Hija de la Caridad, sierva de los Pobres enfermos
(Fontainebleau)
(noviembre de 1647)
Muy querida Hermana;
Muchas gracias por todos sus favores; como deseaba usted, no hemos dejado de enviar su obsequio al señor Lamberto, pero no puedo, hoy todavía, darle noticias de su recepción, porque aún no lo he visto; ¿no se ufanaban ustedes de todo el bien que su caridad les ha hecho? De todo corazón pido a mi querida Sor Ana1 que me perdone por no poder escribirle tampoco esta vez. Espero que usted me haya hecho la caridad de manifestarle la voluntad que tengo de hacerlo pero como quiero expansionar mi corazón con ella, prefiero esperar a tener tiempo y también a que ella me dé con detalle sus noticias, en particular cómo hace la instrucción a las niñas. Le ruego, Hermana, que reciban al mayor número de pobres que puedan. Hace algún tiempo, el señor Vicente me hablaba de nuestras Hermanas que están dedicadas a la enseñanza, con el deseo de que todas se sirvieran del mismo método; tan pronto como lo sepa con seguridad, no dejaré de comunicárselo; me manifestó cuánto había sentido no haberla visto antes de que se volviera usted a marchar,2 pero me parece que era por la pena que suponía habría usted tenido; me figuro que el señor Lamberto le habrá dado noticias de ustedes.
Le ruego no se olvide, en la primera ocasión, de (mandarme) esas plumas tan buenas.
Me alegro mucho de que haya tenido usted noticias de su familia antes de marchar. Sor Cecilia3 está bien, gracias a Dios; le ruego pida por nosotras, todavía tenemos a una de nuestras Hermanas de Saint Méen4 enferma en extrema gravedad. Mucha necesidad tenemos todas de pensar en nuestra conversión, pidamos a nuestro buen Dios la santa sencillez que nos ayudará mucho a ello.
Salude a nuestra buena Sor Ana y reciban los saludos afectuosos de nuestras Hermanas y míos en especial, que soy en el amor de Jesús y de su Santa Madre, queridas hermanas, su muy humilde hermana y afectísima servidora.







