El señor Vicente relee su vida (X)

Francisco Javier Fernández ChentoVicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Bernard Kock · Translator: Máximo Agustín. · Year of first publication: 2008.
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Al servicio de los Sacerdotes y de los creyentes

corazonEn ese mismo año 1633, varios sacerdotes que habían pasado por los Ejercicios de los Ordenandos habían pedido continuar recibiendo un impulso para su celo misionero y para su vida espiritual. Habían propuesto encontrase regularmente conmigo con este fin. Esto acabó por ver la luz: en junio de 1633 tuvo lugar el primer encuentro; el 9 de julio el segundo, y dimos a estos encuentros el nombre de Conferencias de los martes. Si la Congregación de la Misión no tiene su espíritu especialmente orientado hacia el sacerdocio, ya que comporta también a laicos o Hermanos, por el contrario, esta nueva Compañía «tiene por fin honrar la vida de Nuestro Señor Jesucristo, su sacerdocio eterno, su santa familia y su amor para con los pobres «. Se podría decir que es una especie de Tercera-Orden para los sacerdotes. Y Dios sabe todo el bien que han hecho, las Misiones que han predicado en muchas ciudades, mientras nosotros nos entregábamos a los campos.

Es una gran pobreza espiritual de la que no os he hablado aún, porque gracias a Dios, todo se ha calmado un poco, pero a principios de este siglo la creencia en brujos y en posesiones diabólicas calentaba las cabezas. Los poderes civiles se habían apoderado de estos asuntos y los manejaban con una crueldad increíble, mientras que demasiados sacerdotes se hacían sus cómplices. Ya en el siglo anterior, los poetas humanistas presentaban a cual mejor a las pobres ancianas campesinas descarnadas como a brujas. Las torturaban cruelmente para hacerlas confesar, Y en este año de 1633, tiene lugar el triste asunto de las Ursulinas de Loudun, que se habían unido para acusar a un párroco de la ciudad de haberlas embrujado que acabó por ser quemado vivo al año siguiente. Nuestros vecinos de Lorena son todavía más terribles: entre 1576 y 1650, quemaron a más de tres mil pobres campesinos, so pretexto de brujería. Y nosotros no podíamos nada contra estos jueces civiles . Por mi parte, toda mi vida, he tratado de calmar los espíritus, como lo hacían los Obispos y las personas sensatas. En 1640, por ejemplo, el Obispo de Tours no creía que en Chinon se trataba verdaderamente de poseídas y escribí al Sr. Lambert, el 22 de julio:

«Os ruego que digáis a la Compañía que no se diga ni se haga nada contra el juicio que ha pronunciado… En cuanto a esta buena joven todas las cosas que me han dicho me hacen desconfiar de su espíritu».

Este método, tranquilo y sereno, era –estoy convencido de ello- más eficaz que todos los exorcismos y todas las hogueras. En estos mismos años 1635-1640, el obispo de Montauban podía escribirme en este sentido:

«Los sacerdotes de la Misión son grandemente necesarios en esta diócesis en esta diócesis, porque en los lugares en que han trabajado hasta ahora, no se ha visto a ningún brujo, ni bruja. Éste es el provecho que los catecismos y las confesiones generales hacen en todas partes «.

Sí, el conocimiento «de las cosas necesarias a la salvación» como gustaba decir entonces, libera verdaderamente a las almas de todos estos temores y de todos estos humos…

Socorros en la Lorena

Pero a estos terrores y a estas crueldades se han de añadir otras más… La política había hecho su camino… Algunos nobles, opuestos a Richelieu, entre los cuales la Duquesa de Chevreuse y el propio hermano del rey –Gastón de Orléans- se habían refugiado en Lorena, entre ellos el duque Carlos IV, los ayudaba a pelear…La Lorena siendo una región independiente incorporada al Imperio germánico, excepto las ciudades-Obispados de Metz, Toul y Verdun, ocupadas por Francia desde 1552. En 1631, Richelieu empujó a Luis XIII a entrar en Lorena. Después de una paz forzada, el Duque creyó poder desafiarle. Sólo pudo lograr que le cayera una campaña de castigo, en 1632, luego ya abiertamente una invasión, en 1633…Todas las desgracias de la guerra se abatían sobre esta pobre región. Tomada Nancy y ocupada definitivamente, el Duque va a llevar una vida errante, prosiguiendo a pesar de todo la guerra. Y ahora, en 1659, no se ha acabado todo…
La Lorena no se encontraba desguarnecida espiritualmente; Pierre Fourier, en particular, la había dotado con sus Hermanas de Nuestra Señora y con sus Canónigo Regulares de Nuestro Salvador. No obstante, el administrador de la diócesis de Toul, que pronto fue su obispo, nos llamaba, y fue en 1635 cuando fundamos allí una casa de misión, en un hospital, con dos cohermanos. Desde 1636 o 1637 , ellos se albergan, cuidan y aseguran tanto a los soldados heridos como a innumerables pobres refugiados de los campos circundantes… Me han hecho conocer estas miserias, y todas las atrocidades. El 1º de setiembre de 1636, escribo a nuestro cohermano Robert de Sergis, capellán en los ejércitos, para que intervenga a favor de la gente de Clichy enrolada a la fuerza . A finales de 1638, y 1639 , los refugiados loreneses empiezan a afluir a París. Con la Señorita, tratamos de cobijar a los que podemos; a primeros de mayo de 1639, en la Chapelle, cerca de San Lázaro, reunimos a trescientos, a los que se han podido encontrar, para darles una misión de ocho días, distribuyéndoles pan.

Pero hay que continuar socorriendo a los de Lorena, de quienes oigo tal cantidad de desgracias horribles. No se trata de una suma de miserias individuales: es una miseria en masa, toda una región machacada, por siete cuerpos de ejércitos armados. Yo trato de recoger por todas partes. Pido a mis cohermanos que se priven; nos hemos puesto dos veces a pan y agua durante años. Les decía: «¿no es acaso justo que nos privemos de algo para compadecer y participar en las miserias públicas?» Y también: «¿no debemos recortar algo de nuestro ordinario para su alivio ?»

A miseria de masa, remedios en masa… Hubo que improvisar medios de masa: todo un circuito de información, de colectas y de transporte. En abril, envía a seis misioneros de refuerzo… ¿Dónde encontrarlos? Yo no tengo a la mano más que dos sacerdotes . Envío con ellos a cuatro estudiantes seminaristas; en octubre enviaré todavía a dos sacerdotes y a un hermano, y a tres en 1640.Tengo que recordar a otro hermano, Mathieu Regnard: él va a desplegar tesoros de ingenio, en 54 viajes, entre 1639 y 1649, para transportar sumas increíbles , un millón quinientas o seiscientas mil libras, se han calculado… Ha contado todas sus artes para escapar a los bandidos y a la soldadesca.

También pruebo a actuar a nivel político. Para ello voy a ver a Richelieu, para que haga la paz. En vano… Voy a ver al Rey, a la Reina: consienten en varias ocasiones sumas considerables para ayudar a estos pobres, sobre todo a las religiosas… pero ellos continúan la guerra! En el mismo lugar, sacerdotes y hermanos reparten las ayudas por toda la región, circulando de una ciudad a otra. Según el reglamento que les he escrito el 15 de abril de 1639 , ellos ponen a trabajar a los párrocos, o cuando ya no hay, a los laicos más cualificados; todo el pueblo arrima el hombro con ellos. Sin embargo, en París, las generosidades se cansan… El 28 de febrero informo a un cohermano de Roma:

«Continuamos asistiendo a esa pobre gente con quinientas libras al mes en cada una de las dichas ciudades; pero ciertamente, Señor, me tremo mucho que no podamos continuar por largo tiempo, pues tal es la dificultad de encontrar 2 500 libras todos los meses «.

Se me ha ocurrido pedir a los misioneros que me escriban a menudo las miserias que ven y los socorros que entregan, y yo hago circular estas cartas, que demuestran el empleo de las donaciones y estimulan a nuevas larguezas. «Yo se lo hago ver a estas buenas damas, cada mes. […]y eso las consuela mucho. Empleamos, el sábado pasado, en ver las demás cartas, que fueron para ellos un gran consuelo «. Fue en julio de 1640 cuando escribía esto a un cohermano, pero tantas veces he creído que las fuentes se agotaban, viéndome acorralado por no poder responder ya a las llamadas… Y cada vez ha llegado el maná… Creo de verdad que es entonces cuando, poco a poco, he ido aprendiendo lo que es poner la confianza en la Providencia, es decir creer que el Espíritu Santo puede mover los corazones…

Sin embargo, Las damas de la Caridad de París, a quienes yo había recurrido, tenía allí tanto que hacer. Aparte de los pobres a quienes socorrían durante años, existían ahora los refugiados que se amontonaban, incluso nobles loreneses llegaban a París en la extrema miseria…

Los niños abandonados

París sufría también con otra plaga cruel: los niños abandonados. Uno al día de media, de tres a cuatrocientos al año… «La Couche», institución fundada en tiempos atrás por la ciudad, era inadaptada. Sentía presiones para hacer algo. El año de 1637 transcurrió reflexionando, y el 1º de enero de 1638 me arriesgaba a escribir a Luisa de Marillac: «Todas estuvieron de acuerdo, en la última asamblea, en que se os rogaría hacer una prueba con los niños expósitos «. Pero en 1639 las Damas de la Caridad que aseguraban los recursos financieros formularon objeciones, en el plano moral como en el financiero. Muchas veces hube de calmar su resistencia a ocuparse de estos pequeños, que ellas se inclinaban a creer que estaban reprobados por Dios. El 12 de enero de 1640, les decía esto:

«Es debido a que el hombre fue maldecido de Dios a causa del pecado de Adán, porque Nuestro Señor se encarno y murió …» «Más aún, ellos son la imagen de Jesús abandonado él también: ‘Supuesto que nos lancemos con todo lo posible, será bueno honrar el abandono que hace el Padre eterno de su Hijo a la merced del mundo ’». A la objeción de orden financiero, «yo respondo dos cosas: una que hay que confiarse en el Buen Dios y hacer lo que se pueda; la otra, que no se ha emprendido hacer más que un ensayo y que, si la carga es insoportable, que la dejaremos «.

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