Inauguración de la iglesia de san Vicente de Paúl (Madrid)

Mitxel OlabuénagaHistoria de la Congregación de la Misión en EspañaLeave a Comment

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Author: Mauricio Horcajada · Year of first publication: 1904 · Source: Anales Madrid.
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mso47116INTRODUCCIÓN
La solemne consagración de la nueva Iglesia edificada en la calle de García Paredes (Chamberí-Madrid) por los Sacerdotes de la Misión, y los religiosos cultos celebrados al inaugurarla, formarán época en las gloriosas páginas de la historia de la Congregación.
No sin especial Providencia ha permitido Dios en sus designios que tan fausto suceso coincida con otros dos de imperecedero recuerdo y gloria para la misma: el segundo centenario de su fundación en nuestra católica España, y el quincuagésimo aniversario de la definición dogmática de la Inmaculada. La nueva Iglesia viene a ser una prueba más del celo que anima al Instituto de la Misión en beneficio del pobre pueblo; un eslabón más en la hermosa cadena de buenas obras que viene practicando hace dos siglos; un monumento más de su filial devoción a San Vicente; un hecho más que añadir a los muchos que ilustran las gloriosas páginas de su historia; una perla más de subido valor y hermosura de la inmortal corona que ciñe la frente del Padre de los pobres en las hermosas regiones de la gloria.
Al honrar así la Congregación de la Misión a su Santo Fundador, no podía olvidar a Aquella a quien invocó Vicente en las abrasadoras arenas del Africa; a Aquella a quien profesó singularísima devoción en los días de su vida; a Aquella cuyo amor dejó en rica herencia a sus Hijos en el lecho de la muerte; a Aquella a quien éstos miraron siempre como única y querida Madre; a Aquella cuya Concepción sin mancilla honraron desde su cuna; a Aquella que prometió a las dos familias de San vicente, al aparecerse en 1830 a una humilde hija de la Caridad, singular protección y maternal ternura; a Aquella que a manos llenas ha derramado sobre las dos familias de San Vicente todos los tesoros de sus bendiciones y gracias, preservándolas del peligro, socorriéndolas en la necesidad, aumentando sus individuos y multiplicando por doquier las caritativas y benéficas obras de entrambos Institutos. La nueva Iglesia será, por lo tanto, una acción de gracias hecha a Dios en memoria del segundo centenario de la fundación de la Misión en España; un testimonio de filial gratitud a María Inmaculada en el misterio de su Concepción sin mancha y un monumento de amor y veneración a San Vicente.
II.- BENDICIÓN DEL TERRENO Y COLOCACIÓN DE LA PRIMERA PIEDRA
El terreno en que se levanta la nueva Iglesia está situado a la parte derecha de la Casa-Misión, comprendido en el ángulo que forman las calles de García Paredes y la de Chamartín de la Rosa. Elegido como tal para la construcción de la nueva Iglesia, fué solemnemente bendecido el día 29 de Abril del año 190o, fiesta de la Traslación de las Reliquias de San Vicente. Terminadas en dicho día las Vísperas y Completas, se dirigió la Comunidad al terreno sobre el cual se levanta hoy la Iglesia, y practicados los ritos y ceremonias de costumbre en semejantes casos, bendijo el terreno el Sr. D. Eladio Arnáiz, Visitador de la Congregación de la Misión. Inmediatamente después volvió la Comunidad a la Capilla y se entonó un Te Deurn en acción de gracias.
Desmontado el terreno, echados los cimientos y ya bastante adelantada la obra, pensóse en colocar la primera piedra, cuyo acto se verificó el día 29 de Marzo del siguiente año, fiesta de Nuestra Señora de los Dolores, colocándola el Excmo. Sr. Arzobispo-Obispo de Madrid-Alcalá, Dr. D. José María de Cos, a cuya ceremonia asistió la Comunidad de la Casa-Misión en pleno, varias Superioras de las Hijas de la Caridad, el Arquitecto de las obras,. Excmo. Sr. D, Juan Bautista Lázaro, y bastante concurrencia, que, sin ser citada, se personó en el lugar del suceso. En una cavidad abierta en dicha piedra se incluyeron varias monedas y medallas, y un pergamino.
III.- DESCRIPCIÓN GENERAL
Bajo la advocación de San Vicente de Paúl se ha construído en esta Corte la nueva Iglesia, que se halla enclavada en la manzana 154. del ensanche, y tiene su entrada principal por la calle de García Paredes (en el Barrio de Chamberí); la cual, partiendo de la de Santa Engracia, llega hasta el paseo de la Fuente Castellana,
El eje del templo está en dirección normal a la fachada que mirando al Sur tiene la Iglesia en la citada calle, y mide una longitud de cuarenta metros; la fachada principal
d imafronte de veinticuatro de extensión, y por tanto la Iglesia ocupa una extensión superficial de nuevecientos metros cuadrados, que son próximamente diez mil seiscientos pies, sin contar los accesorios destinados a sacristía, pasos de comunicación y servicio con la Casa-Misión de los Padres, a la que se halla unida.
Su disposición en planta difiere un tanto de la ordinariamente empleada, por carecer de crucero; y es sencillamente rectangular en sus líneas generales y terminada en la cabecera por una forma poligonal. Se halla dividida en tres naves, siendo la central de mayor latitud y altura que las laterales; disposición que se manifiesta inversamente en cuanto a la altura en la fachada, porque en correspondencia con las naves bajas tiene torres de mayor elevación que el hastial del centro.
La división de las naves está hecha por medio de doce pilares, número de elementos que corresponde al simbolismo cristiano, por ser el de las tribus de Israel, el de los Patriarcas de la ley Antigua y el de los Apóstoles de la Nueva, y se halla dispuesta de manera que las naves bajas den la vuelta alrededor de la alta, constituyendo la girola, trazada con arreglo a la escuela genuinamente española, de la que es modelo principal la de la Catedral de Toledo.
Para el buen servicio y evitar que el coro puesto en alto resultara un sombrío elemento que afeara la Iglesia, se ha aprovechado esta girola para situar la sillería, de cerca de trescientos sitiales, que exigen las necesidades de la Comunidad, y queda rodeando al altar mayor. A los pies de la Iglesia hay solamente una tribuna para la instalación dele órgano y cantores, y sobre toda la extensión de las naves bajas un extenso ámbito que recuerda el gineceo de las basílicas primitivas y se comunica con la Iglesia por medio de ventanales de triforio. Toda esta parte, así como la sacristía y sus accesorios, está cubierta por una terraza.
De la disposición descrita resulta la composición general basada en las más sanas tradiciones de la arquitectura cristiana en España, y teniendo también en cuenta los materiales más accesibles en la localidad, en que por carecerse de buena piedra se ha de transportar de lejos, resultando a elevado precio. Además, era necesario armonizar de alguna manera la fábrica de la nueva Iglesia con el edificio de la Casa, a la que ha de servir de complemento, y que en su mayor parte es de ladrillo.
Aun dentro del estilo gótico y del carácter que imprimen los materiales, se ha procurado, en el nuevo edificio, acentuar su españolismo, revelado en la manera especial que afecta a las construcciones, dado el sentimiento, la luz, el sistema constructivo y las demás circunstancias privativas de nuestro suelo y época. Por esto no hay una perfecta y servil imitación entre esta Iglesia y otras que justamente se citan como modelos de excelente arquitectura de la mejor época, y aun existe marcada diferencia entre el exterior y el interior, siendo éste de gótico más puro que aquél, influído por la arquitectura mudéjar.
Las obras, que han durado cuatro años, se han llevado a cabo con arreglo a los planos y bajo la dirección del Arquitecto Excmo. Sr. D. Juan Bautista Lázaro, con la cola-boración del Sr. D. Narciso Clavería, Conde de Manila, también Arquitecto, estando encomendada la parte de albañilería y replanteos al maestro titular de Obras D. José Peña, la cantería y mármoles a D. Francisco Almendros, y la vidriería a D. Guillermo Alonso Bolinaga y D. Salvador Castro.
IV.- PARTE EXTERIOR
Pasando a describir el templo, lo primero que se ostenta es la fachada principal, que como ya se ha dicho flanquean dos torres, y en cuyo centro aparece la puerta principal en arco de tercer punto y archivolta de cantería, descansando sobre columnas gemelas de cantería con labrados capiteles y basas. Corta el hueco a la altura de arranque del arco un dintel sencillo, también de piedra, apoyado sobre las jambas y acortado su vano por ménsulas ó canes labrados, y ocupa el tímpano cerrado una composición polícroma constituida por elementos cerámicos de reflejos metálicos, representando al Salvador del mundo con la leyenda: Evangelizare pauperibus misit me, que es el lema de la Congregación de la Misión y que aparece escrito en grandes cintas, cobijando dos ángeles orantes. Este trabajo es obra del Sr. D. Daniel Zuloaga. Las líneas de esta puerta quedan terminadas con el gablete correspondiente coronado por una gran fronda esculpida, y en sus enjutas aparece una arquería ciega de estilo mudéjar hábilmente ejecutada con ladrillo hasta alcanzar el enrase del piso correspondiente a la tribuna del órgano y que marca una imposta de piedra. El segundo cuerpo muestra, bajo un arco de descargo de dos centros, revelador de la estructura interna, una gran rosa de piedra calada semejante, aunque más sencilla, a la de la Catedral de Valencia. La coronación de este centro de fachada está hecha con frontón triangular de ladrillo distraído con fajas verticales resaltadas y coronado por albardilla de piedra, que por remate central ostenta una sencilla cruz. Las torres, cuadradas hasta la altura de arranque del frontón central, cambian después su planta en otra octogonal exenta, reforzados los ángulos con contrafuertes y calados sus muros por ventanales constituyendo linterna ornada con gabletes y pináculos y finalizando con agujas piramidales. Más movidas resultan las fachadas laterales y del ábside, porque en ellas se acusan las tres fajas de luces de la Iglesia correspondientes a las naves bajas, tribuna central y nave alta, pasando de la robustez del cuerpo inferior a la de una calada galería de traza mudéjar inspirada en ejemplares toledanos, al cuerpo alto, retirado todo el ancho de los colaterales y ostentando los grandes vanos de la nave alta.
Nótase desde luego la carencia de arbotantes, que casi nunca emplearon los arquitectos españoles y que hace innecesarios la suma ligereza de las bóvedas tabicadas de ladrillo hueco, que se han empleado en toda la construcción.
V.- PARTE INTERIOR
Vista ya la descripción de la parte exterior, pasemos a la interior. El interior del templo se distingue por su carácter grandioso y severo; su efecto artístico está confiado más a las líneas y proporciones que a la abundancia de prolijos y delicados detalles.
Sobre zócalo de mármol rojo, veteado de blanco y rosa, se elevan los haces de columnas sentadas sobre bases de piedra moldeada y dispuestas desde su planta para recoger los arcos de nervatura de las bóvedas, que son de simple crucería, sin otro ornato que las fajas de capiteles en los arranques, ornados con elementos vegetales y los florones de metal estampados en los cruces de las diagonales. A cada tramo de bóveda corresponden tres huecos de luces en cada uno de los muros laterales, y respectivamente a las tres zonas baja, media y alta; disposición que se continúa en toda la girola poligonal y ábside. Bajo el gran arco formero que acusa la intersección de la bóveda grande con el imafronte, aparece la rosa de que ya se hizo mención al describir la fachada principal. De esta distribución de luces, veladas todas por vidrieras polícromas, resulta el principal efecto estético del interior; pues, a pesar de no estar debidamente orientado, la luz resulta bien graduada y conseguido el principal objeto de la vidriera de color, que es equilibrar los rayos directos con los reflejos y armonizar la distribución total de la luz para que resulte un ambiente suave y apacible, que generalmente se echa de menos en las iglesias modernas, en las cuales la iluminación está hecha a gusto y capricho del vidriero, que distribuye tonos y colores sin orden ni concierto en los diversos ventanales. En los de esta Iglesia se nota además la aplicación calculada de todos los géneros de vidrieras, desde los mosaicos geométricos en las ventanas bajas de las naves colaterales, y los espléndidos floreados de las altas, hasta las historiadas del ábside y las legendarias de la girola. Las de estas últimas partes tienen variedad de composiciones dentro de la unidad de estilo, y sus motivos son también acomodados al simbolismo cristiano, constituyendo otra nota reveladora de un estudio bien dirigido a este fin, y rara vez tenido en cuenta; porque contra toda razón y olvido de respetables tradiciones, los asuntos y personajes adecuados a las vidrieras, según el lugar que ocupan, se menosprecian ó se desconocen en absoluto y allá van asuntos donde quieren gentes profanas en tales materias. Aquí, por el contrario, las figuras del Salvador y de su Madre Santísima, las de los Evangelistas y las de los grandes Doctores de la Iglesia latina van en sus sitios propios conforme a liturgia: la del Santo Titular ocupa el óculo central de la rosa única y la exposición propia de los actos de su vida terrena aparece en las del ábside, para recuerdo y ejemplo constante de sus hijos que allí se sitúan, y que aspiran a imitar sus virtudes, tomándole por modelo.
De cuanto va expuesto se alcanza claramente que a la aplicación de las vidrieras se ha fiado principalmente el ornato arquitectónico del interior, ayudado por los demás accesorios de color, empleado en pilares, muros, bóvedas y su crucería, que es sobrio y de sólo dos tonos, en medias tintas unidas.
En la parte rectangular de la Iglesia, y correspondiendo a los cuatro tramos de que consta, se han situado altares de diferentes modelos, pero apareados, que constan de mesas de mármoles, retablos de metal estampado, pinturas e imágenes, por este orden:
Lado del Evangelio: En el primer altar la imagen de la Purísima Concepción representada en la Medalla Milagrosa, esculpida por D. S. Yerro.
Segundo altar: Cuadro de la Crucifixión, pintado por D. G. Mélendez.
Tercer altar: Imagen de San Francisco de Sales, esculpida por D. T. Porés.
Cuarto altar: Cuadro del Beato Francisco Clet, pintado por D. N. Peñasco.
Lado de la Epístola: En el primer altar la imagen del Patriarca San José, esculpida por el Sr. Yerro.
Segundo altar: Cuadro de la Agonía de Nuestro Señor en el Huerto, pintado por el Hermano Yévenes, de la Congregación de la Misión.
Tercer altar: Imagen de Nuestra Señora del Carmen, esculpida en Valencia.
Cuarto altar: Cuadro del martirio del Beato Juan Gabriel Perboyre, pintado por el Hermano Yévenes, de la Congregación de la Misión.
El altar mayor 6 central es obra toda hecha de piedra de Monóvar y mármoles de colores, y consta de la mesa, dividida en sus frentes por haces de columnillas que soportan arcos trilobados con enjutos trasparentes sobre fondo de mármol rojo. Sobre ella la predela, sagrario y tabernáculo, están constituidos por elementos también de mármoles de diversos colores, y a todo sirve de fondo un retablo seccionado verticalmente por seis pilastras de piedra ornada y rematada con grupos de pináculos, y un centro en que bajo doselete de metal estampado aparece la imagen del Santo Titular.
Cierra el presbiterio en toda la latitud de la nave central delicada verja de metal dorado, y con ella armoniza el púlpito, situado en el primer pilar del lado del Evangelio.
Todos estos detalles, así como los complementarios de pavimentos, cubiertos, sistema de ventilación y demás accesorios, han estado comprendidos en el proyecto general, ejecutados bajo la inmediata dirección y con dibujos del arquitecto; de suerte que, menos el órgano y las campanas, todo ha sido dispuesto dentro de la unidad del conjunto.

VI.- DETALLES PARTICULARES
Justo nos parece, después de la descripción trazada a grandes rasgos por el arquitecto; descender al bosquejo especial de algunos asuntos que, por su índole, no pueden tener cabida en una reseña general, cual es la que hasta aquí se ha hecho, en la persuasión de que su noticia agradará a cuantos leyeren estas líneas.
Lo primero que salta a la vista al entrar en la Iglesia es la grandiosa y magnífica estatua de San Vicente, que me destaca en el fondo del altar mayor. Esta estatua tiene mucho mérito, bien se la considere como obra de arte bien se la mire bajo su aspecto histórico. Como obra de arte ha merecido los elogios de cuantas personas inteligentes en la materia han tenido ocasión de examinarla de cerca, ya por su talla, que mide dos metros sesenta centímetros desde la base de la peana hasta el extremo de la aureola, ya por su actitud, pues se deja ver en Ia de un celoso Apóstol que con el crucifijo en la mano anuncia al pueblo las verdades de nuestra Religión y el verdadero conocimiento y la verdadera sabiduría, que se hallan sólo en la escuela de Jesús crucificado. Esta actitud del Padre recuerda a sus hijos aquella no interrumpida carrera de más de cincuenta años, en los que, a pesar de sus múltiples ocupaciones y de tener que atender a tantas obras de caridad como emprendió para socorrer la indigencia de los pobres, trabajó sin descanso en cumplir aquellas palabras de Isaías, que sirven de lema a la Congregación de la Misión: Evangelizare pauperibus misil me. A los pies de la estatua se ve un ángel con un corazón en la mano. La alegoría no puede ser más perfecta. El corazón simboliza el amor y la ternura. Cuando queráis expresar con una sola palabra la prodigiosa vida del Apóstol de la Caridad y del Padre de los pobres, pronunciad esta sola: Corazón. Lo dice todo; porque Vicente fue sola y exclusivamente corazón; corazón grande e inmenso para amar a Dios y para amar al prójimo. Lo tuvo de hijo amante para con Dios, y de madre tierna para con los pobres.
Como monumento histórico, la estatua de San Vicente tiene gloriosos recuerdos para la Congregación. Acababa de fundarse la Casa de Madrid por Real orden de Fernando VII en 1828, cuando al año siguiente tuvieron que ir a París para la celebración de la Asamblea los diputados que representasen en ella a la Provincia de España; al volver se trajeron de París la cabeza de la estatua, y, según se cree, lo restante de la misma, o sea el cuerpo, se hizo en Madrid; de suerte que podemos calcular la terminación de esta obra en 1829 o 1830. A contar de esta fecha, estuvo la imagen de San Vicente en la primera casa que tuvo la Congregación en Madrid en la calle del Barquillo, recibiendo el homenaje de respeto y amor de los misioneros, hasta que los infaustos sucesos del año 35, tristemente célebre en los Anales de la Historia española, obligaron a los miembros de la Congregación a expatriarse y buscar asilo en extranjeras tierras.
¿Qué se hizo entonces de la estatua? Fue llevada al monasterio de las Salesas Reales de Madrid, hoy Supremo Tribunal del Reino, y allí estuvo hasta que la Providencia, ofreció a los hijos de Vicente ocasión propicia de adquirir la estatua de su Fundador, a la que habían rendido el tributo de su amor muchos de sus hijos que lloraban en el destierro.
Merced al influjo de una Hija de la Caridad, a quien estimaba mucho la Reina Isabel II y a quien íntimos lazos de parentesco unían con uno de los generales más afamados de nuestra Nación, el caudillo de la guerra de África, volvió la estatua a los hijos de Vicente, después de la restauración del año 1852, y fue colocada en el altar mayor, para recibir de nuevo el testimonio de respeto y amor de los Misioneros que vivieron en la casa de Leganitos, hoy Casa de Adoratrices. Allí estuvo hasta 1868, predicando por espacio de catorce o más años con el ejemplo, sirviendo de modelo a sus Hijos y siéndoles poderoso estímulo de virtud en el camino de la santidad: allí estuvo la estatua de San Vicente con la Inmaculada, que, por dicha nuestra, se conserva aún en esta Casa y está en el altar llamado de la Virgen, hasta que la revolución del 68 arrojó, cual furioso vendaval, a los Misioneros fuera de España y les privó del consuelo de tener a su lado la imagen del que se proponían imitar con sus virtudes.
Como saben nuestros lectores, la Revolución estalló en Septiembre del 68, y con ella todas las iras y pasiones del corazón humano. La revolución es enemiga y destructora de todo lo grande y sublime, y lo mismo se ensaña contra los objetos religiosos que contra los que meramente pertenecen al orden artístico. Bajo este concepto peligraba la estatua de San Vicente, y no les sufrió el corazón a sus lujos verla hecha pedazos bajo el hacha demoledora de la evolución. Por esto se dieron prisa en ponerla a salvo, y lo consiguieron, trasladándola al Noviciado de las Hijas de la Caridad, en el que permaneció oculta en el tendedero de la ropa, hasta que plugo a Dios tornar en bonancibles los borrascosos tiempos de aquellos infaustos años.
Restablecida la Congregación y fundada la Casa, en la calle designada antiguamente con el nombre de los Cipreses, y hoy conocida con el de García Paredes; afianzadas las bases de una nueva era y con la esperanza de alcanzar mejores tiempos, creyóse oportuno trasladar del Noviciado a la Casa-Misión la imagen de San Vicente, para que viviese tercera vez con sus hijos y les sirviese de modelo y dechado de perfección. Aun viven algunos hermanos a quienes cupo tanta dicha, y aun vive casi toda la generación que se ha arrodillado ante sus plantas en la Capilla que ha servido para el culto de la Casa.
Hoy las cosas han cambiado de aspecto: en la nueva Iglesia que se acaba de construir debía ocupar San Vicente un lugar distinguido; por eso se levanta hoy su efigie en el altar mayor del nuevo templo: al edificarlo no podían sus hijos menos de consagrarla a su Padre; y al poner en el altar la imagen de San Vicente, no podían dejar de colocar en él Aquella que ha sido compañera de sus destierros y partícipe de sus glorias. ¡Quiera Dios que allí permanezca largos años al lado de sus hijos, y que aliente con su vista y esfuerce con sus ejemplos a los llamados por Dios para seguir las huellas de tan virtuoso, caritativo y excelente Padre! ¡Plegue al Cielo que los solemnes cultos que se han celebrado en honra del Santo Fundador queden profundamente grabados en los corazones de los Misioneros, que emulan sus virtudes y se sienten orgullosos al poder ofrecer a su Padre un trono menos indigno del que hasta aquí ha tenido, desde el cual los bendiga con la bendición del Ciclo, para hacerles imitar las grandes lecciones de virtud que Ies enseñó en la tierra!
Altar mayor.—Además de la estatua de San Vicente merece especial mención el altar en que se halla colocada En él brillan a la vez varias obras de mucho arte, o por decir mejor, una sola es la que se echa de ver, por ser todo él un conjunto uniforme por la unidad de su estilo y el plan de su ejecución. Está hecho de mármol, de piedra blanca y de bronce, y responde exactamente a los planos trazados por el Arquitecto, habiendo sido ejecutados por el inteligente y hábil marmolista Sr. D. Francisco Almendros, quien ha trabajado todas las piezas de que se compone con singular esmero, no obstante la delicadeza de los perfiles, y en algunas piezas lo pequeño del tamaño. Es también digno de loa el ostensorio, hecho de mármol veteado y cuya cima corona una hermosa pirámide octogonal, que intercalada de bronce con el mármol, produce un efecto sorprendente. Esta clase de construcción recuerda los célebres baldaquinos tan usados en las Basílicas de Roma, si bien estilo gótico le hace variar algo en la forma de aquélla.
Después del ostensorio, el estilo del altar, de gótico puro nos recuerda la oración; los pináculos, los contrafuertes terminados en delicadas agujas unidas por esbeltos arbotantes, nos hacen ver cómo las oraciones de la Iglesia elevan hasta el Cielo, para impetrar de lo alto la misericordia y formar el lazo de unión que junta en uno la IgIesia triunfante con la militante. Finalmente, completa el altar mayor en su parte más elevada un magnífico doselete de bronce que, al completar el altar, forma el grandioso trono desde donde San Vicente de Paúl se complacerá en bendecir todas sus florecientes obras, impetrando del Cielo toda suerte de bendiciones para los que a ellas pertenecen.
No debemos pasar en silencio que la Congregación estará siempre agradecida a los bondadosos bienhechores que han contribuido con sus limosnas a esta construcción.
Altares colaterales.—Los demás altares, dentro del estilo gótico como el mayor, contribuyen a la unidad que toda la Iglesia conserva. Se han elegido dos tipos: uno para estatua y otro para cuadro apaisado. Estando colocados delante de las ventanas de las naves laterales, ha sido necesario hacerlos bajos, con el fin de que las agujas, que tanta esbeltez dan al estilo gótico, resalten sobre un fondo claro de cristales de color, pareciendo como dibujadas en ellos. Ha sido verdaderamente feliz la idea del Arquitecto al armonizar así y juntar la belleza de los ventanales de nuestras catedrales antiguas y la elegancia de los remates de las construcciones góticas. Diríase que aquellas agujas filigranadas están ornadas con un cielo de variadísimos colores y nos recuerdan cómo el espíritu cristiano se eleva, penetrando el azul celeste, a la contemplación de las cosas celestiales.
El órgano.—Es el solo instrumento que satisface adecuadamente las necesidades de una buena iglesia y el que debe responder a las prescripciones y exigencias del canto litúrgico. De aquí el singular empeño con que se ha procurado, para la nueva Iglesia de San Vicente de Paúl, la adquisición de un excelente órgano que estuviese en armonía con lo numeroso de la Comunidad y llenase las condiciones de los mejores órganos modernos.
Estas aspiraciones las cumple a maravilla el órgano de la nueva Iglesia, construido en los acreditados talleres del conocido fabricante Sr. D. Ricardo Rodríguez.
Con esta breve introducción pasamos a reseñar el nuevo órgano. Compónese de tres teclados, teclado gran órgano, teclado recitativo expresivo y teclado de pedales. Los dos primeros tienen cincuenta y seis y el tercero treinta notas.
Pasando a describir en particular cada uno de dichos teclados, diremos que el teclado gran órgano comprende ocho juegos por el orden que se expresa a continuación: Montre, de ocho pies; Bourdon, de diez y seis pies; Bourdon, de ocho pies; Salicional, de ocho pies; Flauta do Viena, de ocho pies; Prestant, de cuatro pies; todos rotos juegos tienen cincuenta y seis notas. A. estos seis juegos hay que añadir otros dos de Combinación, el Lleno de 3, de dos y dos terceras partes de pie, con ciento sesenta y ocho notas; y la Trompeta armónica, de ocho pies y cincuenta y seis notas.
El teclado recitativo expresivo consta de diez juegos, trae de ellos de combinación; los juegos son: Flauta armintsc4, Viola de gamba, Celeste, Violón, Coro de noche, Ocarina, Trompeta Real, Bassón y Oboé, Clairón armónico y Pad humana; estos cuatro últimos son los de combinación: todos ellos, excepto la Ocarina y el Clairón armónico, que son de cuatro, constan de ocho pies y tienen cincuenta y seis notas.
El teclado de pedales tiene dos juegos, el Contrabajo abierto, de diez y seis pies, y el Violón bajo, también abierto, de ocho. Uno y otro tienen treinta notas.
Tiene también el magnífico órgano construido por el señor Ricardo Rodríguez nueve pedales de combinación, saber: Enganche del primer teclado al pedalié. Enganche del segundo teclado al pedalié. Reunión de los teclados. Octavas graves. Octavas agudas. Salida y entrada, juego de combinación, primer teclado. Salida y entrada, juegos de combinación , segundo teclado. Expresión y Trémolo. Entre los accesorios del órgano se cuentan los Pájaros y la Campanilla.
En resumen: el órgano se compone de tres teclados veintidós registros, nueve pedales de combinación; mil ciento ochenta y cinco tubos, que comprenden desde el De de diez y seis pies, de seis metros de altura, hasta el Sol del lleno, de seis milímetros.
Para que el órgano no desdijese del estilo de la Iglesia se ha hecho su fachada conforme al estilo gótico; es de fresno americano y lleva en su frente treinta y siete grandes tubos de estaño bruñido.
Un motor eléctrico pone en movimiento a los fuelles, que constan de tres grandes depósitos con seis válvulas aspirantes del último sistema, que permiten graduar las distintas presiones del aire.
Los grandes secretos y los pequeños pneumáticos son todos de madera de cedro y desarmables, con los últimos adelantos de la organería moderna.
Con la máquina pneumática del primer teclado resulta una pulsación muy suave, que facilita al organista rapidez un los pasajes de ejecución, pudiendo atender sin esfuerzo a la Expresión del segundo; detalle importante, si se han de interpretar con exactitud las obras de los grandes Maestros.
Todo el órgano está dispuesto para ser examinado interiormente, y su maquinaria es mecánica, pneumática, tubular y eléctrica.
Tanto el Sr. Rodríguez, cuanto sus operarios, han trabajado con verdadero entusiasmo en este órgano, que llena todas las condiciones de una verdadera obra de arte religioso, distinguiéndose por la variedad y severidad de sus timbres, que tan a maravilla se amalgaman con las masas corales, cumpliendo así las condiciones recientemente establecidas por Su Santidad y por el Excmo. Sr. Obispo de la Diócesis.
Las campanas. — Estas han sido objeto de preferente atención por parte del Superior de la Casa, ya que tanto realzan la majestad y grandeza de los templos católicos. Han sido fundidas en los acreditados talleres que posee la casa de E. Linares y Pérez, en Carabanchel Bajo, y son cuatro, bautizadas respectivamente con los nombres de Medalla Milagrosa, San Vicente de Paúl, Beato Yuan Gabriel Perboyre y Beato Francisco Clet. Por lo que hace a sus dimensiones, guardan la siguiente proporción: La Medalla Milagrosa mide un metro diez y siete centímetros, de diámetro en su base; tiene dos metros, veinticuatro centímetros de altura desde la base hasta el extremo de la cabeza, y pesa el vaso sin el yugo setenta arrobas. La San Vicente de Paúl tiene en su base un diámetro de un metro cinco centímetros; uno ochenta y cuatro de altura, contando el vaso y el yugo, y pesa sesenta arrobas sin el segundo. La Beato Juan Gabriel Perboyre mide un diámetro de noventa y siete centímetros en la base, uno setenta y dos de altura, en las mismas condiciones que las precedentes, y pesa su vaso cincuenta arrobas. Finalmente, la Beato Francisco Clet es la menor, pues sólo mido ochenta y seis centímetros de diámetro, uno cincuenta y seis de altura, y pesa sin el yugo cuarenta arrobas. Como puede verse, guardan respectivamente entre sí casi las mismas proporciones en lo referente al diámetro y altura e idénticas en lo que hace al peso; de donde resulta quo los sonidos dados por ellas están entre sí en parecida pro porción; lo que no deja de contribuir mucho a la fluidez y armonía de sonido, siendo éste tal, que puede uno estar casi pegando a ellas cuando las tocan, sin experimentar sensaciones desagradables al oído.
La consagración de las campanas se verificó el día 19 de Enero del presente año, siendo Obispo consagrante el Ilmo. y Rvmo. Sr. D. Manuel Santander, Obispo dimisionario de la Habana, y asistiendo a la ceremonia toda la Comunidad de la Casa.
No terminaremos esta breve reseña de la nueva Iglesia sin dar las gracias con todo el afecto de nuestros corazones a Dios Nuestro Señor, fuente y origen de todo bien, que inspiró el deseo de levantarla, prosiguió bendiciéndola desde su comienzo y termina otorgándonos el favor de verla felizmente terminada; a María Inmaculada, en cuyo quincuagésimo aniversario de la definición dogmática del misterio de su Concepción sin mancha ha sido solemnemente consagrada e inaugurada; a San Vicente de Paúl, a quien ha sido dedicada; al Sumo Pontífice, por las indulgencias concedidas; al Excmo. Sr. Nuncio, por haberla consagrado; al Superior General, que aprobó la idea de su levantamiento; a los generosos bienhechores que con sus limosnas, han contribuido a llevarla a cabo tan felizmente; y a cuantos han tomado parte más o menos directa, bien en su construcción, bien en los religiosos cultos que se han celebrado para inaugurarla con toda pompa y solemnidad.
¡Gloria, pues, a Dios; gloria a María; y gloria a San Vicente de Paúl!

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