El señor Vicente visto por su secretario, Luis Robineau. Artículos 051 al 055

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luis RobineauLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Luis Robineau, C.M. · Traductor: Martín Abaitua, C.M.. · Año publicación original: 1995 · Fuente: Asociación Feyda.
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051. Humildad, porque su mortificación es conocida.

Una mañana, al entrar en la salita de San José se le cayó al suelo un cinturón pequeño, o brazalete con pinchos; y al inclinarse para reco­gerlo, le dije, al tiempo que se lo ponía en las manos: «Mire, Señor, un instrumento de guerra». Entonces lo vi tan confuso por haber dejado caer aquel instrumento de penitencia, y porque nuestros Hermanos y yo lo habíamos visto, que es increíble la pena que manifestó por ello.

Al margen: Mortificación.

052. Sencillez con los Hermanos.

Esa misma humildad le hacía tratar familiarmente con los menores de la Casa, fueran Hermanos Coadjutores, o criados, a quienes les mandaba cubrirse cuando hablaban con él; y también muchas veces les hacía sentarse junto a él. Hablaba con ellos de los asuntos que se les presentaban y tenía en cuenta sus opiniones. Pues hien, esta ver­dad es tan conocida en la Compañía, que es inútil decir nada más. Basta con indicar aquí lo siguiente: que tal procedimiento le era tan frecuente, que también se da en la Compañía con sus sacerdotes. Dios lo ha permitido así, los cuales, aún careciendo quizás de esa virtud, han demostrado en algunas ocasiones mantenerse fieles en ese punto, por lo que he sabido. Por lo que a mí toca, le he oído decir varias veces a propósito de eso «que cuatro ojos ven más que dos, y seis que cuatro». «¿No ve usted —decía cierto día— que los médicos, aún siendo médicos, no dejan de consultar, cuando están enfermos, a otros médicos y siguen sus consejos y hacen que pongan en práctica los remedios que deben tomar ellos?».

053. Sigue el consejo del Señor Pillé en el asunto de San Lázaro.

Y a este propósito, yo decía que un día al hablar de la entrada de la Compañía en esta Casa de San Lázaro, se le veía turbado e inquieto, y permanecía perplejo sin saber que hacer: si abandonar donde esta­ba el proceso que había iniciado contra dicha Compañía para evitar que se hiciera con aquella Casa, o tratar de mantener el pleito. «Se­ñor, eso le corresponde a Dios. Hay que defenderla; no, abandonar­la». Palabras que causaron, según dijo, tal impresión en su espíritu que le liberaron de la angustia que sentía.

Al margen: Desinterés.

054. Amabilidad con los pobres.

Cuando venía algún pobre aldeano, o algún pobre presidiario o cautivo liberado de la cautividad, les hacía sentar junto a él en la habita­ción, y conversaba con ellos con tanta alegría, bondad y humildad, que todo el mundo quedaba edificado al verlos. Lo he llegado a ver varias veces en tales circunstancias.

055. Voto de obediencia al Papa.

Cuando el Señor Vicente ha dejado ver admirablemente bien la humildad que había en él, ha sido cuando hizo el voto de obedecer al Papa, como él mismo nos hizo el honor de decírnoslo el miércoles, 22 de Abril de 1654. Es de notar, que en ese tiempo varios doctores, que seguían la opinión de Jansenio, presentaban dificultades para obede­cer a la Bula de Inocencio X, promulgada sobre esa cuestión el 31 de Mayo de 1653, víspera de Pentecostés.

Al margen: Véase lo que se dice sobre esto en mi librito sobre las virtudes del Sr Vicente, 53, o en la copia de lo que está en el segundo cuaderno grande, fr 15,0.

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