Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente

Francisco Javier Fernández ChentoCambio sistémico, Formación Vicenciana sin categorizarLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Mª de los Ángeles Estrada de Luis · Año publicación original: 2013 · Fuente: Caminos de Misión.
Tiempo de lectura estimado:

sostenibilidadSe entiende por soberanía alimentaria «el derecho de los pueblos a definir sus propias políticas y estrategias sustentables de producción, distribu­ción y consumo de alimentos que ga­ranticen el derecho a la alimentación para toda la población, con base en la pequeña y mediana producción, res­petando sus propias culturas y la di­versidad de los modos campesinos, pesqueros e indígenas de producción agropecuaria, de comercialización y de gestión de los espacios rurales, en los cuales la mujer desempeña un papel fundamental.» Fue presentado este concepto de Soberanía Alimentaria durante la Cumbre Mundial de la Alimen­tación de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimenta­ción (FAO) en el año 1996.

Posteriormente tres eventos mundiales reunieron a los movimientos sociales y a la sociedad civil en su conjunto para avanzar en el concepto de Soberanía Alimentaria:

  • Foro Mundial por la Soberanía Alimen­taria de La Habana en Septiembre de 2001.
  • Foro de Organizaciones No Guberna­mentales / Organizaciones de la So­ciedad Civil para la Soberanía Alimentaria de Roma, paralelo a la Cumbre Mundial de la Alimentación, en Junio de 2002.

Foro Mundial por la Soberanía Alimen­taria, en Sélingué, Mali, África, en Fe­brero de 2007.

La soberanía alimentaria se centra en la alimentación para todos los ciudadanos, poniendo el derecho a la alimentación en el centro de las políticas alimentaria, agrícola, ganadera y pesquera, y rechaza el planteamiento de que los alimentos son sólo una mercancía más o un material para la agroindustria internacional.

Por lo tanto, es una alternativa consen­suada y seria, que parte de un análisis profundo de las causas del hambre y la po­breza en el mundo; que propugna la com­binación de las capacidades productivas de la agricultura tradicional, con una gestión sostenible de los recursos productivos y con políticas gubernamentales que garan­ticen la alimentación adecuada de los ciu­dadanos con independencia de las leyes que rigen el comercio internacional.

Este nuevo concepto, constituye una ruptura con relación a la organización ac­tual de los mercados agrícolas puesta en práctica por la Organización Mundial de Comercio (OMC). En contraste a la seguri­dad alimentaria definida por la FAO, que se centra en la disponibilidad de alimentos, la soberanía alimentaria incide también en la importancia del modo de producción de los alimentos y su origen. Resalta la relación que tiene la importación de alimentos ba­ratos en el debilitamiento de producción y población agraria locales.

Los criterios en los que se basa la Sobera­nía Alimentaria, son los siguientes:

1.- Se enfoca en alimento para el Pue­blo, planteando el derecho a una ali­mentación suficiente, saludable y culturalmente apropiada para todos los individuos, pueblos y comunidades.

2.- Promueve la adopción de políticas de alimentación y agricultura con un enfo­que basado en el derecho a la ali­mentación adecuada, y la reducción y eliminación progresivamente del ham­bre y la desnutrición.

3.- Valora a quienes proveen alimento, apoyando y respetando los derechos de hombres y mujeres, campesinos y agri­cultores familiares, pastores, artesanos de la pesca tradicional, habitantes de los bosques, pueblos indígenas y traba­jadores de la agricultura y la pesca, también a quienes cultivan, crían, cosechan y procesan los alimentos; la so­beranía alimentaria rechaza aquellas políticas, acciones y programas que los subvaloran, amenazan y eliminan sus formas de vida.

4.- Localiza Sistemas de Alimentación, propiciando encuentros entre los pro­ductores y consumidores de alimentos, y cediéndoles conjuntamente la toma de decisiones en temas relacionados con la alimentación. Protegiendo a los consumidores de la comida de baja ca­lidad y mala para la salud, de la ayuda alimentaria inapropiada y del alimento contaminado por organismos genética­mente modificados.

5- Concede poder localmente, recono­ciendo el derecho de las comunidades locales para habitar y usar sus territo­rios, otorgándoles el control sobre terri­torio, tierra, pastizales, agua, semillas, ganado y poblaciones de peces a pro­veedores locales de alimento y respeta sus derechos.

6.- Desarrolla Conocimiento y Des­treza, ya que se basa en la destreza y el conocimiento local de los proveedo­res alimentarios y sus organizaciones locales que conservan, desarrollan y manejan sistemas localizados de pro­ducción y cosecha, desarrollando siste­mas de investigación apropiados para respaldarlos y cuya sabiduría pueda ser transmitida a las generaciones futuras; y rechaza tecnologías que socavan, amenazan o los contaminan, como por ejemplo la ingeniería genética.

7.- Trabaja con la Naturaleza: La sobe­ranía alimentaria utiliza las contribucio­nes de la naturaleza de manera diversa con métodos de producción y cosecha agroecológica, los cuales maximizan las contribuciones de los ecosistemas y mejoran la capacidad de ajuste y la adaptación, evitando dañar el medio ambiente.

Por todo ello, se puede indicar que la Soberanía Alimentaria define un medio a través del cual se quiere acabar con el hambre y la malnutri­ción, garantizando una seguridad alimentaria permanente y sosteni­ble para todos los individuos.

Ahora bien, es importante identificar las causas que han contribuido a la pérdida de la «soberanía alimentaria».

Las grandes compañías comerciali­zadoras y distribuidoras, inundaron los mercados exteriores de los países subde­sarrollados con productos exportados a un precio inferior al de ese mismo producto en el mercado interior, e incluso por de­bajo de su coste de producción, no siendo posible por tanto, darle salida a ese pro­ducto a un precio que le permitiera a su productor obtener un margen comercial razonable, o cuando la pérdida que le pro­ducía en algunos mercados la pudiera compensar con las ganancias de otros. Las empresas multinacionales que compraban los bienes artificialmente abaratados se vieron muy beneficiadas al disminuir sus costes. Esta estrategia generó por tanto elevadas ganancias a las empresas agroa­limentarias, colocó al mercado mundial como un espacio privilegiado para la com­pra de alimentos para los países depen­dientes y generó la devastación de sus agriculturas debido a que sus productores no pudieron competir con los bienes im­portados por debajo del coste. Tal forma de dominio originó que el 70% de los países del mundo perdieran la sobera­nía alimentaria.

Por otra parte, durante las décadas de los años ochenta y noventa del siglo XX, muchos de los países más subdesarrolla­dos se vieron empujados a exportar sus producciones agropecuarias y sus abun­dantes recursos naturales por las exigen­cias de unas abultadas deudas externas. La necesidad imperiosa de obtener divisas con las que hacer frente a los grandes in­tereses de la deuda externa motivó que se impusiera el principio de «todo para la exportación», política auspiciada por los ajustes estructurales impuestos por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) cuyo objetivo primor­dial radicaba en que los países deudores exportaran cada vez más para que no de­jaran de satisfacer los intereses de sus desmesuradas deudas externas. De este modo, a muchas naciones no les quedó más remedio que reorganizar sus produc­ciones y superficies agropecuarias y so­breexplotar sus recursos naturales, pero siempre teniendo como meta los mercados exteriores y no el consumo local, el respeto ecológico y la soberanía alimentaria de los pueblos. Sin embargo, los países ricos, ar­tífices de estos programas de ajuste es­tructural, no se los aplicaron a sí mismos.

A todo lo anterior hay que añadir que el problema se agrava por las propias oscilaciones de la oferta y la de­manda, en una época en la que aumenta el interés por los agrocombustibles, en la que las explotaciones ganaderas de los pa­íses ricos siguen siendo auténticas «fábri­cas de proteínas» donde se transforman los piensos en carne y en la que las gran­des empresas multinacionales de distribu­ción controlan la totalidad de los eslabones de la cadena agroalimentaria.

Como señala J.A. Segrelles (2012), mientras el modelo productivo impuesto a los países dependientes se tenga que ajus­tar según las necesidades, gustos y cos­tumbres de los consumidores del mundo desarrollado y se base, por consi­guiente, en el mercado de tierras fér­tiles de los países subdesarrollados (unas 42 millones de hectáreas de tierras en el mundo han sido adquiri­das por inversionistas), en la implan­tación de una producción intensiva a gran escala (monocultivo) para la ex­portación, en la exportación de canti­dades crecientes de bienes exóticos (café, cacao, frutas tropicales, bana­nas, flores), de azúcar de caña y gra­nos para agrocombustibles (maíz) y de oleaginosas (soja) para la fabrica­ción de piensos, así como en la im­portación de alimentos básicos adqui­ridos en el gran supermercado global, la alimentación seguirá sujeta a la dinámica de un mercado que está manejado por cier­tos agentes que sólo entienden el lenguaje de los beneficios y ganancias y no les im­porta la desnutrición y el hambre de la po­blación de los países subdesarrollados ni la soberanía alimentaria de los pueblos. A este respecto, se olvida que la agricultura y la alimentación no ofrecen las condiciones de un verdadero mercado y que, por lo tanto, no pueden estar juzgadas por las leyes mercantiles y de la competencia. Los alimentos constituyen un derecho inalie­nable, no una mercancía.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *