Hija de la Caridad, sierva de los pobres enfermos en el Hospital General de Nantes Bretaña1
Hoy, 1.° de julio (1651)2
Mi querida Hermana:
Su última apreciada carta me ha proporcionado singular satisfacción ya que hacia mucho tiempo deseaba tener noticias suyas, puesto que le he escrito tres veces sin obtener respuesta. Temía estuviese usted enferma. Doy gracias a Dios con todo mi corazón de que no sea así.
¿Qué podré decirle, querida Hermana, para convencerla de que no me ha faltado el deseo de darle la satisfacción que me decía usted esperaba de mi? De lo único que tengo que acusarme es de olvido, ya que esa es la única causa de no haberlo hecho, de tal forma, que ahora no tengo presente en la memoria nada para decirle, estando en la creencia de que el señor Vicente no deja de contestarle, porque tan pronto como veo en sus cartas que desea usted un consejo de él, se lo hago recordar por medio del Hermano que le sirve de secretario. Espero, querida Hermana que habrá usted informado ampliamente de todo al señor Lamberto,3 que le representaba al señor Vicente; por su parte, él no dejará de hacer todo lo necesario para remediar las necesidades que haya visto. Esté, pues, tranquila, querida Hermana, y trabaje como siempre lo ha hecho en roturar el terreno. Todo el trabajo y esfuerzo que ha puesto usted hasta ahora no será en balde; bien sabe usted que a la lluvia le sigue el buen tiempo. Ya le he dicho, querida Hermana, que pensando iba a tener una proporción segura para escribirle, se lo avisé a su tío, el señor Le Duc, y que su primo me ha enviado, para hacérselo llegar a usted, un paquetito: son cinco o seis rosarios de Nuestro Señor y un rosario grande de quince misterios. Dígame si quiere que se lo envíe por el mensajero; le ruego diga también a todas nuestras Hermanas que las saludo con todo mi afecto y pido a nuestro bondadoso Dios la gracia de que las haga a todas según su Corazón, en su santo amor soy, queridas Hermanas, su muy humilde hermana y servidora.







