En dos cartas, escritas por el P. Manuel Herranz y publicadas en ANALES (abril de 1964 y mayo-junio de 1965), se cuentan con fechas y señales los orígenes y primeros lances de la Capellanía de los españoles residentes en Londres, otorgada por la jerarquía correspondiente a los PP. Paúles de la Provincia de Madrid y domiciliada por éstos en el inmueble número 47 de la calle londinense Palace Court.
Una breve estancia de mes y medio este verano en aquel Hogar Español—con este nombre se le conoce me da cierta capacidad para apreciar y resumir el trabajo que realizan allí nuestros Padres.
Ante todo hay que afirmar que su actividad en Londres no puede ser ni más actual, ni más necesaria, ni más social, ni más evangélica, ni más vicenciana, ni más intensa.
Actual, porque se trata de una capellanía para emigrantes, y el fenómeno de la emigración nunca ha alcanzado en Inglaterra el volumen y la gravedad de estos últimos años.
Necesaria, porque la mayor parte de estos emigrantes llegan con poco más que un deseo elemental de ganar dinero, sin cultura de nada, sin religión que valga y sin moral que pueda prevalecer.
Social, porque orienta a los emigrantes en los detalles más nimios y les facilita su inserción y desarrollo en un medio social extraño, y luego les da posibilidad de encontrarse con compatriotas suyos, para remedio de soledad y soltura de lengua, que no es poco en aquel lugar.
Evangélica, porque aunque el Hogar Español se proclama «centro recreativo-social», los Padres no recatan su condición de capellanes y todo lo que realizan se ve claro que es signo de una misión espiritual—confesiones, bautizos, bodas, catequesis, capellanías, a la que de hecho dedican la mayor parte del tiempo.
Vicenciana, porque actúan en una línea de pre-evangelización y misionalización de los pobres, los más pobres de una sociedad opulenta, consentidos sólo en cuanto servidores, y esa línea es lo más típico de la tradición vicenciana y, si bien se mira, también de la actualidad conciliar.
E intensa, porque los Padres, desde las seis de la mañana hasta las diez de la noche—y los sábados y domingos hasta las once o las doce—, apenas se dan más respiro que un «día off» a la semana, que casi nunca resulta tal más que en teoría, pues por fas o por nefas tienen que pechar con los trabajos de siempre. Estoy seguro de que muchos anocheceres sentirán el desaliento por lo mucho que corren y lo poco a que llegan: la mies no se puede calcular, y para contar los operarios sobra un dedo de la mano.
Detallemos un poco este trabajo, el que yo he visto que han realizado nuestros Padres durante el año y medio que ha transcurrido desde que la Capellanía se inauguró.
Los españoles que hay en Londres son unos 20.000, gran parte de ellos coruñeses y gaditanos. Parece que se han estacionado e incluso que tienden a disminuir, pero no se prevé que sea de manera especialmente sensible, a no ser a muy largo plazo. Los que, dado el alza económica de España, dejen de venir quedarán compensados con los hijos de los numerosísimos matrimonios de españoles que aquí se bendicen, lo que aportará nuevos problemas, cuya solución ya preocupa a nuestros Padres de Londres.
Naturalmente, no todos los españoles de Londres pasan por el Hogar Español de Palace Court, pero serán raros los que no lo conozcan ni de oídas, y se calcula que más de la mitad habrán recurrido a él para asuntos pequeños o grandes. Aquello tiene un poco de todo: de Embajada, de Consulado, de agregaduría laboral, de agencia de viaje y de iglesia parroquial, y, desde luego, se atiende al cliente o al parroquiano con más amabilidad y eficacia que la que suele demostrarse en tales lugares, cuando no radican en Palace Court.
En asunto religioso, la mayor parte de nuestros emigrantes llegan a Inglaterra con una fe nada ilustrada, con una moral sin vértebras y con unas ganas de libertad similares a las de un presidiario que, por fin, puede respirar aire fresco sin traje listado ni plomo en los pies. Siguiendo una arraigada tendencia hispánica, son muchos los que lo achacan a una predominación clerical sobre la piel del toro, más afín a la opresión del cacicaje que a la liberalidad del educador. Son hechos y opiniones desde allá, no juicios gratuitos desde aquí.
Son pocos los jóvenes españoles que van a Londres—ellos—y no dejan para más lejana ocasión su vida religiosa. Acuden al Hogar Español sólo para bailar y alternar los sábados y domingos por la tarde. Los Padres responsables del Club hacen los posibles para que no se alejen demasiado, pero ellos siempre saben a dónde va el cura y suelen escurrirse como expertos.
Ellas es distinto. Son buenas, aunque no todas heroínas. Y las que no lo son terminan por ceder una vez. Y luego es difícil sustraerse de repetir. Y de pronto se aparece en estado. Y no hay más remedio que evitar que nazca la criatura. Y así, cómo vas a ir a la iglesia, cómo vas a confesarte, con qué cara te vas a plantar delante del cura. Un año, dos años, seis años. Hasta que llega una amiga de las buenas o llega la hora en que por fin has encontrado quien se quiera casar contigo, y te arrodillas delante del confesonario. Hay una estadística en el Consulado español que habla de un 60 por 100 de españoles con algún hijo natural, hijos que en un 80 por 100 no procede precisamente de españoles (las españolas allí se casan con indios, paquistaníes, ingleses, turcos, marroquíes, negros y españoles). Los Padres hablan de unos 70 hijos naturales al año procedentes de españoles. Y los niños concebidos que no llegan a nacer serán muchos más seguramente.
De todos modos, las chicas españolas se acercan mucho más que los chicos al Hogar Español o a los capellanes españoles. Estos han fundado entre ellas la Legión de María, que, aún incipiente, trabaja ya muy bien por medio de contactos personales y también, en otro aspecto, por medio de catequesis a niños españoles en distintos puntos de Londres.
Entre las muchas religiosas españolas que residen en Londres —Siervas de María, Hijas de María Inmaculada para el Servicio Doméstico y Protección de la Joven, Adoratrices, Esclavas Concepcionistas, Teresianas y supongo que alguna más—, sólo las del Servicio Doméstico realizan obra considerable de apostolado entre las jóvenes españolas. Tienen dos residencias y se disponen a abrir una nueva. En su casa de Southwell Gardens, de la que son capellanes nuestros Padres de Potters Bar, se reúnen todos los domingos unas 500 españolas. Las Siervas de María, cuyas atenciones para los Padres capellanes de Palace Court nunca agradecerán éstos debidamente por mucho que se empeñen—y se empeñan—en hacerlo, tienen un fin de asistencia día y noche a los enfermos e impedidos, que realizan abnegadamente y que les impide atender a otros ministerios. Las demás religiosas se puede decir que viven en unas residencias londinenses no muy monas gracias al dinero que les proporcionan dos docenas de españolitas bien, acogidas a sus cuidados maternales más o menos temporalmente.
Trabajan en Inglaterra dos Hijas de la Caridad de la Provincia «Santa Luisa», que bien merecen un recuerdo. Sor Concepción Fernández Esteras, que desde hace años reside en Liverpool, adonde acudió por petición del Cardenal Heenan, entonces Arzobispo de aquella ciudad, y del Cónsul español; de ella se habló en ANALES (septiembre-octubre de 1965) a propósito de habérsele concedido una importante condecoración civil en reconocimiento de su labor entre los emigrantes españoles, que todos califican de extraordinaria.
Hace un par de años acudió a ayudarla y acompañarla Sor Teresa Jimeno, que pronto pasó a Londres, donde su presencia es actualmente una ayuda impagable para la Capellanía española. Todos los días preguntan por ella muchísimas personas, y lo mismo prepara bocadillos para el Club que visita al que lo ha menester que, sobre todo, atiende a las jóvenes en los muchos problemas que les caen encima en ese trance difícil de ser madres cuando todavía son solteras. Ellas, Sor Concepción y Sor Teresa, más el P. Herranz, tratan de conseguir—se puede decir que lo han conseguido ya—una fundación de Hijas de la Caridad españolas en Londres, que es la obra que se presenta más necesaria y urgente para cualquiera que le tome un poco el pulso al empeño apostólico en favor de los emigrantes españoles. Una fundación para atender a las madres solteras y a los niños españoles nacidos bajo el toldo londinense.
¿Qué hacen en Londres los PP. Manuel Herranz, Gumersindo Grande, Serafín García y Segundo Peña? Uno de ellos, por turno diario, permanece en la oficina de la mañana a la noche, atendiendo a todo el que llama por teléfono o llega por sus pies. Tres de ellos tienen capellanía diaria fuera de casa. No hay día que se libre de bautizo o de boda: el P. Peña, por ejemplo, bendijo él solo y sólo el pasado marzo 24 nuevos matrimonios. El número de bodas llegó a 200 en 1965, y este año llegará a más. Hay un promedio de dos bautizos por semana. Téngase en cuenta que bautizos y bodas no se administran en casita, sino en las parroquias de los contrayentes, que pueden estar en un confín de Londres, y aún fuera de Londres, acaso a un centenar de millas. A la misma distancia puede haber un hospital, desde donde un español enfermo que tiene necesidad, o una española caprichosa que no la tiene, llaman a un Padre para que vaya a escuchar sus cuitas. Las bodas suponen expedienteos, en fuerza de los cuales tienen que frecuentar las curias episcopales de Londres, esperar con mucha paciencia que conteste un párroco español o escribir a la Policía de Karachi a ver si el paquistaní aquel que se quiere casar con la española esta camina soltero, como él dice, o bien amarrado a una esposa y cinco hijos.
Los Padres dirigen, además, dos clubs recreativo-culturales: el P. Serafín, en Palace Court, y el P. Peña, en Golders Green. Confiesan a españoles los miércoles en St. Jame’s Church; los sábados, en Westminster Cathedral; los domingos, en 12 Warwick Street, y cuando alguien lo requiere, en Palace Court. Los domingos y fiestas binan todos en diversos lugares, aquellos en que se han detectado hasta ahora los focos más nutridos de residentes españoles. Aparte de todo esto, la necesidad de cubrir los numerosos gastos que originó la conversión de la antigua residencia de los Padres Blancos en el actual Hogar Español, les ha empujado a acometer otro servicio a los emigrantes, el de actuar como agencia de viales, lo que, si deja unas libras, también ocupa a una persona. Añádanse trabajos circunstanciales, como catequizar a un converso o montar una exposición de labores de la mujer española en Londres, cual la hubo este verano, con su tinglado de invitaciones, atenciones, discursos, ciceronazgos, «sangrías», o lo que se tercie. El P. Herranz, en calidad de Director general de los Capellanes de emigrantes en Inglaterra, ha de hacer viajes y mantener contactos con los capellanes de Manchester, Liverpool y Leeds y atender a la posibilidad de nuevas capellanías, como la que está en vías de iniciarse en Bournemonth.
Todo esto lo hacen cuatro Padres, de los que algunos gozan oficialmente de muy poca salud. Aunque, como debe ser, se hacen ayudar de seglares convencidos y dinámicos, ellos tienen que estar en todo y llevar la mayor parte. Y ello hace pensar, una vez más, en lo mal distribuida que está en el mundo esa renta de la Iglesia que son los curas y en lo desigualmente empleada que está esa renta de los curas que es la salud y el trabajo.
La obra está de pie y bien enfilada, superadas las dificultades y sinsabores del comienzo; económicamente saneada y colmados sus trojes apenas iniciada la siega. Queda mucha mies para muchos operarios. No es extraño que algunas tardes el cansancio destemple un tantico las cuerdas de esa guitarra española de buen sonar que es el P. Peña o vele de indescifrables morriñas los ojos del P. Serafín. A la mañana siguiente vuelven al tajo como braceros de estreno, bendecidos por la Pilarica y el Apóstol Santiago, que presiden la capilla del Hogar Español, y solicitados y queridos por miles de españoles en emigración. Y con ellos la eterna calma sonriente del P. Grande y la voluntad del P. Herranz, verdadero artífice del Hogar Español en Londres.







One Comment on “El Hogar Español de Londres, al año y medio de su inauguración (1966)”
Buenos dias, hace años estuve en Londres y frecuentaba mucho esa casa, conoci a los padres, Peña, Ernesto Satur y otros que no me acuerdo de su nombre. Me gutaria saber algo de ahi. Sanina.