El epistolario del Beato Marco Antonio Durando (1801-1880)

Francisco Javier Fernández ChentoMarco Antonio DurandoLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Luigi Chierotti, C.M. · Traductor: Luis Huerga, C.M.. · Año publicación original: 2003 · Fuente: Cooperazione Vincenziana, No. 101, febrero-marzo 2003, pp. 8-9..
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Marco Antonio Durando

Marco Antonio Durando

El Padre Durando no escribió o publicó libros, excepción hecha de un opúsculo educativo menor, que destinó a un instituto de las Hijas de la Caridad de Fontanetto Po. Su epistolario, sin embargo, es un verdadero monumento, y una mina de noticias acerca de la vida religiosa y civil, la guía espiritual de las almas; es un registro de disposiciones para la dirección de las obras, etc. Va de 1831 a 1880.

Esta correspondencia está hoy reunida en ocho gruesos volúmenes escritos a máquina, reproducidos en fotocopia, y equipados de índice analítico. Me llevó una labor de cartujo la transcripción de los originales – cartas, apuntes, relaciones –. Son documentos de importancia histórica sin par, y no sólo en el campo de lo vicenciano. De todas sus innumerables cartas, reviste particular interés el Epistolario Risorgimentale, que publicaron los Annali della Missione los años 1968-1978.

1. Las fuentes

Las enumero según cierto orden de importancia:

1) Archivo de la Curia General CM, Roma: Conserva la correspondencia del Beato con los superiores generales y los asistentes generales italianos.

2) Archivo del Museo del Risorgimento de Turín: Son cartas de alto valor histórico, dirigidas mayormente a su hermano Giacomo, Ministro de Estado. Recubren un período de más de 30 años (1847-1879).

3) Cartas guardadas en diversos archivos diocesanos de Piamonte (en especial Turín, Mondovì, Saluzzo, Fossan, etc.).

4) Cartas en los archivos de varias casas de la Congregación (así Turín, Chieri, Mondovì, etc.).

5) Cartas a Hermanas individuales o a seglares: Las ha recuperado el Padre Giovanni Tonello, de las Hijas de la Caridad, Hermanas Nazarenas, Magdalenas de la Marquesa de Barolo.

6) 20 cartas del Padre Durando: Reunidas y publicadas por el Padre Vito Guarini, y relativas al «mar de fondo» (1842-1843), o intento de desligar de París a los Misioneros de Italia.

Recogí todo cuanto pude, pero no excluyo que anden todavía por ahí bastantes comunicaciones manuscritas de él.

2. El contenido

Todos los sucesos, aun mínimos, de nuestras casas, eran puntualmente registrados por el Visitador, quien hacía relación de ellos al Asistente italiano en París o al Superior General, con una frecuencia media de carta por mes. Esto a lo largo de 40 años. Centenares de caracteres – Misioneros, Hijas de la Caridad, personajes ilustres del mundo civil o religioso – saltan a nuestra vista: están vívida y sucintamente retratados, con sus virtudes y defectos, sus entusiasmos y crisis espirituales. Los protagonistas en la vida eclesiástica y civil del Risorgimento, mencionados por el Beato, comprenden, del Papa Pío IX a Garibaldi, de los reyes Carlos Alberto y Víctor Manuel II al emperador Napoleón III, de los hermanos Camillo y Gustavo Cavour al general La Marmora y las vicisitudes de Crimea. Con ojo avizor, el Beato sigue cada acontecimiento, y no ceja en la lucha con el deletéreo liberalismo y las asechanzas de la masonería.

3. El Padre Durando como escritor con chispa

Obviamente, el Padre Durando habla la lengua de su tiempo. Aun así, su discurso fluye con claridad. La caligrafía es sencilla, legible; la puntuación buena, y muy raras las tachaduras, aunque escribía «currente cálamo». Son frecuentes expresiones piamonteses, los galicismos, apropiadas citas latinas, parte todo ello de su agudeza.

De ciertos Misioneros vagos escribe, fruges consúmere nati («nacidos para consumir las provisiones»). De otro que en vano había prometido mil veces corregir cierto defecto grave, dice con tristeza el Beato: Substantiae non mutantur. Potest Aetiops mutare pellem suam? («Las sustancias no cambian. ¿Puede el etíope cambiar el color su piel?»). Sobre un Superior mezquino en minucias: Ab ungue disce leonem («Reconoce al león por su garra»). A un Misionero glotón lo llama «el mejor diente de la casa»; a otro que estallaba como el trueno, «una tromba». Sobre la rivalidad entre dos padres de una comunidad: «Dos gallos en un corral». Sobre otro, empecinado en sus ideas, escribe: «Como haya metido un clavo, ya no hay modo de moverle». Cierta vez se desfogó un Misionero contra el Superior. El Padre Durando comentaba: «Esperemos que le apague los fuegos la nieve de este invierno». Y sobre un sujeto poco apto para el oficio de ecónomo: «Vale para ecónomo lo que yo para poeta».

4. Expresiones típicas

Son muy sabrosas ciertas expresiones típicas de la pluma del Padre Durando:

«Cuando están en harapos, recurren al Visitador» (quando sono ne’ stracci ricorrono al Visitatore): esto es, los superiores locales, que se endeudaban, y acudían al Visitador para que les sacara del atolladero.

«…si me falta fuego. La cuestión es dónde hallarlo» (se mi manca fuoco. Il busillis è unde cápere): si me faltan temas, materia, etc.

«Echarle un último remiendo» (mettere ancora un taccone): o sea, acometer el último expediente en remedio de una situación.

«Tirar con los dientes» (tirarla co’ denti), o salir de un penoso trance económico.

«Patear el campo» (battere campagna), o dar vueltas en vano.

«Sustraerse al asunto» (trarsi d’affare), como lavarse las manos.

«Gana tiempo y saldrás de ésta» (piglia tempo e camperai), o sea, tener paciencia.

«De curas liberales, líbera nos Dómine» (dai preti liberali…).

El Padre Durando sabe también burlarse de sí mismo. No conocía bien el francés, y lo escribía aún peor. Cierta vez rogaba al Asistente General, Padre Sturchi, que releyese y corrigiese una carta suya, antes de presentarla al Superior General:

Tenga a bien hacer lectura de la incluida antes de cerrarla. Encontrará un pedazo de elocuencia y un purismo tal de la lengua y elocución galas, que si se me conociese como merezco, sería nombrado miembro de la Academia francesa. Bien ve usted que no quiero morir de melancolía.

5. Espiritualidad y organización

El epistolario del Beato es además un testimonio de primera mano en lo que atañe a la humildad, la caridad fraterna, el método de su acción.

Comenzando en 1839, y hasta el término de su vida, no cesó de implorar del Superior General la gracia del relevo en sus cargos de Visitador, Superior y Director de las Hijas de la Caridad. Las instancias se suceden con insistencia: 1845, 1846, 1847, 1848, 1856, 1863, 1871, 1872… y los años que siguen, hasta su fallecimiento. Todas las veces se topó contra la voluntad del Padre Etienne.

El Padre Etienne, Superior General, era más bien tajante en lo relacionado con la disciplina. Pues bien, nuestro Beato apelaba a aquello de «fórtiter – suáviter», y le calmaba. Escribía:

En cuanto a algunos sujetos, demasiado ardientes para que el orden sea bueno, se me pediría que hiciese como el alemán, que no acaba de hablar, cuando ya levanta el bastón; mas tal procedimiento paréceme contrario al espíritu de nuestro Santo. Creo más conveniente probar, si con algo de tiempo será posible conseguir la cosa no hiriendo…

En defensa de un Misionero, a punto de ser despedido por el Superior General, escribe:

¿Qué va a hacer ahora el pobre chico?… Me parece duro que se le dé la dimisión, porque quedaría privado de la pensión, si se aplica la ley… No querría yo ir en contra del Apóstol, que dice «cáritas omnia sperat». Esperanza en los hombres, tengo poca… El Señor actuará… Estimo podrán efectuarse las cosas suavemente, y el resto lo hará la Providencia.

Conocemos su amor a las misiones extranjeras: su mismo llamamiento a la Congregación de San Vicente fue motivado por el deseo de ir como misionero a China. En cuanto Visitador, y como exponente de la Obra de la Propagación de la Fe, el Padre Durando figura entre los propulsores más activos de las misiones extranjeras, a las que contribuyó con personal y con medios materiales. En 1841 escribe al Asistente General, Padre Fiorillo:

No fui digno de que se me enviara a misiones extranjeras; que pueda entonces al menos cooperar de algún modo… Me enternecen las carencias de una misión, y entre unas cosas y otras voy a morirme, y me falta fuerza …, y hacía lo posible por mandar misioneros «ad gentes».

Algo que el Padre Durando no podía sufrir era la inacción, la holganza. Con qué pena escribió un día:

Hay casas donde no se hace cosa de provecho («un bel niente»)…, no salen a dar misiones o retiros… Los hay que se aburren. En cambio, cómo no gozaría su corazón, cuando en 1877 podía escribir a París: (En la Casa de Turín) son siempre diez, doce misiones al año las que se dan, unas largas, otras más cortas… y resultan fructíferas, lo mismo ahora que 40, 50 años ha. Los nuestros, que en la misión se guardan de tocar temas políticos, nunca durante todos estos años han percibido descontento en las autoridades. Más bien, tras la clausura, el alcalde con las autoridades, han ido muy a menudo a visitarles, y más de una vez les ha acompañado hasta la estación la banda de música del pueblo. Se cuenta apenas alguna persona que no se acerca a los sacramentos. Las cartas de agradecimiento que recibo de los párrocos son conmovedoras.

Me falta espacio para continuar analizando el epistolario del recién beatificado, y así remito a los interesados a los volúmenes que publiqué en 1987-1988.

6. El Padre Durando a través de su epistolario

Vol. I: El hombre de gobierno. Vol. II: El hombre de virtud.

El epistolario del que he intentado dar una sucinta idea costó mucho trabajo. Tal vez jamás se publique; pero los archivos de los Misioneros y de las Hermanas Nazarenas de Turín guardan copia de él, accesible también a personas no pertenecientes a la comunidad.

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