Angers
(Septiembre 1644)
Querida Hermana:
¿Está usted muy animosa? ¿Hace como el Buen Pastor que expone su vida por el bien y conservación de las ovejas que tiene a su cargo? Así quiero creerlo; porque si es cierto que no siempre tenemos ocasiones de exponer nuestra vida, no nos faltan en cambio las de sacrificar nuestra voluntad para acomodarnos a la de los demás, de romper con nuestros hábitos e inclinaciones para servir de ejemplo a nuestras Hermanas, de vencer nuestras pasiones para no excitar las ajenas. Así es, querida Hermana, como estamos obligadas a obrar para mantener la cordialidad, ejercitar la tolerancia, vivir en la estrecha unión de la verdadera caridad de Jesús Crucificado, que pido a Dios nos conceda. Diga a Sor María Marta1 que espero lo sea no sólo de nombre sino efectivamente, porque al llamarse María tiene que vivir en una gran pureza, dulzura y modestia, dispuesta a sacrificarse por todos, y su nombre de Marta la obliga a una gran exactitud para cumplir su regla en todos sus quehaceres. En cuanto a Sor Cecilia2, qué dulce y apacible debe ser para poder cantar suavemente las alabanzas de Dios imitando a su santa madrina.
Y nuestra amada Sor Brígida3 tiene que amar con perseverancia los sufrimientos para entrar en el cumplimiento de los designios de Dios sobre ella. A Sor Francisca4 espero le conceda Dios la gracia de que la fortaleza de su espíritu supla la pequeñez de su cuerpo; pero dígale mi querida Hermana que para eso hace falta que sea muy valiente; deseo de todo corazón que no le haya quedado ninguna reliquia de su enfermedad y que esté muy alegre. ¿Qué hace nuestra buena Sor Catalina?5 ¿no le espantan las ruedas y los fuegos de su gran trabajo? ¿Tiene tanto amor de Dios como su santa patrona para resistir a todo? Dígale que depende de ella y que su amado Esposo le tiene reservadas tantas gracias de amor como las que otorgó a todas esas grandes Santas Catalina, con tal de que ella le sea igualmente fiel. Lo mismo digo a nuestra Sor Bárbara6, a la que deseo la santa perseverancia y aumento de perfección, como a todas ustedes, mis queridas Hermanas. Tengan siempre presentes las necesidades de toda la Compañía a quien le hace falta el auxilio de sus oraciones y especialmente del mérito que Dios atribuye a las obras hechas en servicio de los pobres.
- María Marta Trumeau (ver C. 72 n. 4).
- Cecilia Angiboust (ver C. 36 n. 2).
- Claudia Brígida (ver C. 65 n. 1).
- Francisca Clara que llegó con Isabel Turgis en mayo-junio. Tenía un carácter violento y el señor Lamberto, después de su visita de 1648, pidió que se la llamara a París.
- Catalina Huitmill, natural de Arras, llegó también en mayo-junio de 1644. En mayo de 1646 salió de la Comunidad (carta del señor Ratier a Luisa de Marillac).
- Bárbara Toussaint (ver C. 88 n. 4).







