Los Obispos de Astorga y el Colegio de Villafranca del Bierzo

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Autor: Bernardo Díez Obelar, C.M. · Año publicación original: 1976 · Fuente: Anales españoles.
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Padre Vicente Alonso Salgado

Las relaciones de los prelados asturi­censes con el Colegio de Villafranca y la Comunidad de Padres Paúles que lo regía fueron siempre sumamente cor­diales. Ya antes de su llegada a Villa- franca, el Prelado que entonces regía la diócesis de San Genadio, Rvdmo. P. Vicente Alonso Salgado, Escolapio, mostraba su satisfacción por la venida de los Paúles a Villafranca en la si­guiente carta que creo merece la pena transcribir, al P. Eladio Arnáiz, Visita­dor, a la sazón, de la provincia de Es­paña:

Astorga, 27 de mayo de 1899 M. R. P. Eladio Arnáiz.

“Mi venerado y estimadísimo Padre en Cristo Jesús: Perdóneme V. P. que no le haya contestado antes a su favo­recida que recibí en la Sta. Visita con retardo, y entre la terminación de ésta en Ponferrada que no me dejaba libres ni cinco minutos en cada jornada, la Peregrinación del Bierzo que, gracias al Señor salió muy bien, concurriendo más de 20.000 almas, según dicen, ni un leve desorden y con mucha piedad y millares de comuniones, y las órdenes en ésta de Astorga, no me ha quedado tiempo material para nada. Celebro mucho que los Padres de la Misión vengan a esta mi pobre diócesis, pues correspondiendo, como lo hacen en to­das partes, al espíritu de celo y cari­dad de su santo Fundador San Vicente, no podrán menos de venir a ayudar al Prelado para regenerar moralmente a mis diocesanos.

Cuente el Padre Arnáiz con todo lo que yo pueda hacer en obsequio de la Comunidad de Villafranca, y en cuanto de mí dependa cuente también con el usufructo de la Iglesia adjunta al Colegio. Ignoro si tiene algún gravamen, por ejemplo, alguna misa de hora, ni quiero preguntarlo para evitar suspica­cias; pero si algo resultase, veríamos de ir orillándolo con la buena voluntad que hay gracias a Dios, por una y otra parte. Por mi parte, sin condiciones más que lo que es propio de un insti­tuto, como el culto divino y sostenimiento de la Iglesia, o si ocurre dar alguna misión o Ejercicios espirituales al clero o a algún corrigendo en par­ticular, cosa que creo propia de su piadosa institución. Sin embargo, si pa­ra asegurar la posesión cree V. P. me­jor realizar una especie de contrato bi­lateral, escríbame lo que desea que, sin mermar en nada la santa indepen­dencia que necesita una Comunidad re­ligiosa, ayude también a la diócesis pa­ra justificar el contrato; y no retarde la compra del edificio que todo se hará bien, Dios mediante.

Se encomienda a sus oraciones y be­sa la mano de V. P. su affmo. El Obispo de Astorga

Bien se ve por el tenor de esta carta, la condición religiosa del Prelado Esco­lapio, que la escribía, por el conoci­miento que revela de los Institutos re­ligiosos al servicio de una diócesis, y la alta consideración que le merecen. Pronto el señor Obispo tuvo ocasión de demostrar prácticamente su benevolen­cia para con la Comunidad de los pri­meros Paúles de Villafranca, dos años después de su llegada a nuestra Villa, en 1901, accediendo a la invitación que le hiciera el Superior de la Comunidad, P. Madrid, viniendo a oficiar de Ponti­fical en la fiesta del Smo. Cristo de la Esperanza, Patrono de Villafranca, con gran contento de la Hermandad del Santísimo Cristo y de toda la Villa. Predicó el P. Quintín Sola un elocuente sermón. Siguió el banquete oficial en el Refectorio del Colegio, presidido por el señor Obispo y autoridades, y los postres, el deán de la Catedral de As­torga pronunció un brindis en el que daba la enhorabuena al Prelado, allí presente, y también a la Comunidad de Padres Paúles y al pueblo de Villafranca, por habernos cedido la Iglesia de San Nicolás; al Prelado, por su celo por la gloria de Dios y bien de sus ovejas, y a los Padres Paúles porque contaban con un templo más en el que podían celebrar los divinos oficios con la majestuosidad y unción propios de la religión católica.

Como puede verse por todo lo que antecede son frecuentes las alusiones a la cesión de la Iglesia de San Nico­lás a los Padres Paúles, por parte del Prelado diocesano y de los que le ayu­daban en el gobierno de la diócesis. No tardaría mucho en aparecer el De­creto que confirmase tal cesión, como ocurrió en el mes de junio del año 1903, pocos días antes de hacerse pú­blico el traslado del P. Vicente a la diócesis de Cartagena-Murcia. El celo­so Prelado no quiso marchar de Astor­ga sin cumplir antes su palabra, refe­rente a este asunto, que tantos litigios había de costar, hasta que años más tarde vino de Roma la confirmación del usufructo perpetuo de la Iglesia de San Nicolás, en tiempos del Santo Pon­tífice Pío X, y a instancias del entonces Obispo de Astorga, Sr. Alcolea, muy afecto a los Paúles. Pero siempre será deudora la Congregación al ilustre Pre­lado P. Vicente, de la más sincera gra­titud por haber sido el primero en dar el paso en este trascendental asunto y mostrando de ese modo su alta estima y consideración a la Comunidad del Co­legio de Villafranca.

El obispo Miranda Bistuer

Sucedió no inmediatamente al Padre Vicente, sino al verdadero sucesor de éste, don Mariano Cidad Olmos, Obispo Auxiliar de Valladolid, que murió antes de tomar posesión de la diócesis de Astorga, siendo nombrado, don Julián Miranda Bistuer, Deán de la Catedral de Segovia, que consagrado como Obis­po de Astorga en el año 1904, no aban­donó dicha ciudad, sino que tomó po­sesión de su nueva diócesis, por poder, y la rigió por espacio de un año, por medio de un Gobernador eclesiástico, permaneciendo él la mayor parte de este año en su pueblo natal, Tamarite de Litera, en la provincia de Huesca, suponemos que por motivos de salud.

Este Prelado, pese á no haber pisado el terreno de su diócesis astorgana, también dio muestras de su afecto y consideración a los Padres Paúles de Villafranca, como lo manifiesta en el siguiente documento, expedido en Ta­marite de Litera, contestando a una co­municación del Padre Madrid en la que manifestaba al Prelado la insistente manía del Párroco don Sergio Rubio, en ignorar la cesión hecha por el Re­verendísimo P. Vicente de la Iglesia de San Nicolás en usufructo perpetuo a la Congregación. Dice así el referido documento del Obispo Miranda:

“En la Villa de Tamarite de Litera, a 15 de septiembre de 1904:

Habiendo acudido a Nos el Rdo. Pa­dre Juan Madrid, sacerdote de la Con­gregación de la Misión y Superior de la Casa-Colegio de Villafranca del Bier­zo solicitando le amparásemos en los derechos que cree tener sobre la anti­gua Iglesia de San Nicolás, enclavada en el edificio del Colegio: Vistos los de­cretos de Nuestro Venerable Predece­sor, Excmo. e Ilmo. P. Vicente Alonso Salgado, el primero fecha 31 de diciem­bre de 1899, autorizando el estableci­miento canónigo de una Comunidad de Sacerdotes de la Congregación de la Misión en el edificio llamado de San Nicolás en Villafranca del Bierzo, para dedicarse a las Misiones, Ejercicios al clero y fieles de la diócesis, enseñanza y sostenimiento del culto, a cuyos fines el Excmo. Prelado, atendiendo a que la dotación escasa del culto y fábrica asignada a la ex-Colegiata, única Iglesia parroquial que ha quedado en Villa- franca, apenas era bastante para soste­ner el culto indispensable en ella, sin que alcanzasen para la conservación de otras iglesias, según reiteradas mani­festaciones del señor cura-párroco de la Asunción ‘de Villafranca, concede perpetuamente el uso y usufructo per­petuo de la citada Iglesia de San Nico­lás a la Comunidad de Sacerdotes de la Misión, bajo la expresa condición de que la aseen, reparen en lo posible y la conserven en buen estado para la conveniente celebración del culto di­vino.

Vistas las comunicaciones e informes del señor cura-párroco sobre los varios extremos de la solicitud de referencia y tomando consideración o resultando:

Primero. Que al plantearse el arre­glo parroquial de la Villa de Villafran­ca del Bierzo quedó establecida en ella una sola parroquia, bajo el título de la Asunción, sin las demás Iglesias y es­pecialmente la antigua de San Nicolás fueran expresamente declaradas o re­conocidas Iglesias filiales, dependientes de la matriz, quedando, por consiguien­te, a disposición del Excelentísimo Pre­lado en la forma que tuviera por con­veniente.

Segundo. Que de la información pre­sentada por el señor cura-párroco de la Asunción de Villafranca del Bierzo no resulta prueba ni documento alguno que pueda desvirtuar los fundamentos de derechos alegados por el Rdo. Pa­dre Juan Madrid en su solicitud de 7 de julio último y especialmente el decreto de nuestro venerable predecesor de fecha 3 de junio de 1903 del cual se dio oportunamente conocimiento al se­ñor cura-párroco por la secretaría de Cámara y Gobierno del Obispado.

Y finalmente que los Rvdos. Padres del Colegio de Villafranca del Bierzo han cumplido hasta el presente la obli­gación que les fue impuesta por nues­tro venerable predecesor, de reparar y sostener por su cuenta la Iglesia de San Nicolás para la celebración del culto divino justificando al efecto ha­ber invertido en ello sumas de alguna consideración.

Su Señoría Ilustrísima por ante mi infrascrito Secretario de Cámara y Go­bierno, dijo: Que debía confirmar y confirmaba los decretos de su venera­ble predecesor, el Ilmo. P. Vicente Alon­so Salgado, singularmente el de 3 de junio de 1903 en que se concede a la Congregación de la Misión de Villafran­ca el uso y usufructo de la antigua Iglesia de San Nicolás, y en su virtud debía autorizar y autorizaba a los cita­dos Padres de la Congregación de la Casa-Colegio de Villafranca para que celebren, sin intervención del Párroco, en la misma Iglesia las funciones que tengan por conveniente, hecha excep­ción de las parroquiales, y reservando al señor cura-párroco el derecho de reclamar o acudir en forma al Tribunal eclesiástico, si se creyese perjudicado.

De cuyas disposiciones mandó su Ilustrísima se diera traslado al Rvdo. Padre Superior de la Casa-Colegio de la Congregación de la Misión de Villafran­ca y al señor cura-párroco de la Asun­ción de dicha Villa para su cumpli­miento y efectos consiguientes. Lo de­cretó y firma S. S. Ilma. el Obispo, mi señor, de que certifico:

Julián, Obispo de Astorga. Por man­dato de S. S. Ilma. el Obispo, mi señor, doctor Antonio Membrive. Lo que ten­go el honor de transmitir a V. P. en cumplimiento del preinserto decreto de S. S. Ilma., para sus conocimientos y efectos.

Astorga, 27 de septiembre, 1904.

El Secretario de C. y G. del Obispado Dr. Antonio Membrive.

No tuvo tiempo para más el Obispo Miranda, pues a fines de ese mismo año era nombrado Obispo de Segovia, ciudad, como dijimos, desde la que ha­bía gobernado la diócesis de Astorga en el año escaso que estuvo al frente de sus destinos. Es por esa misma bre­vedad de su Pontificado Asturicense, digno de nuestra gratitud por haber atendido prontamente a los ruegos del Padre Madrid, a fin de que amparase en sus derechos sobre la Iglesia de San Nicolás a la Congregación.

Fue designado, como suce­sor del Obispo Miranda, DON JULIÁN DE DIEGO Y GARCÍA DE ALCOLEA, quien tomó posesión de la diócesis en los prime­ros meses del año 1905. Con este Pre­lado comienza la era que podríamos calificar de amistosa con los Padres Paúles, en general, y los de Villafranca, en particular. Oriundo de la diócesis de Sigüenza, en la que nuestros Padres tuvieron varios años el Seminario-Co­legio de dicha ciudad, sin duda, fue éste un motivo por el que sentía es­pecial afecto a nuestra Congregación, acrecido más tarde en su estancia en Madrid, como Secretario de Cámara y Gobierno del Arzobispo Cos y Macho, cargo que ocupaba al ser elevado al Episcopado, como Prelado de Astorga. El Padre Mariano Díez que, para estas fechas había sucedido al Padre Madrid, como Rector del Colegio de Vi­llafranca, se apresuró a presentar sus respetos, en nombre de la Comunidad, al nuevo Prelado, a cuya entrada en Astorga quiso asistir, como le comuni­caba al Padre Arnáiz en carta del 24 de marzo de 1905: “A la entrada del señor Obispo, le dice, en su nueva diócesis estuve yo para ofrecerle nuestros res­petos y servicios, y me dijo que quería venir pronto por aquí y fundar una Mi­sión en esta casa de Villafranca para la mitad de la diócesis y la otra mitad para los Padres Redentoristas de As­torga. Cuando venga ya le escribiré a usted por si quiere tratar este asunto directamente con él”.

Recordamos perfectamente aquella entrada solemne del Obispo Alcolea en Villafranca en la que todo el pueblo acudió a la Estación del Ferrocarril con las autoridades, el Colegio con to­dos los profesores y alumnos y un in­menso gentío. En la Iglesia Conven­tual de La Anunciada, la más cercana a la estación, tuvo lugar un acto reli­gioso en el que el Prelado manifestó su contento por llegar a nuestra Villa, y todo el público fue desfilando ante el Prelado para besar su pastoral anillo y recibir su bendición. Y a partir de esta memorable fecha, siempre que ve­nía a Villafranca, bien a la Visita pas­toral, o a cualquier otro asunto, se hospedaba siempre en nuestro Colegio y gustaba de celebrar la Santa Misa los días de su estancia en la Iglesia de San Nicolás, antes de que comenzaran las primeras clases de los alumnos, a fin de que éstos pudieran asistir.

El año 1907 con motivo de la Vi­sita pastoral prolongó su estancia en nuestro Colegio, y quiso retratarse con todos los profesores y alumnos, a los que invitó a pasar un día de excursión a Astorga y hospedarse en el Semina­rio, como efectivamente se realizó en la primavera del año siguiente, en el que un grupo escogido de alumnos, tanto internos, como externos, acompañados de los Padres Mediavilla, Legido y Ro­mero fueron en tren a Astorga y dis­frutaron de la amable y generosa hos­pitalidad del señor Obispo, quedando todos encantados y satisfechos de las múltiples atenciones que tuvo para con nuestros colegiales.

Pero hay dos hechos de singular re­lieve y que no podemos menos de con­signar en estas páginas, que revelan el interés y cariño del señor Alcolea pa­ra con la Congregación y el Colegio de Villafranca. El primero y trascendental, fue el poner término a las fricciones que la intransigencia del Párroco, con motivo de la Iglesia de San Nicolás, y los cultos en ella celebrados, venía causando a la Comunidad. El señor Obispo, en vista de que por las buenas nada se conseguía, cortó por lo sano, y retiró a dicho Párroco, quien, al no querer renunciar a la Parroquia, re­nuncia a la que amablemente se le in­vitaba, fue llamado a Astorga, donde el Prelado le dio la Habilitación del clero diocesano, cargo que conservó hasta su muerte, junto con la propie­dad de la parroquia de Villafranca, en la que el señor Obispo puso un Re­gente, don Isidro Soto, quien no fue muy afortunado que digamos en su gestión, pues no acabaron del todo las diferencias de su antecesor, que sólo tuvieron término con el nuevo Regente don Benjamín González Prada, hombre fino y diplomático, quien, desde los comienzos de su gestión al frente de la Parroquia, trató de entenderse con los Paúles, y mantuvo con el Padre Mariano Díez una sincera amistad.

El segundo acontecimiento que reve­la el interés con que el Obispo Alco­lea miraba por nuestras cosas en Villa- franca, es la consecución lograda en Roma, merced a su intervención valio­sa, de la cesión de la Iglesia de San Nicolás en usufructo perpetuo a la Congregación. El Padre Arnáiz, Visita­dor, hizo las preces correspondientes y el Obispo avaló las mismas con su fir­ma y el Santo Pío X por medio del Cardenal Cagiano, Pro-Perfecto de la Sagrada Congregación de asuntos para los religiosos, confirmó los Decretos dados por los Obispos P. Vicente Alon­so Salado y Miranda Bistuer del usu­fructo perpetuo de la Iglesia de San Nicolás, en favor de la Congregación de la Misión. Fue el último y generoso acto del benemérito señor Alcolea en favor de la Comunidad del Colegio de Villafranca, aquel año de 1913, en que fue trasladado a Salamanca, con honda pena de todos sus diocesanos. Los Paú­les de Villafranca no perdían un buen amigo, solamente se alejaba, pero siem­pre seguiría dispuesto a prestarnos su apoyo en todo cuanto fuera menester. Este Prelado durante su Pontificado confirió las Sagradas Ordenes a cuatro Paúles del Colegio de Villafranca; los Padres Anastasio Irisarri en 1908; José María Rodríguez, en 1910; Lorenzo Ci­vera, en 1912; y Silverio Díaz Sanz, en 1913. El Padre Vicente había ordenado de Presbítero al P. Mediavilla en 1900. Finalmente el Obispo Senso ordenó de Presbítero al P. Alejandro Pérez en 1916 y confirió todas las órdenes al Pa­dre Perpetuo Fernández en 1918.

El obispo don Antonio Senso Lázaro

Siguió la línea de su antecesor en sus amistosas relaciones con los Pa­dres Paúles del Colegio de Villafranca. Su largo pontificado de cerca de treinta años en la diócesis, a la inversa de los relativamente cortos de sus inmediatos antecesores, le dio amplio margen para intensificar su trato con el Colegio de Villafranca y la Comunidad que lo re­gía. Como el señor Alcolea, gustaba también el señor Senso Lázaro de pa­sar frecuentes temporadas en nuestro Colegio, algunos, simplemente en plan de descanso, pues le agradaba disfrutar de la hermosa huerta del Colegio y su rica viña, y pasar largos ratos de con­versación con don Francisco Paja, para nosotros, el Padre Paja que solía pasar sus vacaciones estivales en nuestro Co­legio.

Su primera visita a Villafranca, tam­bién hizo época, y de ella se ocupó ampliamente el periódico de la Villa, que entonces era la “Parroquial Ber­ciana”, en la que las plumas selectas de la Villa se volcaron en ditirambos en obsequio del Prelado. En la vela­da que le dieron en el Teatro Villa­franquino tomó parte nuestro P. En­rique Langarica, que, en nombre del Rector del Colegio dedicó un vibrante y entusiasta saludo al Prelado, y que gustó mucho a la numerosa y selecta concurrencia. Otros señores, entre los que destacaban el señor cura-regente, el señor Llanos, por el Ayuntamiento de la Villa, y el médico, don Bernar­do Díez Obelar, dedicaron al Prelado sus fervientes saludos y formularon sus votos por un feliz y largo ponti­ficado.

Dos hechos, asimismo cobran espe­cial relieve en las relaciones del se­ñor Senso Lázaro, con nuestro Cole­gio: el primero, el establecimiento de Misioneros permanentes en el Colegio, que se dedicaron solamente a dar cursos de misiones en la diócesis de As­torga, y así lo manifiesta el Padre Díez al Visitador, Padre José A. Arambarri que acababa de suceder en el cargo al Padre Arnáiz, fallecido este mismo año de 1913 en que se hizo cargo de la dió­cesis el señor Senso Lázaro.

Cierto, que desde el comienzo de la fundación del Colegio, se habla ya por parte de los Prelados y también de los Superiores de la Comunidad de Villa- franca de la conveniencia de establecer en la diócesis las misiones nuestras con residencia de los misioneros en el Co­legio. Y así en los primeros años, ve­mos cómo salieron a dar misiones, los Padres Quintín Alcalde y Quintín Sola, con gran fruto de los pueblos misiona- dos. Posteriormente, lo hicieron los Pa­dres Oroz y Silverio Díez, pero estos misioneros no dejaban de continuar siendo profesores del Colegio, por lo que tenían que aprovechar las cortas temporadas en que les dejaban libres las clases, para dar sus misiones, por el Bierzo, únicamente. Por esta razón, deseando el Obispo Senso ampliar el radio misionero a toda la diócesis, pe­día insistentemente al Padre Díez ur­giera al Visitador para que se estableciese la Misión Permanente en el Cole­gio de Villafranca, con dos misioneros, al menos, independientes de las clases, y consagrados sólo a las misiones, aun­que con residencia en el Colegio. Al fin, después de mucho pedir, se consiguió que, en el año 1916 vinieran dos misio neros, los Padres Jul y Martín P. para comenzar los cursos regulares de mi­siones que, en efecto, duraron unos seis años, cosechando copiosos frutos y lle­nando de satisfacción al señor Obispo. Además de los citados misioneros tam­bién tomaron parte en dichas misio­nes, en años sucesivos, los Padres Silverio Díez, Alejandro Pérez y Pedro García.

Finalmente, otro asunto en que el se­ñor Obispo Senso tuvo un gran interés y que revela el cariño que sentía por nuestra Compañía, es el intento que tuvo en llevarnos a fundar en Ponfe­rrada. Con relación a este asunto se expresaba así el Padre Díez escribiendo al Visitador Padre Arambarri, en sep­tiembre de 1918: “Al terminar la última tanda de Ejercicios a Hermanas me llamó el señor Obispo de Astorga y me dijo muy en secreto que tres Comuni­dades quieren establecerse en Ponfe­rrada; de ellas, una los Padres Jesuitas, desea el señor Obispo a todo trance, que seamos nosotros, y me dijo que lo trabajase del mejor modo y mayor se­creto posible. Supongo que sabrá usted que Ponferrada será bien pronto una ciudad muy grande por el movimiento que ya se nota, merced a la inmensas minas que se han descubierto; puesto allí un Colegio éste nuestro sufriría mucho, por estar aquél mejor situado y por ser de PP. Jesuitas; el colegio de seglares que ahora está tiene de renta cuatro mil y pico pesetas; el pue­blo quiere dárselo a una Comunidad religiosa; el señor Obispo quiere darme una Comisión cerca de unas monjas con el fin de que me entere de lo que haya, y con este pretexto pueda yo hacerlo sin llamar a nadie la atención: de lo que resulte ya enteraré a usted de todos modos no conviene, creo yo, perder de vista este asunto.”

Y en el siguiente mes de octubre, vuelve a escribir sobre este asunto lo que sigue: “He estado en Ponferrada comisionado por el señor Obispo para un convento de monjas que allí hay; me he enterado de lo que en mi ante­rior le decía, y efectivamente, varias comunidades religiosas quieren fundar, y entre ellas los Padres Jesuitas.

El señor Obispo nos da una Iglesia que está en el mejor punto de la ciu­dad; no tiene esta iglesia casa; el ha­cer un casuco no costaría mucho, aun­que no fuera más que para residencia de cuatro individuos; el terreno es de un buen amigo nuestro que lo vendería arreglado; por ahora se podrían tener solamente los chicos externos de la ciu­dad; tiene el Colegio de fondos, unos 16.000 duros, cuyas rentas fácilmente se pueden obtener, si no nos dormimos… El señor Obispo desea que vayamos nosotros antes que nadie.” Y… desgraciadamente, se durmieron. ¿Dónde? ¿Quiénes? No sería difícil averiguarlo, pero aquí vale aquello de que: “entre todos la mataron y ella sola se murió.” Una pena, porque ya que el bueno del señor Obispo manifestaba aquel inte­rés por nuestra fundación en Ponferra­da, y por otra parte, esta hubiera sido de capital importancia para nuestro Colegio, fue a nuestro modesto entender y esta misma opinión pudo reco­ger de otros de fuera y de dentro, un lamentable error al no haber aprove­chado aquella magnífica ocasión que se nos brindaba por parte del inolvida­ble Obispo señor Senso Lázaro.

Hemos tratado de manifestar en este itinerario por la historia de nuestro Co­legio de Villafranca, la benevolencia y paternal interés que los distintos Pre­lados que rigieron la diócesis durante la época del Colegio manifestaron siem­pre por su vida, sus problemas, y sus éxitos. Son, por tanto, acreedores a la perenne gratitud de todos los indivi­duos que desfilaron por el Colegio en sus 125 años de existencia y de toda la Congregación. Y la gratitud, siempre honra a los que saben guardarla para sus bienhechores. Y de tales podemos calificar a los Rvdmos. Prelados de que hemos hecho mención en estas páginas.

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