El señor Vicente visto por su secretario, Luis Robineau. Artículos 136 al 140

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luis RobineauLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Luis Robineau, C.M. · Traductor: Martín Abaitua, C.M.. · Año publicación original: 1995 · Fuente: Asociación Feyda.
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136. Limpieza de las iglesias y de los ornamentos.

También diré que, aunque al Señor Vicente no le gustaban los edifi­cios suntuosos, con todo, le gustaba mucho la limpieza de la iglesia y de los ornamentos, que hay allí destinados para el servicio de Dios, y la recomendaba.

137. Ángelus de rodillas.

En algún sitio donde él estuvo, por lo que decían los mismos exter­nos, se ponía de rodillas, cuando sonaba el Ángelus, exceptuando el sábado, después del mediodía y el domingo, debido a la costumbre que existe en la Compañía de estar de pie en esos días.

138. Oración en los desplazamientos.

Cuando salía o volvía de la ciudad, si no estaba ocupado en dictar cartas o en hablar de alguna cosa, se dedicaba a rezar, ya mental, ya vocalmente.

139. Cofradía del Rosario en Clichy.

Ahí van también algunas señales muy importantes de la devoción, que tenía a la Santísima Virgen: cuando estuvo de párroco en Clichy­la-Garenne cerca de París, fundó la Cofradía del Rosario en dicha iglesia.

Y en Montmirail, cuando residía donde la difunta Señora Generala de las Galeras, (instituyó) todos los sábados, al anochecer, un saludo, como lo hemos indicado en el cuaderno del celo, fº, vº.

Además, en esta Casa ha establecido el ayuno la víspera de las fiestas de la Santísima Virgen María, que son celebradas igualmente que las de Nuestro Señor.

140. Visita al Santísimo Sacramento.

Ha instituido en la Compañía una santa y devota costumbre, que ha querido también incluírla en el número de nuestras Reglas, a saber, que, al salir de casa, se pase antes a saludar a Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento y se le pida la gracia para lo que se vaya a hacer y, sobre todo, para no ofenderle; y, al volver, en llegando a casa, hacer lo mismo y darle gracias por el viaje. Era esta devoción la que le impulsaba frecuentemente a alabar y a bendecir a los que eran cuidadosos en ir, de vez en cuando, a saludar al divino Maestro a lo largo del día.

Su devoción aparece también maravillosamente en nuestras Reglas, que rebosan del espíritu de devoción, y de tantas y tan hermosas máximas evangélicas, y de preceptos tan bellos y devotos, que él ha introducido en ellas y que se puede decir como que son otros tantos actos de virtud de devoción.

Su devoción además consistía en bendecir a Dios con tanta fre­cuencia como lo hacía.

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