Día 5 de enero. Son las cinco y media de la mañana. Hace frío en la estación de ferrocarril de Berhampur. La gente mira extrañada. Nunca han visto a esas horas de la mañana tantas Hermanas y tantos Misioneros en la Estación. Estamos casi todos los encargados de las Estaciones, Padres de Berhampur y Gopalpur y varios Hermanos. También están las Superioras de las distintas Casas y un buen grupo de Hermanas.
A las seis llega el tren de Calcutta y junto a la puerta de uno de los vagones nos reunimos los Padres, Hermanos y Hermanas. Desciende sonriente el Muy Rdo. P. Superior General. Le acompañan el P. Archetto, delegado de Misiones, y el P. Tomás Urdangarin. Saludos, apretones de manos y los típicos collares de la India. Desde la estación nos dirigimos todos al nuevo Santuario de la Reina de las Misiones. El P. Superior General concelebra la Santa Misa, acompañado de Mgr. Jacobo y los Padres Urdangarin, Archetto, Güemes, Urbaneja, Angel Pano y Thiruthalil. Los bancos de la parte de la derecha están casi todos ocupados por hábitos o «saris» blancos: las Superioras, las Hermanas de Berhampur y Gopalpur y un nutrido grupo de aspirantes. En los de la izquierda un grupo de cristianos de Berhampur y un buen número de Padres.
Después de la Misa, el desayuno con conversación animada, en la que el Superior General y el P. Archetto nos cuenta sus primeras impresiones de la India y nos dan las noticias más recientes de la Congregación. Antes de salir para Gopalpur, el P. Superior General visita la Casa Provincial de las Hermanas. En nombre de toda la Provincia, Sor Cecily, en un discurso en inglés, le agradece su visita y le desea una feliz estancia entre sus Hijos e Hijas. Unas horas más tarde, le expresaba los mismos sentimientos un Hermano Filósofo en Gopalpur. El resto del día lo dedicamos a preparar el itinerario que ha de seguir en su visita a las distintas estaciones de la Misión.
Día 6 de enero
A las seis de la mañana, Misa concelebrada, a la que asisten los Hermanos Filósofos y Novicios y Hermanas de Gopalpur y Berhampur.
A las once de la mañana llega el momento histórico de esta Misión Vicenciana de la India. Reunidos todos los presentes en la Capilla de Comunidad —la mayor parte nos quedamos de pie por ser los bancos insuficientes—, el Muy Rdo. P. Superior General nos lee el decreto por el que esta Viceprovincia de la India queda erigida canónicamente en Provincia. Hay emoción en las palabras paternales del Superior General. Todos: Novicios, Filósofos, Hermanos y Padres escuchamos impresionados sus acertados consejos. Desde ahora somos Mayores de Edad. Cuarenta y ocho años en estas tierras de Orissa son suficientes para merecer este título. Entre nosotros está el Rdo. P. Güemes, fundador de la Misión, que en sus cuarenta y ocho años en la India, sin volver a la Madre Patria, ha visto cómo ha ido progresando, despacio, pero con paso firme, la Congregación en estas montañas de Orissa. Hay alegría en todos: ya somos Provincia, tenemos nuestro Provincial, el Rdo. P. Tomás Urgangarin. Al mismo tiempo sentimos separarnos de la Provncia de Madrid. Reconocemos que hemos sido los mimados de los seis Visitadores que han regido la Provincia de Madrid durante estos cuarenta y ocho años. Nuestra más sincera gratitud al P. Atienza, él fue el que mandó a los primeros misioneros, al P. Adolfo Tobar, P. Silvestre Ojea y PP. Vicente Franco, Domingo García y Felipe García. Todavía se recuerda las visitas de los PP. Adolfo Tobar, Ojea, Franco y Domingo García. Las sabias consignas que nos dejaron han producido frutos abundantes. Los 48 Padres y 7 Hermanos que componemos la Nueva Provincia queremos manifestar nuestro más cordial y sincero agradecimiento a la Provincia de Madrid, hoy Provincias de Madrid, Zaragoza y Salamanca, por su ayuda desinteresada a esta Misión de Cuttack. Aunque canónicamente separados, seguiremos unidos íntimamente con los que con tanto cariño nos han ayudado en todas nuestras necesidades. Nuestra gratitud al Muy Rdo. P. Superior General por haber querido venir personalmente a erigir esta Provincia. No olvidaremos el acto celebrado en esta capilla, de la que ha sido hasta ahora Casa Viceprovincial y que en adelante será Casa de vacaciones, de reuniones y de Ejercicios Espirituales. A nueva Provincia, nueva Casa Provincial. Está a las afueras de Berhampur. Una gran Casa de elegantes y perfectos detalles. El arquitecto y realizador de la obra, el Hermano Salcedo. Nuestro Visitador tiene una morada amplia y digna.
Después de la comida llega un telegrama. Viene de Cuba. Nuestro querido y recordado compañero, el Rdo. P. Julián Tobar —nombrado Visitador de la Provincia de Madrid— felicita a todos los Misioneros con ocasión de la erección de la Provincia de la India.
El mismo día, a las seis de la tarde, el Superior General comienza su recorrido por las estaciones de la Misión. Su primera visita: Aligonda.
Salimos en dos jeeps, en uno el P. Superior General con el P. Urdangarin, de chófer el Hermano Salcedo. En el otro, el Padre Archetto, al volante el P. Moreno. Llegamos de noche a Aligonda. No habíamos tenido tiempo de avisarles. Al ver a los dos jeeps adivinaron quiénes eran los visitantes y los 150 chicos del internado salen como relámpago de la clase, donde están estudiando y atruenan el bosque con vítores al P. General y al P. Archetto.
Dejamos la visita oficial a Aligonda para el día 8, y el 7, después de la Misa, salimos para Katinga. Como la Casa de Katinga no tiene más que tres habitaciones y pequeñas, tendremos que volver a dormir a Aligonda. El P. Chacko, encargado de Katinga, se volvió el día 6 a Gopalpur para avisar al P. Elías y a las Hermanas y para preparar la recepción.
Los primeros 16 kilómetros son pasables, la carretera de tierra y en algunos sitios en reparación, pero comparados con los últimos 15 kilómetros parecen una gran vía. Grandes piedras, riachuelos sin puentes, puentes desvencijados, desvíos por el bosque y por el monte. Pero los jeeps, aunque despacio, van avanzando sin mayor dificultad. El P. Archetto disfruta enormemente cuando el P. Ramón, que nos acompaña, comenta solemnemente: «Hemos llegado a las primeros term5pilas» y en una cuesta sembrada de piedras añade: ¿quién podrá contar tantas termópilas?
A la entrada de Katinga nos espera el pueblo entero. Allí está el. P. Elías incansable, dando órdenes y gritos. Las Hermanas traen a sus pequeñas colegialas uniformadas. Los mozos de Katinga forman un palio con unos saris de colores. Las dorados collares resaltan en la sotana negra del Superior General y en la blanca del P. Archetto. Después de un pequeño descanso, nos reunimos en el pórtico de la iglesia, donde los katingueros y las pequeñas de la escuela saludan al Superior General en inglés, uria y español. No podían faltar las danzas del país perfectamente ejecutadas por cuatro pequeñas. Antes de terminar, la clásica «chancha»: ofrenda, arroz, patatas, guindillas, sal, huevos y una gallina.
Después de la velada, una visita al cementerio, donde descansan los PP. Tajadura, Yániz y Larrión. Los tres cayeron en pocos años con las armas en la mano y en plena juventud.
Durante la comida, el P. Elías tiene un interesante diálogo —mejor monólogo— con el P. Archetto, donde quiso probarle, y creo que lo consiguió, que está muy bien impuesto en la historia misionera de la Congregación. Comenta con gracia los vicios y virtudes, los aciertos y errores de los grandes Misioneros de la. Congregación en China, Madagascar, Etiopía, Argelia, etc., etc., y termina: «Toldo esto le prueba P. Archetto, que estoy capacitado para ocupar su puesto, sólo tengo una desventaja, me estoy haciendo viejo.» Y el P. Archetto sigue la broma y le replica: «Yo creo, P. Elías, que el Superior General debe llevarle a Roma para que usted anime y alegre a los de la Curia.» Llegan las cuatro de la tarde y tenemos que salir para Aliganda.
Día 8. Aligonda
Cristiandad vieja. Estación relativamente nueva. Misa canee- lebrada. Parece un día festivo. La amplia iglesia completamente llena. Los de Aligonda escuchan con atención al P. General y a su traductor, el P. Urdangarin. Al final de la Misa sacamos unas fotos. La espaciosa escalinata, con su 24 peldaños, son insuficientes para colocar a todos.
En la conversación del desayuno no puede faltar la alusión al P. Güemes. Allá por el año 1923 fue la primera visita del P. Güemes a Aligonda. No le quisieron recibir, pero el P. Güemes no se deja vencer fácilmente. Junto al pueblo hay un enorme árbol. Allí puso él una estampa de la Milagrosa y allí se estuvo quince días. El árbol le sirvió de casa y de capilla. La Virgen hizo el milagro y Aligonda es hoy día una de las Parroquias más numerosas de la Misión.
Los maestros y chicos del internado ofrecen al Superior General una velada con saludos y cánticos en uria e inglés. Un maestro nos recuerda la gran labor de los Padres Paúles en estas montañas de Aligonda.
Después de la comida tenemos la satisfacción de ofrecer al Superior General y P. Archetto un café y una copa de Carlos I. Me regalaron la botella hace más de dos años unos buenos amigos de San Sebastián. La he guardado esperando una buena ocasión y no la pudo tener mejor.
Habíamos planeado salir a las dos de la tarde para Aligonda, pero tenemos que posponer la salida, porque a última hora me traen a un pequeño pastor atacado por un oso mientras guardaba sus vacas. Tiene una herida profunda en el hombro. Le lavo la herida con agua de permanganato, le pongo penicilina, le vendo la herida y le doy una inyección. El pequeño se queda llorando cuando nosotros emprendemos el viaje hacia Gunupur.
El P. Archetto echa de menos las termópilas de Katinga. Como la carretera no tiene asfalto y el toldo del jeep está roto en varios sitios, el polvo rojizo se mete por todas las partes y nuestra ropa cambia de color.
Antes de llegar a Gunupur, vemos en la carretera un grupo de cristianos: son los de Sordapur, que se han enterado de nuestro paso. Uno de ellos me pregunta por Juan Pablo y se alegra muchísimo cuando le digo que está en nuestro internado de Surada y es muy listo y simpático. Hace ocho años, cuando visité Sordapur, su madre murió y su padre, que no sabía qué hacer con el nene de tres días, me lo dio para mí y me lo llevé a la Casa Cuna de nuestras Hermanas de Gopalpur.
Poco más adelante, otro grupo de cristianos. Ahora son los de Yateli, que están trabajando en un puente. Algunos me recuerdan, me dicen que yo fui quien los bauticé el año 61 en mi última visita a Yateli, poco antes de abrirse la estación misional de Gunupur. Al despedirnos, todos ellos se arrodillan en la carretera, sin ningún respeto humano, y el Superior General les da la bendición.
En Gunupur nos esperan con banda. Los más entusiastas, los nuevos cristianos «souras». Hay grupos de varios pueblos cercanos y como aquí no se complica la vida, mientras estamos en la recreación de la noche, los vemos en grupos cocinando un poco de arroz debajo de los árboles de la huerta. Duermen todos ellos en la escuela, sobre el suelo, cubiertas con una sabanilla.
Día 9
Rayagada y Gunupur son las dos estaciones vicencianas del distrito de Koraput. Las dos Casas son propiedad de la Congregación. La Casa de Rayagada se terminó el año pasado. Una buena Casa, pero solo puede aposentar a dos Padres. Allí trabajan los Padres John Mulackal y Mathew Onnat. Es difícil acomodarnos —somos cinco huéspedes—, volveremos a dormir a Gunupur. La carretera bastante buena, pero sin asfalto y todavía están sin terminar los puentes. Desde lo alto del puerto se contempla la llanura de Rayagada. Paramos los jeeps y nos recreamos en el bello paisaje. Por la tarde, ya de vuelta, en el mismo lugar, el jeep que conduce el Hermano Salcedo se para. Es un buen mecánico y en seguida localiza el fallo. Mientras lo arregla oímos por tres veces el rugir de la pantera en el bosque cercano. Silenciosos, esperamos con el deseo de verla, pero no sale de la maleza. Después de un rato la oímos de nuevo, pero esta vez más lejos. El defecto del jeep queda arreglado, pero el motor no arranca y es curioso ver al Superior General y a los PP. Archetto, Urdangarin y Moreno empujar el jeep hasta que el motor pita.
En Rayagada nos esperan los dos Padres y dos Hermanas que han venido a dar medicinas en los pueblos de esta estación. Los cristianos están trabajando en las fábricas y no salen hasta las últimas horas de la tarde. Para entonces ya estamos nosotros de vuelta en Gunupur, después de haber pasado un rato agradable en esta nueva estación de Rayagada.
Día 10
La Misa concelebrada la tenemos en la huerta, no había lugar en la Capilla para todos. A continuación de la Misa, el saludo oficial al Superior General. Nuestro pequeño grupo de la nueva Escuela Pre-Apostólica de Gunupur se encarga de los cánticos y los maestros leen unas cuartillas en uria e inglés agradeciendo al Superior General y al P. Archetto su visita a Gunupur. Pasamos un buen rato oyendo a estos pequeños artistas de la canción clásica india. La nota típica la dan los albañiles y carpinteros que están trabajando en el edificio de la nueva Escuela Pre-Apostólica. Todos ellos son hindúes. Vienen después del desayuno, vestidos con los vistosos trajes de sus dramas religiosos, con sus caras pintadas, sus largas caballeras y sus coronas reales. No se cansan de danzar y piden una foto con el Superior General.
Nos queda un poco de tiempo, antes de comer, para visitar la casa de nuestras Hermanas. Todo es diminuto. En el dormitorio sólo caben tres camas. La Capilla apenas si mide seis metros cuadrados y la cocina no llega a los dos. Y las Hermanas tan contentas con su casita. La única pieza un poco espaciosa es el dipensario donde Sor Vicenta atiende cada día a más de cien pobres enfermos de Gunpur y de los pueblos de los alrededores.
En Gunupur no podía faltar la ofrenda de los maestros y cristianos: unas hermosas figuras labradas en cuerno de búfalo y una buena cabra.
A las dos treinta de nuevo en camino: esta vez a Badapada.
A la entrada del pueblo, casi a un kilómetro de la Misión, una gran multitud nos espera. Los protestantes baptistas, atraídos por la música y el ruido, están casi todos de curiosos junto a la carretera. Los católicos de Badapada y de los pueblos cercanos parece que quieren probarnos que son maestros en la organización de recepciones. Nos hacen bajar del jeep, ponen los típicos collares al Suprior General y al P. Archetto y luego en procesión y bajo palio a la iglesia. Hace fresco y está oscureciendo, pero los músicos sudan golpeando sus tambores y danzando al mismo tiempo.
El P. José Bulán, encargado de Badapada, da la bienvenida al Superior General y al P. Archetto. Luego habla al Superior General y traduce el P. Mulan, y a continuación el Superior General nos da la bendición con el Santísimo.
Los Padres quieren aprovechar bien la corta estancia del Padre General y nos ponen la velada por la noche. después de la cena. Nos llama la atención el pequeño grupo de souras del internado de nuestras Hermanas. Cantan y danzan con una soltura y una gracia que nadie creería que son souras. Una de ellas lee un discursito en inglés pronunciando con toda perfección. Y los de Badapada como no quieren ser menos que los de otras estaciones le traen también la «choncha»: semillas propias de la región y una hermosa cabra.
Día 11
Antes de amanecer, los «souras» nos despiertan con el ruido de su instrumentos y tambores. El P. General bautiza a un grupo de adultos de distintos pueblos de la estación de Badapada. Buena ocasión y un día muy apropiado: celebramos la festividad del Bautismo del Señor.
El P. Ibilcieta está un poco resentido. No tiene ocasión de echarnos el sermón que con tanto esmero y cariño había preparado. Para que la Misa no resultara larga predica solo el Superior General.
Por la mañana hacemos un recorrido por la misión. Primero la escuela y el internado, luego la carpintería. El Superior General pasa un buen rato contemplando a estos quince pequeños que aprenden el oficio de San José, bajo la dirección de Macario, discípulo del Hermano Avelino, y ahora un ebanista de primera. Está al frente del taller el Hermano José Adappur. El taller es amplio y cada aprendiz tiene su banco y sus herramientas. El Superior General queda muy complacido cuando el P. Urdangarin le dice que el taller ha sido construido con la ayuda mandada por el P. Giel Gommans, Paúl holandés, que está de Párroco en Birkerd, de Dinamarca. Con su propaganda en dicha Parroquia ha conseguido dinero suficiente para construir el taller y comprar las herramientas necesarias para los quince aprendices.
De la carpintería pasamos a las Hermanas. Son cinco en la Comunidad. De Superiora está Sor Mariana Elencijal. Un detalle que impresiona al Superior General. Durante las vacaciones de Navidades, Mgr. Jacobo me invitó a visitar Kerala. El día 2 de enero, cuando sólo llevábamos cuatro días en Kerala, recibimos un telegrama del P. Urdangarin diciéndonos que el Superior General llegaba el día 4. Llegamos a tiempo para recibir en la estación de Berhampur al Superior General. El último día de mi estancia en Kerala visité el pueblecito de Kuthiathodu: un pueblo vicenciano. Ocho vocaciones ha dado dicho pueblo a las Hijas de la Caridad. Sor Celina y su hermana, Tor Teresita Avaran, Sor Teresa Thadicaran, Sor Regina y su hermana, Sor Rose Mary Elencijal, Sor Mariana Elencijal, Sor Teresita Thachil y Sor Ru fina Tharail. Visité a los familiares de las ocho Hermanas y el detalle que impresionó al P. General: la madre de Sor Mariana, que sufre cáncer, me entregó dos rosarios de marfil para que su hija, Sor Mariana, se los entregará al Superior General y a la Muy Honorable Madre General durante su visita a la Misión. Sor Mariana cumplió el encargo de su buena madre y el Superior General le prometió una oración por ella.
Cuando llegamos a las Hermanas las encontramos a todas ocupadas preparando la comida para tan distinguidos huéspedes. No hace falta que Sor Paz nos diga que están asando un cordero, al entrar en la cocina se nos abre el apetito al sentir el olor.
Sor Francisca nos espera con las pequeñas en la escuela. No he visto en todas estas montañas un edificio como éste de la escuela de las Hermanas. Sor Francisca se lamenta de que el Gobierno no quiere reconocer las clases sexta y séptima y las niñas tienen que desplazarse hasta Surada o Raikia para continuar sus estudios.
Sor Paz deja un momento la cocina y viene a enseñarnos su dispensario. En el libro de registro del dispensario vemos que se acercan al centenar los enfermos que acuden cada día. El Gobierno ha abierto un dispensario en Khajuripada. Los enfermos pasan por delante del dispensario del Gobierno para venir al de Sor Paz. Les impresiona el cariño y delicadeza con que estas buenas Hermanas atienden a los enfermos. Al terminar la visita a las Hermanas son las doce y la comida está preparada.
El P. Ibilcieta anima la conversación con sus salidas originales y oportunas. Poco a poco va sacando las ideas de su sermón, preparado y no predicado. El Superior General y el P. Archetto disfrutan con las ocurrencias del P. Ibilcieta.
Un poco de descanso y camino de Gopalpur. La primera parte de nuestra visita está terminada. Todo ha salido bien, según lo planeado y sin ningún contratiempo.
Día 12
La mañana del día 12 es la fijada para la visita del Superior General al Noviciado de las Hermanas. Misa concelebrada por el P. General, acompañado de los PP. Archetto, Urdangarin, Díez y Angel Pana, Director de Hermanas. Las Hermanas seminaristas durante la Misa, sentadas en el suelo, cantan y acompañan la música con instrumentos del país.
Desayuno en la pieza de las Hermanas y luego la velada. Una Hermanita lee en inglés un sentido saludo, siguen los cánticos muy bien interpretados por el pequeño grupo de seminaristas y luego les habla al Superior General. Después de la visita a las distintas dependencias del Seminario pasanlos al pabellón de ancianas. No quisieron ser menos y hubo discursos en varias lenguas y hasta danzas. Se ve que nuestras buenas Hermanas saben hacer felices a estas pobres ancianas, recogidas la mayor parte de ellas en las calles de Berhampur. Al despedirnos, Sor Pilar Acerete, tan recordada en España, pide para ella y para sus seminaristas la bendición al Superior General. Todas ellas la reciben con emoción.
Volvemos a comer a Gopalpur y empezamos la segunda parte de nuestra visita, ahora dirección norte, al Seminario de Bhanjanagar. Está de Rector del Seminario Menor el P. Thomas Thiruthalil y le ayuda el P. Thomas Maliackal. En Bhanjanagar estudian latín los seminaristas diocesanos y nuestros apostólicos. Nos reciben sin ruido, pero se nota que están impresionados. La mayor parte son de Kerala. He notado en mi reciente visita a Kerala que los cristianos tienen un respeto inmenso a los Obispos y a los Superiores Mayores. Y eso lo notamos en la mirada de estos buenos jóvenes. La velada, antes de la cena, breve, pero muy sentida. Los seminaristas leen unos discursitos y cantan en inglés, uria y malayalam. Luego habla el P. Thiruthalil y al final el Superior General les da unos consejos a los seminaristas.
Por la mañana Misa cantada y después del desayuno salimos para Raikia.
En Raikia hemos estado los Padres Paúles hasta hace unos meses. Actualmente tres Sacerdotes Seculares, los tres de Orissa, están encargados de la estación. Nuestra visita será breve. Según nuestro programa, a las cinco de la tarde tenernos nuestra llegada a Surada. Llegamos a Raikia media hora antes de lo escrito en el programa, por eso todavía no estaban reunidos los cristianos. El P. Manuel nos lleva al refectorio y nos ofrece un buen té. Al salir para ir a las Hermanas nos esperan los cristianos con diez enormes sombrillas de vistosos y brillantes colores. Nos llevan en procesión hasta las Hermanas dando vítores al Superior General y a su Secretario, como ellos llaman al P. Archetto.
Al entrar en la Casa de las Hermanas, las colegialas uniformadas, nos esperan en dos largas filas. Hay bastantes curiosos en la carretera. La primera visita es a la Capilla. Algo llama la atención: una limpieza extraordinaria en todas las dependencias. Dicen que Sor Rosa, la Superiora, tiene una santa manía por la limpieza. El Superior General va recorriendo todas las clases don de las pequeñas le reciben con un sonoro «Nomoscaro». De las clases vamos a la Casa Cuna. Setenta y dos angelitos negros, cada uno con su historia. Parte de ellos han perdido a sus madres al nacer, otros han sido abandonados, o mejor abandonadas, porque sus padres «bramines», tienen varias hijas y no quieren hijas sino hijos. En las limpias cunas lloran algunos bebés al ver entrar a tanta gente. Una caricia de Sor Ana es suficiente para calmarlos. Los mayorcitos corretean en el pasillo o en el jardín.
Terminamos la visita en el dispensario. Sor Mary está rodeada de sus enfermos. Hoy han venido pocos, nos dice, solo unos ochenta. Los lunes, día del mercado en Raikia, vienen unos 120.
En las Hermanas nos ofrecen dos veladas: la una las chicas de la escuela y los pequeños de la Casa Cuna, la otra —privada— las Postulantas. Estos pequeños y pequeñas parecen ser por naturaleza artistas del cántico y de la danza.
La comida la tenemos en la pieza de las Hermanas. Nos acompañan los Padres Manuel, Anselmo y Simón. Antes de salir para Surada otra velada en la escuela superior de chicos. Los maestros y Padres Seculares nos recuerdan la labor de los Padres Paúles en Raikia. Cerca de nosotros descansan dos grandes Misioneros: el P. Venancio Marcosw que murió el año 1950 siendo el Vicevisitador, y nuestro querido P. Echávarri, víctima del cáncer, el año 1967. Sentimos no tener tiempo para ir a Mondasoro y visitar allí las tumbas de otros dos Misioneros: el P. Garcés y el Hermano Llamas.
El Superior General queda impresionado por el recibimento y trato de estos Sacerdotes Diocesanos. Nuestros Paúles no hubieran podido hacer más.
Surada
Surada es el centro más importante de la Misión de Cuttack. Cuatro Padres, dos Hermanos y seis Hermanas trabajan actualmente en Surada. Tenemos en esta institución una Escuela Superior Técnica para chicos y Escuela Primaria y Media para chicos y otra para chicas, además carpintería, sastrería e imprenta. Un internado con más de 300 chicos y otro con más de 200 chicas. Dentro de las tapias de la Misión hay 18 edificios, con campos de arroz, huertas y dos estanques con peces.
Al llegar nosotros a Surada, niños y niñas acompañados de maestros y maestras forman dos filas que llegan desde la carretera hasta la puerta de la iglesia. Al bajar del jeep, mientras le colocan los collares al Superior General y al P. Archetto, la banda de música del internado interpreta una marcha militar. Tienen toda clase de instrumentos: trompetas, cornetas, saxofón, clarinete, tambores, bombos, platillos, etc., una banda perfecta. Los músicos van de punta en blanco. Ninguno de los músicos saben solfea pero unas horas en ensayo han sido suficientes para aprenderse el Himno Nacional de Estados Unidos, que interpretan en honor del Superior General. Muchísima gente de Surada viene atraída por la música y los cohetes. El Superior General queda admirado de ver tanta juventud: todos ellos bien vestidos: limpios y disciplinados. Antes de la cena, la velada, y después una serie de fuegos artificiales, cohetes y gran concierto de música. Y así terminamos el día 13, con un programa muy cargado: 170 kilómetros en jeep, cuatro veladas y el resto del día en continuo movimiento y es que hay que complacer a todos.
Día 14
La Misa concelebrada con la Iglesia completamente llena, que retumba cuando cantan estos 550 jóvenes con gran entusiasmo.
Después del desayuno, descansamos un rato junto a uno de los estanques, mientras el Hermano López y un maestro echan la red. El Hermano López está un poco contrariado, salen peces, pero pequeños. El Hermano Salcedo pesca con caña y, cosa rara, pesca un zapato que no era de ninguno de estos chicos, que van descalzos.
Luego, visita a las tres escuelas, carpintería, sastrería e imprenta. Y antes de comer, otra velada, esta vez de los maestros y alumnos de las escuelas.
Somos doce en el refectorio y hay animación y buen humor. Se hable en inglés, español, italiano y uria.
Un poco de descanso y la partida. Los chicos se reúnen junto a los jeeps y es difícil abrirnos paso. Gritos, vítores, «nomoscaros» a coro. Al salir se quedan con pena, la visita les ha parecido corta. En Gopalpur nos encontramos la casa llena, han venido Padres de todas las estaciones.
Día 15
A las diez treinta de la mañana, nos reunimos en la iglesia de Gopalpur los Novicios, Hermanos Filósofos, Padres y Hermanos. El Superior General nos habla durante media hora. Ha visto la labor de la Congregación en estas montañas de Orissa. Mucho se ha hecho, pero es una insignificancia si se considera lo mucho que queda por hacer. Nos da sus consejos paternales para que el decreto «Ad gentes» del Concilio Vaticano II produzca en el futuro abundantes frutas. Sus palabras reflejan su gran espíritu misionero. Al final, todos arrodillados, recibimos su bendición.
Queda el último número del programa: una interesante velada donde toman parte los Padres, Hermanos Filósofos y Novicios y los pequeñitos de la Casa Cuna de Gopalpur. El P. Jenaro representa a los Padres con un estudio interesante de las religiones de Orissa. Los Filósofos y Novicios cantan en inglés, uria y malayalam. La nota simpática la dan cinco pequeñitas de la Casa Cuna. Apenas si levantan un palmo y danzan con una gracia y garbo admirables. Todos nos preguntamos: ¿cómo se las habrán arreglado estas buenas Hermanas para enseñar a esas pequeñas criaturas estas danzas tan complicadas? La más pequeñita de las cinco, en su papel de Reina, con su corona dorada, permanece inmóvil sentada en su trono: una mesa. Al terminar su danza descienden solemnemente del escenario, convencidas de que lo han hecho muy bien y nosotros, que así lo creemos, las aplaudimos largo rato.
Hoy hay ágape fraternal extraordinario. Quedan invitados los Novicios y Filósofos. No cabemos en el comedor, y se ponen las mesas en el pasillo. Se habla en voz baja y es que se nota en todos la tristeza de las despedidas. El Superior General ha pasado diez días entre nosotros. Ha recorrido en la Misión de Cuttack 1.250 kilómetros, ha visitado doce centros y ha visto a todos los Padres.. Ha sentido no poder visitar, por falta de tiempo, las estaciones de Khurda y Srirampur; los Padres que trabajan en dichas estaciones vinieron a Gopalpur a verle.
A las dos treinta de la tarde del día 15, el Superior General, acompañado del P. Urdangarin, se despide de Gopalpur. No se nos ocurre más que besarle la mano. Los Padres y Hermanos nos quedamos largo rato contemplando el coche que se aleja, luego silenciosos nos retiramos a nuestras habitaciones.
El P. Archetto se queda unos días más en la Misión. Quiere visitar de nuevo algunos centros de la Misión de Cuttack y los tres de la Prefactura Apostólica de Balasore.
El P. General hace una parada en Bhubaneswar, nueva capital de Orissa, y desde allí, acompañado por el P. Urbaneja, sigue a Cuttack. Mgr. Tobar está en Kerala en la reunión de la Conferencia Episcopal de la India.
El día 16 se despide de los Padres Güemes y Urbaneja en Cuttack y sale para la Prefectura Apostólica de Balasore. También Mgr. Jacobo está en la Reunión de la Conferencia Episcopal de la India.
En Balasore, los Padres y Hermanas reciben con alegría al Superior General. Desde Balasore visita la estación de Krisnacondropur. Me dice el P. Urdangarin que la recepción de Krisnacondropur estuvo perfectamente organizada. Una estación de gran porvenir con casi mil católicos. Nuestros Padres llevan allí sólo un año y tienen grandes planes para el futuro. Cuando estas líneas se publiquen, nuestras Hermanas habrán abierto allí una nueva residencia. También por falta de tiempo, en la Prefectura de Balasore se queda sin visitar la estación de Barbil.
El día 17 sale para Calcutta. Desde Calcutta hace una •escapada a Nueva Delhi en avión y se entrevista con el Pro Nuncio de la India.
Mons. Tobar y Mons. Jacobo llegan a tiempo el día 19 para despedir al Superior General. El día 20 sale para Viet-Nam.
P. General, no le decimos ¡adiós!, sino ¡hasta pronto! El año 72 celebraremos las Bodas de Oro de la llegada de los Padres Paúles a la Misión de Cuttack. Le esperamos convencidos de que volverá.
Enrique Moreno, C. M.
Tomado de Anales españoles, 1970






