Hija de la Caridad al servicio de los pobres enfermos en Nantes
Hoy, 22 de julio (1647)
Mi querida Hermana:
Nos ha tenido usted muy preocupadas al no darnos noticias suyas; Dios sea bendito por su feliz llegada. Tengo todavía aquí sus cartas para el señor Vicente, lo que debe quitarle el disgusto de no haber podido escribirle; ya conoce usted sus muchas ocupaciones, que no deben sin embargo retenerla en aumentar su número cuando lo necesite; usted ya conoce su caridad.
Ya me imaginaba que iba a encontrar muchas dificultades, pero la compadezco sólo a medias, puesto que tiene usted ahí al señor Lamberto que lo solucionará todo; usted no tiene más que advertirle lo que haya observado; me parece que no le han hablado a usted de Sor Enriqueta1 más que con el objeto de que acompañe a la otra,2 que es posible no querría venir de otro modo. Todo lo que me dice usted que hacen las Hermanas es completamente contrario a los acuerdos que hemos firmado con los señores Padres, como ir al mercado fuera; no había que ir más que para el pescado y las aves, lo que debe hacerse en menos de una hora.
Porque por lo que hace a las hierbas, fruta, huevos, etc, todo esto tenían que traerlo a la casa las vendedoras; la mantequilla forma parte de las provisiones (o despensa) de la casa que los señores Padres habían prometido tener, lo mismo que la leña, el vino, vinagre, aceite y otras cosas necesarias. Dígale todo esto al señor Lamberto. Como sus cartas han llegado todas juntas, no podemos darnos bien cuenta del verdadero estado en que actualmente se encuentra la Hermana que según nos dice usted ha pedido se le busque colocación. En cuanto a las salidas de Sor Isabel3 y sus comunicaciones para buscar alivio hable de ello al señor Lamberto, espero que él ponga remedio, así como a que tengan que salir las Hermanas al campo a buscar las hierbas. No hay por qué proveer de tal manera su botica, basta con que tenga los medicamentos corrientes y más necesarios, pues de otro modo se gastaría inútilmente mucho dinero.
Por lo que hace a ese buen muchacho, no creo sea conveniente que le hable usted; haga más bien saber al señor Lamberto lo que ha llegado a su conocimiento, y ya sabrá él poner orden por medio de los señores Padres, que me consta están en la disposición de hacer todo lo que sea necesario para tranquilidad de las Hermanas y bien del Hospital. Y con respecto a tener de ayudante al muchacho, creo haberle dicho yo misma que las Hermanas le irían ordenando con bondad y caridad lo que tuviera que hacer y que era preciso vivir en paz y sobrellevando mutuamente los defectos unos de otros.
Piense usted, querida Hermana, si iba yo a decir otra cosa a una persona que no conozco. Le dije únicamente que tenía que encargarse de proveer de agua al hospital y de hacer los oficios más bajos. No hay que pensar en que puedan suprimirse por completo las maledicencias y calumnias, sino que hay que sufrirlas ya que nuestro maestro vivió y murió en tan gran paz en medio de sus calumniadores. Dígame por el primer correo en qué ha quedado el amago de fluxión que se le presentó. Le ruego, querida Hermana, salude respetuosamente al señor Lamberto y a todos los otros señores Padres, a los que no puedo escribir hoy por apremio de tiempo y lo mismo a la señorita de La Carisiere a la que por el primer correo enviaré la receta que me pide y el modo de utilizarla.
Todas nuestras queridas Hermanas, la saludan cordialmente como yo también lo hago a todas las de ahí, a las que deseo con todo mi corazón el amor y propósito de cumplir la santísima voluntad de Dios, en la que soy, mi querida Hermana, su muy humilde y afectísima hermana y servidora
P.D. El señor Lamberto, si lo juzga oportuno, concederá a Sor Brígida4 lo que hace tanto tiempo desea.
- Enriqueta Gesseaume (ver C. 86, n. 1).
- Catalina Bagard (ver la carta anterior).
- Isabel Martín, la Hermana Sirviente hasta entonces.
- Claudia Brígida solicitaba la gracia de hacer los votos. El señor Lamberto se la concedió (ver su carta al señor Vicente y a Luisa de Marillac del 26 de julio de 1647, Síg., lll, 191).







