EL DERRUMBE DE MUCHOS SUEÑOS.
1. Los PP. Paúles ante el triunfo de la revolución. El derrumbe de muchos sueños.
Ni en sueños, ni siquiera con la ayuda de los mejores agoreros o adivinos, se hubiera podido ver el futuro inmediato que esperaba a los PP. Paúles en Cuba. Por eso hemos titulado este capítulo «El derrumbe de muchos sueños». Como en casi todas las cosas hubo un antes y un después.
Antes de la Revolución, la Provincia de Cuba de los PP. Paúles gozaba de una muy buena salud. Leamos lo que dice el P. Chaurrondo:
La Provincia se encontraba en 1959 en su pleno esplendor. En las casas se iba trabajando muy bien. Y existían verdaderos proyectos de progreso para el futuro. En la Habana proyectábamos construir la Iglesia de San Vicente de Paúl, en la plaza de la República, hoy plaza de la Revolución, donde contábamos con dos hermosos solares. Uno en la parte baja junto al actual edificio del Ministerio del Transporte y el edificio de los Abogados. Y otro solar en la parte más alta. Las direcciones y medidas son las siguientes:
I. Solar de la Loma, o Bellavista, de 90 varas de largo y 34 de ancho, calles Tulipán y Bellavista.
2. Solar de la calle Marine y Lombino, casi frente a la avenida de Rancho Boyeros de 50 metros de largo y 40 de ancho. Este último se adquirió con un donativo testamentario de Joaquín Gelats, pero viendo que estaba demasiado cerca del Palacio de Justicia, y por consiguiente, sin gente, cambiamos de idea consiguiendo el primer solar, con mucha mejor vista y más gente.
Tan adelantado iba el proyecto de la Iglesia en el solar de Bellavista, que ya teníamos, además de la autorización del Cardenal, unos planos de salón sobre el cual iría luego la casa por 40.000 pesos, dejando el solar correspondiente a la Iglesia en la parte alta. Este solar estaba ya casi pagado en su totalidad, precio de 70.000 pesos. El de abajo costó 50.000 pesos pagados al contado.
Además, la Provincia contaba con otros dos solaras, el uno en loma de Villareal, Via Blanca, y otro en Reparto Bahía, cerca de la Rotonda. Estos estaban ya casi pagados quedando solo los plazos de cómoda liquidación.
Nuestro plan próximo en la Habana era construir la Iglesia de San Vicente en la plaza de la República y una moderna Iglesia adosada al Sanatorio La Milagrosa en la esquina, complemento de la actual construcción y de la Clínica, para Sacerdotes, proyectada ya y financiada hasta sus últimos detalles.
Todos estos planes hubieran llevado unos diez o doce padres más, en solo la Habana. Los solares de Villa Real y Bahía, eran más bien como una inversión segura, sin excluir la fabricación de Iglesias en un futuro en el que la cura de almas en la Habana sufriera una gran transformación, como era de esperar.
Para hacer frente a todos estos planes, la Provincia contaba por lo menos con 50.000 pesos anuales de entradas en la Procura Provincial, pues solo el turismo estaba dejando en la Merced más de 25.000 anuales.
En Matanzas, con la venta de parte del Colegio y lo restante de la Procura Provincial, se adquirió un solar de 70 metros de ancho por 117 de largo, en el cual, aprovechando muy poco de lo fabricado se construyó la Escuela Apostólica, quedando libre un gran solar para la futura Iglesia. Este edificio y el solar estaban pagados del todo, quedando todavía por vender la mayor parte del Colegio, arrendado al profesor Trujilllo y las casas de la esquina que pagaban alquiler, para fondos al igual que la venta o alquiler de Trujillo.
En Santiago de Cuba ya se tenía «palabreado» con Monseñor Pérez Serantes, el crear una parroquia, en uno de los barrios más pobres de Santiago, para ser atendida en sus principios por la Comunidad de San Francisco. Además, el P. Elósegui había conseguido del Arzobispo la creación de una gran parroquia en Sierra Maestra. Salió el decreto de erección, con una gran obra social de enseñanza y beneficencia. Ya se había dado los primeros pasos y obtenidos algunos recursos económicos.
En San Luís de Oriente, con una parroquia inmensa, se estaba estudiando el construir otra comunidad, distinta de la de San Luis, probablemente en Altosongo, con tres padres. Ya se tenía casa e Iglesia, adaptadas o por adaptar en el futuro.
Durante 1957 se intensificaron los combates contra el ejército de Batista en las montañas de la Sierra Maestra y en otros puntos de la Isla. El 13 de marzo de 1957 a las 3:00 p.m., los miembros del Directorio Revolucionario asaltaron la sede del Palacio Presidencial para dar muerte al dictador Fulgencio Batista, que pudo esconderse dentro del propio edificio, por lo que fracasó el golpe de estado.
En el mes de diciembre de 1958, en las antiguas provincias de Oriente y Las Villas, el Ejército Rebelde, después de tomar diversos pueblos y ciudades, estableció un férreo cerco en torno a Santiago de Cuba y a Santa Clara. Ante la imposibilidad de detener el avance de las fuerzas rebeldes con un ejército cada vez más desmoralizado, indisciplinado e incapaz, Fulgencio Batista y sus seguidores más cercanos optaron por abandonar el país en la madrugada del 1° de enero de 1959.
Comenzaba una nueva, tensa y dramática etapa en la historia y la vida del pueblo cubano. A partir de ese 1° de enero, el país cambió con rapidez desconcertante. Pero nadie sospechó o previó la tormenta que se avecinaba.
La Revolución triunfante puso en marcha una serie de medidas de hondo contenido social: se decretó un aumento de salario para los obreros, se redujo el alquiler de las viviendas, se dispuso una rebaja para los precios de los medicamentos, de otros artículos esenciales para la vida y de ciertos servicios públicos tales como la electricidad.
Con mucha rapidez aparecieron nuevas y profundas disposiciones que comenzaron a cambiar las bases mismas de la economía y la sociedad. Las Leyes de Reforma Agraria4 transformaron la base agropecuaria de la Isla desde el punto de vista de la propiedad, la organización, la producción, la distribución y la estructura de la producción. Al mismo tiempo se creó el Instituto Nacional de Reforma Agraria y se fundaron zonas de desarrollo rurales dirigidas por combatientes del Ejército Rebelde. Las grandes compañías extranjeras y los mayores terratenientes nacionales perdieron sus propiedades.
Ante las disposiciones del gobierno revolucionario, muchas personas afectadas por la pérdida de sus tierras, otras por la nacionalización de sus empresas privadas o por ser privados de sus rentas sobre edificios de viviendas, comenzaron a abandonar el país y pasaron al exilio en Estados Unidos, España y algunos países de América Latina.
Entre los meses de octubre de 1959 y julio del año 1960, fueron nacionalizados la gran industria, el comercio, la banca y las refinerías de petróleo. Una ley de Reforma Urbana entregó gratuitamente a numerosas familias las viviendas que tenían alquiladas para vivir, según el tiempo que llevaran en ellas y la época de construcción de las casas, mientras que otras familias continuaron pagando un alquiler reducido
Una ley firmada y sancionada el 4 de agosto de 1961 dispuso la desmonetización de todos los billetes de banco circulantes y su canje según ciertas disposiciones durante el lunes 7 de agosto. El gobierno permitía a los ciudadanos cambiar en el banco solamente 200 pesos, lo que afectó los recursos económicos tanto los de la Iglesia Católica como los de los PP. Paúles.
El mismo día 4 de agosto de 1961 fue nacionalizado el Cementerio de Colón, que quedó bajo la administración municipal. Este cementerio era y sigue siendo el más grande e importante de la Isla y fue construido a partir de 1862 por el Obispado en terrenos propios, y administrado desde entonces por la Iglesia.
Otra ley del 11 de enero de 1959 propinó un nuevo golpe, ya que la nueva disposición anulaba los títulos universitarios expedidos por las universidades privadas y estatales a partir del 30 de noviembre de 1956 y esta medida afectaba directamente a las tres universidades católicas que funcionaban en el país.
Las medidas revolucionarias que de forma directa o indirecta comportaban un mejoramiento a la existencia humana o una contribución al desarrollo social, en ningún momento fueron objeto de críticas por parte de la Iglesia, aunque sus intereses o sus fuentes de financiamiento resultaran lesionadas. Pero el trasfondo filosófico, ideológico y ateo de muchas medidas y disposiciones fue criticado y emplazado por cuanto iban contra la fe cristiana y contra las bases mismas de la tradición católica tan firmemente enraizada en la vida del país, y es posible que las intenciones de la Iglesia fueran interpretadas de manera errónea.
Las masas populares, muy sensibles ante los beneficios que comportaban las medidas revolucionarias que aliviaban grandes problemas de profundo impacto social, no pudieron comprender la posición de la Iglesia. En la invasión de Playa Girón, de todos es bien conocido, había sacerdotes católicos. Entre ellos estaban el Padre Ismael Lugo, Capuchino; Tomás Macho, Jesuita; y Segundo de Las Heras, Escolapio. Los tres fueron capturados junto con el resto de los sobrevivientes de la invasión y presentados por televisión. La expedición estuvo encabezada por el ex — líder católico Manuel Artime Buesa, como su jefe político.
A partir de estas situaciones, las relaciones entre la Iglesia Católica y el estado cubano llegaron pronto a un punto de máxima tensión. En un largo discurso Castro anunció que se apropiaría de todas las escuelas privadas del país, desde las universidades hasta las escuelitas más pequeñas. Al terminar el año escolar 1960 — 1961, se produjo la nacionalización de la enseñanza privada por Ley dictada al efecto de fecha 6 de junio de ese último año, y se dispuso que fuera gratuita la prestación de la educación en todos los niveles de aprendizaje. La medida, que afectó por igual a todos los colegios privados, también incluyó a los de la Iglesia Católica. A partir de estas incautaciones comienzan a ser expulsados de Cuba en forma masiva los maestros extranjeros, que en su mayoría eran religiosos. El 17 de mayo el régimen comunista cubano embarcó por la fuerza en el vapor Marqués de Comillas a algunos Sacerdotes y monjas de origen español. Llegaron a la Coruña el 26 de Junio. Un relato de la época nos narra la salida de Cuba y la llegada a la Coruña:
«Desde las primeras horas de la mañana, la Aduana de La Habana era un gentío ansioso de estrechar, quizá por última vez, a los religiosos y religiosas que durante tantos años habían ofrecido sus vidas día a día en aras de ese sagrado y perpetuo altar que es el deber. Escenas de intensa emoción fueron presenciadas por las viejas calles de la capital cubana.
A las nueve de la mañana pasamos a las oficinas emigración, para someternos a los rigurosos registros y revisión de documentos. Pero aún el cielo nos tenía deparada una nueva emoción en nuestra despedida. emoción que sólo el que por ella pasó podrá llevar en su alma el recuerdo de aquella salida de Cuba y el cariño que una pequeña parte del pueblo cubano había demostrado aquel 13 de junio; era como un bálsamo en el cáliz del dolor que veníamos apurando desde hacía largos meses. El ver como aquellos que creíamos amigos y que ahora se volvían en otros Judas para nuestra religión.
Al zarpar el barco y dar los tres toques de salida, en muchos de los ojos brotó una lágrima que se mezclaba con las olas del mar.. Conforme el vapor se alejaba de la bahía y pasaba junto a la histórica fortaleza del Morro llegaban a nuestros oídos las voces vibrantes «viva Cristo Rey» y un «seguro volverán»
Así transcurrieron trece días de continua navegación hasta llegar el 26 de junio, en las primeras horas de la mañana a La Coruña. Las lágrimas de muchos familiares se mezclaban con las del emigrado .La cruz Roja esperaba en perfecto orden a las ancianitas religiosas que en camillas descendían por la escalera del barco, entre ellas, digna de mención y gloria de España, Sor Araceli Ayala, Sierva de maría, de ciento tres años. Ese mismo día salieron hacia Miami en un avión alquilado el Ho. Eligio Rivas junto con el P. Eliseo Castaño, 72 Hermanos Maristas, algún Salesiano, 4 Hermanas Clarisas muy mayores y un sacerdote cubano que llevaba en la cárcel seis meses. A todos nos tuvieron, dice el Ho Eligio Rivas, encerrados en un cuarto todo el día sin comer, donde recibimos la visita del Nuncio, y al fin pudimos salir cuando ya empezaba a oscurecer. Cuando llegamos a Miami nos esperaba una asociación Católica, que nos proveyó de hotel. A nosotros dos, (Eliseo Castaño y Eligio Rivas) nos esperaba el P. Marijuán, visitador de Puerto Rico. Unos días antes que nosotros hubo de salir expulsado el P. Subiñas, Visitador, no valiendo la intercesión del Nuncio por él y el de los Jesuitas y alguno más. La única razón: «que tenían que salir.
Sin embargo, todavía la Iglesia debía pasar por más y difíciles pruebas. El conflicto entre la institución católica y el estado llegó a su punto culminante el día 11 de septiembre de 1961, cuando se publicó una declaración del Ministerio del Interior denunciando que la Iglesia Católica estaba siendo utilizada por los enemigos del pueblo para conspirar contra la Revolución, con la complicidad de personalidades del alto clero.
Al día siguiente, 12 de septiembre de 1961, tuvo lugar otro suceso terrible para la Iglesia cubana Fueron detenidos numerosos sacerdotes en toda la Isla y llevados, bajo la custodia de la policía, y sin decirles a donde los llevaban, los condujeron al barco con la ropa que tenían puesta y sin documentos. El barco español Covadonga zarpó el día 17 del mismo mes del puerto de La Habana llevando como pasajeros 131 sacerdotes católicos que habían sido desterrados. En el barco iban varios Padres Paúles y 33 sacerdotes cubanos, incluyendo al Obispo Eduardo Boza Masvidal.
La casi totalidad de los sacerdotes que se habían manifestado contra la revolución de alguna manera, formó parte del grupo de desterrados. La medida mermó al clero de forma drástica y terrible para el culto y el servicio divino. Durante las semanas siguientes a la salida del Covadonga otros muchos salieron. La mayoría de los religiosos y religiosas dedicados a la enseñanza abandonaron el país. Temiendo represalias y persecuciones violentas, como las ocurridas en España durante la guerra del 36, y urgidos por sus superiores, también partieron del país muchos agentes de pastoral, dejando atrás asilos, conventos, hospitales y otras casas religiosas. De los aproximadamente 800 sacerdotes que había en el país, quedaron poco más de 200. De las casi 2000 religiosas que trabajaban en Cuba prácticamente se redujeron a unas 200.







