El Señor Vicente relee su vida: Calderón y Epílogo

Francisco Javier Fernández ChentoVicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Bernard Kock, C.M. · Translator: Máximo Agustín, C.M.. · Year of first publication: 2008.
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Fue en estos días cuando se operaba en mí los que es tal vez la más profunda acción de la gracia… el mayor desprendimiento…Me daba cuenta que la cruz marca inevitablemente y la vida de quien se da a Jesucristo, y la historia de su Iglesia. Y no obstante, al propio tiempo, es en esta cruz donde se descubre lo que es la verdadera esperanza, y la fuerza que Dios solo puede dar cuando todo está perdido, cuando todo se nos niega… Entonces es posible hablar de resurrección sin que sean únicamente palabras… Yo se lo expliqué largo y tendido a mis cohermanos, el 25 de agosto, concluyendo:

«Considerad, os lo ruego, esta conducta de Dios, que establece y reafirma a su Iglesia por la destrucción, si se puede expresar así, y la ruina de los que la sostenían y eran sus principales apoyos.

 Os digo esto, hermanos míos, a fin de disponeros a recibir las noticias que vengan, sean las que fueren, con conformidad en el buen designio de Dios […] y que no lleguéis a pensar que habría que dejar Génova, que hay que abandonar Madagascar. Oh Dios, pues no!»1

Después de algunos arreglos de detalle, pude por fin distribuir nuestras Reglas, a los cohermanos, el 17 de mayo de 1658. Podía marcharme en paz, los Misioneros, como las Hijas de la Caridad, tenían lo condensado de mi espíritu. Podrán continuar la obra2.

Ahora, en este atardecer del 19 de de diciembre, en que me ha vuelto el recuerdo de mi padre, aquí me tenéis clavado a la casa por las flaquezas; Ya no puedo animar a los misioneros ni a las Hermanas en esas conferencias, y con mis consejos…El Sr. Portail, Luisa de Marillac y yo, de edad, gastados, pero arraigados en la fe y en la caridad, nos quedamos esperando el regreso a la casa del Padre.

 «Oh mi Salvador, son los que se renuncian a sí mismos, y sólo ellos, a los que recibía y lleváis en vuestro séquito en esta vida para glorificarlos allí arriba en el cielo». 3

Epílogo

El Sr. Portail murió el 14 de febrero de 1660, a los 69 años y medio. Luisa de Marillac, el 15 de marzo, a los 68 años y medio. El Sr. Vicente sufriendo enormemente de las piernas, hinchadas, con llagas, no podía ya caminar. Se quedaba en su habitación, continuando aún los asuntos. Le llevaban en silla para ir a celebrar la Misa en su piso. Hallándose peor en el lecho, dormía casi siempre en su silla. Un cohermano ha notado el diario de sus últimos días y de sus últimos momentos. Murió el lunes 27 de septiembre, a las cuatro de la mañana, con 79 años y cinco meses, «se murió en su silla, completamente vestido, cerca del fuego»4.

  1. S. V. XI, 416; E. S. 378.
  2. Cf. S. V. XII, 427; E. S. 414.
  3. S. V. XII, 427; E. S. 850.
  4. S. V. XIII, 191.

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