Ejercicios anuales en ese momento e instaba a las Hermanas que pudieran, a hacer lo mismo.

Cuando pensamos en los servicios extraordinarios realizados por Vicente, Luisa y las Hermanas, podemos fácilmente admirarnos al descubrir hasta que punto eran capaces de descubrir las miserias de los pobres y aliviarlas. Podemos perder de vista la fuerza unificadora que se encuentra detrás de todo esto: la visión de Jesucristo, sufriendo en los pobres a los que servían.

La centralidad de Jesús crucificado en la evolución espiritual de santa Luisa es manifiesta desde sus primeros escritos. La vida le ha enseñado que su vocación consistía en unirse a Jesús en la cruz. Es revelador en este sentido uno de los textos de sus Pensamientos, con fecha anterior a 1633. Escribe:

“Dios me ha concedido tantas gracias como la de darme a conocer que su santa voluntad era que fuese a Él por la cruz, que su bondad ha querido que yo tuviese desde mi nacimiento y no habiéndome dejado casi nunca en toda mi edad (de mi vida) sin ocasiones de sufrimiento”6.

Esto no es un compadecerse de sí misma por parte de Luisa. Su fe y su experiencia, así como el paciente acompañamiento de Vicente, la llevaron a salir de sí misma y a darse totalmente al servicio de Cristo sufriente en el pobre. Más tarde animaría a sus hijas a hacer como ella: “mi querido Esposo… os sigo hasta el pie de vuestra cruz que he escogido como claustro…”7. Lo que vemos aquí es una extraordinaria fusión entre contemplación y servicio a Jesús crucificado en todo tipo de miseria humana, lo que constituye nuestro carisma. La lectura y reflexión sobre éste y otros temas, utilizando el índex como guía, permitirá a cada una de nosotras profundizar en la propia comprensión de nuestra vocación vicenciana y ayudará a otras a que hagan lo mismo. Esto mostrará muy claramente hasta que punto lo que llamamos nuestra vocación vicenciana nos viene de Luisa.

Antes de concluir con este método de lectura de las Cartas y Pensamientos de Luisa, hay un tema que merece una atención especial y es el de María. Todas somos conscientes de la importancia de María en la Compañía. El deseo expresado por santa Luisa en el momento de su muerte es claro: “Pidan mucho a la Santísima Virgen que sea ella su única Madre8. El estudio de la devoción mariana de Luisa a través de sus Cartas y Pensamientos, nos muestra que se trata de una teología sana y espiritualmente profunda. Busquen María en el índex y descubrirán una fuente rica para su propia devoción. Las posibilidades de compartir no están limitadas aquí, más que, por su propia creatividad. La oración, la reflexión y el compartir sobre Luisa y María nos permiten también pasar sin esfuerzo de las Cartas a los Pensamientos más complejos.

El método “coged y leed”

Hay todavía otro método de lectura de los escritos de Luisa. Los que acabamos de tratar son más formales y requieren más tiempo. A nivel personal se ajustan mejor a momentos de ejercicios, sesiones o trabajos de grupo. Aunque si la lectura y la meditación de los escritos de Luisa sobre la venida del Espíritu Santo que conducen a Pentecostés, o sus reflexiones sobre el Adviento es ciertamente posible y muy provechoso. Este nuevo método es mucho más sencillo y podemos utilizarlo más frecuentemente, incluso a diario. Es lo que yo llamo el método del “Coged y leed”. Cualquiera de los métodos anteriores puede ser adaptado a éste. Podemos coger una carta o un párrafo o uno de los pensamientos de Luisa. Puede ser de cartas a alguna Hermana o cartas sobre un tema concreto. Podemos también elegir de las cartas o los pensamientos del orden cronológico. O si quieren dejarlo completamente en manos de Luisa y del Espíritu, pueden hacer como con la Biblia, abrir sencillamente el libro y leer lo que se encuentra ahí.

Un de mis antiguos alumno de la Universidad utiliza el método de “Coged y leed”. Cada noche, antes de acostarse lee por lo menos un párrafo de Luisa. Se graduó en 1991 por lo que estará ahora alrededor de los cuarenta. Tiene un puesto de gran responsabilidad muy estresante cómo Director de los Servicios Sanitarios del Sistema Penitenciario del Estado de California. Sin embargo, continúa con santa Luisa. A veces ella le hace sonreír; en otros momentos le toca el corazón o le ayuda a tomar una difícil decisión. Me ha dicho: “Ella siempre me da algo en lo que pensar y por lo que orar y me ayuda a conciliar el sueño”.

Luisa ha llegado a ser, cada vez más, alguien que cuenta en nuestra vida. Sus experiencias de vida: la turbulenta infancia, las decepciones, el marido enfermo, la viuda con un hijo difícil, la mujer consagrada, la fundadora, la innovadora, la educadora, la administradora de hospital y la asistente social, todas hacen vibrar a las personas del siglo XXI, en la Compañía o fuera de ella.

Muchas personas pueden encontrar en ella un impulso, una inspiración o un descanso. Y sus escritos le permiten hablarnos y hablarle. Espero que estos diferentes métodos de acercamiento a sus escritos les ayuden a conocerla mejor; que pueda hablarles a sus corazones y a los de las personas con las que comparten sus palabras desde toda la riqueza de su personalidad de formadora, consejera, acompañante espiritual y amiga, que ha realizado su servicio de escribir cartas desde una cierta distancia.

  1. Coste II: 282
  2. Coste I: 23-221.
  3. Ibid. 64.
  4. LM: C. 549 (L. 557B) “A Sor Carcireux”
  5. LM, C. 593 (L. 527) “A la señora de Herse”. 1657
  6. LM. E. 19 (nº 57) p. 687
  7. LM, E. 105, nº 279bis “Práctica del puro amor” (p. 822)
  8. LM, E 302 Testamento Espiritual (p. 835)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *