Las Hijas de la Caridad, en Polonia (hasta 1795) (I)

Mitxel OlabuénagaHistoria de las Hijas de la CaridadLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Renée Lelandais · Año publicación original: 1993 · Fuente: Ecos de la Compañía, 1993.
Tiempo de lectura estimado:

Polonia, en la que predomina una inmensa llanura, no empezó a formar un Estado independiente hasta el siglo VIII. Al principio estuvo gobernada por du­ques y después por reyes. Uno de éstos, MIESZKO I, introdujo el Cristianismo en 966. Polonia se vio durante mucho tiempo desgarrada por guerras civiles, por invasión, por desmembramientos que le ocasionaron pérdidas considerables.

Fue bajo el reinado de Casimiro IV (1445-1492) cuando empezó para el país una era de prosperidad. Gobernaba entonces la dinastía de los Japellon cuyo primer miembro fue gran duque de Lituania. Éste, al desposarse con Hedwige, hija del rey de Polonia, reunió Lituania, Polonia y Hungría en un grupo de Esta­dos, cada uno de los cuales conservaba sus derechos y costumbres, pero todos sometidos al mismo rey. Al final de esta dinastía de los Jagellon, la corona pasó a ser electiva, con lo que el poder real fue reduciéndose poco a poco, los des­membramientos fueron numerosos, los señores feudales adquirieron una prepon­derancia con efectos desastrosos y quedó afectada la unidad. Tal fue la situación que encontró la familia vicenciana cuando llegó a Polonia.

 

I – Llegada de los Sacerdotes de la Misión y de las Hijas de la Caridad

En 1651, salieron de Francia algunos Sacerdotes de la Misión, para dar res­puesta a la carta de la Reina Luisa María de Gonzaga en la que rogaba a Vicente de Paúl que le enviara algunos de sus hijos.

En efecto, el rey de Polonia Ladislao VII, a pesar de sus cuarenta y nueve años y sus achaques, aspiraba a contraer un nuevo matrimonio. Para ello dirigió sus ojos hacia Francia y fue la Señorita de Nevers quien captó su atención. Francesa, nacida en 1612, Luisa María de Gonzaga era hija del duque de Nevers y de Mantua. En 1645 contrajo matrimonio con Ladis­lao VII, quien falleció al poco tiempo. En 1649, se desposó con el hermano y sucesor de Ladislao, Juan Casimiro. Como reina de Polonia, Luisa María —que había sido Señora de la Caridad en París— manifestó su deseo de tener cabe sí, en su capital, a los Sacerdotes de la Misión, a las Hijas de la Ca­ridad y a las Religiosas de San­ta María o Visitandinas.

Los Misioneros fueron los primeros en marchar, como hemos dicho, en 1651. Bajo la dirección del Padre Lambertaux Couteaux, llegaron a Varsovia: el Padre Desdames, sacerdote, los hermanos Guillot, ambos sub-diáconos, el Señor Zelazewski, clérigo (estudiante) y el Hermano Coadjutor Posny.

No se había previsto para ellos ningún domicilio especial, y en espera de com­prar una casita cercana a la Iglesia de la Santa Cruz, la reina los alojó en su palacio.

Hasta entonces — nos hallamos en 1652—, las Hermanas no habían traspa­sado todavía las fronteras de Francia; pero se acercaba el momento en que estas fronteras iban a abrirse para dejarlas pasar, ya que se las reclamaba desde Mada­gascar y Polonia. El 14 de julio de 1650, San Vicente decía a las Hermanas: «No sé que ninguna de vosotras se haya negado todavía a ir al sitio donde se la ha enviado. No, no lo sé. Por la misericordia de Dios, no ha venido a mi conoci­miento que ni una sola haya faltado a esto… Sé muy bien, hijas mías, que os piden… a más de seiscientas leguas de aquí, y he recibido algunas cartas; sí, desde una distancia de seiscientas leguas, se está pensando en vosotras, y son reinas las que os piden…».

En el otoño de 1652, todo estaba dispuesto para el viaje de las Hijas de la Caridad y de las Visitandinas. El 5 de septiembre, Vicente advierte a las Herma­nas Margarita Moreau, Magdalena Drugeon y Francisca Drouelle que estén dispuestas para partir al día siguiente: «¡Qué pocas son —les dijo— las mujeres y Jóvenes que están llamadas a hacer el bien espiritual y corporal, misión que reci­bís hoy vosotras! Ésta fue en otro tiempo la misión de un San Francisco Javier… ¡Qué gran vocación la vuestra, hijas mías! Engendrar santos y santas para Jesu­cristo en ese nuevo reino en el que peligra la fe, a pesar de verse protegida por ese hermoso trono que también os cubrirá a vosotras… No lo lograréis sino con el espíritu de abnegación, no lo lograréis si no ponéis por delante de todo la glo­ria de Dios, si no conserváis perfectamente la unión entre vosotras… ¡Qué gracia tan grande la de vuestra vocación! ¿Quién podría expresarla? Ni siquiera los án­geles, solamente Dios. Suplico a su bondad que os dé las grandes bendiciones que se extienden, no de Oriente a Occidente, sino del tiempo a la eternidad, para que avancéis de virtud en virtud. Adheríos a vuestras reglas como el caracol a su concha, que muere si llega a abandonarla».

Al fin, las tres Hermanas marcharon el 7 de septiembre, como la misma San­ta Luisa lo menciona al transcribir este envío a misión.

La llegada a Polonia se efectuó por el mar Báltico y Alemania. La reina recibió a las Hermanas en su castillo de Lowicz, a unas horas de distancia de Varsovia, ya que en esta ciudad se había desencadenado la peste. La impresión que le cau­saron fue excelente. La reina se quedó con dos de ellas en Lowicz y mandó a la tercera a ochenta leguas de allí. En su lugar de destino, abrió una escuela… Cuando pasó todo peligro de contagio, la corte regresó a Varsovia y allí la siguie­ron las tres Hermanas.

En diferentes cartas, a Bárbara o a Cecilia Angiboust, Luisa de Marillac hace mención de ese envío a Polonia. Por ejemplo:

26 de octubre de 1652: «Creo que no le he dicho que la divina Providencia ha llamado, por fin, a Polonia a tres de nuestras Hermanas para el servicio de aquellos pobres; aún no tenemos noticias de su llegada, pero sí las hemos recibi­do cuando se hallaban a mitad de camino. Ya sabe usted que siempre hay peli­gros en el mar y esto hace que las encomiende a sus oraciones, como a mí mis­ma también, que soy en el amor de Jesús…».

8 de febrero de 1653. Luisa encomienda las Hermanas de Polonia, «que están dedicadas al servicio de los pobres en una ciudad en la que hay mucha peste».

Seis días antes, al terminar su conferencia sobre el espíritu de fa Compañía, San Vicente decía a las Hermanas: «Se está haciendo tarde. Hay que terminar. Encomiendo a vuestras oraciones a nuestras Hermanas de Polonia, que dan tan hermosas señales de poseer el espíritu de las verdaderas Hijas de la Caridad. Ya sabéis, hijas mías, cómo han llegado a Polonia y qué bien las ha recibido la reina.

Ésta, después de haberles dejado algún tiempo para que fueran tomando el aire del país y aprender un poco su lenguaje, les dijo: «Bien, Hermanas, ya es hora de empezar a trabajar. Son ustedes tres, quiero que se quede una conmigo; us­ted, Sor Margarita. Las otras dos se irán a Cracovia a servir a los pobres». Pero Sor Margarita respondió: «Señora, ¿qué es lo que decía? Sólo somos tres para servir a los pobres, y en vuestro reino tenéis otras muchas personas, más capa­ces que nosotras, para servir a Vuestra Majestad. Permitidnos, Señora, que ha­gamos aquí lo que Dios quiere de nosotras, como lo hacemos en otras partes» — «Entonces , Hermana, ¿es que no me quiere usted servir? «Perdonadme, Se­ñora, pero es Dios quien nos ha llamado para servir a los Pobres» ¿Verdad que es muy hermoso esto, Hermanas mías?… «.

«…No os he dicho, Hermanas mías, que nuestras pobres Hermanas de Polo­nia están en una ciudad donde mueren muchos de la peste, y aunque ya se ha­yan tomado todas las precauciones posibles, no dejan de estar en peligro. Las encomiendo a vuestras oraciones…».

En una carta de noviembre de 1654, Santa Luisa expresa a San Vicente algu­nos de sus temores con relación a las Hermanas enviadas a Polonia y a la elec­ción de otras para un segundo envío. Parece ser que habían surgido ciertas difi­cultades con una tal Señorita de Villiers, dama de honor de la reina, encargada de la distribución de limosnas a los pobres. Luisa de Marillac teme que la reina tenga la intención de establecer a dicha Señorita como directora de las Herma­nas, es decir, su superiora en Polonia. Otro de sus temores era el de que Sor Francisca no fuera tan sincera como Sor Magdalena ni tuviera tanta firmeza co­mo ella.

Primer grupo de Hijas de la Caridad
enviadas a Polonia – el 7 de septiembre de 1652Margarita Moreau (1623-1660) natural de Lorena. Ingresó en la Compañía de las Hijas de la Caridad en 1646. Destinada en Angers de 1647 a 1652. En 1651, Santa Luisa está dudosa en nombrarla Hermana Sirviente (ver

L. de M., C. 385), pero al fin la escoge para Polonia. Afectada por unas fiebres tifoideas, muere en aquel país, dos días después que San Vicente.

Magdalena Drugeon, hija de un rico comerciante de París, ingresó en la Compañía en 1647. Murió en Polonia en el mes de febrero de 1671.

Francisca Drouelle, la más joven del grupo. Después de superar algunas dificultades, llegó a adaptarse tan bien que hasta se dio terminación polaca a su apellido, conociéndosela por «Duelska».

 

Es verdad que, al principio, en su casa de Varsovia, las Hermanas tuvieron que aceptar una reunión bastante heterogénea de personas, de edades diferen­tes, miserables y muy difíciles. Las hermanas se quejaron a San Vicente, en una carta, del poco trabajo que tenían y de la clase de ese trabajo. Por su parte, la reina se quejó, a San Vicente también, de las tres Hermanas y pidió le enviaran otras. El 8 de abril de 1654, una carta de San Vicente recomienda con mucho Interés a Sor Margarita Moreau que vele con mucha solicitud por las jóvenes hos­pedadas en su casa (9).

Y en una carta de 4 de junio de 1655, se alegra de que Sor Magdalena lo hace bien en la escuelita.

Escribiendo al Superior de Varsovia, Sr. OZENNE, EL 9 de abril de 1655, San Vicente le pide que ayude a Sor Margarita a entrar en el espíritu de humildad. «La señorita Le Gras —añade— espera que alguna de las que va a enviar tenga un espíritu que se aproxime a las cualidades que Su Majestad desea» (11).

* * *

Para dar satisfacción al deseo de la reina Luisa María de Gonzaga (12), los Fundadores preparan otro grupo de Hermanas para enviarlas a Polonia. Con ellas iban también varios Sacerdotes de la Misión. Las Hermanas eran: Margarita Chétif, Magdalena Raportebled y Juana Lemeret. La expedición había de tomar también el camino del mar Báltico y de Alemania. Cuando estaban a punto de embarcar­se, en agosto de 1655, el Superior de los Misioneros recibió una carta de París ordenando el regreso de Padres y Hermanas porque ejércitos enemigos habían invadido Polonia y estaba cortado el paso de entrada a París.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *