El nacimiento de Santa Luisa

Francisco Javier Fernández ChentoLuisa de MarillacLeave a Comment

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Author: Benito Martínez, C.M. · Year of first publication: 1978 · Source: Anales españoles, 1978.
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El proceder de Luis de Marillac

Louise 112Las Hijas de la Caridad tienen una forma particular de vida: es su espíritu; se basa en la humil­dad, en la sencillez, en la caridad. Santa Luisa, empero, dio siempre más importancia al dolor, y rei­teraba a las primeras hermanas que debían aceptarlo, que el ano­nadamiento por el dolor es esen­cial para la Hija de la Caridad. Tal vez sufrió ella toda su vida, ya desde la cuna, según escribe. ¿Qué ocurrió, pues, en su naci­miento?

En los achivos que guardan las Hijas de la Caridad de Rue du Bac, París, hay un sobre con la indicación siguiente: «Processus Informativi de Sanctitate Vitae et Virtutibus Servae Dei Ludovicae de Marillac, Viduae Le Gras. Pars Secreta. Non aperienda nisi de mandato R. P. Promotoris Fidei Urbis.» Es decir: «Del proceso in­formativo sobre la santidad de vi­da y sobre las virtudes de la Sier­va de Dios Luisa de Marillac, viu­da Le Gras. Parte secreta. No de­be abrirse sin la autorización del R. P. Promotor de la Fe de Ro­ma».

«Parte secreta». Esa frase resu­me la infancia de Luisa de Mari­llac. Nadie sabe dónde nació ni dónde fue bautizada; se ignora quién fue su madre, y la paterni­dad de Luis de Marillac queda en­vuelta en una espesa niebla.

El contrato de matrimonio en­tre Luisa de Marillac y Antonio Le Gras, fechado el 4 de febrero de 1613, dice: Señorita Luisa de Marillac, hija natural del difunto Luis de Marillac…». Hay asi­mismo donaciones que su padre le hace en las que se puntualiza: Su hija natural… hija natural de Luis de Marillac.

Todo parece claro: es hija natu­ral del noble Luis de Marillac. Pe­ro es una claridad en medio de la niebla. Gobillon pone en boca del padre: Que ella había sido su ma­yor consuelo en este mundo, y que creía que Dios se la había dado para que fuera el reposo de su espíritu en las aflicciones de la vida (4). Entonces, ¿por qué no la legitima con vistas a la herencia? Ella nace el 12 de agosto de 1591. Su padre se casa por segunda vez el 12 de enero de 1595. Son casi cuatro años de viudez en los que no la legitima. Su segunda espo­sa, Antonieta Camus, huye de ca­sa en 1600 después de serios dis­gustos, y vive separada de él casi dos años. Con estos dos años de separación llegan a diez los años durante los que Luisa es hija úni­ca y amantísima, pero de nuevo sin legitimar. Por fin, el 28 de di­ciembre de 1601, nace Inocencia, y Luis de Marillac reconoce como legítima y única heredera a esta hija dudosa.

Luis educó dignamente a Luisa en el colegio aristocrático de Pois­sy, del que era religiosa su prima Luisa de Marillac y abadesa Ma­dame de Gondi. El convento goza­ba de gran fama, y hasta el rey Enrique IV cuidó de que lo fre­cuentara, de niño, su hijo, el fu­turo Luis XIII.

Algunos años más tarde, Luis de Marillac colocó a su hija en casa de una señora con el fin de que recibiera una formación com­pleta, dice Gobillon. Esto era bastante frecuente en el siglo XVII. Los padres, aun siendo nobles, co­locaban a sus hijas adolescentes en familias de rango superior pa­ra prepararles un porvenir y un matrimonio de conveniencia. Era el medro, y leyendo a Gobillon no parecerá ser otra la intención de Luis de Marillac.

Distinta es la impresión que sa­camos del testimonio de sor Bár­bara Bailly, quien dice habérselo oído personalmente a Santa Lui­sa. Según este testimonio, la se­ñora en cuya casa se pensionó a Luisa era pobre y precisaba de ayuda para vivir. Junto a es­ta señora transcurrió probable­mente la vida de Luisa hasta su casamiento.

En el siglo xvII, el niño peque­ño no contaba: podía morir en cualquier momento dadas las ca­lamidades y desgracias de los tiempos. De ahí que se legitima­ra a los bastardos cuando ya eran grandecitos y podían sobrevivir y responder, ante la sociedad, de su apellido y casa. Una niña sólo co­menzaba a serlo a los diez años. ¿Pensaba Luis de Marillac legiti­mar a su hija y se le adelantaron los acontecimientos con el naci­miento de Inocencia?

Luisa tenía catorce años a la muerte de su padre. Tenía edad para ser legitimada, aunque el proceso costara más por haber ya otra hija legítima. ¿Sorprendió a Luis la muerte mientras pensaba en la legitimación? Nunca lo sa­bremos, y el ignorarlo mantiene abierto el interrogante de por qué no es legitimada una hija tan que­rida.

  • Las actas de donación tampo­co aclaran nada. Los documentos hallados señalan:
  • 100 libras de renta y un pe­queño campo.
  • Otras rentas por valor de 250 libras, de 50, 1.200 y 330 libras.

Son rentas por valor de 1.950 li­bras anuales. ¿No da más que esto Luis de Marillac? Es muy po­co si se compara con su fortu­na. Cierto, los contratos ma­trimoniales de la época no apor­tan datos ni cifras suficientes a la estimación del dote, pero sí nos dicen que Luisa llevó al matrimo­nio 2.000 libras en bienes comu­nes; ahora bien, su madrastra ha­bía llevado 18.000 libras a ese mis­mo título.

Los comentadores de la coutu­me indican que cuando no hay otros hijos legítimos, los padres pueden otorgar como donación a los hijos simplemente naturales todo cuanto ellos quieran y, por testamento, los muebles, las ad­quisiciones y la quinta parte de la antigua herencia; si hay hijos legítimos sólo la duodécima par­te de la fortuna, pero si los hijos son bastardos, nacidos de incesto o de unión punible, sólo se les po­drá dar para el alimento, y si son hijas, un dote moderado para que no caigan en la prostitución.

La exigüidad relativa de las do­naciones de Luis de Marillac a su hija Luisa acentúa las dudas exis­tentes en torno a las relaciones de padre e hija que se supone vincu­lan a ambos.

El proceso de 1602

Acaso arroje más luz un pleito que hubo entre Luis de Marillac y su segunda esposa, Antonieta Camus, para esclarecer la legi­timidad de Inocencia de Mari­llac.

En el proceso se acusa a Anto­nieta de frecuentar la compañía de personas sospechosas, llevan­do con ellas una vida disoluta y, en fin, de ausentarse de casa por largo tiempo, así como de dormir fuera de casa. Aun viviendo con su marido, lleva tal conducta que su hermano llega a escribirle en estos términos:

«No es tiempo de reír, y si vos no os portáis como debéis, yo soy hombre para, en defec­to de vuestro marido Marillac, haceros encerrar entre cuatro paredes antes que sufrir des­honor por vuestra culpa.»

Se la acusa también de que el 21 de enero de 1600 abandonó de­finitivamente a su marido, enfer­mo de gravedad, y de que frecuen­ta prostitutas y comete muchas insolencias y escándalos.

Ella acusa a su marido de tira­nía y brutalidad y de incumpli­miento con el débito matrimonial. Y lo grave es: Luis no puede cum­plir como marido porque es im­potente. Ella sabe bien —dice— que el dicho Marillac tiene un de­fecto y que no puede ser como los demás ni lo ha sido, y que to­do el mundo sabe bien esto, pues si no se supiera se lo tendría en secreto y oculto, pero importa por lo que pasó ya en el primer ma­trimonio y por todo, que se sepa la verdad. Acaba, en efecto, de decirnos que no basta cualquier cosa para tener hijos. Y aclara que el dicho Marillac había sufri­do una lesión en el pequeño apa­rato.

Dura acusación que, de ser ver­dadera, oscurece el origen de Lui­sa, pues demuestra que Luis de Marillac fue impotente ya en su primer matrimonio. Entre éste y el segundo nació Luisa, ¿de qué padre? Antonieta detallará más adelante que Luis había padecido dos mutilaciones, a saber: a la edad de siete y de catorce años, y aun desde los tres años está mutilado. ¿Son justas estas acu­saciones?

El proceso delata habilidad por parte del fiscal y sagacidad por parte de Antonieta: si Luis de Ma­rillac no es el padre de Inocencia, Antonieta habrá incurrido en adul­terio, delito entonces rigurosamente penalizado. Así arguye una parte; mas la otra replica: si Ma­rillac es impotente no es un mari­do; Antonieta se ha casado con un niño; el matrimonio no fue válido, sino nulo, y ella no es adúl­tera.

Los intereses de Antonieta Camus

Según el proceso, Antonieta abandonó a Luis el 21 de enero de 1600. El 17 de noviembre de 1601 era recluida en el hospital de San Gervasio; el 28 de diciem­bre daba a luz.

¿Por qué interesa a Antonieta demostrar la impotencia de Luis? Antonieta arguye, ante todo, que ya en el momento de dejar a Luis tenía iniciado proceso de separa­ción. En segundo lugar, ella ha­bía llevado al matrimonio, en ca­lidad de bienes comunes, la suma de 6.000 escudos, efectiva única­mente después que el matrimonio hubiera sido consumado.

Puesto que el nacimiento de Ino­cencia confirma la consumación del matrimonio, es preciso demos­trar, de un lado, que Luis no es el padre; del otro, que Antonieta no es adúltera. Y de ahí la con­clusión: Todo el mundo cree y tiene la impresión de que Luis de Marillac es incapaz de matrimo­nio y de tener hijos.

Ahora bien, nadie replica que Luis ha tenido ya una hija, lo que le demostraría capaz. ¿O es que Luisa no es hija suya? El proceso no la menciona ni una sola vez.

Los intereses de Luis de Marillac

¿Por qué importaba a Luis re­conocer a Inocencia como hija? ¿Por qué deseaba administrar la dote de su mujer? ¿Para probar su normalidad genital? ¿Por mo­tivos de familia? ¿O era él sen­cillamente el padre de Inocencia y, por consiguiente, también de Luisa?

Se conoce una carta a su her­mana Valence, casada con Dony d’Attichy:

«Mi señora hermana: Entre todas las contrariedades y aflicciones con que Dios ha querido visitarme, no he teni­do mayor consuelo que la ver­dad y la justicia de mi causa, que a cualquiera hace murmu­rar de aquellos que ya debie­ran haber terminado un proce­so del que todo el mundo está ofendido al ver que un crimen tan enorme queda impune tan­to tiempo. Pues todos conocen y saben que yo no voy a jui­cio más que para defender el honor, la vida, los bienes y el cuerpo, y la suposición de una niña contra una mujer de la que la justicia me había se­cuestrado dos años antes de que diera a luz, prohibiéndo­me molestarla o importunarla en modo alguno por mí o por otro durante el proceso. Y esto desde su primera acción ju­dicial sin haberme citado si­quiera. Y a la que, por esta causa, no he hablado sino en el juicio y delante de todo el mundo. Y todo por las ar­gucias e impías intenciones de los enemigos de Dios y de to­da nuestra casa, ya en vida de nuestro difunto honorable pa­dre, y que (ahora) han osado tocar al primer vástago.

Pero (han actuado) ocultos tras la rodela de la insolencia, sobre la que resalta un diablo disfrazado de mujer sin fren­te, con la boca y las manos to­das llagadas, estropeadas y contrahechas por los daños que se infería al intentar ofen­der de palabra y obra la Reli­gión, la Justicia, el Honor. ¡Có­mo huía y miraba de través y con desdén por haberle queri­do impedir sus acciones y con­ducta!

La otra ayuda que también he recibido de la asistencia, buena voluntad y consejos de mis parientes y amigos, a los que toca el asunto, es lo me­jor y más escogido de mis con­suelos terrenos. Entre éstos, los del señor d’Attichy y los vuestros me han servido de gran apoyo.

Y como no basta pedir con­tinuamente favores si no se agradecen, si deseáis que en­víe alguna cosa en vuestro nombre, como si fuera de vues­tra cacería, a algunos de vues­tros amigos que tengan influen­cia sobre este asunto, enviad­me cartas con sus direcciones y yo les enviaré algunas pie­zas de caza, que en la necesi­dad no me niegan mis amigos.

Con todo, tenedme siempre presente en vuestras gracias y oraciones. Y yo seré, mi seño­ra hermana, después de besaros las manos, vuestro obe­diente y queridísimo hermano que está a vuestro servicio.

DE MARILLAC

Farinvilliers

No consta categóricamente de la autenticidad de esta carta, y sólo un estudio serio permitiría concluir algo de ella.

Análoga estimación merecen los encabezamientos que se leen en el folio 11v. ¿De quién proceden? Dicen:

«Soneto acróstico del nom­bre de una mujer que encuen­tra la razón de su divorcio en el anagrama del nombre de su marido que pone por conclu­sión.»

El nombre de la mujer es An­tonieta Camus, y el de su marido Luys de Marillac.

«Otro soneto acróstico en­viado a la misma después de haber dado a luz por un adul­terio, en el convento donde ha­bía sido encerrada por la Jus­ticia para que fuera su mora­da durante el proceso empren­dido judicialmente por ella con falsedades contra su marido, quien fue obligado a seguir el proceso.»

Algunos datos adicionales

Para terminar, aduzco todavía los siguientes hechos:

  • Cuando Miguel de Marillac es­cribe a Luisa, la trata de seño­rita; nunca emplea el trata­miento de sobrina ni siquiera para despedirse.
  • Todos sus coetáneos tienen a Miguel de Marillac por hom­bre justo y recto; ahora bien, Miguel fue tutor de Inocencia, en cuyo favor parece haberse «aprovechado» de los bienes de Luisa, de suerte que un juz­gado le obliga a restituir lo sustraído. Un extraño, Blondeau, es designado para que se haga cargo de Luisa. Todo ocurre en 1608.
  • En el siglo XVII, ser hija natu­ral de un padre que la recono­cía no era un baldón, ni acomplejaba a una mujer hasta in­ducirla a escribir: Su Bondad ha querido que estuviese mar­cada (por la cruz) desde mi mismo nacimiento.
  • Luisa firma Le Gras cuando escribe a personas de la socia dad, pero cuando escribe a hermanas de la Compañía o a padres de la Misión, firma Dé Marillac. Todo el mundo considera este último apellido como el suyo.

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