Hoy, 14 de octubre de 1642
Señor:
A mi regreso de un viaje que ha durado más de quince días, he encontrado una carta de su caridad; he de decirle, señor, que estoy muy disgustada por esta ocasión de tener que negociar con los arrendatarios1 de los derechos sobre la venta del vino, porque temo que los señores de San Lázaro no puedan hacer el favor que pedían los señores Administradores del Hospital, por las razones que ya he expuesto. Supongo que el señor Vicente le habrá contestado sobre este particular.
¿Qué podrían proponerse las Hermanas que se han confabulado? ¡Qué enojoso me parece esto y cuánto me desagrada por las molestias que tales ocasiones pueden causar a su caridad, a la que tanto agradecimiento debemos! Como también por la asistencia que les proporciona por medio del señor Ratier2, a quien con mucho gusto escribiría una carta dándole las gracias, si no temiera con ello aumentar su trabajo. Suplico a nuestro buen Dios sea su recompensa eterna. Me parece, señor, que la segunda carta que se ha tomado usted la molestia de escribirme me permite formarme mejor opinión de Sor Clemencia3, lo que es un alivio para mí, ya que no me sería posible llamarla aquí por dos razones: La primera es que, no teniendo tanta capacidad como las otras y habiendo servido ya tres años (a los pobres), no sería razonable dársela como compañera a una sola Hermana; es necesario que el fuerte ayude al débil. La segunda razón es que corresponde a esos señores devolvernos aquí a las que hubieren faltado en cosas notables, de las que yo, señor, le rogaría humildemente se tomase la molestia de ser usted el juez. En cuanto a las otras cuatro4 Hermanas, no pienso que podamos mandarlas tan pronto. Ya es mucho decir: de las cuatro que en un principio nos pidieron, a doce; y si esos buenos señores las hubieran pedido cuando yo estuve ahí, hubiera sido más fácil, porque por entonces mandamos varias a otros lugares; no obstante, puedo asegurarle que haremos todo lo que esté de nuestra parte. No puedo aún decirle nada en cuanto a esas buenas jóvenes que su caridad se ha tomado la molestia de proponernos, dadas las dificultades que se presentan; (pero) tan pronto como haya podido hablar con el señor Vicente, le comunicaré lo que él decida.
El señor de Marillac5 ha sentido mucho no haber tenido el honor de conocer a Vd. cuando estuvo en Angers, de donde creo había marchado ya cuando llegó la carta que le escribí con tal motivo. Si volviera otra vez ahí, repararía esta falta, que es mía por no haberle avisado con tiempo. Si yo pudiera darle a conocer todas las que cometo, espero de su bondad que pediría misericordia para mi pobre alma; así se lo ruego humildemente por amor de Dios, en el que soy, señor, su muy humilde y obediente hija y servidora.
- Ver C. 81.
- Señor Ratier, sacerdote de Angers encargado por el Abad de vaux de la asistencia espiritual de las Hijas de la Caridad del Hospital.
- Clemencia Ferré (ver C. 40 n. 1).
- En una carta de fecha 15 de febrero, los Administradores pedían cuatro Hermanas para encargarse de la colada y otra para sustituir a Isabel Martin.
- Miguel de Marillac, (ver C. 81 n. 2).







