Luisa de Marillac, Carta 0119: A Sor Magdalena

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

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Angers

(Septiembre 1644)

Querida Hermana:

¿Está usted muy animosa? ¿Hace como el Buen Pastor que expone su vida por el bien y conservación de las ovejas que tiene a su cargo? Así quiero creerlo; porque si es cierto que no siempre tenemos ocasiones de exponer nuestra vida, no nos faltan en cambio las de sacrificar nuestra voluntad para acomodarnos a la de los demás, de romper con nuestros hábitos e inclinaciones para servir de ejemplo a nuestras Hermanas, de vencer nuestras pasiones para no excitar las ajenas. Así es, querida Hermana, como estamos obligadas a obrar para mantener la cordialidad, ejercitar la tolerancia, vivir en la estrecha unión de la verdadera caridad de Jesús Crucificado, que pido a Dios nos conceda. Diga a Sor María Marta1 que espero lo sea no sólo de nombre sino efectivamente, porque al llamarse María tiene que vivir en una gran pureza, dulzura y modestia, dispuesta a sacrificarse por todos, y su nombre de Marta la obliga a una gran exactitud para cumplir su regla en todos sus quehaceres. En cuanto a Sor Cecilia2, qué dulce y apacible debe ser para poder cantar suavemente las alabanzas de Dios imitando a su santa madrina.

Y nuestra amada Sor Brígida3 tiene que amar con perseverancia los sufrimientos para entrar en el cumplimiento de los designios de Dios sobre ella. A Sor Francisca4 espero le conceda Dios la gracia de que la fortaleza de su espíritu supla la pequeñez de su cuerpo; pero dígale mi querida Hermana que para eso hace falta que sea muy valiente; deseo de todo corazón que no le haya quedado ninguna reliquia de su enfermedad y que esté muy alegre. ¿Qué hace nuestra buena Sor Catalina?5 ¿no le espantan las ruedas y los fuegos de su gran trabajo? ¿Tiene tanto amor de Dios como su santa patrona para resistir a todo? Dígale que depende de ella y que su amado Esposo le tiene reservadas tantas gracias de amor como las que otorgó a todas esas grandes Santas Catalina, con tal de que ella le sea igualmente fiel. Lo mismo digo a nuestra Sor Bárbara6, a la que deseo la santa perseverancia y aumento de perfección, como a todas ustedes, mis queridas Hermanas. Tengan siempre presentes las necesidades de toda la Compañía a quien le hace falta el auxilio de sus oraciones y especialmente del mérito que Dios atribuye a las obras hechas en servicio de los pobres.

  1. María Marta Trumeau (ver C. 72 n. 4).
  2. Cecilia Angiboust (ver C. 36 n. 2).
  3. Claudia Brígida (ver C. 65 n. 1).
  4. Francisca Clara que llegó con Isabel Turgis en mayo-junio. Tenía un carácter violento y el señor Lamberto, después de su visita de 1648, pidió que se la llamara a París.
  5. Catalina Huitmill, natural de Arras, llegó también en mayo-junio de 1644. En mayo de 1646 salió de la Comunidad (carta del señor Ratier a Luisa de Marillac).
  6. Bárbara Toussaint (ver C. 88 n. 4).

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