Hija de la Caridad, sierva de los pobres enfermos
Brienne
Hoy, 8 de febrero de 16531
Mi querida Hermana:
Supongo habrá usted recibido mi última carta en la que creo le decía que le enviaba tres pistolas2 y sus santos protectores del año; pero la señora Condesa3 no quiso que se mandara el dinero y aseguró a las Hermanas que ella se lo daría a ustedes rápidamente. Me figuro que no habrá dejado de hacerlo; me he informado con el señor Deán acerca de sus noticias y las de la Hermana; ha manifestado gran bondad hacia ustedes y le estamos muy agradecidas. Por lo que he sabido, nuestras pobre Hermana está muy mal de la vista, con peligro de perder el otro ojo.
Le ruego, querida Hermana, haga por ella todo lo que pueda serle necesario para conservarlo. Nuestra agua un poco fuerte, no mucho, puede ser excelente para ella; pero creo, que el fuego del horno le es muy perjudicial; por eso le ruego que lo encienda alguna mujer y se encargue también de enhornar; habrá que purgarla con frecuencia con una tisana laxante, pero el mejor remedio es un cauterio en la parte posterior de la cabeza. Haga el favor de obligarla a hacer todo lo necesario.
Su primo ha venido a preguntar por usted, y me ha dicho que su buen padre había fallecido. No sé si lo sabe usted ya; también su hermano. El resto de la familia está bien, gracias a Dios. Querida Hermana, tenemos que someternos a todo lo que Dios quiera de nosotras y de los nuestros; por eso, dése usted de nuevo a El, para estar enteramente, con todo lo que le pertenece, bajo el gobierno de la divina Providencia. Ya sé, querida Hermana, que hace tiempo se encuentra usted en esa práctica.
Le encomiendo a nuestras Hermanas de Polonia que están dedicadas al servicio de los pobres en una ciudad en la que hay mucha peste. Le ruego también que se acuerde ante Dios de nuestras Hermanas de Nantes, que siguen sufriendo persecución; no ocurre así con nuestras Hermanas de Angers que gozan de la protección del señor Obispo y son muy queridas por los señores Padres de los Pobres. Sor Cecilia4 está ahora mejor que hace mucho tiempo. Ruegue por toda la Compañía para conseguirle el espíritu y la fidelidad que está obligada a tener: ese ha sido el tema de nuestra última Conferencia; algún día la verá usted. El señor Vicente sigue con su caridad acostumbrada, lo mismo que el señor Portail, tanto para con las presentes como para con las ausentes.
Le ruego me diga, Hermana, cuál es el tiempo mejor para hacer provisión de hilaza, hecha o para hacer, pero mejor ya hecha. Necesitaríamos de cuatrocientas a quinientas libras si pudiéramos conseguirla a buen precio y que el porte no resultara demasiado caro. Necesitaríamos también estopa, de buena calidad, toda la que puedan dar por una libra, sin acomodar. Buenas noches, queridas Hermanas, ya me corre prisa terminar, diciéndome, en el amor de Nuestro Señor Crucificado, queridas Hermanas, su muy humilde hermana y afectísima servidora.
P.D. Después de escrita ésta, recibo su paquete que le agradezco y también a la Hermana. El mensajero tiene prisa; así que otro día le diré si pueden ocuparse de ese niño. Adiós, queridas Hermanas. A ver si puede usted decirme cuántas veces recibió dinero de la Reina para Fontainebleau:5 hace más de dos años que no hemos recibido nada.
Todas nuestras Hermanas las saludan con afecto, la casa empieza a poblarse poco a poco de nuevas; pero como nos piden de tantos sitios, no tenemos antiguas para atender las peticiones.







