Luisa de Marillac, Carta 0135: A Sor Juana Lepintre

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

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(París)

(Desde Saint Denis, agosto 1645)

Mi querida Hermana:

Le ruego envíe mañana por la mañana a Sor Luisa Cristina1 para que lleve a la pequeña Pavie a la señorita de Lestang2, al arrabal de Saint-Germain, diciéndole que es la niña de quien le ha hablado el señor Chomel. Si pusiera dificultad en recibirla tan mal (trajeada), que le diga que probablemente la Duquesa de Aiguillon3 correrá con sus pequeños gastos. Que no digan a la niña que va a quedar interna y que Sor Luisa tenga mucho cuidado de que no se separe de ella. Que haga sus devociones en aquel barrio y que luego vaya a comer con las Hermanas de San Sulpicio. Aquí le incluyo la carta de dicho señor Chomel que podrá entregar a la señorita Lestang.

Si yo no hubiera regresado mañana a casa, pueden ustedes hacer la conferencia y comulgar; pero le ruego, Hermana, que si ocurriera cualquier altercado o acritud, desvíe usted hábilmente la cosa sin que se note, para que se mantenga la dulzura y cordialidad.

No es mi intención en absoluto, dejar en París a la joven de Sedan, pero no hay que decírselo sino por la noche o por la mañana del mismo día en que vaya a marchar; creía que con lo que le había dicho a usted, habría mandado ya a la buena Sor Micaela; hable de ello al señor Portail. No sé qué es esa tela blanca de que habla María, la pequeña; su viaje nos va a costar mucho más, pero de todas formas, busque a ver.

Si el señor Portail cree que no hay peligro en administrar los polvos a la Hermana sin decírselo al médico, déle usted 24 granos, 8 de cada clase. El señor Vacherot4 no suele poner dificultad. Cuando se mejore un poco, será preferible traerla a la casa. Que Sor Luisa diga a Sor Antonia5 de San Sulpicio que recuerde que las Hermanas deben cambiar de distrito por lo menos cada quince días, y que ponga cuidado en distribuir los enfermos por igual, para que todas tengan el mismo número y por varios motivos más. Sor María Marta podrá ir a ver a su madre enferma; pero no así la Hermana de San Lupo porque la suya está fuera. Puede usted enviar a Sor Juana Bautista6, de Richelieu, a Issy, y a los Galeotes a Sor Luisa7, también de Richelieu. Puede haber allí mucho trabajo, pero no es demasiado duro.

Le recomiendo ese rebañito, que reine en él la tolerancia, la cordialidad, la amable dulzura, en el amor de Jesús Crucificado en el que soy, querida hermana, (humilde) hermana.

P.D. Le ruego que envíe estas cartas para Angers al señor don Juan8. Se las puede confiar a Sor Enriqueta9. Me ha mandado usted muy pocos y muy feos albaricoques secos, y los esperaba para regalarlos. Encomiéndeme a las oraciones de todas nuestras Hermanas; las de aquí las saludan con todo afecto.

  1. Luisa Cristina Pideau, Hermana de la Casa Madre (ver C. 160, n. 7).
  2. María Delpech de Lestang había reunido en la calle del Vieux Colombier unas cincuenta huérfanas a las que educaba. En 1640, se trasladó cerca del Noviciado de la Compañía de Jesús. San Vicente se ocupaba de su obra y le había proporcionado como Director un sacerdote de su Conferencia de los martes a, quien estimaba mucho, el señor Gambart. Sugirió a la señorita Lestang que se viese con la señorita Le Gras y la consultase, ya que poseía en alto grado el don de dirigir almas.
  3. La Duquesa de Aiguillon(ver C. 12, n. 1).
  4. El señor Vacherot, médico de la Comunidad.
  5. Antonia Labille, una de las primeras Hijas de la Caridad; parece que no se movió de París, su firma se halla en el acta de erección de la Compañía, en 1655.
  6. Juana Bautista, la antigua (ver C. 75, n. 7).
  7. Luisa Ganset (ver C. 15, n. 1).
  8. Don Juan Morisse era de Nantes.
  9. Enriqueta de Gesseaume, que se hallaba probablemente en la Parroquia de Saint Germain (ver C. 86, n. 1).

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