Historia de los PAÚLES en Cuba (CAPÍTULO XII C)

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Author: Justo Moro y Salvador Larrua · Year of first publication: 2013 · Source: Mecanografiado.
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3. Las Iglesias de Guantánamo, San Francisco, Baracoa y San Luis. La Casa de Matanzas. Pérdida de la Iglesia de Guantánamo. La Iglesia de Meneses. Estado de las casas de los Paúles en 1966. Expectativas de futuro.

Guantánamo

Cuando comenzó la revolución en 1959, la actividad de los Padres Paúles irradiaba a todo el territorio de la antigua provincia de Oriente a partir de las casas que dirigían en el extenso y poblado territorio. La Iglesia de Guantánamo, bajo el cuidado de los Hijos de San Vicente, se encontraba en un estado próspero y floreciente. El templo era el centro de la evangelización en una región extensa, y desde aquella Parroquia salían los misioneros Paúles todos los años, llegando a los lugares más intrincados y abruptos, ya que se trata de la zona rural más montañosa de Cuba. Aquellas misiones estaban conectadas con los proyectos del Arzobispo de Santiago, Mons. Enrique Pérez Serantes, que era un prelado amante de las misiones y que con frecuencia solía darlas por sí mismo. No es de extrañar entonces que sus mejores colaboradores en este asunto fueran los sacerdotes de la Congregación de la Misión.

Un informe del año 1956 nos da cuenta de los recorridos misioneros de los Paúles llevando la Palabra de Dios a lugares muy distintos entre sí como el Central Ermita, el pueblo de Caimanera inmediato a la Base Naval de Guantánamo, el Central Santa Cecilia y la propia ciudad de Guantánamo, que se dieron con 15 misioneros Paúles, de otras casas de la Provincia, más los 6 de la Comunidad.

A aquellas misiones de 1956 asistieron 8.200 personas. De ellas se legalizaron 632 matrimonios y 800 adultos fueron bautizados.

En realidad, lo que estaban haciendo los Padres Paúles en la zona de Guantánamo tenía todas las características de una misión ininterrumpida. Todas las semanas los Padres visitaban cinco lugares de misión dentro de la ciudad. Fuera de la ciudad, el recorrido evangelizador abarcaba el pueblo de Caimanera, los Centrales Santa Cecilia, San Antonio y La Esperanza, y los poblados de Tiguabos, Baltiny, Sempré y Ermita, junto al central del mismo nombre. En todos estos pueblecitos había capillas que eran atendidas por los Hijos de San Vicente, que además iban periódica y frecuentemente a otros sitios donde no las había como los Centrales La Canoa, Soledad y Santa Isabel y los lugares habitados o pueblecitos de San Antonio del Sur, Felicidad de Yateras, Romelí, Boquerón y otros menos poblados que sumaban en total 54 sitios que eran visitados para administrar el bautismo, celebrar la Eucaristía e impartir el catecismo, en un extenso y montañoso territorio abrupto y con escasos caminos, de 3.800 kilómetros cuadrados.

En 1955, la Iglesia Parroquial de Guantánamo cumplió un siglo desde su construcción. En tiempos del P. Vicente López había sido restaurada y durante los años 1959 y 1960 fue necesario emprender su reconstrucción que acometió el P. Cruz Gil a un costo de 70.000 pesos, dejándola en el hermoso estado que se puede apreciar en la ctualidad.

Al llegar 1961, apenas muy poco tiempo antes del éxodo obligado de sacerdotes y religiosos que tuvo lugar en los meses de agosto-septiembre, el apostolado de los Padres Paúles en la región de Guantánamo rendía cuantiosos frutos. Entre los planes de los Padres estaba el de hacerse cargo de dos parroquias más, una ubicada dentro de la ciudad y otra en el campo. Tal era el auge de la Congregación de la Misión entonces, que se consideraba que en pocos años el número de sacerdotes de San Vicente en Guantánamo podía llegar a 20 contando con los aportes de Madrid y con la ayuda de la Escuela Apostólica. Entre los proyectos que estaban entre manos se puede enumerar el de la fundación de las Damas Catequísticas como auxiliares de la parroquia y para que llevaran la evangelización a los obreros, y una hermosa labor que iban a emprender las Hijas de la Caridad atendiendo la Escuela Parroquial gratuita que tenía en construcción el P. Alfonso Alonso. Al mismo tiempo, las Hermanas colaborarían los sábados y domingos en las obras parroquiales que se realizaban en los campos.

También se estaba pensando en tener dos misioneros con carácter permanente que tendrían su residencia fija en la ciudad de Guantánamo y cuyos gastos serían financiados por la Casa Central desde La Habana, para dar misiones todos los años en los barrios y bateyes de los ingenios azucareros del territorio. Todos los planes, todos los sueños, todos los proyectos desaparecieron poco después de que comenzara la revolución.

Cuenta el P. Raúl Núñez que, dentro de la ciudad, los Paúles atendían, además de todo lo antes relacionado, la Parroquia de Santa Catalina, cuya casa e Iglesia eran propiedad de la diócesis, y la Iglesia de la Milagrosa, que fue levantada por la Congregación de la Misión. Al llegar el triunfo de la revolución,

«los Padres que trabajaban en Guantánamo eran jóvenes, con mentalidades nuevas, y se relacionaban mucho con la gente que trabajaba en la Base Naval e incluso con las autoridades. En 1961 se fueron con el éxodo de sacerdotes, porque ellos estaban muy señalados ante el gobierno por sus relaciones con la Base, y cuando se marcharon, las Iglesias se quedaron vacías.

Los Paúles no teníamos forma de reemplazarlos entonces, y el Arzobispo Mons. Pérez Serantes puso al P. Pastor González para que atendiera todo el territorio de Guantánamo y Baracoa. Un territorio muy grande. Luego se incorporó otro Padre.

Poco después el P. Maximino Vea, que había estado fuera de Cuba, pudo regresar al país. Le dieron permiso porque él fue capellán del Ejército Rebelde y le habían dado incluso el grado de capitán. Gracias a eso lo dejaron entrar en el país, y él volvió a su Iglesia de Baracoa.

Pero a Guantánamo no pudimos volver nunca porque el Arzobispo puso una condición dijo que para que regresáramos a Guantánamo teníamos que llevar tres Padres… pasó el tiempo, nosotros éramos muy pocos, y nunca pudimos cumplir con esa condición.

La Comunidad de los Padres Paúles, debido a la pérdida forzosa de muchos de sus misioneros a partir de 1961, pudo resistir, mal que bien, hasta 1967. Poco tiempo después del éxodo forzoso, desaparecieron por completo del mapa de Guantánamo.

Iglesia de San Francisco. Santiago de Cuba.

Al llegar el año 1961, el P. Jesús Cuevas estaba encargado de la vieja Iglesia de San Francisco de Santiago de Cuba. El P. Cuevas era un sacerdote amante de la poesía y de los animales, y se levantaba a orar todos los días a las 4:30 de la madrugada, como un asceta del desierto.

Desde que llegó a la Iglesia de San Francisco en el mes de julio de 1961, el P. Jesús Cuevas se puso a trabajar al lado del P. Amador Méndez, pero se quedó solo cuando el P. Méndez fue deportado en septiembre como tantos otros a bordo del Covadonga.

La Divina Providencia acompañaba al P. Jesús Cuevas. Cuenta él que el mismo día y a la misma hora en que los policías fueron a buscarlos, él había salido a la ciudad. Cuando los policías preguntaron por el P. Cuevas se les dijo que no estaba en casa. Sin perder más tiempo se llevaron al P. Méndez y no volvieron a buscarlo.

Desde entonces el estar solo fue, para el P. Cuevas, el mayor enemigo. Pero pudo vencer la soledad porque, por suerte para él, el trabajo que tenía por delante era muy intenso y no terminaba nunca.

El P. Cuevas atendía los servicios religiosos en la Iglesia de San Francisco y se encargaba de la catequesis, que se llevaba adelante con gran entusiasmo y obteniendo buenos resultados, aunque la asistencia había disminuido. Sin embargo, la catequesis era una labor muy creativa a pesar de los tiempos. Al referirse a esta última actividad, el mismo P. Cuevas nos contó que la catequesis

estaba organizada, aunque los asistentes eran menos que antes. Teníamos representaciones, proyecciones, certámenes y hasta cursillos para catequistas. Se les seguido entregaba el carné, controlando la asistencia a la catequesis Según eso, y la aplicación, se les repartían los premios/

Junto con la aplastante soledad que lo oprimía, las inclemencias del tiempo hicieron todavía más difícil el trabajo del P. Cuevas. En los últimos meses de 1963, uno de los más poderosos ciclones que ha pasado por Cuba en toda su historia, el famoso Flora, asoló la Isla y sobre todo la provincia de Oriente. La ciudad de Santiago de Cuba fue muy afectada por el paso del ciclón que por poco destruye la Iglesia de San Francisco… el P. Cuevas se sintió muy mal ante un problema inesperado y al parecer insoluble, y nos dejó con estas palabras el testimonio de sus recuerdos:

Me sentí impotente. Veía que el agua invadía la Iglesia y la casa y no podía evitarlo. El agua derrumbó el muro del callejón contiguo y aplastó un coche. Creí que había matado también al chofer. Dios no lo permitió: había salido del auto unos segundos antes. Al caer el muro, se llevó consigo unas casas de enfrente. Minutos más tarde vino abajo la grandísima tapia del patio de San Francisco. Totalmente reblandecido el suelo por el agua continua durante cinco días, el viento acabó con la mayoría de los frondosos árboles… (la Iglesia) parecía una cisterna. Por la ventana de la terraza entraba el agua como si los chorros fuesen afluentes que desembocan en el principal. Un domingo me puse a limpiar la Iglesia. Di un paso hacia la derecha y en ese mismo instante se desplomó una pechina, cayendo justo donde yo había estado unos momentos antes. De nuevo Dios estaba conmigo.8

Pero la pechina que cayó desde la altura de la cúpula del templo en el sitio donde había estado el Padre Cuevas tan sólo unos segundos antes, no pareció el signo más evidente de la protección divina, según su propio testimonio:

Un último suceso que considero el más providencial. En el preciso momento en el cual debí estar celebrando la misa se desprendió parte de la bóveda y cayó sobre el altar.

Las asociaciones religiosas que estaban vinculadas a la Iglesia de San Francisco en aquella época, ayudaron mucho al P. Jesús Cuevas en aquellos momentos tan difíciles. Si sus contribuciones hubiera sido prácticamente imposible realizar las reparaciones más indispensables. Una laica comprometida, de nombre Margarita, colaboró con el P. Jesús Cuevas de forma muy eficaz en todas las actividades de la Iglesia de San Francisco, y durante los días terribles del ciclón, ella misma preparaba y le llevaba la comida.

Al igual que la antigua Iglesia de la Merced de La Habana, la Iglesia de San Francisco, todavía más antigua y cargada de historia, también fue declarada Monumento Nacional en 1963. El P. Cuevas narró el importante suceso con estas palabras:

Fue a raíz de una visita del Ministerio de Monumentos. Visitó todo. Fotografió las campanas. Se interesó por las ventanas del patio. Aparte, (por) el retablo del altar mayor que es el mejor de Oriente. Poco después de la mencionada visita llegó el nombramiento.»

En el Archivo de la Merced hay una carta sin fecha y con el cuño del Ministerio Nacional de Cultura que dice:

La Habana, en el año de la Agricultura.

La política cultural de nuestro Gobierno Revolucionario, preocupado por impulsar la cultura y por la preservación de todo aquello que sea patrimonio cultural de nuestro pueblo…da Comisión Nacional de Monumentos, organismo competente para la restauración y conservación de todo edificio, plaza, calle, reliquia u objeto que por sus características de tipo histórico, artístico o ambiental sea considerado Monumento Nacional, es por ello que le comunicamos que esa iglesia y convento de San Francisco, Sgo. De Cuba, es considerada MONUMENTO NACIONAL, incluyendo todo lo que forma parte de la misma, como la sacristía, claustros y atrios, si los tiene.

Sin más, por el momento lo saluda cordialmente, Arquitecto Fernando López Castañeda,

Secretario p.s.r.

La Comisión Nacional de Monumentos dio facilidades al P. Cuevas para hacer algunas reparaciones. En 1967, el P. Jesús Cuevas fue sustituido por otro Paúl, el P. Lázaro Ibáñez, llegado de España, quien comenzó a trabajar con la misma abnegación de su antecesor y siguió realizando las actividades del culto.

La Iglesia de Baracoa.

Volvamos ahora a la casa de Baracoa, que radicaba en la Diócesis primada de Cuba, la de Nuestra Señora de la Asunción, en la ciudad más antigua del extremo oriental de la Isla. Cuando triunfó la revolución, fungía como superior el P. José Redin y con él trabajaba el P. Maximino Vea, el que llegó a ser capellán del Ejército Rebelde con el grado de capitán, y los Padres Félix Bravo y Federico García, por lo que eran en total cuatro Padres de la Congregación. Como las demás Iglesias regidas por los Paúles, la de Baracoa se debilitó extraordinariamente después de 1959 y sobre todo desde 1961. Las malas comunicaciones, lo abrupto del territorio montañoso y la escasez de medios y de personal, hicieron todavía más duro el trabajo de la evangelización.

Ya en un informe redactado en el año 1957 y que correspondía a 1956, el Padre Redín enfatizaba que un solo párroco con dos vicarios no podía atender el extenso territorio de 2.404 kilómetros cuadrados en el que habitaban 70.000 personas dispersas en las montañas, por lo que proponía la subdivisión de aquella parroquia en tres o hasta cuatro, para facilitar el trabajo de los Padres. Pero aquella idea no podía ir adelante, porque el territorio era pobre y no podía sostener tres parroquias. En su momento, el P. Hilario Chaurrondo había propuesto como solución, poner en marcha un plan de apostolado provincial para que las otras casas y parroquias colaboraran con la de Baracoa.

Pero todas aquellas iniciativas se frustraron y no por problemas de los Paúles, sino por las circunstancias. Poco después del triunfo de la revolución, el nefasto éxodo de sacerdotes y religiosos impuesto en 1961, dejó a la Iglesia en un estado de postración tan grande, que todos los planes se olvidaron y solamente fue posible sobrevivir. El número de Padres Paúles quedó tan reducido que bien poco fue lo que se pudo hacer, en comparación con los servicios que se prestaban antes. En el caso de Baracoa, el P. Redín se marchó a España no formando parte del éxodo, sino por una intervención quirúrgica, y no regresó.

En 1962, el P. Maximino Vea, que también había salido de Cuba por razones personales, pudo regresar al amparo de su condición de ex-capellán del Ejército Rebelde y tomó de nuevo en sus manos la dirección de la enorme parroquia de Baracoa, en la que las tres cuartas partes de la población reside, todavía en la actualidad, en zonas rurales. Ya en 1966 un testimonio del P. Vea nos dio cuenta de la forma en que había decaído el culto en la Iglesia de Baracoa:

A misa acuden en la actualidad, 1966, unas cien personas menos que en el 62. Lo más lamentable se encuentra en los bautizos: 700 en el año 1962 y 300 en el año 1966. También ha seguido la misma línea descendente la Santa Unción: de 60 han bajado a 10.

Entre todos los sacerdotes católicos seculares y regulares que trabajaban en Cuba en la época en que sesionaba el Concilio Vaticano II, era el P. Maximino Vea el que trabajaba en el lugar más abrupto, lejano, inhóspito e incomunicado de toda la Isla, en la primada ciudad de Baracoa, donde en aquellas circunstancias era muy difícil el intercambio de ideas e informaciones. Para el P. Vea, los sucesos y noticias del Concilio llegaban

a través de ecos muy débiles. Se recibía de La Habana (la publicación) «Documentos y Notas » extractos de lo que ellos recibían de Europa.

A través de las escasas y fragmentarias informaciones que iban llegando al P. Vea, iban llegando algunas noticias del Concilio a los fieles de Baracoa. Poco a poco continuaron llegando las innovaciones y las personas se fueron adaptando a los cambios litúrgicos. Para explicar la nueva forma de celebrar la Eucaristía, el P. Vea nos dejó escritas estas líneas:

Celebro habitualmente de cara al pueblo. Para ello acomodé el altar y derrumbé seis columnas, logrando con ello una visibilidad perfecta del altar desde las tres naves del templo.

El P. Vea creó una organización de la que formaron parte 40 acólitos, que se hizo famosa en todo el territorio oriental. A lo largo de cada mes actuaban todos los monaguillos y en algunas fiestas participaban todos después de realizar los ensayos correspondientes, lo que resultaba emocionante para los fieles y por supuesto, para aquellos jóvenes. Cada día crecía más el número de monaguillos inscritos en la lista del P. Vea y todos esperaban con ansia que llegaran los días de fiesta, cuando tenían la oportunidad de vestir la sotana.

Por aquellos años, las circunstancias obligaron al P. Vea a que el trabajo pastoral quedara circunscrito a la parroquia de Baracoa y a dos capillas donde se celebraba mensualmente la Eucaristía y se impartía la catequesis todas las semanas. Aunque existían otras tres capillas, estaban prácticamente abandonadas. Siguió su trabajo estando solo en la parroquia de Baracoa hasta el año 1977 en que fue asignado a Santiago de Cuba, siendo sustituido por el P. Lázaro Ibáñez. Volvió a Baracoa en el año 1979 y permaneció hasta el año 1983, siendo sustituido por el P. Valentín Sanz, quien trabajó durante 18 años y prácticamente solo, excepto durante dos años que le acompaño el P. Angel Medina, de la Provincia de Panamá. Esta Parroquia de Baracoa fue devuelta a la Diócesis en el año 2002, debido a la falta de personal y a la lejanía del lugar.

San Luis, Santiago de Cuba.

La casa e Iglesia de los Padres Paúles en el pueblo de San Luis corrieron una suerte parecida. Al salir destinados los Padres A. Becerril y E. Rodrigo, todo quedó bajo la dirección del P. Esteban Barbarin, quien ya llevaba 27 años trabajando en Cuba y no era, por tanto, un hombre joven. La extensa parroquia que tuvo que atender él solo. Cuando llegó a San Luis para sustituir al P. Victor Santos, contaba con 2.500 kilómetros cuadrados de área y estaba habitada por 110.000 personas en aquella época.

Muy pronto la figura del P. Esteban Barbarin se hizo cercana y familiar para los habitantes de San Luis. A pesar de su edad, era un sacerdote abnegado que siempre estaba listo para recorrer grandes distancias en un pequeño automóvil que le regalaron unos generosos católicos alemanes, y gracias a esta ventaja y a su entusiasmo podía atender, además de la parroquia, las capellanías de Dos Caminos, el Central Miranda, Santa Ana, Palmarito del Cauto, Bayate y otros lugares habitados.

Con el inexorable paso de los años muy pronto se puso de manifiesto que un solo sacerdote no podía atender adecuadamente una parroquia tan grande aunque pudiera moverse en automóvil. La asistencia a la Eucaristía comenzó a descender en la propia Iglesia de San Luis porque los fieles, sobre todo los que estaban en edad laboral, comenzaron a confrontar serios problemas personales si asistían a la Iglesia, a causa de la desconfianza y el recelo de ciertos funcionarios. No era bien visto que los jóvenes revolucionarios comulgasen con las ideas de la Iglesia.

Las noticias que llegaban al P. Barbarin sobre el desarrollo y orientaciones del Concilio Vaticano II se recibían a través de la Arquidiócesis de Santiago de Cuba, que enviaba circulares al igual que la Comisión de Liturgia que se creó con el mismo objetivo. Por su parte, los cooperadores comenzaron a publicar el suelto que llamaron Vox Concilii, (la voz del Concilio) por el que divulgaban algunos aspectos. Pero no llegaba nada directamente del exterior y el P. Barbarin comunicaba las noticias nuevas a los fieles a través de sus homilías.

No fue muy difícil adaptar la nueva liturgia a los fieles. Tanto el P. Esteban Barbarin como los fieles vieron con buenos ojos que la Misa se celebrara en español. Un seminarista paúl de los que estaban estudiando en España envió las canciones que en aquella época se utilizaban en Zaragoza Los cambios dieron buenos resultados y la renovación de la liturgia tuvo éxito porque el pueblo rezaba y cantaba unido, con más participación y entusiasmo que antes. Según contaba el P. Barbarin, los actos religiosos resultaban espléndidos.

Matanzas.

Mientras tanto, la Escuela Apostólica de Matanzas siguió funcionando regularmente, sobre todo en los años comprendidos entre 1949 y 1961. Pero al llegar 1961 y con él la nacionalización de los colegios católicos y la salida forzosa de muchos Padres para España, no hubo más remedio que cerrar la Escuela Apostólica y en la casa quedó solo el P. Desidério López, que fue deportado a la península en 1965.

Había recibido la orden de salir de Cuba, no por graves delitos sino más bien por algunas imprudencias en las palabras y en los hechos, lo cual fue suficiente para que lo juzgaran causa para salir. Salió de Cuba el día 18 de Diciembre de 1965.16

Mientras ocurría todo esto, la Iglesia de Matanzas había seguido funcionando con las mismas dificultades que afectaban a todas las de la Isla. Los Paúles habían logrado una organización buena y sobre todo habían preparado bien la enseñanza de la doctrina cristiana, contando con un grupo de catequistas experimentados.

Unos años después del triunfo de la revolución todavía quedaban signos de la gran obra que pudieron realizar los Padres Paúles en la Iglesia de Matanzas desde su llegada a la ciudad en 1892. Según los testimonios que dejó el P. Hilario Chaurrondo,

Todavía en 1965, en que yo estuve de sustituto del P. López, por haberse éste operado de cataratas, era muy crecido el número de niños y niñas, transportados todos en auto por la peculiaridad de las calles, que hacen peligroso el cruce de las avenidas. Pues bien, los doscientos niños divididos en cuatro o cinco grupos daban sus clases terminando con la misa infantil vespertina, luego de las confesiones que oía el Padre al terminar las clases. Esto en 1965, así que en los años anteriores debió ser todavía mejor, pues para entonces ya se había ido mucha gente (de Cuba).

Aquella Parroquia había sido bien concebida, pensada y planeada por los Hijos de San Vicente, que llegaron a tener una capilla en el cercano pueblo de Guanabo, situado en la zona más alejada de la Iglesia, al este de La Habana. En esta capilla se celebraba la Eucaristía los sábados por la tarde o los domingos por la mañana.

Dentro de la organización parroquial se pensaba, además, construir una especie de Capilla-escuela en un barrio de las afueras, casi al comienzo del territorio perteneciente a la Iglesia. De esta forma la Iglesia tendría cuatro capillas subordinadas, lo que habría sido suficiente para cumplir sus fines.Pero como tantos otros proyectos, también estos se esfumaron con el triunfo de la Revolución.

Meneses.

Para esa época la Congregación de la Misión había tenido que sufrir la pérdida de la Casa de Guantánamo. Pero a la altura de 1966, a pesar de todos los problemas y poniendo en juego una extraordinaria energía, lograron fundar una Iglesia en el pequeño pueblo de Meneses, ubicado en la antigua provincia de Las Villas.

Meneses perteneció siempre a la Parroquia de Yaguajay, colocado entre Yaguajay e Iguará. Meneses, situado en un valle y rodeado de una zona de cultivo, tuvo tiempos de prosperidad. A Meneses acudían los campesinos a comprar todos los aperos de trabajo, abonos y cuantas cosas no se producían en la región.

Durante la década de los años 40 del siglo XX, el P. Modesto Amo atendía una pequeña capilla de madera en las afueras del pequeño pueblo de Meneses, ubicado en el medio de una extensa zona rural. Aquel templo diminuto contaba con una sacristía, pero no contaba con vivienda propia. Por otra parte, aquella capilla no estaba en buen estado, se trataba de una construcción de madera, ya muy antigua porque se había elaborado a finales de la década del 20, y las tablas de las paredes, faltas de mantenimiento, estaban comenzando a pudrirse por el paso del tiempo.

El mal estado en que se hallaba el viejo templo hizo que los Padres Paúles consideraran la posibilidad de construir uno nuevo en el centro del pueblo. Los Paúles habían realizado un trabajo meritorio en la zona del pueblo de Meneses, cuando el P. Maestro-Juan salía los sábados por la tarde, impartía la doctrina cristiana, y celebraba algún acto litúrgico por la noche. Después pernoctaba en un hotelucho y se levantaba temprano al día siguiente para celebrar la Misa. A continuación, reunía a las Hijas de María para enseñarles los cantos que se utilizaban entonces. Al referir los trabajos de los Paúles en Meneses, el P. Chaurrondo contaba

que también se daban misiones en el pueblo y los territorios cercanos y que por aquella época la religión católica estaba bien arraigada en muchas familias del pueblo.

Por lo tanto, era necesario hacer el esfuerzo y construir la Iglesia nueva, para que la semilla plantada tiempo atrás pudiera seguir creciendo. Después de algunas gestiones, los Paúles lograron adquirir un terreno en el año 1954, cumplieron los requisitos canónicos, y gracias a los esfuerzos que realizó el P. Alfonso Alonso, muy pronto comenzaron los trabajos de construcción de una Iglesia de 30 metros de largo, 9 de ancho y 5 de alto, que estaría dotada con una torre que se elevaría otros 5 metros sobre la placa del techo.

El Obispado no hizo aportes para la nueva construcción y sólo accedió a que se le dejara de entregar el 25 por ciento del total de ingresos de las Iglesias de Yaguajay y Mayajigua. Por ciertas vías se recibieron algunas donaciones de los fieles, la más importante: 5 pesos que entregó un pobre y devoto limpiabotas.

Nosotros, dice Chaurrondo, sabemos las mil dificultades que tuvo que superar el P. Vila para poder realizar esta obra. Controlado por el Estado la mano de obra y los materiales todo eran dificultades para obtener los unos y los otros.

Los trabajos duraron diez años, y gracias a las gestiones de los Padres Pedro Vila y José María Ardanaz, se pudo terminar la iglesia de Meneses en 1966, a pesar de los innumerables sacrificios y debido a la voluntad de hierro de aquellos Paúles. La Iglesia quedó equipada con magníficos bancos que se trajeron del Colegio-Asilo de San Vicente de Paúl que había funcionado en La Habana, en el barrio del Ceno, del que fuera muchos años directora la ilustre Hija de la Caridad Sor Petra Vega y Ordás.

La Iglesia del pueblo de Meneses fue inaugurada solemnemente el 8 de septiembre de 1964, el día de María, Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, después de no se sabe cuántos trabajos y angustias. Ya sabemos en qué condiciones trabajaba la Iglesia Católica entonces. El Padre Vila ni siquiera hablaba del asunto, pero es evidente que en aquellas circunstancias tuvo que realizar verdaderos milagros para ver cumplido el sueño del nuevo templo.

El Padre Chaurrondo dejó este testimonio en sus escritos:

Nosotros en La Habana teníamos el interés de ofrecer a Dios la Iglesia de Meneses dentro del Centenario (de los Paúles en Cuba) y lo hemos conseguido, gracias a Dios y a San Vicente, Padre de este «puxilus grex» ( pequeño rebaño ) de Misioneros que nos quedamos en Cuba con el arma al hombro, en la posta de Dios.

Por otra parte, en Casablanca, poblado minero, no había iglesia pero si tenían algunos inicios religiosos. Tengo información de que la Comunidad posee un terreno para la futura iglesia y casa parroquial. La Comunidad de los PP. Paúles tenía la intención de crear una casa canónica en Iguará. Otras tantas ilusiones que se esfumaron con la venida del Socialismo Cubano.

 

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