El Padre Mariano Maller. Capítulo 4

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Desconocido .
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Capítulo IV: En el candelero de París

El Colegio de Caraça gozó de gran prosperidad y crédito bajo su gobierno. En 1861 había en él 200 alumnos y 32 seminaristas. Sin embargo, insistía ante el P. General que le exonerara de toda Superioridad. Este deseo, sin convertirse en obsesivo, llegó a convertirse en constante, “Ni la Superioridad es buena para mí ni yo soy bueno para la “Superioridad”, escribía en 1861 al P. Etienne, y agregaba: “Sólo le pido un rincón en cualquier casa, en esta Provincia o en otra. Le ruego que me escuche”.

El P. Etienne, en efecto, le escuchó, cuando en este mismo año de 1861, elegido diputado por su Provincia, fue a París para la Asamblea General, en la que dio tantas muestras de prudencia, conocimiento de las cosas de la Compañía y amor a todas sus funciones, que el “rincón” que él solicitaba se lo otorgó el P. General en la misma Casa Madre, asociándole al gobierno de la Compañía con el título de Secretario para las Provincias de habla española y de América. En sus cartas a los misioneros de estas Provincias podía usar el “sello azul, propio del P. General, de suerte que automáticamente quedaban con ella exentas de la inspección local”.

Cómo se ven desde París las cosas de España.

Por su contacto con estos países y por el conocimiento que tenia de sus respectivas lenguas, el P. Maller era el más indicado para servir de intermediario entre el P. General y los misioneros de estas dilatadas y lejanas provincias. De lo bien que cumplió este cometido da idea el hecho de que años más tarde, siendo Visitador de la Provincia de España, fuera elegido como Comisario extraordinario por los PP. Eugenio Boré y Antonio Fiat para visitar en su nombre a todas .aquellas Provincias y la mayor parte de ellas le pidieran de nuevo para que fuera su Visitador. Con quien más roce tuvo fue con España, que por aquella época atravesaba una situación candente y peligrosa a causa del tocado y hábito de las Hermanas españolas, bastante distinto del de las francesas, que desde París se iban extendiendo por todo el mundo, a medida que iban .plantando sus tiendas en todas las naciones de la tierra. En esta cuestión estuvo inmerso, y en calidad de actor destacado, el. P. Maller, durante más de veinte años, saliendo al cabo de ella más purificado y más de Dios.

No quedaría completa su biografía si no la tocáramos, al menos en líneas generales, tarea harto espinosa y difícil por lo complicada, vidriosa y cargada de suspicacias, circunstancias éstas que nos obligan a tener por “tabú” esta cuestión y a tener que truncar este capítulo, pasando por alto el superior influjo del P. Maller en el gobierno de las dos Familias de San Vicente en España, durante sus seis años de París, que no es forzoso saltar, para contemplarle llevando directamente el timón de los misioneros e Hijas de la Caridad durante el azaroso y no menos glorioso período que va desde 1866 a 1898.

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