El proyecto «Mindoro» en Filipinas

Francisco Javier Fernández ChentoCambio sistémicoLeave a Comment

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Autor: Malou Baaco, H.C. · Traductor: Jaime Corera, C.M.. · Año publicación original: 2008.
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Ésta es la historia de campesinos —hombres y mujeres, jóvenes y mayores— que, despertando y haciéndose conscientes de su potencial humano, vieron la oportunidad de usar sus capacidades, exigieron la responsabilidad sobre sus vidas, y trajeron el cambio a sus comunidades. ¿Cómo podemos ayudar a un pueblo que tanto promete y que tiene tanta sabiduría práctica para creer no sólo en sí mismos, sino también en lo que pueden hacer para dar forma a sus vidas sobre el modelo de sus sueños? ¿Cómo podemos ofrecer formación a campesinos y a familias campesinas de modo que pue­dan hacer que las virtudes de paciencia, creatividad, fortaleza y capacidad de aguante, un sentido profundo de comunidad, y una fe sencilla que confía en Dios, influyan en su lucha por la justicia y por una vida más humana? ¿Cómo puede un pueblo excluido de participar en la vida social por causa de su pobreza reclamar sus derechos como seres humanos? Este es el itinerario de ocho comu­nidades campesinas en la isla de Mindoro, no lejos de la costa de Luzón, en Filipinas. Lograron elevarse, por usar las palabras de sor Suzanne Guillemin, «desde un complejo de inferioridad humana hasta una plena participación en la vida social.»

El contexto: Mindoro occidental: «la mitad olvidada…»

La isla de Mindoro, cerca de la punta suro­este de Luzón, está dividida en dos partes por una cordillera que se extiende de norte a sur, que sirve de límite entre las dos provincias de la isla. A la provin­cia de la parte oeste, Mindoro Occidental, pobre y menos desarro­llada que la parte oriental, se le conoce frecuentemente como «la parte olvidada de la isla olvidada.» Geográficamente es menos accessible por tierra o por el aire que el otro lado de la isla.

Las comunicaciones, el comercio y el viajar son muy difíciles porque los medios de transporte están poco desarrollados y depen­den con mucha frecuencia de la meteorología. Durante la época de las lluvias la provincia entera está separada totalmente a veces del resto del país.

La provincia occidental está dotada de una gran extensión de tierra de cultivo, y por eso la economía de Mindoro Occidental depende grandemente de los productos agrícolas, sobre todo del maíz. La mayor parte de la población y de la fuerza de trabajo es campesina, pero menos del uno por cierto son propie­tarios de la tierra que traba­jan. Grandes extensions de terreno están aún en manos de terratenientes absentis­tas. La situación de los campesinos ha permaneci­do miserable a lo largo de los años, porque están opri­midos por rentas abusivas, y por los sistemas de prés­tamos. Muchos de los cam­pesinos son víctimas de usureros que se aprovechan de la necesi­dad de capital que tienen los campesinos.

La provincia tiene una tasa de alfabetización 81.6%, pero sólo el 5.4% llegan al nivel de la enseñanza superior, y sólo el 2.6% tie­nen algún título. Esto es así sobre todo porque los hijos de familias campesinas tienen que ayudar en el trabajo familiar en cuanto tie­nen edad para poder hacerlo.

Las comunidades campesinas no tienen acceso a los servicios básicos de salud. La combinación de una alimentación pobre, con­diciones sanitarias deficientes, aislamiento e ignorancia tiene como resultado que la población rural sea muy sensible a enfermedades que serían fáciles de curar. Esta situación frágil de la salud está aún más deteriorada por razón del corte ilegal de árboles, que no se pre­ocupa para nada de sus efectos sobre la población y sobre la ecolo­gía

El poder, la riqueza, y las conexiones sociales están en manos de dinastías políticas y de los terratenientes. Rural en su mayor parte (el 85% vive en el campo) la población incluye también inmi­grantes de otras provincias en busca de una vida major.

La fe de la gente, marcada por una confianza profunda en la divina providencia, se expresa con preferencia por medio de los sacramentos, las fiestas de los santos patronos, y las devociones religiosas populares.

La situación: excluidos de la vida social

Los campesinos de esa región están atrapados en un ciclo de pobreza y de todas sus consecuencias, no tienen voz en cuestiones políticas, tienen una educación escolar pobre, una salud pobre, y condiciones injustas en renta de tierras. Son con frecuencia vícti­mas de agencias de préstamos, sobre todo en los tiempos de cose­cha y de siembra. Las comunidades campesi­nas encuentran fuerza en las prácticas de su fe, pero difícilmente se dan cuenta de su propio potencial para ser agentes de su propio desarrollo. Atados por una «cultura de gratitud» hacia patronos y bienhechores, son fáciles víctimas de intimidación política y de manipulación.

Por otro lado, están agraciados con los hábitos de ser directos, sencillos, realistas, abiertos, y con la bendición de la sabiduría pro­pia de los que viven cercanos a la tierra y que han aprendido a res­petar el paso de las estaciones. Tienen un sentido pacífico de la dig­nidad y una gran capacidad de aguante que les ha permitido sobre­llevar su pobreza sin ser derrotados por ella.

Una respuesta holística: construyendo comunidades eclesiales de base

En 1990 el obispo del vicariato apostólico de San José invitó a las Hijas de la Caridad a trabajar con los pobres en el campo, en concreto en la parroquia de San José. Por aquellos años una de las principales líneas de acción pastoral de la provincia de Filipinas era la formación de comunidades eclesiales de base. Esto implicaba el construir comunidades,.formar al pueblo en la fe y formarles para trabajar por el cambio social. El proceso de formación era holísti­co, participativo, y enraizado en una espiritualidad de transforma­ción social. Como la Iglesia en Filipinas se ha declarado Iglesia de los pobres, la construcción de comunidades eclesiales de base (CEB) es un elemento fundamental.

Las comunidades cristianas de base son comunidades planifi­cadas «construidas» con paciencia por medio de programas que usan métodos específicos, procesos y estructuras , e intentan trans­formar a las personas, a las comunidades y a la sociedad, dotándo­les de la capacidad de pasar de ser impotentes y pasivas a ser capa­ces de mantenerse a sí mismas y de gobernarse a sí mismas.

A. El método

Desde el comienzo mismo los organizadores originales de esas comunidades usaron una metodología específica que se aplicaba de manera consistente en sesiones de formación en Mindoro Occidental y en todas las otras actividades que eran parte del pro­grama de las CEB. El método, conocido como «Acción-Reflexión sobre la Fe-Acción» (ARFA), es conocido más comúnmente como el método de «ver-juzgar-actuar».

B. El proceso

La construcción de comunidades eclesiales de base es un pro­ceso que por su naturaleza misma es formativo. Reúne a la gente para dialogar en varios niveles: relaciones de trabajo y de comuni­dad, vida privada y realidades sociales, fe y acción. Capacita a la gente para pensar críticamente, asumir la responsabilidad de sus decisiones y ser dueños de sus propias vidas.

Después de alguna preparación inicial, la construcción de CEB en San José, Mindoro Occidental, pasó por cinco fases:

Preparación

Después de estar visitando durante tres meses familias y comu­nidades en el campo, las hermanas que dirigían el proceso se reu­nieron con el párroco y sus asistentes. La reunión tenía los sigu­ientes fines importantes:

  • compartir sus experiencias y la información que habían reco­gido en relación a las comunidades
  • tratar de llegar a una idea común acerca de lo que son las CEB y diseñar el Programa CEB en coincidencia con las necesidades de los pobres que se habían descubierto
  • dejar claros los varios roles en la puesta en marcha del Programa (al rol del párroco como animador siempre se lo considera de importancia vital: nadie puede sustituirle en ese rol, ni siquiera las hermanas que dirigen el proyecto)
  • llegar a un acuerdo sobre los procesos y los métodos que se habían de usar; en cuanto a las hermanas, actuarían como agentes pastorales del programa durante la fase inicial
  • confirmar la decisión de comenzar por la periferia más bien que por el centro de la parroquia
  • confirmar la elección de «zonas piloto», y revisar los crite­rios para hacer la elección: la población, la disponibilidad para el cambio, la accesibilidad geográfica, y la presencia de posibles líderes.

FASE 1: Organización (de 5 meses a un año)

Los agentes pastorales de CEB recibían una preparación mien­tras que casi a la vez comenzaron a visitar de una manera sistemá­tica viviendas en las aldeas. Su preparación hizo más fructuosas las visitas, y viceversa. El visitar las comunidades capacitó a los agen­tes de pastoral para adquirir un conocimiento mejor de la vida de la gente, establecer amistades, conocer mejor los hogares, seleccio­nar posibles líderes, organizar las aldeas en grupos de 10-15 fami­lias, acostumbrar a la gente a tener reuniones de comunidad, aseso­rarles en tomar decisiones comunitarias, y animarles a que dieran los primeros pasos para formar comunidades eclesiales de base. Hacia el final de esta fase se ofreció un cursillo de orientación bási­ca que concluyó con la elección de líderes de comunidad.

FASE 2: Mantenimiento (a partir del octavo mes, y luego de una manera permanente)

Una fase crucial en el proceso de la construcción de comunida­des eclesiales de base se centró en la formación e interiorización de la fe, de los valores, del conocimiento y la capacidad necesarias sobre los que se funda una comunidad tipo. Por medio de reunio­nes regulares de comunidad semanales y mensuales, sesiones de formación y de diálogo, la comunidad, y sobre todo los líderes, comenzaron a comprender la visión, la misión, los procesos y las estructuras de una comuni­dad eclesial de base.

También comenzaron durante esta fase las activi­dades regulares que son características de una co­munidad eclesial de base: diálogos compartidos sobre la biblia y la fe, celebraciones de la liturgia de la palabra, incluyen­do la comunión, en servicios dirigidos por ministros laicos cuando no había un sacerdote disponible para celebrar la eucaristía, reunio­nes de comunidad y diálogos moderados por el presidente de la comunidad para resolver conflictos o para planificar las activida­des.

Esta fase se carac­terizó por una profundi­zación en las relaciones dentro de la comuni­dad, un mayor compro­miso con Iglesia y su misión, oración, culto, y por una mayor parti­cipación en la vida y las actividades de la aldea. Todo esto llevó a un sentido profundo de pertenencia a una comunidad, disponibilidad para asumir respon­sabilidades, un equipo sólido de líderes, y la capacidad de hablar por sí mismos y de tomar decisiones, todo lo cual indicaba qué comunidad estaba preparada para pasar a la siguiente fase. Las actividades de esta segunda fase siguieron dándose mientras la comunidad progresaba hacia la tercera fase.

FASE 3: Integración (después del primer año y luego de manera permanente)

En esta fase la comunidad identifi­ca sus necesidades sociales, políticas, económicas, cultu­rales y ecológicas por medio de una búsqueda participa­da y de sesiones de reflexión comunita­ria. Entre sus mu­chos intereses, eli­gieron como priori­tarios los que creyeron más necesarios y estaban más preparados para manejar. Se diseñaron programas para responder a esas nece­sidades. Se incluyeron programas para producir ingresos, coopera­tivas, ayuda de préstamos, programas de agricultura y un programa de salud basado en los recursos de la comunidad. Se escogieron líderes para esos programas de entre los habitantes de las aldeas, a los que se preparó para desempeñar esas responsabilidades nuevas.

El paso a esta fase exigió una formación más prolongada y regular, no sólo en la visión y en los valores sobre los que se cons­truye una CEB sino también en las técnicas y el conocimiento de los medios necesarios para ganarse la vida, manejar problemas socioeconómicos y de salud, y para diseñar otros programas. Surgió también un grupo más pequeño de líderes, formado por el presidente de la CEB, el ministro laico, el tesorero, los líderes de grupos, y los representantes de los programas (labradores, jóvenes, trabajadores de la salud, y otros). Esta fase se caracterizó por una mayor autonomía por parte de los líderes y de la comunidad. Los agentes pastorales siguieron acompañándolos, pero cada vez más la animación y la dirección de la comunidad fue dejándose en manos del grupo más pequeño de líderes.

FASE 4: Coordinación (después del tercer año, y luego de manera permanente)

Característica de esta fase fue la disposición de la comunidad para «mirar hacia fuera». Las comunidades empezaron a compartir sus recursos, lo mismo humanos que materiales, con otras CEB y con la parroquia. Algunas CEB más desarrolladas se ofrecían para ayudar en los programas de formación en aldeas cercanas que que­rían convertirse en comunidades de base. Empezaron también a formar redes de colaboración con agencias del gobierno y privadas cuando empezaron a crecer sus programas socioeconómicos, eco­lógicos, y de salud.

FASE 5: Evaluación (después del primer año, y luego de manera permanente)

La evaluación se hacía y se sigue haciendo de manera regular por parte de cada CEB y por el conjunto de ellas.

C. Componentes en el funcionamiento actual del programa

1. Organización de la comunidad

El componente del programa de organización de la comunidad ayuda a los participantes a formar un todo cohesionado. El trabajo de organización comenzó cuando el equipo de las CEB llegó por vez primera a la aldea y comenzó sus visitas regulares a los hoga­res, reuniones y sesiones de formación. La meta era crear estructu­ras por las que la comunidad se gobernaría a sí misma. Este com­ponente fue de importancia crucial durante la primera fase de la puesta en marcha del programa.

2. Formación

La formación es un componente indispensable de las CEB; sin él no puede durar una comunidad. Orientado hacia la formación en la fe, concienciación social, crecimiento en espíritu de comunidad y la capacidad de mantener otros programas en marcha, el compo­nente de formación en Mindoro Occidental se dirigía a todos los aspectos de la vida de la comunidad, y tenía en consideración su contexto y su cultura. Al comienzo del programa la formación era competencia de los coordinadores de las CEB y de los agentes de pastoral, pero con el tiempo pasó a ser competencia de una Equipo de Formación de la Comunidad. El programa de formación incluía temas como espiritualidad, liderazgo, la biblia, formación humana y ecología, y ofrecía cursillos especiales sobre las nuevas técnicas en agricultura, cooperativas, y educación del votante. Se impartió una formación especial a ministros laicos con el fin de prepararlos para su papel de dirigentes en las celebraciones comunitarias de la liturgia de la palabra. Se ofrecieron cursos en dirección y comuni­cación a los presidentes de CEB y a otros líderes. También se tuvo en cuenta la formación permanente de todos los otros miembros de las comunidades.

Este componente fue el básico de la Fase 2, y se tuvo corno tema prioritario a lo largo de todas las fases siguientes.

3. Componente agricultural

Este componente se refería directamente a las necesidades de los campesinos, y les ofrecía la información sobre las técnicas rela­cionadas con las corrientes de la agricultura moderna y a tecnolo­gía que en circunstancias ordinarias habrían estado muy lejos de su alcance. Se les animó también a intentar otros cultivos alternativos. Los cursos que se ofrecieron incluían administración de granjas, propagación de plantas, análisis de tierras, cría de cerdos. Se intro­dujeron otras iniciativas tales como formas alternativas de control de las pestes que pudieran usarse en lugar de los pesticidas comer­ciales, agricultura communal y la formación de asociaciones de agricultores y de cooperativas.

4. Proyectos para generar ingresos (PGI)

Este componente condujo a los miembros a centrarse en el aspecto socioeconómico de la vida de la comunidad cristiana. Por el compromiso de iniciar proyectos que generaran ingresos, inicia­ron un movimiento hacia una actitud de confianza en sí mismos en cuanto comunidad. Se emprendieron los PGI por grupos o por comunidades enteras más bien que por individuos aislados, de modo que el proceso produjo por su misma naturaleza sentido de la corresponsabilidad, toma de decisiones participada y solidari­dad. Reuniones entre las CEB, junto con sesiones de formación permanente, hicieron que los miembros compartieran técnicas, estrategias, experiencias y asesoramiento de gran valor.

5- Cooperativas

Este componente se centró también en capacitar a los miem­bros de la comunidad para crecer en autoconfianza económica por el medio de trabajar juntos. Se ofrecieron cursillos prácticos sobre cooperativas, y se reforzaron aún más los PGI de la comunidad. Como las cooperativas de las CEB son intrumentos a la vez de mejora socioeconómica y de un mayor poder político, se hicieron portavoces ante las agencias del gobierno y las privadas a favor de las comunidades y de los individuos oprimidos por sistemas de préstamos injustos.

6. Proyectos de salud

Este componente se orientó hacia la familia y a las relaciones afectivas que promueven el bienestar. Entrenó a parejas como líde­res para el apostolado de la vida de familia. Se dio formación en temas básicos de salud a voluntarios, en su mayor parte mujeres procedentes de la comunidad, formación también en la promoción de las condiciones sanitarias, medicina de hierbas y reflexiología.

Los componentes centrados en la agricultura, proyectos para generar ingresos, cooperativas y salud formaron parte de las Fases 3 y 4.

D. La lucha por ser…

El compromiso activo de la gente en el programa de las CEB fue un elemento esencial en todo el proceso. La gente del campo es bien conocida por su sentido cálido de la hospitalidad, pero sus pre­venciones iniciales hacia el programa brotaban de experiencias anteriores en las que habían traicionado su confianza grupos sin escrúpulos que les manipularon para sus propios fines. Pero una vez que la gente entendió qué es lo que pretendía el programa, abrieron sus casas y sus vidas a los agentes pastorales sin ninguna reserva. Durante la fase de organización se unieron a los agentes pastorales y les acompañaron durante sus visitas domiciliarias, les proporcionaban información importante acerca de sus aldeas, de la gente y de su manera de vivir. Y convencieron a sus paisanos para que participaran en el programa.

Su respuesta a la formación durante la fase de mantenimiento (Fase 2) fue tremenda. Se instruyeron acerca de su fe, acerca de las realidades sociales que afectaban a sus vidas, y acerca de otros muchos temas, y todo ello con una profundidad que era a la vez inspiración y desafio. Se mostraron muy abiertos al proceso ARFA (ver-juzgar-actuar), pues les capacitaba para mirar a su situación y reflexionar sobre ella desde la perspectiva de la fe. Esto les hacía capaces de encontrar sentido a sus luchas, y así comenzaron a enfrentarse a problemas antiguos con respuestas nuevas.

Dos ejemplos:

  1. Una comunidad necesitaba una cancha de baloncesto que sirvie­ra para dos cosas: la primera, como lugar para juegos y celebra­ciones sociales de la comunidad, y la segunda, como superficie de cemento en la que secar el arroz y el maíz. En tiempo de elec­ciones un político les prometió hacerles la cancha de balonces­to. Después de una seria y larga discusión la comunidad decidió no aceptar ninguna donación que tuviera implicaciones políti­cas. Ahorraron el dinero necesario para construir su propia can­cha de cemento. Hoy esa comunidad usa su cancha con toda libertad, orgullo e integridad.
  2. Otra comunidad se enteró de que el concejo municipal local había decidido usar parte de su tierra como basurero. Después de informar a toda la comunidad acerca de este «desastre», empezaron a reunir más información acerca de cómo ese plan afectaría a su tierra y a su salud. Movilizaron a otras CEB para que les apoyaran en sus quejas, se dirigieron a personas impor­tantes y presentaron su caso. No se llevó a cabo la decision municipal. Los miembros de la comunidad han seguido siendo labradores que viven unas vidas sencillas y a veces duras, pero hoy pueden vivir con confianza en sí mismos, pues saben que tienen la capacidad de presenter sus quejas en voz alta y de defender sus derechos.

El paso a la fase de integración (fase 3) puso a prueba a las comunidades, no sólo por las exigencias del programa de for­mación, sino también por las relaciones de confianza y de cola­boración que había que desarrollar. El esfuerzo por coordinar las necesidades personales y familiares con los intereses comu­nes apareció en primer plano en esta fase. Esto puso a prueba varias veces la confianza de los líderes en la Providencia, la generosidad de sus familias y la idea de lo que debe ser una comunidad.

Dos experiencias:

  1. Era la mañana del día de Navidad y uno de los ministros laicos de una comunidad de base se puso enfermo. La comunidad envió un mensaje al ministro laico de una comunidad cercana para que viniera y celebrara con ellos la liturgia de la palabra y diera la communión. El ministro laico dudaba entre quedarse con su esposa, que estaba a punto de dar a luz, o ir a la comuni­dad cercana a actuar como ministro en la mañana de Navidad. Las mujeres de su comunidad intervinieron para decirle que ellas se ocuparían de su esposa y le asistirían en el parto, mien­tras que los hombres se encargarían de preparar el agua calien­te necesaria. Le aseguraron también que Dios se cuidaría de que estaría presente cuando llegara el momento del nacimiento de su primer hijo. Fue deprisa a la comunidad cercana, celebró la liturgia de la palabra del día de Navidad con ellos; las oraciones de estos y sus buenos deseos le acompañaron en el viaje de vuelta. Llegó a su casa justo en el momento en que nacía su hijo.
  2. Las épocas de plantar y de recoger la cosecha afectan de mane­ra muy adversa a los bolsillos de los campesinos. Necesitan mano de obra extra para ayudarles a terminar sus labores de plantar y de recoger la cosecha de sus tierras. Eso quiere decir que tienen que buscar dinero y comida para pagar a los trabaja­dores. En tiempos pasados se trataba de «sálvese el que pueda», y se daba un grado muy alto de competición entre ellos. Pero una vez que se organizaron en comunidad, los hombres pensa­ron en un plan que les permitiría hacer el trabajo rápidamente y a la vez ahorrar dinero. Elaboraron un orden para ir plantando las tierras sucesivamente, y así podian todos ayudarse unos a otros, esperando que se les proveyera en cada caso sólo con la alimentación del día. Descubrieron que esto significaba no sólo que el trabajo se hacía realmente, sino que además reforzaba sus relaciones personales. Mientras esperaban el tiempo de cose­char, visitaban las tierras de los demás. Por razón de la amena­za siempre presente de tifones, se ofrecían unos a otros sugeren­cias sobre cómo guardar seguras sus cosechas de arroz.

Al reflexionar sobre estas experiencias, se dieron cuenta de que ahí tenían una prueba concreta de que se habían convertido de verdad en una comunidad.

Un indicador de que una CEB está «madura» es su capacidad para compartir sus recursos materiales y humanos para ayudar a otras CEB y para participar más activamente en la vida de la parro­quia. Esto tuvo lugar concretamente durante la fase de coordina­ción. Los presidentes de BEC representaban a sus comunidades en el consejo de pastoral de la parroquia; los ministros laicos no sólo servían a sus comunidades, sino que se ponían a disposición de otras comunidades a las que no podían llegar otros ministros; los oficiales de las CEB coordinaban las actividades con el párroco y junto con él planificaban las fiestas de sus santos patronos. En el pasado los oficiales hubieran pedido a los agentes pastorales que les acompañaran y hablaran en su lugar, pero ahora iban por su cuenta a agencias públicas y privadas para enterarse de nuevos métodos de trabajo agrícola, las normas nuevas acerca de présta­mos para la agricultura, programas de capacitación para formar cooperativas, etc.

Periódicamente, con la asistencia de los coordinadores de CEB y de los agentes de pastoral, hacían evaluaciones.

E. Socios en la construccion de CEB

Muchas personas y grupos han participado en diversos grados en la puesta en marcha del conjunto del programa y de sus varios componentes:

  • El vicariato apostólico de San José: el obispo y los sacerdo­tes de la parroquia de San José
  • La oficina de economía del vicariato
  • Las Hijas de la Caridad
  • La Fundación Louise de Marillac, Inc. de la provincia filipi­na de las Hijas de la Caridad
  • El padre Paul Krutak, SVD
  • Cooperativas Vicencianas, dirigidas por el padre Mario Castillo, CM
  • Agencias del gobierno, incluyendo la Cooperative Development Authority, Technological Education Services and Development Authority, Department of Trade and Industry, Bureau of Interna! Revenue y la oficina del alcalde.

F. Formación de líderes

Dos años de formación comunitaria intensiva fueron necesa­rios para que surgieran líderes. Los programas semanales de forma­ción usaron módulos que siguieron el método ARFA (ver-juzgar­actuar). Los líderes recibieron la siguiente formación:

  • Un cursillo básico de orientación de CEB
  • Formación básica en liderazgo
  • Entrenamiento avanzado en liderazgo
  • Organización de comunidades
  • Dirección de proyectos
  • Entrenamiento en módulos de formación
  • Entrenamiento en formadores de comunidad.

Seguían siempre a cada módulo sesiones para reflexionar sobre su experiencia y para integrar las cosas diversas que habían apren­dido . Asambleas intercomunitarias y generales daban a los líderes una experiencia práctica en planificar, movilizar comunidades, facilitar reuniones y evaluar las actividades.

G. Financiación del programa

  1. Para los tres primeros años (1993-1996), un grupo de Holanda, llamado Adviescommissie Missionnaire Activiteiten (AMA), apoyó el programa. El año 2001, la parroquia local dio el dine­ro (4.300 pesos Filipinos, alrededor de 85 dólares) para la for­mación de líderes en el nivel local. Todos los demás gastos son hoy pagados por las comunidades mismas a través de su Community Resource Mobilization.
    Se construyeron capillas en terrenos donados, usando contribuciones por parte de las comunidades de bambú, tablas de nipa, madera para bancos y clavos. Los hombres alter­naban el trabajo de carpinteros con el trabajo en los campos. Llegaron a un acuerdo con los sacerdotes del lugar para que se añadieran a sus fondos comunitarios lo procedente de algunas colectas, y organizaron varias actividades para recoger fondos para poder enviar a sus líderes a los cursillos de capacitación.
    Durante las sesiones de formación y en las reuniones interco­munitarias los miembros traían comida (arroz, verduras, tallari­nes, fruta, tubérculos, y otros productos) que preparaban y comían juntos.
  2. Creación de capital para las cooperativas: el capital inicial pro­cedía de fondos ahorrados por los mismos miembros, mientras que el capital adicional procedía de la Louise de Marillac Foundation Inc. (LMFI) de las Hijas de la Caridad.
  3. Pequeños proyectos para la generación de ingresos recibieron capital de los fondos creados ahorrados por los mismos miem­bros.
  4. El Alternative Learning System de las CEB fue financiado ente­ramente por una donación del padre Paul Krutak, SVD. La con­tribución de las comunidades a este proyecto fue el establecer un centro local de aprendizaje.
  5. El programa de becas de las CEB recibió también la ayuda de una donación del padre Krutak. Los padres de los niños cubren otras necesidades no incluidas en la donación.

H. Las CEB de la parroquia de san José: «Participación en la vida»

Hoy, 13 años después de que se iniciara el programa de las CEB, las ocho comunidades eclesiales de base han pasado «…de un complejo de inferioridad humana a… una participación en la vida», y su caminar sigue adelante. Los indicadores muestran que se han convertido en «agentes activos y responsables de su propia promoción.» Algunos de estos indicadores son:

Como pueblo de Dios:

  • Dan testimonio de una fe vibrante; son conscientes de ser discípulos y de que son la Iglesia de los pobres.
  • Sus ministros laicos siguen celebrando la liturgia dominical y sirviendo a sus comunidades como voluntarios, sabedores de que sus dones vienen de Dios.
  • En el aspecto comunitario: tienen 21 grupos sólidos de líde­res y 15 organizadores de comunidades. Asumen la respon­sabilidad de gobernarse a sí mismos junto con los sacerdotes de la parroquia; resuelven los conflictos a través del diálogo y de modos no violentos; tienen planes concretos de desarro­llo y unas diáfanas estructuras organizativas.
  • Tres de sus representantes han sido elegidos para puestos importantes del consejo de pastoral de la parroquia; han con­seguido tener influencia y credibilidad en el gobierno de la parroquia; tienen también una voz fuerte y respetada en sus comunidades, sobre todo en los planes de educación. Participan activamente en la vida política de sus aldeas, ofre­ciéndose como voluntarios para supervisar las votaciones, y hablando contra la compra de votos en las elecciones.

En su vida como comunidad:

  • Se guían por un proceso comunitario de toma de decisiones, y tienen líderes responsables que fueron formados en el inte­rior de la comunidad, a quienes dan su ayuda.
  • En su situación socioeconomica y cultural:
  • Aunque siguen siendo renteros de la tierra que trabajan, ahora tienen ante los terratenientes un gran poder para llegar a convenios. Proyectos económicos alternati­vos tales como las coo­perativas y pequeños IPG disminuyen su vulnerabilidad ante la manipulación política y la explotación.
  • Tienen también varios proyectos alternativos de negocios. La Multi-Purpose Cooperative de las CEB, con un fondo fijo de 130.000 pesos, ha sido administrada por miembros de las CEB desde el año 2004 como cooperativa registrada oficial­mente y certificada legalmente como entidad comercial. La Imbarasan Community Store se administra como una tienda cooperativa; fue financiada por el programa de ahorros de los miembros.

El BEC Alternative Learning System tiene dos centros de enseñanza con cinco grupos, 81 estudiantes, dos instructores y un director. Todos proceden de las comunidades. El programa de becas de las CEB ayuda a 38 estudiantes de grado básico proceden­tes de las ocho comunidades de base.

El Alternative Learning System es un programa especial de educación para adultos y jóvenes que no pueden participar del pro­grama tradicional de educación. Las clases se tienen en capillas de la comunidad y centros de enseñanza. Este programa ha hecho que la educación estuviera al alcance de esposas y de madres, labrado­res y jóvenes que trabajan. Su plan de estudios está basado en la experiencia y se ofrece en módulos cortos que terminan ellos mis­mos en sus casas. Todas las comunidades tienen ahora carreteras rurales. Algunos de los trabajadores de la salud que recibieron una formación en las comunidades trabajan ahora con contrato del Ministerio de Salud como trabajadores sanitarios de barrio porque estaban bien preparados para ese trabajo. En algunas comunidades el programa de Defensa de la Ecología de las CEB ha conseguido detener del todo el corte ilegal de árboles. Se han plantado árboles en las orillas de los ríos y alrededor de las fuentes para aumentar la cantidad de agua disponible, sobre todo durante los meses de verano.

Terminando y empezando de nuevo

En el año 2005 las Hijas de la Caridad entregaron al vicariato apostólico de San José el Programa de Comunidades Eclesiales de Base del que se habían encargado durante 12 años. En esa ocasión celebraron con un rito formal un «viaje terminado y un viaje que comenzaba.» Para las hermanas que tuvieron la gracia de tantos momentos de vida y de servicio entre los campesinos y sus fami­lias de San José, seguía en pie la amistad construida a lo largo de los años. Las lecciones que hemos aprendido de ellos, un amor de Dios firme, fortaleza en las pruebas, generosidad en medio de la pobreza, un compromiso que no mira lo que cuesta, una sabiduría conseguida con perseverancia, una valentía aprendida a fuerza de tomarse sus riesgos, todo eso nos ha hecho mejores hijas de la cari­dad, mejores servidoras. Siempre estaremos agradecidas por todo ello.

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