Federico Ozanam: su piedad y devoción

Francisco Javier Fernández ChentoFederico OzanamLeave a Comment

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Autor: Ronald W. Ramson, C.M. · Año publicación original: 1999.
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Cuando el Venerable Federico Ozanam sea canonizado, no lo será por haber fundado la Sociedad de San Vicente de Paúl, ni por haber sido un distinguido profesor en la Sorbona, de París, ni por haber sido un excelente escritor, sino por haber practicado virtud en grado heroico y haber sido fiel a la Gracia de Dios (CIC 828). La Iglesia declara santos a hombres y mujeres no por sus éxitos, sino por su santidad. Ellos tomaron en serio el doble mandato del Amor y lo llevaron a la. práctica en grado heroico. Después de todo, la santidad es la perfección de la caridad. Ser el fundador y miembro activo de las Conferencias de san Vicente de Paúl, un brillante profesor, un autor excepcional, todo ello contribuyó a la santidad de vida de Ozanám pero cada unode estos aspectos, de por sí, no le convirtió en una persona santa.Todos hemos sido llamados a la santidad de vida. Como dice San Pablo, «Porque esta es la voluntad de Dios, vuestra Santificación». (I Ts IV 3; cf Ef I, 4). Todos los Cristianos de cualquier estado o condición son llamados a la plenitud de vida Cristiana y a la perfección de la caridado (CIC #2013 o L.G. # 40). La santidad es el modo en que el Señor nos prepara la vida eterna en el cielo. En esta vida somos como los atleas cuya actuación el la competición depende de la destreza en el dominio de nuestras aptitudes en la práctica diaria. Ciertamente esta es la enseñanza de San Pablo.

Para alcanzar esta perfección, empleamos la fuerza que nos ha dispensado la gracia de Cristo, de manera que … al hacer la voluntad del Padre en todo, podemos dedicarnos por entero a la Gloria de Dios y al sevicio de nuestro prójimo. (LG 40 2). Estas palabras del Vaticano II nos dicen mucho a nosotros, los Vicenciano; podían haber sido escritas por San Vicente de Paúl.

Nuestro Santo Padre, el Papa Juan Pablo II, nos recuerda:

«La llamada a la santidad tiene sus raíces en el Bautismo y se renueva en los otros sacramentos, principalmente en la Eucaristía.» (Christifideles Laici, 12/30/88; n 16).

Federico Ozanam oyó la llamada de la santidad;reconoció esa llamada y el desafío a crecer y desarrollarse en la vida divina que había recibido al ser bautizado. Buscó la santidad primero en su estado de soltero, después de casado y padre de familia. Federico comprendió que la unión con jesucristo depende de nuestros deseo y prontitud de elegirle progresivamente a niveles cada más profundos ya sea diariamente o durante toda su existencia. Federico fue un hombre de piedad excepcional durante toda su vida.

Federico fue un hombre apasionado. Fue amante de -Dios, de sus padres y hermanos, de su esposa e hija, de sus compañeros Vicencianos, del estudio, y la enseñanza, de la verdad, de la pobreza y de los pobres.. Ardía con el fuego de la pasión; ésta le mantuvo fiel a su compromiso, y debidamente motivado en todas las facetas de su vida y ministerio.

Desde la misma fundación de las Conferencias de San Vicente de Paúl, fue intención de Federico Ozanám que la pertenencia a las Conferencias de San Vicente de Paúl promovería la santificación de sus miembros. Creía firmemente que el respeto mutuo y la verdadera amistad entre los miembros les ayudarí a imitar, emular y profundizar su intimidad con el Divino Modelo, Jesucristo, especialmente viviendo Su mandato de amar al prójimo en la persona de los pobres y abandonados. (Manual de las Conferencias de San Vicente p.4).

Se consideraba, pues, a las Conferencias como un medio valioso, un instrumento eficaz para adelantar en la santidad de vida porque proporcionaba a los miembros la oportunidad de la oración personal y para poner en práctica su fe mediante el ejercicio de la caridad misericordiosa hacia los seres humanos, sus compañeros, en quienes mora Jesucristo.

Federico dice:

«Los líderes de tales asociaciones deben ser santos, para hacer descender la gracia de Dios. Por eso yo, que soy tan malo y tan débil, me pregunto a menudo cómo puedo aventurarme-a representar a un número tan grande de jóvenes buenos.» (Baunard, P.130)-

Mientras la santidad es la meta de las Conferencias, perfección ciertamente no ha sido nunca una condición para la pertenecia. Las Conferencias están compuestas por peregrinos en lucha – hombres y mujeres, humildes en sus debilidades, pero dseosos de crecer en santidad de vida por la oración y la caridad. (Manual de las Conferencias, P.13).

Vamos a fijarnos en algunos componentes de la vida de Federico que contribuyeron a su santidad.

Vida Espiritual

Federico fue un hombre de ordación que amó a la Iglesia, Si no tuviéramos otro modo de probarlo. nos bastaría con sus cartas. Escribe:

… Yo miro al Catolicismo quizás de una manera más absoluta: Yo veo en él la fórmula tan necesaria al Cristianismo, lo mismo que el Cristianismo me parece la fórmula necesaria para la humanidad. Creo que la Iglesia está por encima de todas las cosas de este mundo, pero le reconozco el derecho a establecerse los límites de su intervención y poder.

Creo asimismo que la adoraciónes en la expresión de la fe, el símbolo de la esperanza, el resultado terreno del Amor de Dios. Por eso lo practico todo lo que puedo y en la medida de los mejores hábitos recibidos desde la infancia, y encuentro en la oración y los sacramentos el sustento necesario para mi vida moral en medio de las tentaciones de una imaginación agotadora y de un mundo de fantasía.» (a Ernesto Falconnet, julio 21, 1834).

Y sigue diciendo:

«Siendo Cristiano, me glorío de no pertenecer a ninguna otra escuela que a la de la verdad. Que es la Iglesia….. Vivo de acuerdo con mi fe, que he recibodo de mi Dios, y por mi honor que tengo de mis padres. Me dejaréis que defienda la una y el otro.» (Baunard p.63)-

El crecimiento y progreso espiritual de Federico fue, lento, gradual, y desafiente. Tenía deseos ardientes de avanzar en su vida de oración, de recibir los Sacramentos con mayor devoción y entregarse más decididamente a los demás. Recibía con frecuencia el Sacramento de la Confesión y Comunión, que era poco corriente en la Iglesia francesa de aquel tiempo. Las últimas reliquias de la herejía Jansenista dejaban sentir todavía sus efectos en la vida espiritual de la Francia del siglo XIX, Jansenismo al que se opuso y combatió San Vicente con todo rigor.

Amelia Ozanám dice de su marido:

«Nunca le vi despertarse o ir a dormir sin hacer la señal de la cruz y rezar. Por la mañana leía la Biblía, en Griego, en la que meditaba durante media hora. (A esto llamaba Federico su «pan de cada día.) En los últimos años de su vida, iba a Misa cada día para su sustento y consuelo. Nunca empendía nada importante sin hacer oración. Antes de salir para las clases, se arrodillaba siempre para pedir a Dios la gracia de no decir nada que atrajera la alabanza hacia sí, sino ablar únicamente para la mayor Gloria de Dios y el servicio de la verdad.» (París, p.128).

Sus sentimientos sobre Jesús eran de completa entrega, absoluta confianza y total ternura filial. Entregó al Señor su vida.

Una de las señales de la seriedad de Federico por avanzar en la vida espiritual fue el hecho de que tenía director espiritual. El Padre Marduel, sacerdote de Lión, pero que vivía por entonces en París. El P. Marduel era un director espiritual muy popular y contaba entre sus dirigidos a toda una grey de gente famosa y común de París; El P. Marduel era sencillo, sabio, muy al día, prudente y hombre de profunda oración y devoción. Era el director más idóneo para Federico.

Bajo la dirección de este sacerdote, Federico, aún en medio de sus muchas responsabilidades, encontró tiempo disponible para la meditación y la oración.

Federico decía a su madre que el P.Marduel «es el único consejero espiritual íntimo que tengo, el único que, con bondad y sabiduría, puede ocupar el lugar del padre y de la madre.» (Baunard, p. 39-40).

Federico fue muy austero consigo mismo. El mundo le creía grande; él se tenía por muy pequeño. El mundo le creía bueno; él se tenía por indigno. Creía que debía su situación en la vida al duro trabajo y a la gracia de Dios. No se hacía pasar por genio, lo que no era fuente de fuerza sino de debilidad Todo esto suena. como si viniera de los labios de San Vicente y sus enseñanzas sobre la humildad. Ferderico fue un hombre de profunda huimildad a imitación de su patrono, Vicente. Veía la humildad como la virtud distintiva de cada Vicenciano y de las Conferencias de San Vicente en general.

Aunque Federido era duro consigo mismo, era afable con su prójimo. Su corazón era tierno y afable con amor compasivo hacia los pobres y abandonados hijos de Dios. (cf. Baunard, P-342-343)

Al fundar las Conferencias, dijo a su compañero Vicenciano Le Taìllandier, «Debemos hacer lo más agradable a Dios. Por lo tanto, debemos hacer lo que Nuestro Señor Jesucristo hizo cuando predicaba el Evangelio. Vayamos a los pobres.» » La bendición de los pobres es la bendición de Dios«.(Baunard,p. 65).

¿Hasta qué punto debemos amar a Jesucristo en la persona de los pobres? Federico dice, «Incluso hasta el martirio». «El mundo se ha vuelto frío, somos nosotros los católicos los que debemos reactivar el fuego vital que se ha extinguido.«

Estas palabras de Federico nos recuerdan las de San Vicente:

«Nuestras vocación es encender los corazones de la gente, hacer lo que el Hijo de Dios hizo, quien vino a encender un fuego en la tierra para abrasarla con Su Amor. «

Dice Federico:

«A nosotros toca inaugurar la era de los mártires, porque el martirio es posible para todos los cristianos, dar la vida por Dios y por sus hermanos; entregarla en sacrificio es ser mártir. Del mismo modo si el sacrificio se consuma en un momento, o se va realizando lentamente, llena el altar de suave perfume. Ser mártir es devolver al cielo todo lo que se ha recibido, salud, vida, toda nuestra alma. En nuestras manos está hacer esta ofrenda, este sacrificio. A nosotros toca seleccionar el altar al que se lo vamos a ofrecer… « (Baunard, P-97).

Dice San Vicente:

«Quiera Dios, Padres y Hermanos, que todos los que quieran entrar en la Compañía lo hagan con la idea del martirio en la mente y con el deseo de sufrir el martirio en ella y entregarse por entero al servicio de Dios … ¿puede haber algo más razonable que dar nuestra vida por Aquel que entregó tan generosamente la suya por todos nosotros?» (Conf. 83 y 93 a la CM)

Federico Ozanám practicaba lo que creía. Su vida fue la de un mártir – consumiéndose lentamente. Devolvió al cielo todo lo que había recibido. Hizo el sacrificio y eligió su altar.

«Ayudémonos unos a otros, mi querido amigo, con el ejemplo y el consejo. Esforcémonos porque nuestra confianza en la Gracia pueda igualar a. nuestra desconfianza en la naturaleza. Seamos fuertes incluso en los sufrimientos, ya que la debilidad es la enfermedad de los tiempos. Recordemos que hemos vivido ya un tercio de nuestra existencia, y que hemos vivido de la bondad de los demás; debemos vivir lo que queda para bien de los demás. No dejemos de hacer todo el bien que esté en nuestrs manos«. (a Francisco Lallier, oct. 5, 1837).

El sufrimiento fue parte de aquel ofrecimiento sacrificial de sí mismo a Dios. Su salud frágil fue su cruz de cada día. En sus últimos años experimentó dolores intensos. Su actitud cambió de esperar una completa recuperación a la resignación y aceptación.

El 23 de abril de 1853, su cuarenta aniversario,redactó su última voluntad y testamento. En modo de resúmen nos ofrece el credo de toda su vida. No sólo habla maravillosamente del sufrimiento, sino que nos da una visión de su profunda espiritualidad.

«Yo sé que hoy he cumplido cuarenta años, más de la mitad del camino de mi vida. Sé que tengo una mujer joven y muy querida, una hija encantadora, excelentes hermanos, una segunda madre, muchos amigos, una carrera honrosa, mi trabajo ha progresado hasta el punto en que podría servir de fundamento a una obra hace tiempo soñada. Y sin embargo, me encuentro presa de un mal grave, que esconde un estado de agotamiento tremendo. ¿Es preciso dejar todos estos bienes que vos mismo, Dios mío, me habéis dado? No queréis, Señor, contentaros con una parte del sacrificio? Cuál de mis preciosas posesiones debo inmolar? ¿No aceptaréis el holocausto de mi ogullo literario, mis ambiciones académicas, incluso de mis investigaciones que quizás se llevaban a cabo más para satisfacer mi orgullo que por auténtico celo por la verdad? Si yo vendiera la mitad de mis libros para entregar el importe a los pobres, y, me limitara a mis deberes profesionales, consagrando el resto de mi vida a visitar a los pobres, a instruir a los aprendices y soldados. Señor, ¿estarías satisfecho, y me permitirías la dulzura de envejecer al lado de mi esposa y acabar la educaciór de mi hija? ¡Pero quizás no es esto lo que Tu quieres! No aceptas estas ofrendas basada en el interés; rechazás mi sacrificio. Lo que me estás pidiendo es mi vida. En el principio del libro está escrito que debo hacer Tu Voluntad. Yo dije: ¡heme aquí, Oh Señor!» (Baunard)

Amelia envolvía a Federico de amor y ternura pero, en el fondo de su corazón llegó a comprender que él iba empeorando físicamente y que era sólo cuestión de tiempo. Federico lo sabía también, según se deduce de las palabras de su testamento.

En los últimos meses de su vida, cuando trataba de establecer más conferenciás en Italia, dijo a sus compañeros en Florencia:

«Oh cuántas veces, abrumado por algún dolor interno, preocupado por mi salud quebrantada, lleno de tristeza, entraba en casa de un pobre confiado a mis cuidados, y allí, a la vista de tantos desventuras, más necesitados de compasión que yo, me hacía reproches por mis desánimos, me reforzaba frente al dolor, agradecía a éste pobre por haberme consolado y fortalecido a la vista de sus miserias. Y ¿cómo no le iba yo a amar más desde entonces?» (Baunard, Vol. III).

¡Palabras verdaderamente inspiradoras y para recordar cuando visitamos los hogares de los enfermos y de los pobres!

Federico Ozanám, el fundador de las Conferecias de San Vicente de Paúl, fue una persona extraordinaria, un hornbre de gran talento, un hombre de santidad sobrasaliente. Pero otra cualidad sobresaliente en él fue su equilibio, el control que mantuvo en su vida. Además del tiempo y energía que necesitaba para las necesidades humanas corrientes de la vida:su carrera profesional de enseñante, (que después de todo le sostenía económicamente y, despúes del matrimonio, a su esposa, e hija), su vida ministerial primordialmente con las Conferencias, sus escritos y publicaciones, su vida social con la familia, amigos y colegas, y su vida espiritual. Federico consiguó equilibrar todos estos componentes de su vida.

En un reciente encuentro de sacerdotes con el Arzobispo de Denver se trató con detalle el tema del equilibrio. Cual difícil es mantener el equilibrio em la vida como ministro ordenado o no. Es fácil caer en la trampa de sentirnos tan absorbidos por nuestra vida ministerial que todas las demás áreas de nuestra vida sufren tremendos descuidos, por ejemplo, la saud, las relaciones, la oración, etc.

Federico Ozanám alcanzó lo que tantos buscamos: Equilibrio en nuestras vidas. Una imagen de Federico podría ser la de un excepcional malabarista que puede mantener en el aire toda clase de objetos diferentes al mismo tiempo. Estas cosas tienen diferentes formas, tamaños y colores; pero todas se mueven al mismo tiempo.

Federico fue un magnifico malabarista. Aunque mantuvo el equilibrio en todo, aunque fue un hombre de equilibrio – debemos recordar que no concedía los mismos porcentajes a cada segmento. Mantener el equilibrio en nuestras vidas no quiere decir que nuestra vida familiar o comunitaria alcanza el 20%, el trabajo el 20%, nuestro ministerio con las Conferencias 20%, nuestra vida social el 20%, nuestras necesidades personales el 20% -hasta un total del 100% de nuestro tiempo diario o semanal.

Ese es un modo de establecer el equilibrio: dividir nuestro tiempo en iguales proporciones, pero no es la realidad humana. De ordinario –humanamente – ciertas cosas exigen porcentajes diversos, mayor cantidad de tiempo y de atención; existen consideraciones de primer orden en nuestra vida que son más importantes que otras. Y por supuesto, ciertas cosas requerirán más atención y tíempo que otras según las circunstancias y necesidades imprevistas.

Por ejemplo, la familia a veces necesita toda nuestras atención tiempo disponible , o uestro trabajo, o nuestra salud requerirán cambios radicales en nuestra vida repentina e ineludiblemente. Observamos tembién esto en la vida de Federico Ozanám, sobre todo durante los últimos años de su vida cuando comenzó a estar delicado de salud.

¡Cómo pudo Federico organizar su vida tan bien. Cómo pudo moverse tan rápida y eficazmente de un área a otra y prestar tal atención y concentración a los distintos asuntos!

Providencia

Una de las características de la espiritualidad de San Vicente de Paúl y del venerable Federico Ozanám es su fe y su adhesión a la Divina Providencia. Veían el plan de Dios operando en todo Confiaban que Dios cuidaba verdaderamente de ellos, actuando siempre en sus vidas y en las vidas de los demás – que la voluntad de Dios se estaba cumpliendo.

Existe una estrecha relación entre hacer la Voluntad de Dios y seguir la providencia de Dios. Vemos esto en las carts de Vicentes. Escribe:

«¡Ay Padre!, ¡Que felicidad no querer nada más que lo que Dios quiere, no hacer más que lo que la Providencia nos va eñalando en cada ocasion, y no tener nada más que lo que nos dé su Providencia!» ( SIGUEME III, 169-170).

Debemos «querer lo que la Divina Providencia» (SIGUEME VI, 440), es uno de los modos en que San Vicente combina las dos. «La perfección consiste en unir nuestra voluntad con la de Dios hasta tal punto que la suya y la nuestra no sean, propiamente hablando, más que un mismo querer y no querer «(SV XI 212).

Vicente creía que Dios era el verdadero autor de las Damas de la Caridad, de la Congregación de la Misión, de las Hijas de la Caridad y de todo el bien que había hecho en el servicio de los pobres.

Federico escrìbe a Emmanuel Bailly, primer presidente de las Conferencias:

«Sin duda la Providencia. no necesita de nosotros para la ejecución de sus designios misericordiosos, pero nosotros la necesitamos y nos promete su asistencia só1o a condición de nuestros esfuerzos… sigan la obra comenzada y trabajen por su propagación y consolidación.» (Carta # 135, Oct. 22, 1836).

Y escribe un año más tarde:

«Nuestra pequeña Conferencia de San Vicente de Paúl ha crecido lo suficiente para ser un hecho providencial» (a Francisco Lallier, oct- 5, 1837).

San Vicente escribe:

«La Gracia tiene sus ocasiones. Pongámonos en manos de la Providencia de Dios y no nos empeñemos en ir por delante de ella…y que no hemos querido poner el pie más que donde ella nos ha señalado» ( SIGUEME, II 381).

Federico escribe:

«Oremos unos por otros, mi muy querido amigo, siempre en guardia frente a nuestros reveses, nuestros pesares, nuestra misma falta de confianza. Caminemos sencillamente por el camino por el que nos guía una Providencia misericordiosa y contentos de ver la piedra allí donde vayamos a poner el pie sin desear ver la longitud ni los recodos del camino.» (Baunard, p. 131).

San Vicente dice:

«El consueto que me da Nuestro Señor es pensar que, por la gracia de Dios siempre hemos procurado ir detrás, y no adelante, de la Providencia, que tan sabiamente sabe llevar las cosas hacia el fin para el que Nuestro Señor las ha destinado«. (SIGUEME, II, 383),

Federico escribe:

«Aquellos encuentros semanales vespertinos son uno de los mayores consuelos que la Providencia me ha dejado.» (a F. Lallier, 7 de febr.,1838).

Cuando Federico tenía sólo 17 años, escribió:

«Mantengo que la Provincia dirige aquí el brazo del poder tempora1, y la Providencia tiene sus caminos.» (a Augusto Asterne, 5 de mayo, 1830).

Más tarde escribió:

«Dejo mi futuro en manos de la Providencia. Aceptaré de buen grado cualquier lugar al que le plazca asignarme, por humilde que sea. Será noble siempre que se desempeñe dignamente.» (Baunard, p. 89-90).

«Como ves, yo también tengo escrúpulos y tengo que rechazarlos a fin de cumplir la voluntad de la Providencia una vez que se me manifiesta.» (a F. Lallier, 30 de abr., 1841).

Federico tiene hermosos e inspirados pensamientos sobre la Providencia en lo que respecta al matrimonio. Escribe a Amelia, su mujer:

«Hace tres años, cuando el éxito como profesor era incierto. no dudé, ni escushé los dictados del popio interés: sólo busché en mi carrera el saber. Creo que fue Diooos quien así me ispiraba y me hacía actuar con una confianza ajena a mi débil carácter. Después la Providencia te puso en mi camino, y yo te ofrecí compartir una vida pobre, oscura por mucho tiempo y quizás para siempre, pero santificada, ennoblecida por el cultivo de todo lo que es hermoso: Te ofrecí soledad alejada de cuanto te pertenecía, pero con toda la ternura de un corazón que nunca había pertenecido a nadie más que a tí.»

Federico escrìbe a su íntimo amigo F. Lallier:

«Cada día, al descubrir muchos mérito en ella, aumenta mi deuda hacia la Providencia «. (28 de jun., 1841).

Quizás corra el riesgo, de parecer demasiado simplista diciendo que, el concepto Vicenciano de la Divina provencia e puede resumir en varias rases clave:

«Debemos querer lo que la Divina Providencia quiere.
La gracia tiene sus momentos.
Abandonémonos a la Providencia.
No os adelantéis a la Providencia.
No vayáis detrás de la Providencia.
Seguid a la Providencia adonde quiera que os condizca sin desear conocer su largura o recodos.»

La Bienaventurada Virgen María

Federico murió el 8 de setiembre, Fiesta del la Navidad de la Santísima Vìrgen María. Fue un día muy apropiado para morir, ya que Federico tenía una gran devoción a María. Fue idea suya colocar las Conferencias bajo el patronato de la Santísima Virgen, poco después de ser fundadas . También se decidió celebrar la Fiesta de la Immaculada Concepción con especial devoción. Se añadió el Ave María a las oraciones de las reuniones semanales de las Conferencias.

El Santuario de Nuestra Señora de Fourvière, en la colina que domina la ciudad de Lión, fue siempre considerado por Federico como un lugar especial de oración. Tenía una gran devoción a la Madre de Dios. Fue aquí, al pie del altar del santuario de Nuestra Señora, a la edad de 21 años, donde resolvió santificarse por medio de un mayor sacrificio. Escribió:

«Puse mis intenciones bajo los auspicios de nuestras divina Madre, encomendando el resto a mi buena voluntad.«

En setiembre de 1835 el temor al có1era se cernía sobre la ciudad de Lión. Se acercaba a 10 millas de la ciudad. Una gran multitud asedió el Santuario de Nuestra Señora de Fourvière para cantar salmos penitenciales. Federico dice:

«Dios ha glorificado por segunda vez a Su Bendita Madre y ha consolado a nuestra pobre ciudad; la mano que amenazaba con aplastarnos, por segunda vez, se extendió para bendecirnos. El nombre de Nuestra Señora de Fourvière ya no supone una burla para los labios del impío, quien tal vez piense que debe su vida a su protección«.

Federico escribió a un miembro de las Conferencias:

«Querido amigo, que cada uno de nosotros, a la par que crece en años, crezca también en amistad, piedad y celo por hacer el bien. Que toda nuestra vida transcurra bajo la protección de aquellos a quienes hemos dedicado nuestra juventud: Vicente de Paúl, la Bienaventurada Virgen, y nuestro Señor y Salvador Jesucristo.» (a Le Taillandier, 21 de ag., 1837).

Federico vela mucho de la Santísima Virgen en su propia madre, María. Ella, como María, era una mujer amable, una madre y esposa dedicada. Federico recuerda cómo rezaba su madre cuando él se encontraba en peligro de muerte a la edad de 7 años, y como sobrevivió a los estragos del tifus cuando quedó a la misericordia de Dios. Los Ozanám estaban convencidos de que fue un verdaero milagro por medio de San Francisco Régis. Cuando nació la hija de Federico, le puso por nombre María como su madre y la Santísima Virgen.

En enero de 1853, con la espera.nza de que recobrara la salud, lo llevó a Italia. A mediados de julio se establecieron en una casa al pie de Montenero en las afueras de Livorno. Allí existe un famoso santuario dedicado a Nuestra Señora de Gracia, Federico y su familia oraron allí por su recuperación. Este fue el mismo santuario en el que oró Santa Isabel Ana Seton durante su estancia en Livorno.

Dos meses antes de su muerte, Federico escríbió a su hermano Carlos desde Burgos, España:

«Ah! Santísima Virgen y madre mía, qué Señora tan poderosa sois! Y a cambio de vuestra pobre casa de Nazaret, vuestro divino Hijo os ha hecho construir hermosas casas para vos. He visto muchas muy hermosas, desde Nuestra Señora de Colonia hasta Santa María la Mayor, y desde Santa María de Florencia a Nuestra Señora de Chartres. Pero era poco poner a vuestro servicio a los Italianos, Alemanes y Franceses. Pero aquí, los Españoles que pasan por ser los peores obreros de la tierra, dejan las espadas y se hacen albañiles para que vos tengáis también una morada entre ellos. Virgen buena, vos que habéis conseguido estos milagros, alconcédenos también algo para nosotros y para nuestra gente. Robusteced esta frágil y deshecha casa de nuestros cuerpos; haz subir hasta el cielo el edificio espiritual de nuestras almas.» (18 de nov.,1852).

Matrimonio:

Monseñor Helmut Moll, de la Congregación para la Doctrina de la Fe, escribiendo en el periodico del Vaticano, L’Osservatore Romano (30 de agosto 1995, n° 35), dijo que es el momento propicio de declarar más matrimonios santos, especialmente a la vista de las heroicas virtudes necesarias para mantener unidos a los matrimonios modernos. «Mantenerse unidos en la felicidad y en la desgracia, en la enfermedad y en la salud, es señal de un grado heroico de virtud.»

El Vaticano busca a parejas «cuyo amor nunca se marchitó, cuya promesa de fidelidad mutua nunca se quebrantó y quienes desenmascararon soluciones como las de «Matrimonios a prueba»o «Matrimonios Limitados»»

Federico se casó con la joven de sus sueños, Amelia Soulacroix, el 23 de junio de 1841, a las 10 am en la Iglesia de San Nizier de Lión. Él tenía 28 años y Amelia 20. Sus padres ya habían muerto para entonces. Su hermano Alfonso, sacerdote, bendijo unión. Fue testigo su otro hermano, Carlos, el médico. Federico temblaba al colocar el anillo en el dedo de Amelia, Dijo:

«Apenas podía contener las lágrimas, lágrimas de felicidad. Y, al oir las palabras de la Consagración, sentí la benedición divina descender sobre mi» (28 de junio de 1841)

Federico escríbió a su amigo, Francisco Lallier, en la misura carta:

«En los cinco días que llevamos juntos, me he permitido ser feliz. No cuento ni los minutos ni las horas. He perdido el sentido del tiempo. ¿Qué importa el futuro? La felicidad en el presente es eternidad. He encontrado el cielo

Federico nunca cesó de alabar a amelia ni de hablar de su amor por ella.

Escribe:

«Ven, mi bien amada, paloma mía, ángel mío, vem a mis brazos, a mi corazón, vena traerme el tuyo tan puro y tan generoso; ven y que Dios te benediga porque después de dos años nos amamos mil veces más que el primer día!«

También pasó un tiempo precioso con su hija, María, a quién enseñó a leer. Cuando María tenía dos años y medio, Federico y Amelia la llevaron con ellos a visitar a los pobres en la calle Mouffetard. Ella ayudaba dando pequeñas cosas a los pobres, incluídos juguentes suyos a los niños. Sus padres la estaban enseñando a compartir desde muy temprana edad.

Recordemos, que eraun hombre apasionado. ¿Conocen Vds. A algún marido que ofrezca flores a su mujer cada mes en el aniversario de su boda? Federico nunca se olvidó de dar flores a Amelia el 23 de cada mes, incluso el 23 de agosto, en su lecho de muerte.

Y Amelia adoraba a Federico. Le cuidó maravillosamente durante toda su vida de matrimonio. Como hija de educador, tenía una gran comprensión de lo que significaba ser profesor en una institución de educación superior. Cuando la salud de Federico comenzaba a declinar, por consejo de sus médicos, Amelia lo llevó a Italia esperando que el clima más cálido y los amigos le restablecerían y animarían. Una vez allá y con mala salud, Federico ayudó todavía a fundar varias conferencias, especialmente en ciudades que se habían resistido a su establecimiento. El hombre apasionado no podía dejar de pasar la oportunidad de activar las Conferencias para el alivio de los pobres.

Su estancia en Italia fue relativamennte tranquila. Sorprendentemente la mayor parte del dolor se había calmado, pero no duraría. Federico recibió el Sacramento de los Enfermos. El sacerdote animó a Federico a no temer al Señor. Federico replicó:

¿Por qué he de temerle? ¡Le amo tanto! (Baunard).

Federico entró en coma. Salía frecuentemente de él. Cuando abría los ojos era para rezar una breve oración, apretar la mano de Amelia o dar las gracias a los que le cuidaban.

El 8 de Septiembre de 1853, pasó un día tranquilo. Su carta reflejaba una serenidad poco corriente. Hacia la tarde, su respiración gradualmente se convirtió en fatigosa y fuerte. Abrió los ojos, miró a quienes le rodeaban, y gritó con fuerte voz: «Dios mío, Dios mío, ten piedad de mí» (Baunard). Federico exhaló su último suspiro.

Federico, un hombre para el Tercer Milenio

Federico Ozanám habla a todo cristiano hombre o mujer en el umbra del tercer milenio. Es ejemplo de lo más noble del espíritu humano. Federico llevó a cabo los ideales propuestos por el Vaticano II, particularmente los que se encuentran en los Decretos sobre la Iglesia, el Apostolado de los Laicos y la más reciente Christi-Fidelis Laici. Federico cumple las palabras de San Pablo «me hago todo para todos para ganarlos para Christo».

La espiritualidad de Federico es atractiva para toda la humanidad: desde el cristiano corriente de las calles de la ciudad a la persona extraordinaria de las academias u oficinas de una de las más importantes corporaciones del mundo.

La espiritualidad de Federico cumple el doble mandamiento de Jesús: «ama a Dios y ama a tu prójimo como a ti mismo». Federico lo combinó en un solo mandato del amor, como su patrón, San Vicente de Paúl. Para Federico, como para Vicente, el amor era el amor. La búsqueda del ser humano debe ser amar a sus semejantes a imitación de Jesús, el Amor Encarnado. Federico seguióla espiritualidad del famoso principio de san Vicente: «Amémos a Dios, amémos a Dios, pero con el sudor de nuestras frentes y la fuerza de nuestros brazos«.

El sueño de Federico fue ser Apóstol y Mártir. En cierto sentido, en su breve vida realizó su sueño de servicio amoroso al género humano, aunque, por humildad, nunca lo hubiera admitido.

Por el hecho está ahí: Federico fue apóstol – enviado – a aliviar la miseria espiritual y material de sus hermanos y hermanas menos afortunados. Fue enviado por Dios para el servicio de la verdad. Escribió, habló y enseñó la verdad; fue un apologista líder apologista de la Iglesia de su tiempo. Federico fue un mártir – testigo – del amor compasivo del Hijo de Dios hacia los pobres y abandonados. Federico se hizo eco de las palabras de San Vicente de Paúl: los pobres son nuestros señores.

¿Por qué deben los cristianos del tercer milenio interesarse o inspirarse en la vida y espiritualidad de Federico Ozanám?

Como Santa Isabel Ana Seton y Santa Luisa de Marillac, (otras dos imitadoras y seguidoras de la personas y espiritualidad de San Vicente de Paúl), Federico no fue receptor de apariciones, locuciones audibles, o fenómenos sobrenaturales asociados con los más altos grados de la oración contemplativa. Federico no fue tampoco un agente activo de milagros o de hechos inexplicables. Aquí, tambin, Federico se parecía a su patrón, San Vicente de Paúl.

Federico fue un hombre común en el sentido de que fue un hombre de fe que creyó realmente, vivió esa creencia -y expresó el amor a Dios en el amor misericordioso hacia los pobres de Dios, los abandonados y los olvidados.

La espiritualidad de Federico Ozanám es la de quien de arrodillado en el banco de la Iglesia arde en deseos de amar a Dios y al prójimo, y quiere también practicar ese amor. La espiritualidad de Federico Ozanám es la de la oración y de la acción, cada una sosteniendo y alimentando a la otra. La espiritualidad de Federico Ozanám es la espiritualidad de la humildad, sencillez, la mortificación, la mansedumbre y celo por las almas. La espiritualídad de Federico Ozanám es la del Buen Samaritano, la persona que ardientemente practica las obras de caridad espirituales y corporales. La espiritualídad de Federico Ozanám es la de San Vicente de Paúl que cree y reconoce a Jesús en el pobre que está ante él. Para federico, el pobre era el Señor Resucidado; para federico, el pobre era la imagen sagrada de Dios a quien él no veía, «y no sabiendo como amarle a Él de otra manera ¿no debemos amarle en sus personas? (Carta # 137, Noviembre 13, 1836). La espiritualidad de federico Ozanám es la spiritulidad de la compasión sin juzgar.

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