Hoy, 26 de marzo de 16531
Mi querida Hermana:
Su última apreciada carta me ha dejado un grande y sensible consuelo; es verdad que me pareció seguía usted sumida en penas y aflicciones interiores y exteriores, pero también me parece que hace usted perfecto uso de ellas.
No puedo dejar de creer que todas sus penas van a redundar en maravillosa ventaja para usted. Sí, es cierto, querida Hermana, que es muy difícil detener la propia mente para que no se deje ir a pensamientos de desconfianza, sino negarse a darles crédito, y es lo que hace usted cuando se le ocurre suponer que tal o cual circunstancia puede ser la causa de que no reciba el consejo o parecer que está esperando o que no sea con la frecuencia que usted desearía, no por lo que a usted concierne en particular, sino por el interés de toda la Compañía; y por eso quizá Nuestro Señor le inspira que permanezca usted en paz al pie de su cruz, completamente sometida a las disposiciones de su divina Providencia. Me parece, querida Hermana, que ha encontrado usted la «piedra filosofal» de la devoción cuando la firme resolución de hacer la voluntad de Dios calma sus penas.
Con amor a esa santa voluntad tenemos que someternos a sus órdenes, pues su bondad ha dispuesto del señor Lamberto a quien ha sacado de este mundo a principios del presente año; ya sabe usted que estaba en Polonia donde era muy querido del Rey, de la Reina y de todo el mundo, de suerte que ahora lo lloran como a un santo y es verdad que su vida se asemejaba a la de los santos. La Reina ha escrito, de su puño y letra (al señor Vicente) para manifestarle el dolor que tiene y cómo lo considera como una pérdida que acaba de sufrir. Tengo la seguridad de que van ustedes a rezar mucho por el eterno descanso de su alma en caso de que lo necesite. Le ruego diga a nuestras Hermanas que les pido ofrezcan la sagrada Comunión por él y por otro2 Superior de Annecy que ha fallecido también desde entonces y a quien igualmente apreciaban mucho en aquella ciudad. Ambos son una pérdida inestimable.
Les hago la misma súplica en favor del alma de nuestra difunta Sor Petra, la que era de la región del Maine. Les aseguro, queridas Hermanas, que el relato de sus virtudes y el afecto que todas nuestras Hermanas tenían por ella, ha hecho llorar a toda la Compañía. Nuestras pobres Hermanas de Polonia tienen también mucha necesidad de oraciones: su aflicción es grande, ya se lo pueden figurar; porque, aun cuando la Reina les demuestra una gran bondad y su Majestad cuida de ellas y las emplea en las obras de caridad, sin embargo, queridas Hermanas, su dolor ante la pérdida de tal padre ¡tiene que ser inmenso! La Reina ha comunicado al señor Vicente que ha enviado a una de las tres a una ciudad distante aproximadamente ochenta leguas, donde instruye a varias jóvenes de las que algunas ya muestran deseos de ser Hijas de la Caridad,3 de tal manera que, si Dios otorga su bendición a la obra, creo se hará allá un gran establecimiento. Tenemos que humillarnos mucho y rezar mucho también. Le ruego comunique todas estas noticias a nuestras queridas Hermanas a las que saludo con todo mi afecto, y diga a Sor Francisca4 que su padre, su madre y sus hermanas están bien de salud, gracias a Dios, como igualmente la madre de Sor Luisa,5 su hermana y su señora.
Le incluyo una carta para los señores Padres de los Pobres como ha ordenado nuestro Muy Honorable Padre. En una palabra, querida Hermana, puedo asegurarle que él ha resuelto hacer todo lo posible para que tengan ustedes paz. Le encomiendo mucho a sus oraciones; ya sabe que tiene mucha edad6 y un gran trabajo, lo que no le impide levantarse todos los días a las 4 y ayunar a diario. Estoy segura de que le excusa usted si no le escribe tan a menudo como usted quisiera y él también. Todas nuestras Hermanas la saludan, están bastante bien. Sor Juana Delacroix suplica a su querida Hermana7 ruegue a Dios por ella y sea muy fiel en la observancia de sus reglas. A todas les ruego también, queridas Hermanas, que pidan con frecuencia a nuestro Señor que me haga misericordia en la hora de mi muerte, por los méritos de la suya preciosísima, en cuyo amor soy, queridas Hermanas, su muy humilde hermana y afectísima servidora.
- C. 430 Rc 3 lt 363. Carta autógrafa
- El señor Juan Guérin (1594-1653), fallecido el 6 de marzo. Había entrado en la Congregación de la Misión en 1639, y desde 1642 se encontraba en Annecy.
- En 1659, se abrió un Seminario en Polonia.
- Francisca Ménage había llegado a Nantes en septiembre de 1650. Dos hermanas suyas, Margarita y Magdalena, eran ya Hijas de la Caridad. En 1658, se les uniría también en la Comunidad otra más: Catalina.
- Luisa Michel (ver C. 406 n. 3).
- El señor Vicente tenía 72 años.
- Renata Delacroix (ver C. 315 n. 5, p. 308).







