Corrientes Espirituales en Francia del Siglo XVII

Francisco Javier Fernández ChentoEn tiempos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Francisco_de_ZurbaranEn la Francia del siglo XVII las corrientes espirituales reaccionan a las posturas filosóficas y espirituales del Renacimiento, las cuales tienden a exaltar a la persona humana. Entre los principales expositores y que influyeron en el pensamiento de San Vicente de Paúl, se encuentra tres grandes maestros espirituales de la época:

1. Francisco de Sales (1569-1622), teólogo, misionero de territorios protestantes, obispo de Ginebra, predicando sobre la bondad de la persona como cualidad propia de una criatura de Dios y que por lo tanto busca la perfección en el Amor del Padre. Todos los cristianos, sin importar ser laicos o religiosos pueden salvarse encontrando a Jesús presente en las actividades de la vida cotidiana. Su obra principal se denomina “Introducción a la Vida Devota”, la cual se publicó en 1608 y que tuvo un extraordinario éxito de lectores, pues se hicieron 40 ediciones desde 1608 hasta 1622. De este libro se decía que después de la Biblia, era el libro más leído por los Cristianos en el siglo XVII. En la obra explica que todos tenemos experiencias limitadas de Dios y la apertura a encontrarnos a ese Ser Supremo desde nuestro humilde contexto, es lo que nos ayudará a alcanzar la perfección. El libro está dirigido a Filotea (filos=amor, Tea=a Dios, o sea el amante de Dios). Esta escrito con lenguaje popular, accesible para la gente humilde, la cual acudía a este obispo de Ginebra. Así la vida devota nos conduce a la perfección, y se tiene que ver reflejada en el buen uso de los bienes materiales, en la paciencia y confianza con la bondad de la divina providencia, la reflexión de los sermones y el evangelio, e invita a la caridad y al amor con los más necesitados. (Prager, 1990). En fin que San Francisco de Sales, invita al pueblo a tener una vida de contemplación en la vida diaria, sin necesidad de recluirse en un monasterio o de realizar una vocación religiosa específica. La salvación está al alcance de todo el pueblo que trabaja diariamente en las cosas del mundo. En esa obra y en su «Tratado del amor de Dios» (1616) Sales desarrolló una concepción de la mística cristiana muy equilibrada, centrada en torno al amor del prójimo, muy cercana a la corriente optimista de las posibilidades naturales del ser humano que constituye el humanismo cristiano.

2. Pedro de Berulle (1572- 1629), Francés Noble, fundador del oratorio y consejero del estado, quién enfatiza la idea del pecado del hombre y la gracia de Dios, además predica sobre el Verbo Encarnado. (Bastiaensen, 1990). Pedro de Bérulle plasmó su pensamiento en «Discours de l´état et des grandeurs de Jésus» (1623), donde desarrolla la idea agustiniana de la nada del hombre frente a la infinita grandeza de Dios. La piedad por la que apuesta Bérulle es cristocéntrica, austera y exigente. Esta espiritualidad vinculada a la mística no impidió el desarrollo de un Cristianismo activo, militante y eficaz. En su libro «Obras de Piedad», desarrolla una hermosa reflexión, que partiendo del misterio del silencio de Jesús y de María, conduce a una meditación cristológica sobre la Encarnación. A partir de la riqueza de su doctrina y piedad mariana, el texto permite una aproximación a las líneas fundamentales de la visión beruliana de la vida cristiana. ”El es nuestra vida, nuestra salud y lo que nos colma. Y ya que este santo tiempo, el tiempo propio del Verbo encarnado, está destinado a honrar su advenimiento y sus primeros misterios, consagro mi espíritu y mi lengua a un sujeto tan digno. Quiero hablarle de su advenimiento y de sus primeros pasos en el mundo. Porque soy deudor de todos; quiero hablar a todos, y hablaré a aquellos de los cuales me siento alejado, nos servirán como vías por las cuales los ausentes se hacen presentes, para hablarse mutuamente y entretenerse juntos” (Berulle, 1623).

3) Benito de Canfield (1565- 1612) Capuchino inglés que se establece en Francia. De la escuela de Berulle, promueve mucho el “Camino de Perfección” o “Regla de la Perfección”, que se logra con algo muy sencillo, como es cumplir la voluntad de Dios. (Bastiaensen, 1990). A Benito de Canfield se le considera el máximo representante de la «escuela abstracta» en Francia. A pesar de pertenecer al puritanismo inglés, su juventud fue bastante disipada. Siendo abogado en Londres reaparecen sus dudas acerca de cuál sería la verdadera Iglesia. Esta angustiosa búsqueda tuvo una etapa decisiva a favor del catolicismo en 1585. En esta decisión jugó un papel importante la lectura del libro del jesuita oxoniense Robert Parsons (1546-1610): “Ejercicio cristiano de resolución”. El catolicismo francés le entusiasmó grandemente. Admiraba sus grandes Iglesias, la belleza de la liturgia, y muchos gestos de bondad que veía en los cristianos católicos. Benito de Canfeld tomó el hábito capuchino en París en al año 1586 e hizo su estudiantado en Venecia. Siendo novicio, sus largos éxtasis llamaron la atención a los demás religiosos del convento. Uno de sus arrebatamientos místicos le duró dos días, y aunque le pincharon las piernas, no lo pudieron devolver al estado normal. En Canfeld, además de la teología franciscana, se encuentra la influencia de la corriente renano flamenca, los escritos del Pseudo Dionisio, resabios de la teología puritana, y la atracción por la devotio moderna, especialmente por Kempis. La producción de Benito de Canfeld es escasa pero de gran repercusión, ya que contribuyó a que el renacimiento espiritual francés tenga un carácter místico. Su influencia se extiende en toda la primera mitad del siglo XVII. Escribió El caballero cristiano Esta obra contiene dos partes, la primera de las cuales, muy teológica, trata del pecado original, de sus nefastas consecuencias y de la restauración en la gracia mediante la redención. La segunda parte trata acerca de vicios y virtudes. En esta sección combina doctrina e introspección psicológica. Su obra más importante es la Regla de perfección, la escribe hacia el final de su vida, siendo publicada en París en 1609; en el siglo XVII alcanzó 25 ediciones. Consta de tres partes. La primera parte, a la cual le presta especial atención San Vicente de Paúl, es una motivación a la práctica de la voluntad de Dios. En el primer capítulo, Canfeld intenta entusiasmar al lector, describiendo las bondades de adoptar como método la práctica de la voluntad de Dios, ya que éste es el mejor camino hacia la perfección. A continuación, señala como se puede dividir la voluntad de Dios en tres partes. Dentro de la vida activa enseña a purificar la intención hasta llegar a tener una perfecta determinación. Para esto se ha de practicar la abnegación y mortificación a ejemplo de la pasión de Cristo. La segunda parte de la obra, más breve, se dedica a la descripción de la voluntad interior. La verdadera vida contemplativa unifica todas las actividades, ya no se vive disperso. Une lo interior y lo exterior, lo espiritual y lo corporal, lo eterno y lo temporal. La tercera parte de alta mística y destinada a los perfectos, tiene que entenderse bien porque no carece de dificultades, y algunas expresiones de ella pueden interpretarse erróneamente, por eso el mismo autor encarece la necesaria prudencia en su lectura. Canfeld en las primeras ediciones francesas, no la quiso incluir, reservándola únicamente a la edición latina (1610).

Para Benito de Canfeld la regla por excelencia, que resume toda la perfección, es el abandono absoluto a la Voluntad de Dios. Ahora bien, San Vicente se diferencia de Canfeld al tratar la voluntad pasiva de Dios, ya que en Canfeld esta voluntad se orienta más a un quietismo, y en San Vicente se inserta dentro de una mística y una ética de la acción. La regla de centrarse en la práctica de la voluntad de Dios sirve para todos los momentos de la vida: tanto para los estados de paz interior, como de tentación o de guerra espiritual. Cumplir esta voluntad es el medio más corto para llegar a la santidad, es la llave de oro de la vida espiritual. El 26 de abril de 1689, la obra de Canfeld fue acusada de quietismo, por lo que fue incluida en el Índice de los libros prohibidos, donde figuraba aún en 1940. San Vicente, quien meditó durante más de 30 años la Règle de perfection, introdujo el tema de la voluntad de Dios en las Reglas Comunes de la Congregación de la Misión, copiando algunos puntos de la obra de Canfeld, haciendo énfasis en que la práctica de la voluntad de Dios convierte las acciones humanas en algo vivo, en cuanto están vivificados por la gracia; sólo de este modo son gratas a Dios. (Andrés Moto)

Al mismo tiempo en Francia se inicia el movimiento denominado “Jansenismo”, el cual es promovido por Cornelio Jansen, quien nació en Accoy, Holanda en 1585 y muere en Ypres, 1638. Jansen escribió el libro “Augustinus”, en el que promueve un movimiento doctrinal, político y eclesiástico, que se difunde en Europa por los siglos XVII y XVIII. El documento es convertido en apoyo de ciertos movimientos cismáticos dentro de la Iglesia, debido a que la enseñanza jansenista propone una reforma a los principios básicos de la iglesia católica de roma, su doctrina se basaba en la predestinación que hacia perder la libertad ante la irresistible gracia de Dios, su movimiento religioso era más austero que el Calvinismo. En las incesantes controversias sobre la gracia, el punto de referencia constante fue siempre San Agustín. De él partió también Jansen, discípulo de Bayo, profesor de teología en Lovaina desde 1618, y obispo de Ypres desde 1636, proponiendo una moral rigorista y elitista. Logra encontrar en Francia una gran aceptación y algunos de sus seguidores postulan la separación del seno de la Iglesia de Roma, al negar la autoridad del Papa para someter al clero francés. La derivación última es el galicanismo, cuestión que enfrentará a varios papas (Inocencio XI, Alejandro VIII, Inocencio XII) con Luis XIV de Francia por la pretensión del clero francés de crear una Iglesia nacional alejada del control romano. Los jansenistas se congregan en el castillo de Port Royal des Champs, cerca de Versalles, el cual es destruido por orden de Luis XIV en 1710. Uno de sus seguidores fue el científico y filósofo Pascal, el cual predica sobre su repudio a la doctrina del libre albedrío y donde dice que el preferir los trabajos de Dios será la llave para alcanzar la salvación. En 1654 describe una experiencia religiosa dentro del Port Royal y escribe controversiales cartas con otro nombre para atacar a los Jesuitas defensores de la Iglesia Católica Romana. De ahí se publica su libro sobre la justificación del Cristianismo, en donde mira al mismo como una herramienta limitada de las verdades de Dios. Este movimiento es condenado por la Iglesia Católica, en junio de 1653, se les exige el silencio obediente, en 1705 y desaparecen en 1710 al quemarse el castillo en donde vivían. (Petrosillo, 1996 p. 225). “La lucha contra el jansenismo tuvo gran influencia en el pensamiento del siglo diecisiete. Teólogos y autores espirituales, mientras combatían el jansenismo, sufrieron influencias de muchos de sus prejuicios, ya que estaba, por así decir “en el aire que respiraban”. (Maloney, 1996).

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