El albergue nocturno «Clancy Night Shelter»: Atendiendo a las necesidades de los más pobres de Dublín

Francisco Javier Fernández ChentoCambio sistémicoLeave a Comment

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Autor: Ellen Flynn, H.C. · Traductor: Jaime Corera, C.M.. · Año publicación original: 2008.
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Cuando abrió sus puertas en Dublín el Clancy Night Shelter el año 2001 se enfrentó con una realidad deprimente. Los centros de la ciudad para los sin techo no podían, y en muchos casos no que­rían, atender a los numero­sos jóvenes de ambos sexos de la ciudad que no tenían dónde cobijarse. Y lo que era aún peor, en algunos casos los que estaban en una situación de mayor necesi­dad entre los sin techo eran los que tenían mayores pro­blemas para conseguir ayuda. Creado para dar una respuesta a este problema, el Clancy Night Shelter ha estado trabajando durante los seis últimos años en asis­tir a la gente sin hogar que se encuentra en mayor nece­sidad.

Clancy Night Shelter es un servicio de primera necesidad para jóvenes sin hogar que tienen un historial de adicción a las drogas, sobre todo a la heroína. Situado en la zona norte del centro de Dublín, el proyecto ofrece facilidades y ayuda a 17 jóvenes cada noche los siete días de la semana. La propiedad del centro es del concejo de la ciudad de Dublín, y se mantiene con fondos públicos presupuestados para la Agencia para los sin hogar, de Dublín. Las puertas de Clancy se abren a las cinco de la tarde y se cierran a la mañana siguiente a las nueve y media de lunes a viernes; se abren a las diez de la mañana los sábados y domingos. Los que reciben albergue comparten habitaciones para dos personas durante una noche; se les ofrece una cena caliente, y a la mañana siguiente un desayuno antes de dejar el lugar. A cada residente se le asigna un monitor que le asesora en la educación para mejorar la salud (un uso más seguro de las drogas), le instruye sobre el mal uso de las drogas (animándole a disminuir su uso hasta dejarlas del todo), y a encontrar un acomodo apropiado. El albergue cuenta con un equi­po de 11 trabajadores sociales a tiempo completo, ayudados por voluntarios a tiempo completo y a tiempo parcial. El equipo se esfuerza por mantenerse fiel a la visión y a la misión del Depaul Trust de que «todos tengan un lugar al que poder llamar hogar, y participen en la vida de su comunidad»; la misión especifica de «ofrecer a los sin techo y a los desfavorecidos la oportunidad de desarrollar todas sus capacidades e ir progresando hacia un futuro independiente y positivo».

Contexto social

Para comprender cómo comenzó el Clancy Night Shelter hay que saber cómo era el medio ambiente que había en Dublín antes de que se abriera el albergue. En el año 2001 muchos jóvenes sin hogar en Dublín tenían muy pocas oportunidades de encontrar una vivienda adecuada. Tenían también un abanico de carencias, algu­nas de las cuales se describen en la lista que sigue.

Perfil típico de un cliente de Clancy

  • Carencia de hogar durante un tiempo largo (81 por ciento durante más de un año)
  • Uso habitual de heroína (92 por ciento)
  • Entre los 18 y los 35 años (71% entre los 18 y los 25)
  • De Dublín, sobre todo de las zonas norte y sur del centro de la ciudad o zonas cercanas (75%)
  • Predominantemente varones (88%)
  • Han sufrido ruptura familiar
  • Han visto el uso de drogas como práctica común en la vida familiar y personal, con otros hermanos que también toma­ban drogas, y padres inclinados también al abuso de las dro­gas y del alcohol.
  • Han usado drogas de clase A en la adolescencia, y en casos han sido introducidos al uso de drogas incluso a los 8 ó 9 años de edad. Muchos de ellos han sido introducidos al uso de drogas por sus amigos, o por miembros de la familia.
  • Han estado en prisión más de una vez.
  • Deficiencias de salud mental (por razones de historia perso­nal, o por el uso de drogas, o por una prolongada situación de carencia de hogar)
  • Problemas de salud física, incluyendo vulnerabilidad ante enfermedades infecciosas, tales como sida, hepatitis C y otras.
  • Comportamiento agresivo causado por el uso habitual de drogas, que les lleva a dificultades en someterse a las reglas y regulaciones estrictas de los servicios existentes.
  • Exclusión por parte de los más importantes servicios para los sin techo de Dublín
  • Dejaron pronto la escuela con una pobre educación escolar
  • Nunca han tenido un empleo a tiempo completo.

Si se tienen todos estos datos en cuenta, se vio muy claramen­te desde el principio mismo que las necesidades de los clientes potenciales eran inmensas. Por esta razón los servicios de Clancy deberían ser muy flexibles, con unas normas mínimas, pero con una estructura suficientemente sólida para ayudarles en el trata­miento de sus necesidades. El servicio tenía que ser holístico, y el equipo de trabajo tenía que tener la capacidad y la voluntad de tra­bajar en el complejo de problemas que afectaban a muchos y muchas de los jóvenes. En Dublín en 2001 la realidad era que los servicios para los sin techo no siempre querían o podían ayudar a los jóvenes y las jóvenes con perfiles semejantes al presentado arri­ba. En algunos casos los más necesitados eran los que tenían menos probabilidades de conseguir la ayuda que necesitaban, por varias razones:

  • La mayor parte de los servicios para los sin techo en Dublín tenían normas estrictas de abstinencia, y no admitían a un o una joven si no podía probar que se había ya librado de dro­gas.
  • Incluso una persona con recetas para metadona debía mos­trarse muy estable para conseguir una cama para una noche.
  • Con frecuencia los usuarios de esos servicios tenían que pre­sentar una prueba de orina limpia para demostrar que estaban libres de droga si querían ser admitidos.
  • Era una práctica muy común el ser cacheados al entrar en los albergues.
  • Si se les cogía en posesión de drogas, los clientes se enfren­taban a una expulsión inmediata.
  • Si se cogía a un o a una joven con drogas o drogados, podí­an ser rechazados para un período de seis meses o más, y en muchos casos para siempre, con las graves consecuencias que se seguirían de esta práctica.
  • Los proyectos tenían con frecuencia normas estrictas de con­ducta, lo que quería decir que los usuarios de los servicios podían ser excluidos fácilmente de los albergues. En muchos casos muchos de los jóvenes y de las jóvenes podían ser excluidos de un gran número de los servicios para los sin techo, y a veces de todos.
  • Las parejas no podían encontrar acomodo para los dos.
  • Había en la ciudad muy pocos lugares para mujeres.

Esta situación hacía ver con claridad que se necesitaba un ser­vicio de tipo Nuevo. Este servicio tendría por delante una tarea inmensa, sobre todo en sus esfuerzos por cambiar las ideas sobre los mejores medios de trabajar con este grupo de gente sin techo.

La historia del Clancy Night Shelter y la intervención del Depaul Trust

En el año 2000 el presidente del Depaul Trust UK, Mark McGreevy, tuvo un trimestre sabático y viajó a Irlanda por invita­ción de la Sociedad de San Vicente de Paúl (SSVP). Visitó los ser­vicios y los programas de colaboración en Irlanda y ayudó a la SSVP a revisar algunos de sus servicios. Durante su estancia man­tuvo conversaciones muy fructíferas con la SSVP, con los padres de la Congregación de la Misión y con las Hijas de la Caridad acer­ca de la conveniencia de establecer en Irlanda el Depaul Trust. Mark tuvo algunos contactos importantes con la Homeless Agency en Dublín (una organización creada para orientar y poner en mar­cha la estrategia del gobierno irlandés sobre los sin techo en Dublín y su zona de influencia). Algunos dirigentes del Depaul Trust se reunieron también con varias de las agencies principales que traba­jaban con los sin techo en la zona de Dublín. En particular su pre­sencia fue advertida por Mary Higgins, la directora de la Homeless Agency, quien estaba tratando de poner en marcha la primera Cold Weather Strategy para Dublín.

En noviembre de 2001, la Agencia para los sin hogar pidió al Depaul Trust que estudiara la posibilidad de gestionar un albergue nocturno para jóvenes sin hogar que tuvieran un historial de uso de drogas. Ese proyecto sería el primero y el único de su clase en Dublín. El Depaul Trust no aceptó el presentar un plan para un cen­tro de esa clase, porque no había sido reconocido aún oficialmente en Irlanda como una institución de caridad, pero ofreció ayuda práctica a otra agencia que funcionara bien y a la Agencia para los sin hogar. En diciembre la Agencia volvió a ponerse en contacto con el Depaul Trust para decirles que ninguna agencia había acep­tado encargarse del proyecto y que reconsideraran su decisión negativa anterior. Después de pensarlo bien, el Depaul Trust acep­tó encargarse del proyecto. Llegó de Inglaterra un administrador para dirigir el proyecto. Se les ofreció como lugar adecuado para llevarlo a cabo una instalación militar en desuso llamada Clancy Barracks.

El proyecto abrió sus puertas por vez primera el 4 de febrero de 2002. Se le atribuyeron fondos como para un servicio del tiempo frío, de modo que sería cerra­do al final de abril. Pero reci­bió una prórroga de tres meses más; en julio se le dio un carácter permanente y se le atribuyeron fondos públi­cos también permanentes. Se organizó un equipo directivo con personas de Dublín y de Inglaterra, apoyado por voluntarios reclutados también en Dublín. El proyecto abría al anochecer para jóvenes que dormían en la calle que habían sido recogidos por trabajadores de calle, y que eran transportados al proyecto por un autobús nocturno del concejo de la ciudad de Dublín. Se les ofrecía una comida caliente preparada por voluntarios, y se les daba espacio y tiempo para que pudieran hablar de su situación.

Era evidente que muchos de aquellos jóvenes que hacían uso de Clancy no solo tenían en estima el proyecto, sino que alababan altamente al equipo dirigente por la actitud con que les facilitaban el ingreso y su manera de mostrarles respeto como personas, inclu­so en detalles pequeños, como por ejemplo llamando a la puerta de sus habitaciones antes de entrar , o no cacheándoles cuando ingre­saban. Venían con muchos problemas, como el uso intravenoso de drogas, salud deficiente y problemas médicos, estilos de vida muy desordenados, y otra serie de historias, tales como abuso, familias rotas violentas. Habían sufrido mucha marginación, y con frecuen­cia se sentían no queridos, muchos decían que no se les había admi­tido en todos los demás proyectos, y que con frecuencia se les expulsaba de los lugares en que estaban durmiendo por las noches. Algunos habían sido víctimas de abusos mientras dormían. Tenían entre 18 y 35 años, la mayor parte entre 18 y 25.

Después de algún tiempo se empezaba a percibir un cambio en algunos de los albergados. Se notaba un comportamiento menos caótico, y una disponibilidad a relacionarse con los del equipo para enfrentarse a sus problemas, y algunos incluso comenzaban a hablar de dejar la droga, o estabilizar su forma de vida, o volver a tener contacto con su familia. A algunos jóvenes se les trasladó a centros de permanencia más larga, aunque esto resultó dificil por­que había pocos centros adecuados. Muchos de ellos mejoraron en el aspecto físico gracias a información dada por el equipo sobre maneras más seguras de inyectarse, y por sesiones que les daba la Oficina de Salud sobre la promoción de una buena salud.

En 2003 se vendió Clancy Barracks y el servicio a los sin techo fue transladado de manera temporal al centro de Dublín, donde sigue hoy día. Estamos buscando un lugar permanente donde podamos ofrecer servicios las 24 horas del día, los siete días de la semana.

Cambio sistémico

Mirando hacia atrás, podemos ver que ha tenido lugar una gran cantidad de cambios positivos. Hoy hay en Dublín otras varias instituciones que ofrecen servicios parecidos a los nuestros, incluyen­do algunos que trabajan con grupos con los que se podría pensar que era muy dificil trabajar, como por ejemplo lo que tuvieran un pasado de alcoholismo en la calle. Ofreciendo servicios de exigen­cias no demasiado duras, tales como los dirigidos por el Depaul Trust, similares a los del Clancy Night Shelter y a los de otro pro­yecto orientado a los bebedores callejeros de muchos años (Aungier Street abrió en diciembre de 2002), otras instituciones se han animado a revisar sus criterios de admisión y sus métodos de tratamiento. Esto no quiere decir que hay una tolerancia sin control en todos los servicios para los sin techo en el tema del uso de dro­gas en Dublín, pero hay cada vez más instituciones que se han dado cuenta de la necesidad de llegar a la gente que presenta un compor­tamiento problemático por medios más flexibles que el de simple­mente rechazarlos. Es importante notar que no todos los servicios tienen que operar de la misma manera, pero hay una escala de gra­dos de atención hacia las necesidades de una población numerosa y variada de gentes sin techo.

Para llegar a este punto el Depaul Trust puso en marcha un pro­grama completo de capacitación y formación para los miembros del equipo y para los responsables, y para asegurarse de que se mantienen en la agenda algunos temas críticos de modo que el ser­vicio no cambie poco a poco inadvertidamente (un fenómeno que ocurre con frecuencia en servicios de ese tipo y que se descubre sólo después que ha tenido lugar). Los miembros del equipo reci­bieron formación e información en los temas críticos, incluyendo los mejores modos de tratar a drogadictos, cuestiones de salud, inyección más segura de drogas y temas de seguridad. Se les animó a que tomaran más cursos relacionados con su trabajo, tal como estudios de asesoramiento y de adicción. Hemos trabajado también en tratar de inspirar al equipo con nuestros valores y nuestra misión por medio de sesiones acerca de nuestros fundadores (san Vicente de Paúl y santa Luisa de Marillac), por medio de informaciones en el boletín informativo de la institución, y más recientemente por medio de un curso acerca de nuestros valores y misión dirigido por la Fundación Depaul. Este curso incluía una experiencia en la que seis dirigentes del DePaul Trust de Irlanda y otros seis del DePaul Trust del Reino Unido se reunieron para examinar nuestros valores y nuestra misión desde el punto de vista de vernos a nosotros mis­mos como líderes de nuestra herencia vicenciana y nuestro ethos. El proceso de formación y capacitación sigue en marcha y es some­tido a revisión constante. Recientemente hemos tenido la fortuna de establecer con las Hijas de la Caridad un nuevo programa pas­toral al que se dedica a tiempo completo un trabajador experto en desarrollo pastoral.

A través del Clancy Night Shelter, el Depaul Trust ha demos­trado que si se adaptan y diseñan modos de acción adaptados a las necesidades urgentes de los hombres y mujeres a los que se atien­de, se dará un mayor compromiso por parte de los beneficiarios de un servicio dado, y por ello se les dará una ayuda más apropiada para ayudarlos y atender major a sus necesidades conocidas. Una política de abstinencia estricta tiene como efecto el que el uso de drogas se haga clandestino y el aumentar la probabilidad de que los que lo necesitan no reciban el servicio adecuado. El suprimir la política de asbstinencia estricta significa que los hombres y las mujeres se acercarán con mayor facilidad a los proyectos y se com­prometerán con los programas adecuados. Hay ya señales de que cada vez menos instituciones en Dublín usan medidas estrictas de exclusion. En general, los servicios se están hacienda más flexibles al tratar con los que acuden a ellos con necesidades complejas y con un comportamiento poco social.

Como se dijo arriba, los servicios para mujeres eran y son en Dublín aún menos numerosos en el tema de los sin techo; sin embargo, el Clancy Night Shelter fue uno de los primeros proyec­tos que demostró que unas instalaciones podían ser fácilmente aco­modadas para residentes masculinos y femeninos, y también para parejas, en un proyecto unificado.

Sin la voluntad de las agencias del gobierno para mantener y proveer de fondos al proyecto, el Clancy Night Shelter no se hubie­ra puesto en marcha. Las agencias del gobierno se fían ahora del programa, y ayudan con fondos presupuestados de manera perma­nente. Piensan también en otros proyectos que no reciben aún fon­dos, tal como nuestro proyecto de Aungier. El gobierno ha comen­zado también a pensar en más estrategias para este grupo y para otros. La opinion pública ha cambiado también por causa de la alta repercusión del proyecto y la disponibilidad del Depaul Trust de hacer visible el proyecto ante la opinión pública. Esto se ha conse­guido a través de entrevistas en la radio con el equipo y con jóve­nes que hablaron de sus experiencias. El impacto publico ha aumentado también a través de los periódicos, así como de boca en boca por medio de los voluntarios que exponían sus experiencias de trabajo en el albergue. Desde que se abrió el proyecto, el Depaul Trust ha conseguido nuevas recaudaciones de fondos de la Agencia de los sin techo para un trabajador de día y una enfermera a tiem­po completo que trabaja en cuatro proyectos del Depaul Trust, que proporciona ayuda clínica, asesoramiento y orientación hacia otras agencias.

Pero los cambios más importantes se han dado afortunadamen­te en los jóvenes a los que hemos atendido. Como se mencionó arriba en el contexto historico, por primera vez los que necesitaban esos servicios tuvieron un lugar al que ir en el que se podían que­dar aun cuando se conociera su historial de drogas. Su adicción se convertía en una historia conocida, y no algo que había que ocul­tar. Los jóvenes pueden acudir a Clancy una y otra vez y nunca se les juzga de manera negativa porque vuelvan. Más bien se ve eso como una oportunidad para relacionarse con el joven o la joven una y otra vez y de eso modo poder medir el grado de motivación y poder así trabajar con ellos, tratándoles según la situación en que se encuentran.

Es fundamental el bienestar fisico de esa gente joven. Uno de los indicadores que hemos utilizado para evaluar el éxito de Clancy es éste, muy sencillo: el consumo de alimentos en las instalaciones del proyecto. Al principio cuando abrimos, los jóvenes y las jóve­nes no comían mucho, casi solamente cereales y pan tostado. Cuatro años después, si los del equipo se retrasan en servir comi­da, (cosa que puede suceder de vez en cuando), no pierden tiempo en hacernos conocer su enfado.

A lo largo del tiempo nos hemos esforzado para asegurarnos de que el servicio en Clancy es lo suficientemente flexible para adap­tarse a las necesidades cambiantes de sus clientes. En parte eso se consigue leyendo e interpretando lo que tiene lugar en la sociedad en la que viven los que usan nuestros servicios. Esto incluye el estar al día en el tema de las drogas que están de moda, la facilidad de acceso a las drogas en la calle, aumentos en el consumo de dro­gas y otras corrientes. Además de consultar a los que proporcionan fondos y otros proveedores, recibimos información de nuestros mismos clientes por medio de reuniones regulares en las que ani­mamos a los jóvenes y a las jóvenes a contribuir con sus sugeren­cias y quejas acerca de nuestros servicios.

Conclusión

Todos los años el equipo de Clancy Night Shelter sirve casi a cien jóvenes diferentes que entran por su puerta. Trabajamos con ellos para encontrarles programas de desintoxicación, para propor­cionarles vivienda más estable (sobre todo en fondas temporales), para conseguirles servicios médicos y para que aprendan métodos más seguros de inyección. El Clancy Night Shelter ha demostrado que podemos trabajar de manera eficaz, y no simplemente respon­der a necesidades según van llegando. Esto se consigue de manera significativa por el medio de no ya simplemente poner un techo sobre las cabezas de los clientes, sino de colaborar con ellos en res­ponder a sus necesidades personales. En Clancy no medimos el éxito sólo por el número de personas a las que vemos, sino también por aspectos tales como la duración de las permanencias, la capa­cidad de orientarles hacia otros servicios, y nuestro nivel de com­promiso con nuestros clientes.

El Depaul Trust y el Clancy Night Shelter son como una luz de esperanza para los jóvenes y las jóvenes que acuden a nuestra puer­ta. Nos damos cuenta de que queda mucho por hacer, de que nues­tros clientes tienen necesidades adicionales a las que deberemos responder en el futuro, y por ello seguiremos yendo por delante con el ejemplo y proporcionando servicios con un espíritu verdadera­mente vicenciano.

Estadística Clancy

Año

Edad

Hombres

Mujeres

Total

18-21

22-25

26-30

31-35

2002

25

41

32

24

97

25

122

2003

12

42

25

16

75

20

95

2004

10

23

29

21

76

7

83

2005

14

28

33

17

83

9

92

2006

10

40

25

14

81

8

89

Los dos casos siguientes son como una coda muy oportuna a la historia del Clancy Night Shelter, casos que muestran el impacto de nuestros servicios así como la posibilidad de esperanza que esos servicios ofrecen a nuestros jóvenes clientes.

Caso primero

Una pareja (ambos de menos de 25 años de edad) vino a Clancy después de estar durmiendo un mes al aire libre en la calle. Se les había impedido la entrada en otros albergues para gente sin hogar por su uso de drogas totalmente fuera de control. Al princi­pio se negaban a colaborar con nuestro equipo, pues experiencias previas en otros albergues les habían llevado a pensar que no debí­an fiarse del personal de ningún albergue. Al cabo de un mes más o menos empezaron a colaborar con los miembros de nuestro equi­po y ambos empezaron a mostrar deseos de cambiar su estilo de vida.

El equipo les ayudó a conseguir programas de mantenimiento por medio de metadona por primera vez. Empezaron a tener con­tacto con asesores en una clínica y siguieron reuniéndose con el equipo de Clancy. Como fruto de toda esta ayuda se sintieron pre­parados para trasladarse a un ambiente de vida más seguro, pues ello les ayudaría a mantenerse estables en el prograna de metadona. Se les orientó al oficial de Community Welfare (CWO) en la Homeless Persons Unit, donde recibieron un depósito para una vivienda de renta privada, y un convenio en virtud del cual se incluiría una cantidad mensual para el pago de la renta en su che­que de bienestar social, una vez que se instalaran en una vivienda adecuada. Dos semanas después se trasladaron a un apartamento con un dormitorio en el norte del centro de la ciudad. Durante unos pocos meses después de su traslado, venían al albergue a informar a los miembros del equipo de cómo se iban adaptando a una forma de vida independiente.

Caso segundo

Un joven de 21 años, procedente de la parte sur del centro de la ciudad, vino a nosotros después de haber estado durmiendo al aire libre en la calle durante un mes. No había tenido ninguna vivienda durante el año anterior, y no se le admitió en otros alber­gues de Dublín porque consumía droga. Se había quedado sin hogar cuando se le pidió que dejara la vivienda familiar cuando su madre empezó a preocuparase por el efecto que tendría el consumo de droga en sus hermanos más jóvenes.

Alpoco de llegar al Clancy Night Shelter, solicitó la ayuda del equipo. Estaba muy preocupado por su fuerte consumo de droga, que le había llevado a muchas citaciones de arresto aún pendientes. Quería también volver a establecer relación con su hija de tres años, que estaba al cuidado de padres adoptivos.

El equipo le ayudó para que consiguiera un examen para un programa de metadona, y se le puso a la vez en contacto con un ser­vicio de asesoramiento. Miembros del equipo le acompañaron para ponerse en contacto con su oficial de probación (probation officer), junto con él redactaron un informe para el juez con la esperanza de que no tendría que enfrentarse a una sentencia de custodia (custo­dial sentence). Siguió en Clancy durante tres meses más. Durante este tiempo recuperó la relación con la madre de su hija. Informó al equipo de que quería fándar un hogar con ella y conseguir la cus­todia de su hija. Con la ayuda de nuestro equipo se le dirigió a otros servicios a través de Homeless Persons Unit.

Cuatro meses más tarde volvió enviado otra vez por la autori­dad, pues había estado durmiendo en la calle durante una semana. Informó a nuestro equipo de que la relación con su pareja se había roto, y de que ya no seguía el programa de metadona. Los miem­bros del equipo se sentían muy preocupados por su pobre aspecto, y su evidente pérdida de peso. Informó al equipo de que su consu­mo de drogas había empeorado, y que ahora tenía adicción a ben­zodiacefmes. El equipo le ayudó a acudir a un doctor y comenzar otro programa de metadona en una clínica local.

Después de aproximadamente un mes se había estabilizado con el uso de la metadona, y siguió mejorando con la ayuda de su equi­po de ayuda. Se quejaba de estar aburrido durante el día, y por ello el equipo le dio información sobre servicios de día para los sin hogar. Participó en un programa dirigido por uno de los servicios de día para adictos, programa que completó con éxito en 12 sema­nas. Este éxito le animó a encarar sus otras adicciones. Después de someterse a un programa de desintoxi9ación de benzodiacefines, bajo supervisión del doctor de su clínica, se mantiene ahora estable con la metadona, y ahora está esperando cama en una unidad resi­dencial de desintoxicación. Sigue con una motivación muy alta, reuniéndose con su asesor una vez por semana.

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