Las plazas reales parisienses. Vienen a ser el resultado de la conjunción de dos elementos que la Italia del siglo XVI había empleado por separado: la plaza del programa (con arcadas idénticas) y la estatua del príncipe. Contando que se comienza con el primer Borbón. París le debe sus dos primeras verdaderas plazas públicas, de trazado geométrico, y bordeadas por añadidura de casas muy parecidas. De forma cuadrada, la plaza Real está creada, en aplicación de letras patentes de 1605, y el emplazamiento del antiguo hotel real de las Tournelles. Los adquirentes se ven obligados a una servidumbre arquitectónica, siendo el trazado de las fachadas atribuido a Louis Métezeau). Decidida en 1606, la plaza Dauphine es triangular y situada en la punta de la Isla de la Cité. El terreno es cedido al primer presidente Achille de Harlay, con el cargo de realizar los trabajos y de imponer a los compradores de las adjudicaciones una arquitectura uniforme. Este conjunto urbano será completado, en 1614, por la instalación sobre el terraplén del Pont-Neuf frente a la entrada de la plaza de una estatua ecuestre de Enrique IV, ofrecida a París por Marie de M. es pues la idea de una Italiana la que dotó a la capital con su primera estatua ecuestre. Pero el resultado es el nacimiento de una forma urbana de origen muy francés, la plaza real reflejo urbanístico de la monarquía absoluta. Richelieu no se equivocó en esto: en 1639, manda levantar en medio de la plaza Real de Enrique IV una estatua ecuestre de Luis XIII, dando así al tipo urbanístico de la plaza real su aspecto clásico. Bajo Luis XIV, Jules Hardouin-Mansart realiza en París otras dos plazas reales. La plaza de las Victorias es el resultado de una sublime cortesanía. En 1685, el mariscal de la Feuillade obtiene el permiso de crear sobre un terreno que le pertenece, completado por adquisiciones efectuadas por la ciudad una plaza circular que forma el joyero arquitectónico de una estatua del Rey Sol. Esta está iluminada día y noche por cuatro farolas de marina, en el centro de esta capilla a cielo abierto del culto monárquico. En cuanto a la plaza Louis-le- Grand fue construida en los terrenos del hotel de Vendôme –cuyo nombre debía seguir- adquirido por Mansart hy cinco financieros con vistas a adjudicarlo. Pero los compradores faltaron. Así que el arquitecto se propuso fascinar a Louvois con el proyecto de una plaza real sin igual. Luego los dos se unen para convencer al Rey. Se encomienda una estatua ecuestre a Girardon. La plaza de las Conquistas será de forma rectangular circundada de edificios oficiales y de moradas privadas. Los trabajos comienzan en 1685: las fachadas uniformes, edificadas con cargo al Rey, dan comienzo. Pero los gastos de una nueva guerra y la muerte de Louvois (1691) lo paralizan todo. Detrás de la decoración de las fachadas, los edificios públicos nunca se construyeron. Y las parcelas se quedaron sin compradores. Finalmente, en 1699, el Rey abandona a la ciudad los terrenos y la realización de la plaza. La municipalidad escoge un nuevo nombre: plaza Louis-le-Grand. Para aumentar la superficie construible la plaza es estrechada, y se convierte en octogonal. La demolición de las antiguas fachadas y edificaciones y la edificación de las nuevas (siempre de Mansart) se confían a una sociedad de financieros en contra partida de la atribución de las parcelas que construir. El mismo año 1699, la estatua de Girardon es erigida solemnemente en el centro de la plaza, donde se van a alzar bien pronto los suntuosos hoteles de los grandes financieros.
Un siglo de embellecimientos. Aparte de sus dos plazas reales y la apertura de la calle Dauphine, el reinado de Enrique IV está marcado por la continuación del Louvre, de las Tuileries y, sobre todo, en 1606, por la terminación del Pont-Neuf, el primer puente parisiense sin casas, donde aparecen también las primeras aceras. Ocupan la mitad de la anchura del puente, y permiten a los paseantes, sin riesgo de verse derribados, disfrutar del espectáculo del río, del Louvre, de la Cité inmediatamente, el Pont-Neuf se convierte en uno de los lugares más frecuentados de la capital. Varios andenes contribuyen igualmente a abrir la ciudad sobre el río. Sully crea el paseo del Arsenal, la primera promenade parisiense. François Miron acaba la construcción del Ayuntamiento. El Rey hace edificar, fuera del de la aglomeración, el hospital Saint-Louis para las enfermedades contagiosas. Por último se diseña una floración de establecimientos religiosos: pequeños agustinos dentro del recinto de la reina Margot, recoletos en el barrio Saint-Martín, carmelitas en el barrio Saint-Jacques, capuchinos en el barrio Saint-Honoré… Viuda tempranamente, María de Médicis quiere su propia residencia: en l615 comienza la construcción del palacio Médicis (Luxembourg). Además la Regente introduce en París el paseo en carroza y crea para este uso la Carrera la Reina. Fuera de estos lotes, el reinado de Luis XIII ve la construcción de cuatro nuevos puentes (Marie, de la Tournelle, en el Double, Barbier o puente Rouge); el nacimiento del jardín del Rey; la continuación del Louvre, la edificación del Palais-Cardinal y de la Sorbonne (todo debido a Le Mercier). La arquitectura religiosa triunfa en todos los lugares. Es el París de la reforma católica: iglesias de Saint-Gervais, Sainte-Étienne-du-Mont, Saint-Roch y sobre todo la multiplicación de las fundaciones religiosas. En la orilla derecha, la orden de Citeaux reformada, Asunción, jacobinos, oratorio, jesuitas, Visitación, padres menores, San Lázaro… En la margen izquierda, además de los numerosos establecimientos del barrio de Saint-Germain: carmelitas (con el primer domo de París), piedad, Hijas de la Caridad, miramiones, y luego coronándolo todo, el suntuoso exvoto de Ana de Austria: el Val-de-Grâce. Por otra parte, la gran idea del tiempo fue la creación de un canal navegable circundando la orilla derecha de París, con esclusas, muelles y puertos, medio de combatir las crecidas del Sena, desarrollando los equipamientos comerciales de la capital. Pero este proyecto, deseado por Richelieu, no llegará finalmente a ser una realidad, aunque la idea haya sido relanzada en el periodo siguiente.
El reinado de Luis XIV ha sido para París una época decisiva. De rondón, bajo el impulso de Colbert, las cosas van a buena marcha. En los años de 1660, los trabajos del Louvre y de las Tuileries constituyen una carga –se gasta más que en Versalles- con entre otras cosas la realización de la columnata de Perrault. Después el Rey Sol abandonará su palacio parisino a las academias, a los artistas, a los sabios. Además, el jardín de las Tullerías es remodelado por Le Notre que lo completa visualmente por la perspectiva de los Campos Elíseos. A pesar de que al otro cabo de París, más allá de la plaza del Trono –donde se comienza la construcción de un arco de triunfo- otra avenida plantada de árboles conduce a Vincennes. Pero el paseo parisino por excelencia se creará a partir de 1670 en la margen derecha, en el emplazamiento del recinto demolido. Fuerte por sus primeros éxitos militares, Luis XIV no duda en hacer de su capital una ciudad abierta transformando sus murallas en un amplio corredor. De donde el nombre, militar hasta entonces, de bulevar dado a esta triple avenida plantada de cuatro filas de olmos, donde pronto se van a elevar los arcos de triunfo de las puertas de Saint-Denis y de Saint-Martin. En la orilla izquierda, donde la ciudad, en el correr de los siglos, se había desarrollado mucho menos, y donde se había quedado en el recinto de Felipe Augusto, el plan aceptado para la «nueva muralla plantada de árboles» se libera de ese trazado estrecho. No obstante, este bulevar de la orilla izquierda no se realizará más que parcialmente bajo el reinado de Luis XIV: su culminación se proseguirá durante casi todo el siglo XVIII. No solo la «muralla» sino el conjunto de trabajos realizados o proyectados figuran en un plan de urbanismo dirigido a iniciativa del preboste de los comerciantes Claude Le Peletier, que secunda activamente a Colbert en su política de embellecimiento de la capital. Este documento que simboliza la obra parisiense del ministro es el célebre plan de Bullet y Blondel, cuya ejecución fue ordenada por un edicto de 1676. En él se ven sobre todo los muelles, cuya construcción se prosigue activamente con Luis XIV, no solo en el barrio de Saint-Germain, (con el muelle «Malaquest», o de los Teatinos), o el de la Grenouillère (pronto muelle de Orsay), pero todavía en el corazón mismo de la ciudad: muelle Le Peletier entre el puente de Notre Dame y la Grève (muelle de Gesvres). El plan de Bullet y Blondel lleva consigo igualmente toda una serie de intervenciones puntuales, que ensanchan o incluso parcelaciones de calles, de las que algunas están ya efectuadas, mientras que otras quedan por hacer. Colbert recibe ataques vigorosos por las calles estrechas y tortuosas del París medieval. Entre las principales operaciones edilitarias realizadas bajo su impulso, se pueden citar en la margen derecha: el ensanchamiento de las calles de la Ferronnerie (cuya angostura, causada por tenderetes, había facilitado el asesinato de Enrique IV), Lombardas y Vidriería, eje de circulación de Oeste a Este de la capital; el de las calles Saint-Martin, de los Arcis (su prolongación) y Saint-Denis (ejes Norte-Sur); la apertura de la calle del Pas-de-la-Mule, entre la plaza Real y el bulevar; el ensanchamiento de la calle Saint-Roch. Y en la margen izquierda: el ensanchamiento de las calles Saint-Sérverin y Galande (dirigidas del Oeste al Este; en las calles de los Mathurins, de los Noyers y Saint-Victor (otra hilera de calles con la misma orientación); ensanchamiento de las calles Hautefeuille y Mouffetard (las dos de Norte a Sur. En todas estas intervenciones de microcirugía urbana, las indemnizaciones de expropiación son o bien cargadas a los ribereños íntegramente, a prorrata de las ventajas que se piensa logran de la ampliación (disposición del Consejo del 20 de mayo de 1669, al ordenar el ensanchamiento de la calle Saint-Roch), o bien soportadas en parte por la ciudad (disposición del Consejo del 7 de diciembre de 1680, respecto de la calle Noyers). Por otro lado, el París de Colbert se enriquece con edificaciones mayores: el colegio de las Cuatro Naciones, construido gracias a los dos millones de libras que destinaba para ello el testamento de Mazarino; la manufactura real de los muebles y tapicerías de la Corona (los Gobelins), el hospital general de la Salpêtrière; varias iglesias (entre las cuales la puesta por obra de Saint-Sulpice): por último, el hospital real de los Inválidos, que es sin duda el edificio parisino más prestigioso del reinado. Pero se trata esta vez de una idea de Louvois. Este está además destinado a reemprender, a la muerte de Colbert (1683), la superintendencia de las Edificaciones. Entretanto, el tiempo de los grandes embellecimientos se fue, con la excepción de las plazas de las Victorias y Louis-Le-Grand, como del puente Real, comenzado en 1685 para reemplazar el puente Rouge, construido de madera y destruido por una crecida.






