Luisa de Marillac, Carta 0402: A mi querida Sor Juliana Loret

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Luisa de Marillac .
Tiempo de lectura estimado:

Hija de la Caridad, sierva de los Pobres enfermos

Chars

Hoy, 7 de enero de 16522 no tiene todavía dientes para hacerlo.

Aquí tienen los aguinaldos para las dos, los que la divina Providencia ha dispuesto les caigan en suerte, y una pequeña santa Juliana que no he querido hacer entrar en el sorteo por temor a que no le tocara a usted, ya que me parece difícil encontrarla.

Les ruego, queridas Hermanas, que no descontenten a la mujer del recaudador y que dejen obrar al señor Cura respecto al orden que deben llevar para recibir dinero y para anotar lo que gastan; pero sean muy exactas en no tomar en provecho suyo nada que pertenezca a los pobres, y si crían algunos animales para utilidad de ustedes, sean también muy exactas en pagar lo que gasten en piensos; si hasta ahora daban a cambio leche o huevos, sería mejor que lo vendieran en vez de emplearlo para satisfacer gastos. Tengan también cuidado en no pagar con dinero de los pobres lo que les cueste cuidar esos animales o guardarlos o cualquier otra cosa que puedan hacer para su utilidad particular. Ya me han hablado ustedes de la encajera, pero mucho me temo que no nos convenga. Bien saben lo difícil que es no seguir siendo en todas partes lo que se ha sido hasta el presente.

Por lo que se refiere al trigo del que les piden cuenta, no lo lleven a mal, porque si cuecen ustedes pan sólo para los pobres enfermos, dado que de ordinario no son muchos, no pueden consumir gran cantidad; y me parece que sería más conveniente comprar el pan, si hay panaderos, que amasarlo para ellos; sería, además, un alivio para ustedes.

Alabo a Dios, querida hermana, de que hayan encontrado tan buen sitio para el Niño Jesús; estoy segura de que han hecho lo mismo para alojarlo con nueva presencia en sus corazones en los cuales les ruego, desde lo más íntimo del mío, se digne hallar sus complacencias.

Les encomendamos el alma de nuestra amada hermana Sor María Le Maire, que ha fallecido hoy hacia las tres de la tarde. Era la que estaba con los niños, un poco coja. Perdemos mucho con ella, porque su vida era un continuo acto de virtud, pero hemos de adorar la santísima voluntad de Dios en todas sus disposiciones. Tenemos también en casa otra hermana de las nuevas, a quien no conoce usted, gravemente enferma, igualmente la encomiendo a sus oraciones. Dispénseme si no le escribo con más frecuencia. Reciba un cordial saludo de todas nuestras queridas hermanas y esté segura de su afecto, como del mío, que soy y también de mi querida Sor Felipa,3 en el amor de Nuestro Señor, mis queridas hermanas, su muy humilde y afectísima servidora

P.D. Sor Ménard4 ha sido la reina:5 pero ustedes han hecho lo que no han visto hacer aquí; les ruego tengan cuidado en guardarse de novedades, cosa peligrosa en las Compañías; nuestros pecados son causa de que haya que temer; tratemos de enmendarnos y roguemos mucho para que se digne la misericordia de Dios aplacar su justicia justamente irritada. Le agradezco a mi querida Sor Felipa que me haya escrito, yo también le escribiré si Dios quiere. La buena Presidenta señora de Lamoignon,6 fue enterrada el martes. Los pobres se opusieron a que la llevaran a otro sitio que a la parroquia de San Lupo.

  1. C. 402 Rc 3 It 339. Carta autógrafa. Dirección, la misma letra que la carta 382.)

    Mi muy querida Hermana:

    Le agradecemos de todo corazón sus apreciados aguinaldos, que no reparto a las hermanas porque me parece se trata de las estampas que le han correspondido a usted en años anteriores, según lo que llevan escrito, y no es razonable. En cuanto a sus excelentes pasteles, la Comunidad la tendrá a usted presente al comerlos, pero la Hermanita1Luisa Renata. la nieta de Luisa de Marillac, que no tenía todavía los tres meses

  2. Felipa Bailly (ver C. 397, n. 2).
  3. Margarita Ménard, que entró en la Compañía de las Hijas de la Caridad a fines del año 1650.
  4. Alusión a la costumbre de llamar «rey» o «reina» a la persona que encuentra la «sorpresa» en el pastel de Reyes. Dicha «sorpresa» era una haba.
  5. Señora de Lamoignon (ver C. 87, n. 1).

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *