Espiritualidad vicenciana: Ecumenismo

Francisco Javier Fernández ChentoEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

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Author: Juan José González, C.M. · Year of first publication: 1995.

SUMARIO: O. Introducción. 1.- Vicente de Paúl y el ecu­menismo. 2.- Rasgos de «Ecumenismo» en s. Vicente: a.- Re­conocimiento de sus valores y respeto a la propia conciencia. b.- Oposición a disputas y controversias. c.- Instruir con com­pasión, caridad y humildad. d.- Defensa de la justicia, sin hacer acepción de personas. e.- El testimonio atrae y la caridad re­vela la bondad de Dios. f.-Reconocimiento de le propia res­ponsabilidad y conversión, 3.- Espiritualidad Vicenciana y Ecu­menismo.


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O. Introducción

Ecumenismo, etimológicamente procede del término griego «oukumene», que tiene un signi­ficado geográfico («tierra habitada», «mundo en­tero», Mt. 24, 14) y político («todo el imperio», Lc. 2, 1), adquiriendo también un sentido religioso­ eclesial («lo que atañe al conjunto de todos los cristianos»). Pero el sentido original del adjetivo «ecuménico» se enriquece en el s. XX cuando el sustantivo «ecumenismo» pasa a designar el mo­vimiento hacia la unidad de las Iglesias cristianas. En este sentido, el Vaticano II define el Movi­miento Ecuménico como el «conjunto de activi­dades o iniciativas que, según las variadas nece­sidades de la Iglesia y las características de la época, se suscitan y se ordenan a favorecer la uni­dad de los cristianos» 4).

Si en su historia la Iglesia sufre un largo pro­ceso de divisiones, también han sido continuos los intentos de recuperar la unidad, a través de diversos métodos: polémico, controversias iréni­cas, concordancia, confrontación,… En nuestro siglo se llega a la convicción de que la reunión de la cristiandad sólo es posible por el camino del diá­logo, la reconciliación y el acercamiento entre las distintas confesiones cristianas, a diversos nive­les: ecumenismo teológico, espiritual, pastoral, institucionalizado,…

Este Movimiento Ecuménico, aunque con pre­cedentes anteriores, da sus primeros pasos en 1910 («Conferencia Misionera Mundial» de Edim­burgo), se desarrolla a través de asociaciones como «Consejo Internacional de Misiones», «Cris­tianismo práctico», «Fe y Constitución», y va a im­ponerse gracias a dos acontecimientos clave: la fundación del «Consejo Mundial de las Iglesias» (Amsterdam, 1948) la celebración del Concilio Va­ticano II. El Ecumenismo quiere ser un método dialógico para llegar a la unidad, una marcha ha­cia la reconciliación por la oración, la reconcilia­ción y el diálogo, en vistas al cumplimiento fiel de la misión que Jesucristo encomienda a su Iglesia y de sus deseos de unidad y universalismo ecle­sial.

1. Vicente de Paúl y el Ecumenismo

En sentido estricto, por el carácter moderno tanto del término como de su contenido, no se puede hablar de «ecumenismo» en el s. XVII y en la obra de Vicente de Paúl. Sin embargo, enten­diendo el término «ecumenismo» en un sentido general, como una actitud o espíritu de respeto y tolerancia en relación a los «hermanos sepa­rados», se puede reconocer en el Sr. Vicente una actitud y un lenguaje «ecuménico».

Vicente se encuentra con una Iglesia dividida tras un largo período de «guerras de religión» en Francia entre católicos y hugonotes. El Edicto de Nantes (1598) había establecido un relativo clima de paz y tolerancia, tutelando los derechos de las minorías religiosas. Sin embargo, aunque no fal­ta algún intento de unificación pacífica de ambas comunidades, el s. XVII francés no se caracteri­za por el espíritu ecuménico. En la mayoría de los cristianos, perdura un espíritu de cruzada y viven en un ambiente de intolerancia, odio y combate. Muchos, no resignándose a la división, buscan la vuelta de los hugonotes a la Iglesia católica por diversos medios (misiones «ad haeréticos», con­troversia literaria, predicación,…) sin excluir a ve­ces la amenaza y la coacción.

Vicente contempla con preocupación y dolor la división eclesial, lo que le lleva a temer por el futuro de la Iglesia en Europa y le lleva a pensar en que «Dios quiera trasladar la Iglesia entre los mismos infieles» (III, 37, 143, 165; X1, 245). Por otra parte, tiene un sentido profundo de fidelidad a la doctrina de la Iglesia. «Durante toda mi vida he tenido miedo a verme envuelto en los errores de alguna nueva herejia» -confiesa- (XI, 730, 804). Su «ecumenismo» no irá por la línea teológica si­no que se expresará en el campo práctico y pas­toral.

No tiene conciencia de la posibilidad de la reu­nificación de ambas comunidades cristianas. Su posible unión iría por la conversión de los indi­viduos y su vuelta a la Iglesia católica. Por ello, acepta el método de las controversias para su apostolado entre los hugonotes, y quiere que sus misioneros se preparen en este aspecto (IV, 513). Sin embargo, su celo por la conversión de los protestantes no es exagerado ni agrio. Aunque sa­be que esa conversión es ante todo obra de Dios, aprovecha las ocasiones para un acercamiento e instrucción, pero desde unas actitudes de gran ca­ridad, paciencia y cordialidad (VII, 481; 1, 441).

Como hombre de su tiempo, no se ve libre de ciertos prejuicios respecto a los hugonotes – a los que suele denominar «religión pretendida­mente reformada» o «herejes»-. La mentalidad de la sociedad, la reflexión teológica y eclesiológica no facilitaban el desarrollo de un auténtico ecumenismo. Sin embargo, Vicente evita toda hostilidad hacia los protestantes y, desde un co­nocimiento profundo del corazón humano, se acerca a ellos con el lenguaje de la humildad y ca­ridad, con un lenguaje «ecuménico», como se aprecia en las actitudes pastorales que vive y enseña.

2. Rasgos de «ecumenismo» en Vicente de Paúl

a) Reconocimiento de sus valores y respeto a la propia conciencia.

El celo por la conversión va acompañado en Vicente por el respeto a la dignidad y a los dere­chos de los hugonotes: reconoce que «bautizan válidamente», valora su método de predicación, prohíbe a sus misioneros utilizar su influencia a favor de los católicos en pleitos con los protes­tantes, admite la buena conciencia de éstos en sus cargos y su honradez,… (II, 376-378; VIII, 106; XI, 193; X, 557…). El respeto a la conciencia y a la libertad hace que Vicente no proponga ningún método para la vuelta de los hugonotes, que no se base en la libre decisión, rechazando todo ti­po de coacción.

b) Oposición a disputas y controversias

En un tiempo en que los predicadores llama­dos «convertidores», utilizaban las amenazas y promesas para intimidar a los protestantes y desafiaban a sus pastores a la discusión pública, Vicente aconseja «no disputar nunca con los he­rejes, ni desde el púlpito ni en particular», «no po­nerse nunca a desafiar a los ministros», pues por experiencia sabe que su acercamiento «no se produce con controversias y disputas, sino con afabilidad y mansedumbre» (XI, 753; I, 441. 470; II, 366).

c) Instruir con compasión, caridad y humildad

La oposición a las disputas no excluye toda acción pastoral con los que considera «almas extraviadas». Invita a sus misioneros a prepararse para el diálogo, a conocer mejor la doctrina pa­ra «responder a su razones» y «sostener y pro­bar las verdades que combaten los herejes» (IV, 513). Con ciertas condiciones -«de pasada», «mansa y humildemente», «respetuosamente», «desde entrañas de compasión y caridad y no de indignación»,…- considera como un deber misionero el instruir a los hermanos separados, evitando toda acritud y polémica (1, 320. 441. 470- 471; II, 336).

d) Defensa de la justicia sin hacer acepción de personas.

Las relaciones con los hugonotes han de ba­sarse en la justicia y caridad, pues la justicia es­tá por encima de la confesión religiosa («Hay mu­cha diferencia entre ser católico y ser justo») y la caridad, como la pobreza, no conoce fronteras religiosas (II, 376-378; X, 557). Por ello, las accio­nes asistenciales que emprende no hacen dis­tinción entre católicos o hugonotes (IX, 1094) e igualmente esta actitud aconseja en la obra mi­sionera. A unos misioneros destinados a Mada­gascar, les aconseja para su trato con hugonotes: «Habrá que evitar con mucho cuidado toda clase de disputes y de discusiones con ellos, mos­trándose amable y afectuoso aunque se metan con usted… Hay que desear que, en los servi­cios que le haga a Dios en el barco, no haga acep­ción de personas y no establezca ninguna diferencia entre los católicos y hugonotes, a fin de que se den cuenta de que usted los ama en Dios» (VIII, 167-168).

e) El testimonio atrae y la caridad revela la bondad de Dios.

Por propia experiencia, Vicente sabe que el testimonio personal es el principal medio de acer­camiento a los hugonotes, pues «la vida buena y el buen olor de las virtudes cristianas atrae a los desviados al camino recto y confirma en él a los católicos» y es en la vida de los cristianos donde se refleja la «belleza y santidad de nuestra reli­gión» (II, 366; VIII, 167-168).

La verdad de la Iglesia se refleja en su preo­cupación por los pobres y en la auténtica cari­dad; es el signo que puede mostrar a los herma­nos separados que el Espíritu guía a la Iglesia (XI, 727-730). Cada cristiano, por la caridad, se con­vierte en signo revelador de la bondad de Dios y en instrumento de unidad: «Vosotras vais -re­cuerda a unas Hijas de la Caridad- para dar a co­nocer a todos, a los católicos y a los hugonotes y hasta a los judíos, la bondad de Dios; porque cuando vean que Dios se preocupa de sus cria­turas, que ha formado una compañía de personas que se entregan al servicio de los pobres, como no se encuentra en ninguna religión, se sentirán obligados a confesar que Dios es un buen Pa­dre» (IX, 1094).

f) Reconocimiento de la propia responsabili­dad y conversión.

Si el testimonio creyente es un reflejo de la santidad de la Iglesia, Vicente reconoce que las deficiencias de auténtica vida cristiana entre los católicos es una de las causas del nacimiento y difusión del protestantismo y un impedimento para la reconciliación y la unidad. Con tristeza tie­ne que reconocer que «hay muchos herejes, por no haber oído hablar de Dios en la Iglesia de los católicos», insistiendo en la responsabilidad de los sacerdotes (XI, 392; cf. 1, 427; XI, 358). Esa com­prensión de la responsabilidad de los católicos en la división, le lleva a pedir y trabajar por la re­forma de la Iglesia, pues una Iglesia renovada y fiel al Evangelio quitaría la razón de ser a las di­visiones entre cristianos.

3. Espiritualidad vicenciana y Ecumenismo

Del análisis de los escritos vicencianos alu­sivos a las relaciones con los hugonotes, se des­prende una actitud que, en discontinuidad con el ambiente de su tiempo, se puede calificar de «ecuménica». En ese sentido, Vicente de Paúl puede ser considerado como un modelo inspi­rador para las relaciones con los hermanos se­parados y un «precursor» del espíritu ecuménico.

Esta actitud «ecuménica» se integra como un elemento más, aunque secundario, dentro de la espiritualidad de S. Vicente. No se puede com­prender su actitud ante los protestantes sino des­de el conjunto de su pensamiento, de su visión del hombre, del ser cristiano y de la Iglesia. Su profunda humanidad, su espiritu abierto y tole­rante, su valoración de la persona humana sea cual sea su condición, su respeto a la justicia y su caridad universal que no conoce fronteras, su fidelidad a Cristo y su amor a la Iglesia, su be­nignidad pastoral,… son elementos de su espiri­tualidad que justifican y posibilitan su espíritu tolerante y ecuménico. El ecumenismo no es algo extraño en la vocación vicenciana sino un elemento integrante de la misma.

Quizás el exponente más claro de ello sea el «hijo de San Vicente» y apóstol del ecumenis­mo, Fernando Portal (1855-1926) quien, conven­cido de seguir las orientaciones del fundador de la Misión y desde el apostolado de la amistad y el diálogo, sobre todo con los Anglicanos, hará ger­minar la semilla plantada por Vicente de Paúl, siendo uno de los pioneros del Movimiento Ecu­ménico.

La Congregación de la Misión recoge este es­píritu en sus Constituciones y Estatutos, al pro­ponerse: «Los misioneros fomentarán el diálogo ecuménico y participarán activamente con los de­más, sean o no cristianos, en lo religioso, social y cultural» (Est., 4).

BIBLIOGRAFÍA ELEMENTAL:

J. MELOT, San Vicente de Paúl y los protestantes, en Anales 95 (1987)114 ss.- R. CHALIMEAU, La obra de Vicente en el contexto de la Reforma y Contrarreforma francesas, en AA. VV., Vi­cente de Paúl, la inspiración permanente, CE-ME, Salamanca 1982, 61-80.- J. MI MUNETA, Fernando Portal (1855-1926) pionero del Ecu­menismo, en Anales 84 (1979) 623-771.

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