Estado de la Congregación de la Misión, Julio 1998

Francisco Javier Fernández ChentoCongregación de la MisiónLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Robert P. Maloney, C.M. · Año publicación original: 1998 · Fuente: Asamblea General de la Congregación de la Misión, Roma, Julio 7, 1998.
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Introducción

Empezamos esta Asamblea en los años crepusculares del segundo milenio. Podemos ver ya en el horizonte signos que presagian el amanecer del tercero. Hoy echamos la mirada hacia atrás y miramos también hacia adelante, confiados en que el Reino de Dios se encuentra presente entre nosotros. Para los cristianos, la presencia del Reino tiene un sentido admirable de urgencia: «Os digo, pues, hermanos,»escribe San Pablo. «El tiempo es corto. Por tanto, los que tienen mujer, vivan como si no la tuviesen. Los que lloran, como si no llorasen. Los que están alegres, como si no lo estuviesen. Los que compran, como si no poseyesen. Los que disfrutan del mundo, como si no disfrutasen. Porque la apariencia de este mundo pasa».1

Los teólogos han intentado describir la naturaleza paradójica del Reino diciendo que se encuentra «ya» aquí, pero no en su totalidad «todavía». Su vigor está produciendo actualmente sus efectos entre nosotros por el poder el Señor Resucitado, pero estamos esperando que llegue a su totalidad cuando todas las cosas lleguen finalmente a restaurarse en Cristo.

Este ya-no-todavía- tensión pone a la Iglesia en una situación paradójica con relación al tiempo. Ella se adhiere al pasado, con su rica tradición, pero sin estar sujeta a sus ataduras; lo elabora, más bien, poniéndose constantemente en una situación de mediadora entre la palabra de Dios y las circunstancias presentes. Presta atención al presente, pero no se siente obligada a sus exigencias; más bien discierne constantemente lo que es de Dios y lo que promociona al hombre, pero también se ocupa de discernir lo que es del pecado y al final nos corrompe. La Iglesia mira al futuro, pero sin ansiedad; espera, más bien, la venida del Señor con confianza, sabiendo que «ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman».2

Os pido que hoy echéis conmigo una mirada hacia atrás, concentrándonos de una manera especial en los seis últimos años, con el fin de que podamos llegar a conocernos mejor a nosotros mismos. Después os pediré que en esta Asamblea miréis al futuro para que podamos todos lanzarnos a una misión renovada y vibrante.

I. Algunas Estadísticas

A la muerte de San Vicente, la Congregación contaba con 225 miembros solamente. ¿Cuantos somos en la actualidad? ¿Vamos en aumento o disminuimos en número? ¿Cuál es la verdadera realidad de la Congregación?

He pedido al Secretario General, Emeric Amyot d’Inville, que conoce mejor que yo todos los datos, que os dé una relación detallada. Estos datos nos ayudarán a ver el aspecto cambiante de la Congregación. Es claro que las provincias que están experimentando con más rapidez aumentos en personal, con frecuencia son aquellas que tienen menos recursos económicos.

II. Nuevas Misiones Internacionales

A la muerte de San Vicente, la Congregación era ya internacional, habiendo extendido su campo de acción desde Francia a Polonia, Italia, Madagascar, Irlanda, Escocia, Las Islas Hébridas, y las Islas Orkneys. Hoy tenemos 50 provincias y Vice-provincias, y algunas de estas con misiones «ad gentes».

En realidad, estamos animando a todas las provincias para que se hagan cargo de una misión, o al menos que cooperen en una si fuese posible. Algunas provincias han dado origen a otras tres o cuatro provincias.

En la última Asamblea General del 1992, dos de los compromisos a los que la Congregación se obligó dicen relación a las «Misiones ad Gentes» (& 5 y & 6), incluyendo un compromiso a abrir por lo menos un proyecto misionero en la Europa del Este. En los seis últimos años, muchos cohermanos se han ofrecido a ir a lugares nuevos y, en general, pobres, y los Visitadores han sido sumamente generosos haciendo el sacrificio de permitirles ir. Como resultado de esto, hemos podido enviar equipos de misioneros a Albania (1993), a Mbinga en Tanzania (1993), a Honiara en las Islas de Salomón (1993), a China (1994), a El Alto en Bolivia (1994), a Xai-Xai en Mozambique (1994), a Kharkiv en Ucrania (1995), a Niznij en Rusia (1997), a Ruhengeri en Ruanda (1998). También han ido voluntarios a reforzar misiones ya existentes en Cuba, Mozambique, Etiopía, y Argelia. Con frecuencia trabajamos en estas misiones juntos con las Hijas de la Caridad; en realidad, en algunas ocasiones nos han precedido las Hijas de la Caridad, como en Ruanda, siendo la razón de nuestra ida allí precisamente el acompañarlas.

Las cosas no han sido siempre fáciles en estas misiones. En realidad, la inculturación en ocasiones ha sido sumamente difícil. Los misioneros se han visto obligados a aprender nuevas lenguas y a acomodarse a costumbres desconocidas y a condiciones físicas duras. A algunos no les fue posible acostumbrarse, si bien no ha sido éste el caso de la mayor parte. Sus lugares de trabajo con frecuencia están en sitios sumamente remotos, como es el caso de Siberia y El Alto o Mpepal o las Islas de Salomón, siendo también otros muy peligrosos, como Ruanda y Argelia.

No son éstas las únicas iniciativas misioneras nuevas. Me complace decirles que las provincias, aun aquellas en las que el personal está disminuyendo considerablemente, continúan abriendo nuevos campos de misiones dentro y fuera de sus propios territorios y muchas de ellas ayudan a las misiones con medios económicos. Casi todas las provincias han llevado a cabo una revisión seria de obras para llegar a extender la mano con más claridad y eficacia a los pobres.

 

III. Misiones Populares

También se han realizado durante estos últimos años esfuerzos considerables para renovar las misiones populares. Algunos de estos esfuerzos han llegado a traspasar los límites de separación de provincias y aún de naciones. Las líneas de renovación de estas misiones tienen las características siguientes:

a. un tiempo considerable de preparación (premisión)

b. la organización y formación de un equipo de misiones, que con frecuencia requiere un buen número de sacerdotes, diáconos, hermanas, hermanos, y laicos (hombres y mujeres).

c. permanencia durante un periodo de tiempo dentro del distrito de la misión (la extensión del tiempo varía)

d. catequesis y reflexión en la palabra de Dios por grupos pequeños

e. participación del clero local y del laicado en la misión misma.

f. organización de las obras de caridad en el distrito de la misión

g. seguimiento

IV. Formación del Clero Diocesano

En la Asamblea General del 1992, El P. McCullen en su reflexión sobre el estado de la Congregación expresó el deseo de una mayor presencia Vicenciana en este apostolado que es tan decisivo para la renovación de la Iglesia en la actualidad.

Me siento muy satisfecho al deciros que nuestra presencia en la formación del clero diocesano ha aumentado en los seis últimos años. Algunas de nuestras misiones nuevas tienen como objetivo preciso el ayudar al clero. En la actualidad, la Congregación continúa patrocinando la formación en un buen número de seminarios donde los sacerdotes diocesanos reciben formación: el de Placencia y Génova en Italia, el de All Hallows en Irlanda, el de Gdansk en Polonia, los de Popayán, Arauca, Garzón, Ibagué, Inzá, Betel, San Vicente del Caguán, Restrepo, y Vereda Minas Belalcázar en Colombia; el de Chongoene en Mozambique, el de Adelaida en Australia, el de Curitiba en Brasil, el de Malan en Indonesia y el de Honiara in las Islas de Salomón. Nuestros cohermanos participan también en varios países en la labor de seminarios dirigidos por otros para la formación de sacerdotes diocesanos (e.g. en los Estados Unidos, Fiji, Niagra, Polonia, Bielorrusia, Francia, Mozambique, Filipinas y en otros muchos países). Asimismo, un buen número de cohermanos trabajan en universidades en las que se ofrecen programas de formación sacerdotal (e.g. en St. John’s University en los Estados Unidos, y en Bello Horizonte en Brasil).

 

V. Familia Vicenciana

En la actualidad estamos experimentando una sensación renovada de entusiasmo y energía con relación a la Familia Vicenciana. Yo sólo puedo decir, como diría San Vicente, que esto es obra de la Providencia. Cuando visité México con el Vicario General hace cuatro años, quedé profundamente impresionado de la cooperación entre las distintas ramas de nuestra familia allí. A nuestra vuelta discutimos esto en la Consejo General y decidimos llamar por primera vez a una reunión a los dirigentes de las principales ramas de nuestra familia. Muchas cosas han sucedido desde entonces. En realidad, el tema de esta Asamblea General es la familia vicenciana y su misión. El Vicario General, José Ignacio Fernández de Mendoza, así como el P. Palú, que es el Asistente responsable de mantener contacto con los varios grupos laicos de nuestra familia, hablarán sobre nuestra familia extensamente dentro de unos días. Por esa razón hoy no hablaré más sobre este particular.

VI. Formación Permanente

¿Qué decir del crecimiento personal de los misioneros? ¿Continúan en su interés de renovación personal, de lectura, de reflexión y de cambio?

Nuestros Estatutos (E 42) piden a las provincias que fomenten programas de formación permanente, personal y comunitaria. Se han elaborado también con creatividad programas interprovinciales durante los seis últimos años por varias Conferencias de Visitadores. Mencionaré aquí algunos de los proyectos más significantes desarrollados a nivel internacional.

Para fomentar la formación permanente de los cohermanos, tuvimos un mes vicenciano en 1993 sobre el tema de la última Asamblea General: «Nueva Evangelización, Nuevos Hombres, Nuevas Comunidades». Participaron en él cohermanos de todas las provincias.

En 1994, instalamos el Centro Internacional de Formación Vicenciana (CIF), San Vicente de Paúl. Dicho Centro organiza dos sesiones al año con unos 20 a 30 participantes cada vez. Nuestra intención es que todos los cohermanos entre 35 y 50 años tomen parte en estos cursos. Las evaluaciones han sido muy positivas. El P. John Rybolt está aquí. El os informará más tarde en esta Asamblea y os podrá responder a las preguntas que le propongáis.

En 1996, publicamos una «Instrucción sobre Perseverancia, Castidad, Pobreza y Obediencia en la Congregación de la Misión. Actualmente se está usando en muchas provincias como base para programas de formación permanente. Estoy sumamente agradecido al Vicario General y a los Padres John Prager, Jaime Corera, León Lauwerier, Hugh O’Donnell, Miguel Pérez Flores, y Benjamín Romo por toda su cooperación y ayuda en la realización de este proyecto.

En 1996, tuvimos una asamblea de todos los Visitadores en Salamanca para tratar de la inculturación del carisma vicenciano y toda una serie de otros temas prácticos que los Visitadores consideraron de gran ayuda. Temas similares habían sido discutidos en la reunión de CAVIAM en Kinshasa el año 1994.

En 1997, tuvimos otro Mes Vicenciano sobre Misiones Populares. Un gran número de cohermanos de distintas provincias atendieron a dicho curso, así como también Hijas de la Caridad y laicos (hombres y mujeres) que trabajan en los equipos de las misiones populares. Las evaluaciones fueron muy positivas.

Al principio de este año tuvimos la primera reunión de nuevos visitadores y presentamos en dicha reunión la «Guía Práctica del Visitador» que esperamos sea una gran ayuda para todos los que asuman el cargo de Visitador. La mayor parte del trabajo en la preparación de esta Guía Práctica la realizaron los Padres Miguel Pérez Flores, Joseph Levesque, e Yves Danjou a quienes estamos sumamente agradecidos.

VII. Oración

San Vicente nos dijo: «Dadme un hombre de oración y será capaz de todo». ¿Cómo valoro yo la oración en la Congregación?

En mis visitas a las provincias, percibo que la mayor parte de los cohermanos son fieles a la oración. En ocasiones se da más importancia al trabajo, en detrimento de la oración. Pero la mayor parte son admirables en su compromiso a ambos. Con relación a la oración comunitaria, especialmente al rezo de Laudes y de Vísperas, noto que se ha obtenido algún progreso, aunque más podría hacerse para prepararla mejor y para que fuese más bella y menos mecánica. Para ayudarnos en este particular, nombramos una Comisión de Oración que empezó a reunirse en 1993. Estamos muy agradecidos a sus miembros: Padres John MacKenna, Manuel Nobrega, Urban Osuji, Bernard Schoepfer, y Luis Alfonso Sterling.

El objetivo de la Comisión era ayudarnos a renovar nuestra oración comunitaria. Pedí que se guiase por los principios siguientes con relación a nuestra oración comunitaria:

a. debería ser bella

b. debería ser sencilla

c. debería estar en sintonía con la oración de la Iglesia

d. debería ir sazonada por la tradición vicenciana

e. debería ser flexible (adaptada a diferentes situaciones)

Esta Comisión compuso un «Libro Vincenciano de Oración» para uso provisional. Se exponía en él explícitamente que no se intentaba que esto fuese una «edición típica» para que se tradujese y se siguiese servilmente, sino que fuese sencillamente un modelo de lo que podría hacerse en otras lenguas y culturas. Tampoco se intentaba que sustituyese a la Liturgia de las Horas de la Iglesia, que permanece siendo el marco en que nosotros generalmente debemos orar; sino la intención, más bien, era proveer otra opción, específicamente más vicenciana, que pudiese usarse en distintas ocasiones.

Un buen número de provincias ha asumido el reto de trabajar en el desarrollo de formas de oración comunitaria vicenciana apropiada a su propia lengua y cultura. Los resultados de sus trabajos se están exhibiendo aquí en la Asamblea. Este próximo septiembre se evaluarán estos resultados y a continuación la Comisión se reunirá una vez más para discutir el próximo paso a tomar.

 

VIII. Medios de Comunicación

Cuando murió San Vicente, la noticia tardó meses en llegar a los distintos lugares. Los cohermanos continuaban escribiéndole seis meses después de su muerte. Hoy las noticias se esparcen al instante a través de los medios modernos de comunicación. ¿Usamos nosotros bien los medios nuevos de comunicación?

Yo creo que los usamos relativamente bien, y espero poder hacer en este particular mucho más en el futuro.

En realidad, nombramos hace varios años una Comisión para el Uso de los Medios de Comunicación. Estoy sumamente agradecido a sus miembros: los Padres Víctor Bieler, Víctor Groetelaars, Lourenço Mika, Attilio Mombelli, y Augustine Towey. Se obtuvo un resultado magnífico, pero nos dimos cuenta que algunas de sus propuestas resultaban demasiado caras para aquellos días y pensamos que el coste era totalmente desproporcionado a los resultados. Pero.¿qué es lo que se ha hecho?

Recientemente he pedido a todos los provinciales que pongan en la oficina del Visitador y en la casa principal de formación una instalación de Internet con e-mail. Esto nos facilitará una comunicación rápida con todos los Visitadores y con todas las casas de formación. También nos proporcionará los medios para enviar artículos y otros materiales útiles de formación a las casas de formación en Castellano, Francés, e Inglés y nos facilitará el intercambio de tales materiales entre ellos mismos.

Durante la Asamblea General estamos usando una Página Doméstica de la Familia Vicenciana en el Internet en la que se están poniendo boletines con relativa frecuencia. Esto permite a los cohermanos de todo el mundo sintonizar regularmente con lo que tiene lugar aquí estos días. Un buen número de provincias tiene sus propias páginas domésticas. Aquí en la Curia General recibimos y enviamos una porción considerable de correspondencia diaria por e-mail.

Los miembros del SIEV han producido, entre otras cosas, un disco compacto con los escritos de San Vicente en varias lenguas, y además otras muchos cosas interesantes. Una versión provisional se encuentra disponible aquí mismo para todo el que desee tener una copia.

IX. Averiguando las Causas de Pobreza

Recordaréis que el Papa Juan Pablo II nos propuso en 1986 un reto conmovedor:

Padres y Hermanos de la Misión: averiguad ahora más que nunca con fortaleza, humildad y habilidad, las causas de la pobreza y presentad soluciones a corto y a largo plazo; soluciones concretas, adaptables y eficaces. Haciendo esto, contribuiréis a la credibilidad del Evangelio y de la Iglesia. (Osservatore Romano, Edición Inglesa, Agosto 11, 1986, p.12).

Se han dado unos pasos significantes en este particular, aunque yo hubiera deseado que se hubiera hecho algo más. La Universidad de St. John en New York ha establecido un Centro para la Iglesia y para la Sociedad con miras a investigar las causas de la pobreza y a proponer soluciones a corto y a largo plazo. Tiene una página sumamente interesante en el Internet.

Recientemente hemos pedido que las Naciones Unidas nos reconozca como una NGO con el fin de que podamos participar en los muchos comités de las Naciones Unidas que tratan asuntos de interés para nosotros como vicentinos, tales como: pobreza, hambre, guerra y paz, cuidado sanitario, educación, y derechos humanos. Nuestro proceso de solicitud en la actualidad está terminado y ahora estamos esperando los resultados, que con toda probabilidad no los tendremos hasta el próximo diciembre. En este mundo de actividades, hemos aprendido la lección de la AIC, que está perfectamente organizada en su relación con las Naciones Unidas, la Comunidad Europea, y otras organizaciones internacionales.

X. Finanzas

Todas estas cosas cuestan mucho dinero. Como vosotros conocéis bien, San Vicente quería siempre que nuestras obras descansasen sobre unas bases financieras sanas. Entonces. ¿Cuál es el estado de las finanzas de la Congregación?

El Ecónomo General, Padre Pat Griffin, expondrá hoy mismo nuestra situación financiera y estará disponible para responderos a las preguntas que deseéis presentarle.

Conclusión

Mis queridos hermanos, estar totalmente alerta significa mirar hacia atrás y mirar hacia adelante, mirar dentro y mirar fuera. Mirar hacia atrás es historia. Mirar hacia adelante es esperanza. Mirar hacia dentro es meditación con miras a la conversión. Mirar hacia fuera es misión con miras a crear una vida nueva.

Hoy hemos mirado hacia atrás, especialmente a los seis últimos años con el fin de evaluar el estado de la Congregación. En los días venideros os pido que miréis hacia adelante con el fin de encontrar nuevas posibilidades.

Hay un tema que el Profeta Isaías repite insistentemente. El Profeta dice: «he aquí que voy a hacer una obra nueva que ya está germinando; ¿no la conocéis? Ciertamente voy a poner un camino en el desierto, y los ríos en la estepa» (Is. 43, 19-20). Isaías proclama la promesa de Dios: «Porque he aquí que voy a crear unos cielos nuevos y una tierra nueva. Ya no se recordará lo pasado, ni vendrá más a la mente. Si no que se gozarán en gozo y alegría eterna de lo que creo» (65, 17-18a).

Isaías ve que sus profecías se han cumplido ya. Daos cuenta que ésta es precisamente la perspectiva de Jesús en el texto fundacional de nuestra Comunidad. Desenrolla el pergamino en la sinagoga de Nazaret y lee las palabras del Profeta Isaías: «El Espíritu del Señor está sobre me, porque me ha ungido para anunciar la Buena Nueva a los pobres» (Lc 4,18).

Jesús añade: «Este pasaje de la Escritura que acabáis de oír, se ha cumplido hoy» (Lc. 4,21). Jesús nos dice que «hoy» los deseos de Isaías han llegado a ser realidad.

Os aseguro que esto mismo he visto repetidas veces durante mis visitas a las provincias. He visto los signos del Reino «hoy». He visto en nuestra Familia Vicenciana hombres y mujeres que están llenos del Espíritu de Dios y que propagan ese espíritu con su amor, con su compasión, con su entusiasmo y con su paz. He visto presos liberados por medio de innumerables programas de promoción humana integral, liberados del pecado, liberados de opresión, liberados de ignorancia. He presenciado cómo ciegos llegan a recuperar la vista por medio de operaciones llevadas a cabo en hospitales administrados por las Hijas de la Caridad, por medio de programas a favor de ciegos en nuestras escuelas, y por los ojos de las Voluntarias de la Caridad o miembros de la Sociedad de San Vicente de Paúl que van a sus casas para leer en voz alta. He visto recientemente en Madagascar cientos de cojos andando y disfrutando en nuestras casas para inválidos. Allí vi también leprosos purificados por las medicinas que acaban con su enfermedad devastadora, y purificados también por el amor y cuidado de cohermanos e Hijas de la Caridad que les habían acogido en sus casas.

Nuestro reto es continuar haciendo que esta profecía de Isaías y nuestro logo de Comunidad llegue a ser una realidad «hoy». «Hoy», dice Jesús, » este pasaje que acabáis de oír se ha cumplido». Hoy en 1998. Hoy en 1999. Hoy en el tercer milenio. Después de haber presenciado repetidamente la generosidad de tantos miembros de la Familia Vicenciana, os animo con confianza: hoy, y en el tercer milenio, continuad dando vista al ciego, continuad ayudando al cojo a que ande, y continuad ayudando al pobre a que llegue a ser consciente de que la Buena Nueva se proclama en su entorno.

 

  1. 1 Cor 7;29,31
  2. 1 Cor. 2;9

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