Hija de la Caridad Sierva de los pobres enfermos del Hospital de Nantes
Hoy, 17 de mayo (1648)
Querida Hermana:
Con estas líneas quiero sólo asegurarle que hemos recibido sus cartas y las del señor de Beaulieu,1 a las que contestamos el miércoles pasado. Discúlpeme, por favor, si hoy no contesto a todos los puntos de sus cartas, es que como se repiten las mismas cosas, me parece haberle ya contestado detenidamente, como no sea lo que se refiere a los traslados de las Hermanas como me señala usted de varias. Le aseguro, querida Hermana, que bien quisiera poder hacerlo para su satisfacción, o mejor, por el bien que su caridad espera de ello, pero cuando se trata de lugares alejados, las dificultades son muy grandes. Además, no sería conveniente, daría mal ejemplo; espero más bien que cuando vaya a verlas el señor Lamberto,2 ayudará mucho a nuestras Hermanas a encontrar su paz y satisfacción en el cumplimiento de la voluntad de (Dios) con la mortificación de la suya propia. Conozco las penas y dificultades de todas ustedes, pero sé también, queridas Hermanas, que ese es el yugo del Señor y que El mismo tiene la bondad de tornárselo suave y ligero a los que lo llevan por su amor. Les deseo de todo corazón esta perfección, y en ese mismo amor soy, querida Hermana, su muy obediente y afectísima hermana y servidora.







