«Nunca dejará de haber pobres en la tierra, por eso yo te mando: abre la mano a tu hermano, al indigente» (Deut. 15, 11).
1. La mendicidad en la historia
La mendicidad es un fenómeno económico y social de todos los tiempos y de todos los pue blos, y paralelo a él, la compasión y la caridad que impulsan a socorrer al desgraciado.
En los pueblos antiguos, la virtud de la caridad y la limosna eran tenidas en gran estima. La Biblia, en todos sus libros hace referencia a los mendigos. Entre los hebreos, era considerada como una obligación sagrada. El Evangelio y los Hechos de los Apóstoles, aluden con frecuencia a los pobres y al ejercicio de la caridad en su favor.
Es una figura tan antigua y tan popular, que en todos los siglos se encuentra literatura específica, y asimismo, renombrados artistas de la pintura, la han elegido como tema: Rembrandt, Murillo, Decamps, Graillon, entre otros, tienen obras con este título: Mendigos.
Cada país, a lo largo de la historia, ha intentado erradicar la mendicidad. Todos los pueblos han promulgado leyes al respecto, si bien, estas leyes, en la mayoría de las ocasiones, han sido represivas y condenatorias .
La miseria, la pereza, la invalidez, la desadaptación, son algunas de las causas personales que abren el proceso hacia la mendicidad. Las crisis socio-políticas y económicas, los desajustes empresariales, el avance de la técnica, la complejidad de la vida moderna, son hoy causas sociales o estructurales, que apartan de la vida social a individuos o grupos.
2. El contexto francés.
En Francia, una Ordenanza de 1351, obligaba a todos los mendigos válidos a tomar trabajo o a salir de la ciudad en un término de tres días, bajo pena de prisión la primera vez, de picota la segunda y de marca al fuego para la tercera. En 1536, una ordenanza de Francisco I dispuso que las parroquias cuidasen de sus pobres.
En 16II, se redactan unos Estatutos para hospitales donde eran encerrados los vagabundos. Con ellos se les garantizaban las atenciones básicas: comida y techo, así como trabajos apropiados a cada sexo y edad. A la vez se dictaban sanciones para los que se resistían al encierro. Los mendigos, sin embargo, preferían su libertad a las seguridades ofrecidas y no renunciaban fácilmente a la ociosidad que les brindaba el vagabundeo.
En 1627, los mendigos eran obligados a embarcarse para las Indias, al servicio de los barcos mercantes o de la marina. En 1688, se ordenó que los mendigos abandonasen París, bajo pena de galeras. A pesar de ello, el número de mendigos continuó aumentando durante los siglos XVII y XVIII.
La Revolución fijó los Principios de la Beneficencia Pública en la Constitución de 1793, disponiendo que la sociedad tenga obligación de socorrer a todos sus miembros desvalidos y organizar, al efecto, todo un sistema de socorros.
3. Al paso de la Providencia.
En septiembre de 1621, San Vicente pasaba por Maoon para fundar una Caridad y encontró cientos de mendigos que pululaban por la ciudad, vagabundeando por sus calles. Pobres materiales y espirituales: «Vivían en una ignorancia tan profunda de las verdades de la religión y estaban hundidos en unos hábitos tan criminales que no so les podía ver sin asombro» (X, 634). Vicente de Paúl se dejó interpelar por una realidad que desborda las fuerzas políticas y económicas de su tiempo.
Conocía la experiencia negativa de anteriores soluciones, en las que primaba la preocupación por el orden ciudadano, sobre la piedad y la misericordia. No le desanimó el fracaso de los hospitales que recluían a los menesterosos, donde éstos respondían con agresividad en su comportamiento, al verse privados de su libertad por la fuerza. Concibió un ambicioso proyecto, en el que, estableciendo un orden de prioridades, alcanzaba a todas las dimensiones del hombre:
1. Conocimiento de la realidad: Elaboración de un censo sobre los pobres que residían en la ciudad, y su clasificación en orden a la aplicación de los remedios: sanos, enfermos, mendigos, vergonzantes, etc.
2. Lugar de encuentro, no de reclusión, para proveer a sus necesidades, catalogadas según el grado de miseria y cargas familiares: pan, dinero, leña en el invierno, y para instruirles catequéticemente: misa, confesión, comunión…
3. Formación de la conciencia social, en orden a la creación de un fondo, que garantizase la continuidad de los socorros. El relato del Abad Laplatte, parece situarnos ante los criterios de la moderna Doctrina Social. San Vicente motivaba a la aportación ensalzando la excelencia de la Caridad:
- en dinero: recortando los gastos en lujos, comida, vestido, juego, etc.
- en especie: grano, ropa, muebles, tela, etc.
Para atender a los 200 pobres censados, se constituyó un fondo que provenía: de lo que el clero y los ciudadanos pudientes aportaban de ciertas rentas que se aplicaron a esta obra, de los derechos de entrada de los oficiales en la ciudad, de las colectas que hacían las señoritas los domingos (X, 638s).
Estructura organizativa: Mediante la colaboración de personas influyentes y responsables, tanto para la recaudación de los fondos, como para su justa distribución. «Supo tratar tan bien a los grandes y a los pequeños, que todos se empeñaron en contribuir voluntariamente en tan buena obra» (Abelly, XV, 61).
San Vicente únicamente estuvo el tiempo preciso para poner en marcha el gran proyecto que consiguió erradicar la mendicidad, y después se retiró.
Más adelante se establecería un Reglamento, modelo de precisión y detalle, para las Caridades mixtas. (X, 646ss)
5. Ejercicio activo de la caridad: La distribución de los socorros era hecha con criterios de amor:
- Respeto a su libertad: «Sin necesidad de edificios, ya que no se les puede tener encerrados en una casa», sino, eligiendo bien a las personas que deban instruirles, en un lugar de encuentro, y que éstas les estimulen a «temer con un temor de amor» (X, 642).
- Reeducación: dando margen de confianza a las personas, para que poco a poco fueran respondiendo a las «enseñanzas de cómo deben comportarse para su propio bien y salvación» (X, 642).
- Promoción: enseñando a niños y jóvenes algún oficio que garantizara su futuro.
El Reglamento especifica y concreta la forma y los medios de promoción y establece los compromisos tanto del maestro como del aprendiz (X, 650).
- Sin discriminación: La Asamblea de personas caritativas se comprometieron a atender con orden y discreción a todo tipo de pobres: mendigos y vergonzantes, sanos y enfermos, estables y ambulantes. A estos últimos se les proporcionaba albergue por una noche y se les despedía al día siguiente con dos sueldos. (X, 636).
- Constancia: Para evitar que, pasado el entusiasmo de los primeros, la caridad cesara, San Vicente se sirvió del mismo procedimiento de Châtillon: entusiasmar a las señoras en tan gran ejercicio, por lo que se comprometían dos días fijos por semana, para visitar a los enfermos en los barrios, proporcionándoles los remedios oportunos para el cuerpo y para el alma.
Aparece en todo este entramado organizativo, un preludio de los comedores de caridad, los talleres ocupacionales y los albergues de transeuntes .
Nada de esto se creó sin esfuerzo, el Abad Laplatte, relata los obstáculos y las críticas al proyecto. (X, 634s). El mismo San Vicente, catorce años más tarde, recuerda estos comienzos en carta a Santa Luisa, que tropezaba también con dificultades en Beauvais: «Cuando se estableció la Caridad en Mapon, todos se reían de mí y me señalaban con el dedo por las calles y cuando la cosa salió bien, todos derramaban lágrimas de alegría» (1, 324).
La Caridad de Magon aparece como pionera de organización y promoción, pero no fueron menos importantes otros auxilios bien organizados y bien dirigidos a los afectados por las guerras: Champaña, Picardía, las revueltas de la Fronda, Lorena… S. Vicente cuenta con Padres como Bécu y Rondet y los Hermanos Guillard, Aulent, Bautista y Bourdet, para distribuir lo recolectado en la Corte, en los Palacios y entre los ciudadanos (1, 5421.
Destaca una figura clave: el hermano Mateo Regnard, particularmente sensible a las necesidades, «hace maravillas, según la gracia especiaIísima que Dios le ha dado». (I, 573). Administraba y repartía pan, vestidos, dinero… Gran estratega, sabía burlar a los forajidos que le vigilaban porque conocían las fuertes sumas de dinero que transportaba. Cincuenta y tres viajes hizo a Lorena, donde la guerra, la peste y el hambre hacían estragos. (II, 311.
Tampoco faltaron Padres de la Congregación, émulos de Margarita Naseau, que, con sencillez admirable, llevaban la caridad a sus últimas consecuencias: «le tenemos mucha compasión, –escribe S. Vicente a Marcos Goglée en Sedan– por esos dos enfermos que tiene en casa y por tantos pobres y moribundos que tiene que atender fuera de ella» (V, 42).
4. Los signos de los tiempos.
Conociendo al mendigo tradicional y sus características e ignorando la realidad hoy, sería lógico llegar a la conclusión de que en una sociedad llamada de bienestar, la mendicidad estaba superada.
Al pobre tradicional, mendigo que nace y se hace, se agrega el nuevo pobre, producto de la moderna sociedad, que no ofrece alternativas a situaciones nuevas, que podrían ser positivas, puesto que se derivan de mejores condiciones de vida y que alargan ésta.
La misma sociedad fabrica pobres en cadena, desde unos factores estructurales: distribución del poder, cambios sociales, reparto de bienes materiales; una sociedad desbordada por la carencia y continua reducción de puestos de trabajo, que va apartando personas y poniendo máquinas en su lugar.
Pero no se habla de pobres o sus equivalentes: vagabundo, desarraigado, transeúnte, errante…, el término acuñado es «marginados» y está bien empleado, son personas que, por diferentes causas, quedan al margen de la organización social. No son personas aisladas, son grandes grupos, amplios sectores, que no mendigan un pedazo de pan, reivindican un puesto en la sociedad que les ha sido arrebatado. Unos han sido apartados: refugiados, emigrantes, exiliados, delincuentes… a otros se les aparca para que no entorpezcan la marcha en el camino: transeúntes, minorías étnicas, toxicómanos, vagabundos…. Unos y otros tienen algo en común: que no de jarán de ser pobres, que continuarán mendigando el pan, o el puesto de trabajo, o el protagonismo social. (ver esquema).
Aparece la marginación como un proceso o recorrido del individuo o grupo, hasta situarse fuera del contexto social, contrario a los condicionamientos estructurales o con incapacidad para asumirlos. Si bien, el factor económico es determinante, no suele ser el único, ni siquiera el más importante: la cultura, la salud, la propia conciencia, las dificultades ante el cambio acelerado…. Además la pobreza no es algo circunstancial, estático. En una sociedad basada en el utilitarismo, la productividad y el consumismo, la pobreza es una situación estructural crónica, ya que el enriquecimiento de unos comporta el empobrecimiento de otros, sobre todo de los menos preparados, los menos útiles, los indefensos, los disminuidos.
5. Las Hijas de la Caridad en este campo.
A la tradición en el servicio de las Hijas de la Caridad en este campo, hay que agregar dos nuevas razones, por las que en los últimos tiempos se han reforzado estas obras:
- la vuelta a las fuentes, urgida por el Concilio Vaticano II
- los signos de los tiempos: cambios estructurales, crisis económicas.
Por eso, en los Proyectos Provinciales, aparecen estos servicios como opción preferencial y han aumentado el número de obras. Sin embargo, el acento ha estado más puesto en el cómo que en el qué. Es decir, en la transformación y adaptación de estas obras:
El esquema adjunto, aclara que aún el pobre pobre, es hoy más sensible :
1. Sensible a las formas de servicio: el comedor de una cocina económica, tiene que ser digno y estar complementado con detalles que inviten al respeto, a la convivencia, a la intimidad, y a la vez, dar un margen de confianza a las personas, que, si encuentran el ambiente propicio, van dando pasos lentos, pero verdaderos, de reeducación.
2. Sensible al trato humano. La Hija de la Caridad, tiene que tener muy clara su condición de sierva y vivirla hasta el fondo de su ser, para situarse ecuánime y serena ante los conflictos. Al pobre nadie lo escucha y de todas partes lo echan, por eso se muestra irascible y agresivo. Los comedores y albergues son algo suyo, que les provoca una «catarsis vomitiva», mediante la cual expulsan toda la agresividad acumulada, que si es recogida con «paciencia, dulzura y compasión», por la Hija de la Caridad, sierva-humilde, afloran después unas actitudes positivas de acercamiento, de charla confidencial que los libera.
3. Sensible al sentido de utilidad. El hombre, al verse apartado del programa social, sufre profundamente, aunque la marginación, en parte, sea el resultado de una voluntad personal, consciente o inconsciente que comienza y termina en el propio individuo.
Los comedores, albergues u otros centros análogos, tienen que tener un lugar a disposición del pobre, para estar cuando no tiene o no sabe donde estar, y para que allí, pueda ser protagonista de su vida, al menos unas horas; donde encuentre una forma de emplear el tiempo y perciba una remuneración que le proporcione un mínimo de independencia en sus gastos personales.
4. Sensible para exigir desde su idiosincrasia: el pobre tiene una psicología especial y funciona con esquemas «marginales», es decir, fuera de lo que llamamos «normalidad», y así, por ejemplo, desde su concepto de libertad, le parece pagar un excesivo precio, si, para dormir bajo techo, tiene que someterse a un horario fijo.
Este es el gran reto en el funcionamiento de estas obras, conjugar una atención al hombre integral y respetar su estilo, su forma de comprender y amar la libertad como valor supremo: libertad de movimientos, que le ha ocasionado un desarraigo familiar y geográfico; libertad de acción, que le ha inadaptado socialmente para someterse a unas mínimas estructuras; libertad mental, que la hace juguete y vaivén de sus propios sentimientos.
Tarea no fácil, principalmente porque la acción de la Hija de la Caridad, va encaminada a contrarrestar efectos, a nivel de persona, ya que las causas afectan generalmente a la transformación de estructuras y a cambios profundos, que desbordan sus competencias.
Es trabajo duro, continuo y callado, que exige gratuidad plena. Es la forma de hacer afectivo y efectivo «el acto de amor que constituye la trama de su vida: el servicio de Cristo en los pobres (Const. 2. 9).
Apéndice: diferentes pobrezas
Pobreza tradicional
La produce: un conjunto de carencias
afecta: al individuo aislado: pobre de solemnidad, chabolista…
aparece: localizada en suburbios, zonas rurales…
la caracteriza: la conformidad del pobre con su situación {sumiso, agradecido…)
actitud del pobre: acepta la caridad
continúa siendo pobre: porque no quiere dejar de serlo
Nueva Pobreza
La produce: la sociedad desarrollada
afecta: a un grupo específico: ancianos, subnormales…
aparece: esparcida por la sociedad…
la caracteriza: la falta de capacidad para aprovechar oportunidades (rebelde…)
actitud del pobre: exige justicia
continúa siendo pobre: porque no sabe dejar de serlo
Pobreza coyuntural
La produce: la crisis política y económica
afecta: a sectores amplios y diversos: paro, etc…
aparece: como cambio traumatizante en una vida normal
la caracteriza: carece de lo necesario, pero tiene hábitos de consumo imparables (inconformista)
actitud del pobre: reivindica derechos
continúa siendo pobre: porque no puede dejar de serio
Bibliografía
Documentación social, Revista de estudios sociales y sociología aplicada. ne 2: Marginados sociales. n2 44: Marginación social. ne 56-57: Pobreza y marginación. n2 76: Pobreza y riqueza.- Los pobres, formas de servicio, en Justicia y Caridad, 1986.







