Luisa de Marillac, Carta 0076: Al señor Vicente

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

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C. 76 (L. 64 bis) Al señor Vicente. pp.85-56

Hoy, 6 de julio de (1642)1

Domingo por la tarde2

Señor:

Nuestra Sor Francisca3 me parece está indiferente para ir a Liancourt4 0 quedarse aquí; se le ha olvidado decirle que está emancipada para disfrutar de los bienes de su difunta madre, que puso en alquiler una parte de la casa, hace tres o cuatro años, y que no recibe nada, por lo que querría vender lo que tiene en su pueblo. Piensa que podría poner orden en esos asuntillos si viniese conmigo. Le ruego se tome la molestia de decirme lo que tengo que hacer y si no hay nada que temer al dejarla allí, a causa de la proposición que ese buen sacerdote le ha hecho, aunque parece verse en ella una gran firmeza en su vocación5. Me ha quedado cierto temor en el espíritu de que nuestras Hermanas puedan creer que yo no quiero que hablen de sus penas; examinándome sobre ello, no he podido encontrar más que dos casos, una vez que vino aquí el señor Thibault6 y pidió ver a tres o cuatro de sus conocidas, una de las cuales era Sor Claudia, la pequeña7, la que por entonces no dejaba de hablar de un escrúpulo que tenía por un pecado ya confesado, y le dije que no hablara más de tal asunto; y otra vez, a nuestra Sor Luisa8, a quien gusta mucho hablar, y con frecuencia9, de austeridades, le dije que no hablase de ellas sino que se atuviese a practicar las que le habían sido permitidas, y que si las interrumpía, podía volver a reanudarlas sin más hablar de tal cosa; fuera de esto, yo no sé, señor, que haya podido dar motivo a ninguna para decir que no me parece bien que hablen, y si se hubiesen quejado de otra cosa, creo que sería necesario que su caridad lo aclarase, para así conocer mejor las disposiciones de espíritu de las Hermanas.

Me parece, señor, que el haberle pedido que nuestra sor Turgis ocupase mi puesto, con utilidad para las Hermanas, se me vino a la mente por algún indicio sobre esta necesidad del que ahora no me puedo acordar en particular; y que el señor Portail suele proponer a varias Hermanas al mismo tiempo hacer los Ejercicios espirituales y a casi todas les habla de los votos, y las Hermanas que no tienen muchas luces y son impacientes, no se dan punto de reposo hasta que la cosa se realice, sin pensar en portarse bien; a mí me parece que como disposiciones para unos buenos Ejercicios, viendo que han aflojado un poco, como suele ocurrir con frecuencia, tendrían que empezar por ponerse a obrar mejor, y no proponerles los Ejercicios sino en momento próximo a cuando los puedan hacer; a nosotras nos es más difícil que a las religiosas porque tenemos que sustituir por otra a la que va a retirarse.

Pienso, señor, para poner pronto remedio al desorden de las Hermanas de San Sulpicio, si no valdría más enviar enseguida a Sor Enriqueta10 y mandar venir a Sor Catalina para que haga sus ejercicios reteniéndola aquí, y diferir los Ejercicios de Sor Enriqueta, porque temo que continúen sus pequeños desórdenes; si hace el favor su caridad de contestarme a esto y de perdonarme todo lo que le digo, tal vez fuera de propósito, y darme su santa bendición como a quien es, señor, su muy humilde y muy agradecida hija y servidora.

  1. San Vicente contesta en la misma hoja: ver SVP, Il, 267; Síg., Il, 227.
  2. C. 76 Arch. de la Misión. Cfr. SVP. Il, 267-8.
  3. Francisca Noret: pasó gran parte de su vida en la Casa Madre. En 1642, fue propuesta para Liancourt; en 1645, fue enviada a San Dionisio. Acompañó a Luisa de Marillac durante su viaje a Nantes, en julio-agosto de 1646. Firmó el acta de erección de la Compañía, el 8 de agosto de 1655.
  4. Llamadas por el Señor de Liancourt, duque de La Roche-Guyon, las Hijas de la Caridad llegaron a Liancourt hacia 1642. El contrato de establecimiento no se firmó hasta 1645
  5. Palabras escritas y tachadas por Luisa de Marillac: «no podría usted llevarla sin dejarla allí».
  6. El señor Thibault (1618-1655), sacerdote de la Misión. En 1644, estaba en Saintes, en París en 1646 y en Saint Méen de 1648 a 1655.
  7. Claudia Brígida (ver C. 65, n. 1).
  8. Luisa Cristina Rideau (ver C. 160, n. 7).
  9. Palabras escritas y tachadas por Luisa de Marillac: «de sus pequeñas mortificaciones».
  10. Enriqueta Gesseaume (ver C. 86, n. 1).

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