Sierva de los Pobres enfermos Chars-hacia Pontoise
Hoy viernes 6 de marzo (1648)
Muy querida Hermana:
No conozco otro catecismo lo bastante extenso si no es el del señor Cardenal Belarmino;1 pero me ha parecido que el señor Lamberto no juzgaba oportuno que explicáramos por él la lección a las niñas, ni siquiera a las muchachas mayores, porque me ha dicho que no era propio más que para los párrocos. Y para decirle la verdad, querida Hermana, sería muy peligroso para nuestra Compañía que quisiéramos emprender el hablar doctamente, no sólo por lo que a nosotras interesa, inclinadas a la vanidad como somos, sino también por miedo a decir errores. El parecer del señor Vicente es que obremos sencillamente, y ya sabe usted cómo debemos respetarle a él y a sus órdenes. No obstante, le hablaré de esto;2 después de comer, enviaré su carta a la señora Marquesa de O. Me han dicho que Sor Marta se ha puesto tan gruesa que está desconocida. ¡Dios mío! ¡Cuánto temo los lugares en donde se está con demasiadas comodidades para nuestra condición! Cuide, se lo ruego, hermana, de que esté ocupada, y en trabajos fuertes, lo más que pueda.¿No tienen ustedes enfermos que atender en los pueblecitos cercanos?
Por lo que se refiere a las jóvenes de que me habla, ya sabe usted cómo han de ser las que necesitamos. Si juzga que son así sería conveniente que hicieran un viaje para presentarse antes de admitirlas definitivamente. Adiós, querida hermana, pida a Dios por mí que me perdone todas mis cobardías y debilidades que me impiden ser según sus designios. Saludo a nuestra querida hermana y soy, de las dos, en el amor de Jesús Crucificado, querida hermana, obediente y humilde servidora.
- Hoy, San Roberto Belarmino (1542-1621), de la Compañía de Jesús, Cardenal y Arzobispo de Capua y Doctor de la Iglesia, uno de los más grandes teólogos de su tiempo. (De la nota del P. Castañares a esta carta).
- Efectivamente, en el consejo del 29 de marzo siguiente, la Señorita pidió su parecer a San Vicente, quien le contestó: «No hay mejor catecismo, Señorita, que el de Belarmino, y si todas nuestras Hermanas lo supieran y lo enseñaran no enseñarían otra cosa que lo que deben enseñar, puesto que están ahí para instruir, y sabrían lo que los curas deben saber… Sería bueno que se les leyera y que usted misma, Señorita, se lo explicase, para que todas lo aprendiesen… ya que si es necesario que enseñen, tienen que saber y no pueden aprender mejor y más seguramente que con ese libro. Me alegro mucho de que hayamos hablado de ello, porque esta lectura les será de mucha utilidad» (SVP, Xlll,664 665, Síg. X, 792).







