El Padre Mariano Maller. Capítulo 14

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

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Autor: Desconocido .
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Capítulo XIV: Hacia la meta

Hacía ya casi setenta años que el P. Maller venía levantándose a las cuatro de la mañana para disponerse con la oración para servir a Dios durante las 24 horas del día. Rodas ellas le eran pocas para las muchísimas ocupaciones que siempre tuvo y terminaron por rendirle y llevarle a los pies de su Amo y Señor; hecho que ocurrió el día 15 de enero de 1992, a los 74 años de edad y 59 de vocación, despues de haber hecho sus bodas de Oro con el sacercocio y con el superiorato, que ejerció sin interrupción desde sus veinticinco años, desde superior local para arriba y de haber sido francés, según se decía por alguien de más allá de los Pirineos, hubiera llegado a ser Superior General, que tal era la fama de sus saber, prudencia, dotes de buen gobierno y santidad.

No es, pues, de extrañar que los cargos le persiguiera, incluso el episcopado, y a pesar de su repugnancia y reiteradas dimisiones, no se pudo librar de ser Rector del Seminario de Filadelfia, Visitador de los PP. Paúles y Director de las Hijas de la Caridad de Estados Unidos, de Brasil y de España. Comisario extraordinario de los PP. Boré y Fiat, para visitar la provincia de Irlanda, Inglaterra y Estados Unidos en 1877, la de Portugal en 1878 y la de Méjico, Colombia, Nueva Granada, el Pacífico, Argentina y Brasil en 1884, y Consejero, al menos de hecho, de los PP. Generales Etienne, Boré y Fita, que lo consultaban en los asuntos más importantes de la Compañía, sobre todo en materia de observancia y espiritualidad. También fue Director de las Hermanas francesas en España, cargo del que juzgó prudente ser relevado, para evitar las suspicacias que ya empezaban a originarse entre ellas y las españolas.

Cuando en 1883 el P. Fiat convocó una Asamblea de Directores de Seminarios internos con el fin de compilar las reglas y tradiciones vigentes en la Compañía en orden a la formación de los nuestros durante su noviciado y formar un Reglamento único para toda la Congragación, no creyó que podría dispensarse de sus luces, sin faltar a la norma de la prudencia, siendo el p. Maller el único Visitador de la Congregación convocado a esta asamblea, de la que, a pesar de su humildad, fue como el alma y la musa inspiradora, siendo adoptados muchos de puntos de vista y costumbre de la tradición española.

Asistió como legislador a las asambleas generales  19, 20 y 21: a saber: 1849, como Visitador de Estados Unidos; 1855, como Visitador de Brasil; 1861, como diputado de la misma provincia y como Visitador de España  a las asambleas 22, 23, 24 y 25, celebradas respectivamente, en 1867, 1874, 1878, 1890en las que brilló en primera línea a causa de su espíritu, de piedad y de prudencia y del conocimiento que tenía de los problemas de la Congregación.

Se encontró entre los misioneros dela hoy tan floreciente Provincia de Estados Unidos, cuya espiritualidad elevó durante su gobierno y trató de restaurar y consolidar durante su visita canónica; reformó y consolidó las de México y Brasil; fundo la de Filipinas, con tres nuevas fundaciones: el Seminario de la Habana, Santiago y San Juan de Puerto Rico, con que echó los cimientos de la de las Antillas y por fin sacó de las ruinas a la Provincia de España y la llevó a una prosperidad maravillosa en casas, en obras y en regularidad.

Él consolidó las casas de Badajoz, Milagros, Teruel y Barcelona y fundó la de Sigüenza en 1877 y Andujar en 1879; púsose los cimientos de la de los Cipreses en el Barrio Chamberí para casa central de la Provincia el día 19 de marzo de 1880, bendiciéndola una vez terminada dos años más tarde, siguiendo luego la racha de fundaciones con Alfranca en Zaragoza, trasladándose más tarde a Alcorisa, Murguía, Los Arcos, 1888, llevada a Tardajos y en 1890 San Marcelino de Filipinas

“De estos datos escuetos se echa de ver que el P. Maller es una figura que trasciende los límites de España y se convierte en figura internacional dentro del ámbito de las dos familias vicencianas y que, cargado con tan apretado manojo de buenas obras, podía presentarse ante el tribunal de Dios cantando confiado el himno triunfal de San Pablo “Cursum consumavi, fidem servavi”, con la mira puesta en la “Corona de la justicia, que le tenía preparada el Juez, que a nadie defrauda”.

Sin embargo, su humildad no se atrevía a pasarle factura por ellas, pues sabía que le eran debidas al Señor, y dos años antes, resignado el peso de la Casa Central y parte de los negocios de la Provincia en los robustos hombros del P. Arnáiz, se retiró a la casita que los Padres tenían en la calle de Jesús, junto al Noviciado de las Hermanas, de que eran confesores y capellanes, con el fin de prepararse a un paso tan decisivo. Allí le vino a visitar la erisipela, que, unida a la diabetes que padecía hacía ya cuatro años, terminó de purificarle con lo mucho que le hizo sufrir, y que fue el instrumento de que Dios se valió para hacerle trocar esta tierra por el cielo y darle la corona de los vencedores.

En olor de santidad.

Su muerte, sentidísima y llorada por todos los suyos, para quienes siempre fue padre comprensivo y cariñoso, provocó un duelo general en cuantos le trataron dentro y fuera de España, sobre todo entre los misioneros e Hijas de la Caridad de España y América, que tanto le debían. Siempre les sirvió de modelo en todas las virtudes, especialmente vicencianas, en la regularidad y observancia, en la piedad y en. el sacrificio, en la austeridad, espíritu de obediencia, amor de la vocación y, sobre todo, en la conformidad con la voluntad de Dios, que siempre lo mantuvo crucificado con el cumplimiento más estricto del deber. En vida y en muerte siempre tuvo fama de santo y la lectura de estas páginas dan fe de ello y convencen al más exigente. Este olor y fama de santidad se mantenía vivo todavía treinta años después, siendo yo novicio y estudiante, sostenido y fomentado por los ancianos, como los PP. Jarezo, Madrid, Rojas, Mejía, Bernal, etc., que habían sido testigo de sus virtudes, y hasta era fama que su cadáver se conservaba incorrupto.

Sin muestra ni señal de ello se mantuvo casi los dos días que estuvo expuesto en la capilla ardiente para satisfacer la devoción de la inmensa multitud -misioneros, estudiantes, novicios, figuras prominentes del: clero secular, con el Obispo de Madrid y futuro Arzobispo de Toledo, Mons. Sancho; interminables filas de Hijas de la Caridad, etc, -que. desfilaron ante aquellos despojos mortales, deseoso de contemplar, una vez más, aquel rostro, que tantas veces les había consolado en vida y cuya serenidad hasta la muerte: respetaba, como se echa de ver, en la fotografía y mascarilla. que luego se sacó de todo su .cuerpo, ya amortajado .y vestido con los hábitos, sacerdotales.

Fue sepultado en la cripta de: los PP. Paúles del cementerio de San Isidro, sin querer echarle cal, a lo que parece, porque esperaban que Dios en. premio de sus virtudes, le otorgara la gracia de-su incorrupción.

El panegírico final

Cerramos estos apuntes con un bellísimo panegírico que hizo de él el Rvdmo. P. Fíat en su carta circular número35 dirigida a toda la Congregación y, sobre todo, en la dirigida a los misioneros españoles el 1 de. marzo del mismo año de la que son estos párrafos:

“Desde el día en que Dios quiso probaros tan cruelmente, hemos quedado silenciosos, adorando en lo más íntimo, de nuestro corazón los designios impenetrables de la providencia. Más después de haber dado libre curso a muestro legítimo dolor y al vuestro, tiempo es ya de llenar el inmenso-vacío dejado por la muerte de vuestro nunca bien sentido Visitador y Director.

Duramos mucho de que en todo el discurso de su existencia  en vuestra Providencia haya sufrido otra pérdida igual a la que actualmente deploráis y deplora con vosotros la Congregación entera; pues el señor Maller era universalmente conocido, venerado y amado en la doble familia de San Vicente de Paúl. ¿Quién podrá enaltecer lo bastante el espíritu de sacrificio que le animaba? En una edad ya avanzada; aceptó, sin  vacilar, este varón generoso, la laboriosa, cuánto honrosa misión de hacer la visita de nuestros Establecimientos de la América del Sur e Irlanda; y de regreso a París manifestose dispuesto a continuar su viaje aun hasta la China, si fuera de nuestro agrado.

Una cosa le guiaba y fortalecía en sus largas peregrinaciones y era la seguridad de hacer la voluntad de Dios, de donde se echaba de ver a qué punto su conducta era inspirada por la fe y apoyada en todas las virtudes que distinguen a los perfectos misioneros. En especial yo había notado en él mucha piedad, mortificación, prudencia respeto “filial y docilidad hacia el sucesor de San Vicente. Si en verdad, Dios nos ha enviado una prueba terrible quitándonos, a un varón tan esclarecido. Pero El es nuestro Señor y Dueño, y justo es que disponga como le plazca de cada uno de nosotros. Además, podemos esperar, no sin razón, que la muerte preciosa del señor Maller nos ha adquirido en el cielo un nuevo protector, quien velará amorosamente sobre las obras que. la habían sido encomendadas, y pedirá para s sucesor la gracia de dirigirlas en plena conformidad con el espíritu que nos es propio. Este sucesor, señores, carísimas Hijas y muy amados Hermanos, ya lo habréis nombrado. Cuando encargamos al señor Eladio Arnáiz de la superioridad de la Casa de Chamberí, quisimos, aún mismo tiempo, dar un coadjutor  a nuestro venerable difunto e iniciar al que había de sucederle en el delicado oficio que le estaba reservado.

También merece transcribirse la nota adjunta de un anónima contemporánea que expresa la admiración propia y la de otros muchos.

El señor Maller al llegar a los sesenta años, había perdido la dentadura, y con esto, su pronunciación, clara y exacta, se hizo oscura, y tampoco hacía bien la digestión.

Con todo, no quiso ponerse nunca dentadura por mirarlo como objeto de lujo contrario a la pobreza. Amante de la uniformidad  aborrecía a par de muerte la singularidad, aunque estuviese enfermo. Veía a Dios en los Superiores y por eso era tan puntual y pronta su obediencia… Había adquirido gran dominio sobre sí mismo, de modo que no mudaban, ni siquiera su semblante, las nuevas prósperas o adversas: “siempre era el mismo, y muy expansivo, sin embargo, en las recreaciones, aunque tuviese pendiente los más graves asuntos”. Tenía el don de dirigir a otros por el camino de la perfección y el acierto y prudencia en el gobierno. Aún no había cumplido veintisiete años cuando fue nombrado rector del Seminario de Filadelfia, ganándose la simpatía de todos. Su Prelado decía de él que .”era el .sacerdote más acabado y prudente que conocía en toda la República de los Estados Unidos”. A los treinta años fue nombrado Visitador de aquella provincia.

Él Visitador señor Ryan decía posteriormente: “Todos amábamos al señor Maller, su memoria nos es siempre grata y jamás podría olvidarse de él nuestra provincia.”

Así pasó por el ancho del mundo este ilustre aragonés, y no menos ilustre español, uno de los más auténticos hijo de San Vicente de Paúl y de los más enamorados de la doctrina y ejemplos de su Padre, apóstol itinerante e incansable, siempre en el candelero, llevando siempre encendida una luz, una fe y una mística que a muchos ilustró y llevó por los caminos de Dios, dejando de trae de sí el buen olor de sus virtudes y un reguero de buenas obras.

Sr. Pbro. D. Mariano Joaquín Maller, Congregación Misión. París.

México, Mayo 1º de 1863

La gracia de N.S. sea siempre con nosotros.

Muy Sr. mío y estimado hermano en J.C.:

Aunque con atraso recibí su apreciable  de 30 de noviembre último. Han estado y están tan trastornados los correos que yo no he sabido aprovechar alguna ocasión que haya habido para escribirle nuevamente. Ahora lo hago porque he sabido que mañana  sale de aquí la correspondencia  para Europa por Acapulco y aunque incierto y dilatado este conducto, no quiero dejar de poner en su conocimiento el estado actual en que nos encontramos.

Poco, muy poco puedo sin embargo decir a V. porque si con Europa está interrumpida la comunicación también lo está y casi completamente con los Estado de toda la República y pasan meses sin que recibamos carta alguna de nuestras casas por modo de algún viajero que nos haga el favor de traerlas. No sabemos que haya necesidad particular el alguna de ellas. Los que están el la frontera es decir, Monterrey y el Saltillo, tienen bastante tranquilidad y libertad para el ejercicio de sus funciones y han hecho algunas pequeñas misiones por los pueblecitos de aquellas comarcas. El Sr. Obispo Verea deseaba que le acompañen algunos de nuestros sacerdotes en la visita que quiere hace, pero lo juzgo difícil por ser muy pocos sujetos. También deseaba encomendar a los nuestros algunos cargos del seminario que quiere poner en el Saltillo, pero creo que pretende que van en el Establecimiento sujetos a un eclesiástico a quien pondrá de Rector, a lo cual creemos que no nos convendría acceder si llegara pedirlo claramente.

El día 11 de marzo  murió en Silao el hermano coadjutor José Gregorio Rubio y aunque su muerte fue repentina , debido sin duda a algún trastorno interior en que se encontraría por causa de sus muchas y graves enfermedades que padecía y lo tenían imposibilitado para todo trabajo, ya hacía como tres años, y aunque en sus últimos momentos no pudo recibir todos los auxilios de la Religión no dudo que su muerte fue preciosa en los ojos de Dios, pues su vida fue muy edificante  desde el año de 1849 en que entró en la Congregación. Hasta entonces había sido soldado, sargento de Caballería que habiendo sido herido y sufrido mucho en la guerra del 1847 contra los Norte americanos y tejanos, y movido del ejemplo de los Hermanas suyas que se hicieron Hijas fe la Caridad, de las cuales la que vive es la hermana sirviente del Saltillo, se dedico a consagrarse a Dios y lo hizo muy de veras. Conservo siempre su aire militar y su carácter taciturno sumamente grave y recogido, pero con tanta sencillez y virtud que todo el mundo lo quería mucho, no solo los superiores, sacerdotes y hermanos sino también los mismos muchachos de los Colegios de León y Pázcuaro en que estuvo casi siempre aunque les imponía miedo solo su presencia: y para decirlo en una palabra nunca supimos que diera motivo de queja ninguna chica ni grande ni a los mismos muchachos, ni a los hermanos si a los sacerdotes y ni a los superiores.. Si tuvo alguna aflicción particular fue únicamente la de encomendarse a Dios hacer mucha oración y leer libros espirituales. pero sin perjuicio alguno del cumplimiento de sus obligaciones. A pesar de ese carácter tan serio que he dicho en sus conversaciones era muy amable y muy edificante.

En Silao no tenemos casa formal pero desde que los nuestros tuvieron que abandonar la casa de León se repartieron por varias casas de las Hermanas y una de ellas es la de Silao, de donde desde entonces estaba viviendo un sacerdote y dos hermanos, uno de ellos se ocupa constantemente de trabajar en la huerta de las Hermanas y el que ha fallecido le ayudaba en algo, pero estaba allí principalmente porque este lugar era el que convenía a su quebrantadísima salud.

En Guadalajara siguen los nuestros sin novedad particular y lo mismo aquí. Lo que nos tiene en muchísima aflicción es lo de Puebla. Hace más de 40 días , que está sufriendo la Ciudad mucho por el ataque de las tropas francesas y por todas las calamidades consiguientes en los moradores de ellas. han caído en la ciudad muchísimos proyectiles, ha habido desgracias numerosas, los ataques se suceden de noche y de día y todo esto nos tiene con gran cuidado por lo que pueda haber sucedido a los nuestros de quienes absolutamente nada hemos podido saber.

Mucho menos sabemos de la de Orizaba, ni del Sr. Masnou. Estamos como en una verdadera cartuja. Hace ya dos años  que no recibimos  la Circulas de 1º de Enero; hemos tenido muy pocas noticias de difuntos en suma deseamos ya con ansia que termine este período de prueba, pero creo que todos esperamos con paciencia la hora y modo que para ello disponga el Señor.

Creemos que Ignacio García habrá podido vencer la tentación, nada sabemos de positivo, pero vemos que hasta ahora se ha portado muy bien y sigue trabajando en su ministerio.

Si otro asunto particular hasta ahora me repito suyo affmo…

A. Learreta, i.s.c.m.

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