El escapulario de la Pasión

Francisco Javier Fernández ChentoTestigos vicencianosLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Nicolás Pascual · Año publicación original: 1946 · Fuente: Anales Barcelona.
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escapulario_rojoLa manifestación
Sor Apolonia Andriveau, la Hija de la Caridad favorecida, en Troyes, con la celestial revelación, le contaba el hecho al entonces Superior General de la doble Familia de San Vicente, R. P. Etienne, con la carta siguiente:
«Hallándome en la Capilla en la tarde de la Octava de N. S. Padre (26 de julio de 1846) vi o creí ver a Nuestro Señor vestido de túnica roja y manto azul. Tenía en las manos un escapulario color escarlata, en el cual estaba representado El mismo en cruz, rodeado de los instrumentos que en la Pasión más hicieron sufrir su santa Humanidad. Alrededor del crucifijo leí: ¡Sagrada Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, protegednos!
En la otra cara del escapulario había la imagen de los santísimos Corazones de Jesús y de María, el uno rodeado de espinas y el otro atravesado por una lanza; y entre los dos Corazones, una Cruz que se levantaba en alto.
Pasados muchos días, volví a tener la misma visión; en fin, el día de la Exaltación de la Santa Cruz, Ntro. Señor se dignó decirme: «Los sacerdotes de la Misión deben propagar este escapulario, y todos aquellos que lo lleven, bendecido por ellos, alcanzarán cada viernes la remisión completa de sus faltas v un gran aumento de fe, de esperanza y de caridad».
La vidente
Tenía entonces 36 años. Había nacido en Saint-Pourcain (Francia- Allier) el 10 de mayo de 181o. Sus padres, relativamente acomodados diéronle una educación esmerada para una joven de su tiempo: literatura, lenguas, música, pintura… Desde sus años niños dio muestras de piedad y corazón compasivo con los que sufren. Suelen destacar sus biógrafos las palabras de gratitud que le oyó a una mendiga que llevaba en brazos a su hijito: «Oh mí buena niña, yo te prometo de parte de Dios, bendiciones muy especiales para tu vida».
A los 23 años —octubre de 1883— entró en el Seminario de las Hijas de la Caridad de París, de donde había salido hacía poco la B. Catalina Labouré. En Troyes, su primer destino y lugar de las revelaciones, estuvo 38 años, madre y maestra de niñas pobres y ángel de caridad junto al lecho de los enfermos. En 1872 fue enviada a la Casa Caridad de Caen —1,4 años— y, finalmente, ya anciana y achacosa, fue a pasar sus últimos años a Montolieu, donde falleció santamente el 23 de febrero de 1895.
Otra violeta del jardín vicenciano. Otra confidente del cielo que supo guardar el secreto del Rey. Otra larga vida de oración, de trabajo, de espíritu de sacrificio, de virtudes y gracias extraordinarias… vivida sencillamente, silenciosamente, humildemente. Cómo atraen a Dios las pequeñas grandes almas!
Roma aprueba y recomienda
El P. Etienne, confidente epistolar de las revelaciones de Sor Apolonia, a pesar de conocer la virtud de la Hermana, procedió con suma prudencia y discreción. Solamente después que Roma hubo aprobado, se decidió a comunicar la grata nueva a la Congregación. Su Circular de 21 de noviembre de 1853 es toda ella un himno ferviente de amor, gratitud y de confianza en Jesús Crucificado.
Comienza recordando el don insigne de la Medalla Milagrosa. Después prosigue:
«En 1846, en vísperas de otra catástrofe… (recuérdese la situación político-social de la época) nos ha sido concedido otro don del Cielo, por mediación también de una Hija de la Caridad: el Escapulario de la Pasión de Jesucristo y de la Compasión de su Inmaculada Madre…
En 1847 fuí a Roma para ofrecer el homenaje y los votos de la pequeña Compañía a los pies del Soberano Pontífice Pio IX, recientemente elevado a la Cátedra de San Pedro. Sin haberlo pensado de antemano y por una disposición que no puedo dejar de creer providencial, hube de exponer las comunicaciones que me habían sido hechas acerca de esta devoción; y con gran admiración mía el Santo Padre, sin que precediera petición alguna de mi parte, la aprobó enseguida. Por su rescripto de 25 de junio de 1847 dióme autorización para establecerla y confió a los sacerdotes de la Misión el encargo de difundirla entre los pueblos…»
Poco después, el mismo Sumo Pontífice indulgenciaba el Santo Escapulario de la Pasión y designaba al Superior general de la Congregación de la Misión para delegar en cualquier sacerdote la facultad de bendecirlo e imponerlo.
«Inmediatamente —continúa el P. Etienne— recibí multitud de solicitudes de sacerdotes del clero secular y regular, y también de Obispos, pidiendo la facultad concedida, lo que me obligó a expedir miles de patentes a todos los puntos de Europa y del mundo, para responder a la piedad de los numerosísimos fieles que pedían ser alistados bajo el estandarte de la Cruz. Creció todavía más este interés de sacerdotes y pueblos cuando se supo que Pío IX, desde su destierro de Gaeta, exhortaba a los Obispos y a los sacerdotes a no omitir medio alguno para propagarlo y hacerlo estimar».
Tesoro de la Compañía
Se refiere a continuación el P. General a la singular protección que dispensó la Providencia a la Familia de San Vicente durante los hechos calamitosos de mediados del siglo pasado, citando y comentando alguno de los casos particulares, y añade esta reflexión:
«Todo esto sucede mientras nace entre nosotros la devoción al Escapulario de la Pasión de Jesucristo. ¿No es ello una prueba, sensible de cómo esta devoción está destinada a ser el tesoro de la Compañía, para enriquecerla de todos los dones de la gracia, y para obligarla a extender por toda la tierra las misericordias y los méritos infinitos de la Pasión del Salvador?
Expone, seguidamente, las ventajas y frutos saludables que ha de reportar a la pequeña Compañía —a sus miembros y a sus funciones— esta devoción a la Cruz y a la Pasión dé Nuestro Señor, comunica a la Congregación el nuevo privilegio concedido por el Santo Padre a la Capilla que en honor de la Pasión se ha erigido en la Casa Madre —facultad de poder celebrar en ella todos los días, excepto los dobles de 1ª o 2ª clase, la Misa de la Pasión— anuncia la publicación de un libro de meditaciones sobre la Pasión, expresamente escrito para cumplir los deseos del Señor, que ha manifestado que «el mundo se pierde porque no medita en la Pasión de Cristo», y termina con una exhortación ardorosa a secundar los designios del Cielo,
…a tener en sumo aprecio el privilegio concedido por el Señor a la Compañía, al confiarle la misión particular de extender por todo el mundo la devoción a su santa y dolorosísima Pasión.
Sé que este privilegio constituye vuestro gozo y vuestro consuelo y que, para todos y cada uno, es nuevo motivo de amar más y más una vocación tan visiblemente favorecida por el Cielo.»
El deseo de la Asamblea General
Algunos años más tarde, en 1867, la 22ª Asamblea General expresó el deseo —»unanimi plausu comprobavit Conventus»— de que los misioneros trabajaran celosamente en difundir esta devoción en la forma siguiente: procurando en nuestras iglesias la erección de un altar propio, dedicado al culto de la Sagrada Pasión, y recomendando su devoción en todas nuestras misiones y ejercicios espirituales» (Coll. Compl. Decr. N.° 324).
Un medio práctico y eficaz de dar cumplimiento a los justísimos deseos del Corazón paciente de Jesús es la Archicofradía de la Santa Agonía, fundada en 1860 por nuestro P. Antonio Nicolle, como una extensión de la devoción a la Sagrada Pasión, escogiendo como emblema de sus asociados el mismo Escapulario rojo que, cien años ha, se dignó Cristo revelar a nuestro Hermana, Sor Apolonia Andriveau.
Los antiguos misioneros de nuestras Casas de Barcelona y Mallorca levantaron ya el altar de la Santa Agonía y establecieron la Archicofradía para fomentar la devoción a la Sagrada Pasión entre los fieles. La Archicofradía Barcelonesa celebró solemnemente el 50° aniversario de su erección canónica en abril del año pasado.
Los misioneros de ahora ¿nos habremos de contentar con un recuerdo agradecido del Centenario?
Nicolás Pascual
Barcelona y abril de 1946

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