Cinco rostros de san Vicente de Paúl

Francisco Javier Fernández ChentoVicente de PaúlLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Robert P. Maloney, C.M. .
Tiempo de lectura estimado:

Cuando pienso en la vida de mi padre, veo que tuvo momentos muy diferenciados. Su adolescencia: fue dificil porque tuvo que dejar la escuela a la edad de 13 años y trabajar para man­tener a su madre, que estaba enferma. Su vida matrimonial con mi madre: fue­ron muy felices y tuvieron cinco hijos. Los años de trabajo intenso: llegó a ser el jefe en una com­pañía importante, pero trabajaba tanto que no podía dedi­car mucho tiempo a su familia.

Finalmente, en sus últimos años 60 y en sus 70 sí pudo dedi­carnos mucho tiem­po, yendo de vaca­ciones, conversan­do, mostrándonos el amor que nos tenía.

Trabajó hasta su muerte a la edad de 81 años, pero en esta última fase de su vida no era ya el jefe de una familia o el gerente de una empresa, sino más bien un consejero que compartía con nosotros la sabiduría que había adquirido a lo largo de los años.

¿Por qué digo todo esto? Porque la personalidad humana es muy rica. Vivimos a través de momentos diferentes. Cambiamos durante la vida. Maduramos, normalmente. No somos unidimen­sionales; tenemos muchos aspectos diferentes. Shakespeare expre­sa esta idea con gran claridad.

El mundo es un escenario,
Y todos los hombres y mujeres no son más que actores;.
Tienen sus salidas y sus entradas,
Y un hombre interpreta muchos papeles durante sus años,
Sus hechos discurren a lo largo de siete tiempos. Al principio el niño,
Con quejidos y vómitos en brazos de su niñera.
Luego el escolar lloriqueando, con su cartera
Y su rostro vivaz por la mañana, arrastrándose como un caracol
Sin ninguna gana hacia la escuela.
1

Y sigue Shakespeare describiendo los siete tiempos de la persona humana.

Así fue también en el caso de Vicente de Paúl. Su vida pasó por muchos tiempos diferentes, pues vivió hasta los ochenta años. En este capítulo no voy a reflexionar sobre sus palabras, como lo he hecho tantas veces en otros libros, ni sobre los sucesos decisi­vos de su vida. Sólo quiero compartir con el lector cinco de entre los diferentes aspectos a cuya luz he ido viendo a san Vicente a lo largo de los años desde que comencé a conocerlo. Precisamente porque la personalidad de Vicente es tan rica, y su carisma es tan atractivo para todo el mundo, hay muchos «rostros»,2 por así decir­lo, de Vicente de Paúl.

I. Padre de los Pobres

Cuando era yo un muchacho de trece años la primera imagen que tuve de Vicente fue la de Padre de los Pobres. Creo que ésta es su imagen más popular, la más fácil de reconocer por parte de mucha gente en todo el mundo. Se ve su imagen en vidrieras, en estatuas y en cuadros, en muchísimas iglesias.

En los últi­mos años se han visto muchas imá­genes hermosas de san Vicente como Padre de los pobres. Una de las más lla­mativas apareció en la página web de la Asamblea General de la Con­gregación de la Misión en 1999, y en muchas publi­caciones por aque­llos años. Es la pieza central de un tríptico pintado por Kurt Welther para la capilla de la parroquia de San Vicente en Graz, Austria. Vicente de Paúl está sentado entre pobres como si fuera uno de ellos. No tiene ningún halo. No descuella entre ellos como si fuera un famoso bienhechor. Da la impresión de que han apare­cido los pobres en el momento justo en que Vicente se ha sentado para comer su modesta ración. La comparte con ellos. Los rostros de los pobres sentados a la mesa no se ven con claridad. Pero el que los ve, como nos dice Vicente, «verá a la luz de la fe que el Hijo de Dios, que quiso ser pobre, se nos representa en esos pobres.»3 El rostro que se ve en el centro de la mesa refleja la presencia de Cristo. Los que rodean a Cristo en esa comida modesta nos recuer­dan la Última Cena, la comida sacramental del amor de Dios por su pueblo.

¿Qué podemos decir de Vicente, el Padre de los pobres?

  1. Este rostro de Vicente es el fundamental para todas las  ramas de la Familia Vicenciana. De hecho es el rostro con el que mejor reconoce la Iglesia a Vicente de Paúl en todo el mundo. El 16 de abril de 1885 san Vicente fue declarado para la Iglesia Universal el patrono de todas las instituciones de caridad.4 Cuando hablo con los miembros de las varias ramas de nuestra Familia en países diferentes, veo que todos reconocen a Vicente, Padre de los pobres, bien como su fundador, bien como su fuente principal de inspiración.
  2. Lo que hacemos hablará con más fuerza que lo que decimos. El testimonio es con frecuencia más importante que las pala­bras, sobre todo hoy. En un mundo en el que hay muchos indife­rentes ante la religión organizada, el lenguaje de las obras es cada vez más importante. Las obras de justicia y de misericordia son un signo de que el Reino de Dios está realmente actuando en medio de nosotros: dar de comer al hambriento, de beber al sediento, ayudar a encontrar las causas de su hambre y de su sed, y las maneras de aliviarlas.

II. El Misionero

Cuando ingresé en la Congregación de la Misión a la edad de 18 años comencé a conocer a Vicente como misionero. La imagen que he escogido para representar este «rostro» es sin duda la que más «se ve» de entre las imágenes de Vicente de Paúl. Millones de perso­nas la ven cada día, aunque sospecho que entre los que la miran ¡pocos son los que la ven realmente!

Esta estatua, obra de Pietro Bracci (1700-1773), fue co­locada en la basílica de San Pedro des­pués de la canoniza­ción de san Vicente en 1737. Confieso que siento un cierto orgullo cuando llevo a algunos visitantes a San Pedro y les muestro a nuestro fundador en la mis­mísima nave princi­pal, al lado de Teresa de Ávila.

Se aprecian varios aspectos lla­mativos en esa esta­tua. En primer lugar, representa claramen­te a Vicente como misionero. En esa estatua el Vicente que se dirige a nosotros es el Vicente predicador. Va vestido con roquete y estola, lleva una cruz en la mano izquierda, y muestra con su mano derecha un gesto dramático dirigido a su audiencia. La concha detrás de su cabeza amplía el volumen de su voz. Junto al pie izquierdo se encuentra el libro del evangelio de Lucas abierto en el pasaje de 4,18: «Me ha enviado a anunciar el evangelio a los pobres.»

Este es el Vicente que, conmovido por la conversión de un campesino agonizante en las tierras de una familia rica, los Gondi, predicó un sermón el 25 de enero de 1617 llamando a la conver­sión. Él siempre vio ese día como el comienzo de su actividad de misionero, y de la de muchos misioneros que envió por los cami­nos del mundo, a Polonia, a Italia, a Argel, a Madagascar, a Irlanda, a Escocia, a las islas Hébridas, a las Oreadas.

¿Qué se puede decir de Vicente como misionero?

  1. Para él la palabra de Dios era algo totalmente central. Eso es lo que quiere expresar el evangelio cerca de su pie izquierdo: «La palabra de Dios no falla nunca.»5 Repite esta idea una y otra vez. Para Vicente la palabra de Dios es la regla fundamental de la vida humana; es también la fuente de la que brota toda predicación y toda enseñanza.
  2. La cruz es central cuando predica y cuando catequiza. Vicente cita el impresionante texto de san Pablo: «Dios me libre de gloriarme sino en la cruz de Nuestro Señor Jesucristo.»6 Pero la cruz no ocupó un lugar fundamental sólo en su predicación, sino también en la formación de sus seguidores.7

III. Vicente, Formador

Empecé a conocer a Vicente como formador cuando yo tenía 27 años, porque mis superiores me pidieron que yo fuera a mi vez formador.

Vicente fundó tres grupos numerosos: las Cofradías de Caridad (1617), la Congregación de la Misión (1625), y las Hijas de la Caridad (1633). Pero no sólo los fundó, también les dio una formación. Las reglas que redactó, las conferencias que pronunció y una buena proporción de las cartas que escribió tenían por tema la formación.

Vicente fue uno de los mayo­res reformadores del clero del siglo XVII. Su influencia sobre sacerdotes dioce­sanos y sobre futuros obispos de Francia fue enorme. Fundó 20 seminarios en las últimas déca­das de su vida. Fue consejero del rey en el tema de la selección de obispos. Muchas de las grandes figuras espiritua­les de su tiempo participaron en los programas de formación que organizó. Durante su vida hicieron retiro en la casa de Vicente más de 12.000 sacerdotes.

Algunas de las imágenes más conocidas de Vicente lo representan instruyendo a las Damas de la Caridad y a las Hijas de la Caridad. Esas imágenes me parecen muy importantes porque reflejan un aspecto central del carácter de Vicente que a veces se olvida: Vicente fue un formador extraordinario

¿Qué podemos decir de Vicente como formador?

  1. Tal vez lo más importante sea lo que él mismo dijo hablando de formación a un sacerdote joven, el padre Antonio Durand, a quien había nombrado superior de un seminario: «‘Guiar almas es el arte de las artes’… Fue la profesión del Hijo de Dios cuando estuvo en la tierra… Ni la filosofía, ni la teología, ni los discursos tienen influencia sobre las almas. Es esencial que Jesucristo esté unido con nosotros íntimamente, y nosotros con él; que actuemos en él y él en nosotros; que hablemos como él y con su Espíritu, así como él estuvo en su Padre y predicó la doctrina que le enseñó su Padre. Eso es lo que nos enseña la Escritura. Es por eso necesario para usted que se vacíe de sí mismo para revestirse de Jesucristo.»8 No hay ideas más importantes que esas para formadores y para los que se están formando.
  2. Vicente fue muy inventivo en la creación de formas nuevas de programas de formación. La formación9 pide hoy también capa­cidad de inventiva, una pedagogía nueva, y el uso de los medios modernos de comunicación. Es básico que el formador haga parti­cipar a los formandos de lleno en el proceso de formación de modo que estos se conviertan en agentes activos de su propio proceso de formación. Después de todo, son ellos los que tienen la responsa­bilidad primera en el ser bien formados. Se espera que ellos se con­viertan en «agentes multiplicadores», capaces de transmitir a otros los dones que hayan recibido ellos mismos. Los buenos formado-res deben saber cómo trabajar no sólo con individuos sino también con grupos. Deben saber estimular a los formandos a que se ayu­den unos a otros en el proceso de formación.

IV. Vicente, Contemplativo en la Acción

Pocos santos han sido tan activos como san Vicente de Paúl. Tan impresionantes fueron sus obras que en su funeral afirmó el predicador: «Él casi ha transformado el rostro de la Iglesia.»10 Pero sus contemporáneos veían en él a un hombre de oración pro­funda. Uno de ellos escribió que «su espíritu estaba continuamente atento a la presencia de Dios.»11 Un sacerdote que le conocía bien recuerda que le vio una vez contemplando durante horas un cruci­fijo que tenía en sus manos.

La naturalidad con la que Vicente habla acerca de la ora­ción y de la contemplación es una señal de que él se movía con facilidad en ese mundo. A veces Vicente es muy elocuente cuando habla de cómo ve él a Dios. Un año y medio antes de morir dice a sus sacerdotes y hermanos:

El recuerdo de la presencia de Dios crece en el alma poco a poco y con la ayuda de su gracia se hace permanente en nos­otros. Nos sentimos vivificados, por así decirlo, por esa presencia divina. Hermanos míos, cuántas personas hay incluso en el mundo que casi nunca pierden este sentido de la presencia de Dios.12

¿Qué podríamos decir de Vicente, el contemplativo en la acción?

Poco a poco he llegado a ver la unión de oración y acción, tan evidente en este rostro de Vicente, como una de las claves más importantes para acceder a la espiritualidad vicenciana. Vicente estaba totalmente convencido de que oración y acción van unidas. Se dio cuenta de que separada de la acción la oración puede vol­verse escapista. Puede perderse en fantasías y producir ilusiones falsas de santidad. Por el otro lado, el servicio separado de la ora­ción puede ser algo muy superficial, puede tener un aspecto de obrar mecánico. Puede convertirse en una adicción, en una atrac­ción intoxicante. La espiritualidad apostólica es plenamente autén­tica cuando une oración y acción en una saludable tensión.

Vicente pone un gran énfasis en el amor práctico y efectivo, pero insiste también con gran fuerza en la oración mental diaria. De hecho, en la tradición espiritual vicenciana la ora­ción mental juega un papel de extrema importancia. En pocas cosas puso un énfa­sis tan fuerte. Dice Vicente hablando de la oración mental:

Dadme un hombre de ora­ción, que él será capaz de todo. Podrá decir con el apóstol: «Todo lo puedo en aquel que me conforta.» La Congregación (de la Mi­sión) durará siempre que mantenga la práctica de la oración, que es como una muralla inexpugnable que defenderá a los misioneros contra toda clase de ataques.13

En otras palabras, considera la oración mental como totalmente esencial para los que están comprometidos con el trabajo por los pobres.

V. Vicente, el hombre más amable de su tiempo

San. Vicente admiraba enormemente a Francisco de Sales, a quien consideraba la persona más amable que había conocido jamás. Aprendió de tal manera del ejemplo de Francisco que él mismo adquirió una muy notable amabilidad y afabilidad, y tuvo una admirable capacidad para tratar y para relacionarse con toda clase de personas.14

Aunque es dificil el pintar la amabilidad, muchos artistas lo han intentado. He escogido este «rostro» de san Vicente porque cada vez estoy más convencido que debemos dejarnos transformar por el amor de Dios, como lo hizo san Vicente.

¿Que podríamos decir de san Vicente, el hombre más amable de su tiempo?

  1. Una espiritualidad genuina transformará nuestra humani­dad. Vicente dice que cuando era joven tenía una voluntad dura, y que se airaba con facilidad. Tenía también tendencia a permanecer durante mucho tiempo en un humor negro. Pero admitiendo esos aspectos en su carácter, «Me volví hacia Dios y le pedí incesante­mente que cambiara mi manera de ser seca y abrupta y me conce­diera un espíritu cálido y amable. Y por la gracia de Dios, y con el pequeño esfuerzo que hice para controlar los movimientos de la naturaleza, he cambiado algo mi humor negro.» Vicente se expre­sa aquí con una humildad notable. Sus contemporáneos dieron tes­timonio de que el Vicente de la edad madura se había convertido en un hombre amable que tenía una manera calurosa y atractiva de relacionarse con los demás.
  2. Vicente une siempre la amabilidad con la compasión, y dice que los seguidores de Jesús deben estar llenos de compasión,15 sobre todo si se tiene en cuenta que somos llamados a servir a los más desvalidos, los más abando­nados, y los que gimen agobiados por males espiri­tuales y físicos. Nos dice a sus seguidores que nuestra santidad consiste en servir a los pobres con amor, dulzura y compasión, y más teniendo en cuen­ta que se nos llama a servir a los más desgracia­dos.16 La compa­sión es con seguri­dad una de las cualidades fundamentales para el verdadero servidor de los pobres.

Esos son cinco rostros de Vicente de Paúl. Hay otros muchos, porque la personalidad de Vicente era muy rica. Animo al lector a que contemple esos rostros para conocer y amar con mayor profundidad a este gran hombre.

Para concluir esta meditación sobre san Vicente animo al lector a unirse conmigo en esta oración:

Dios amantísimo haznos instrumentos de tu amor Ayúdanos a crecer en caridad práctica, amabilidad, y compasión como miembros de la Familia Vicenciana. Danos fuerza para que siguiendo las huellas de san Vicente, podamos contemplarte y servirte en la persona de los pobres, para que un día nos una­mos contigo y con ellos en tu Reino. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor Amén.

 

  1. «Como gustes» (As You Like It), Acto II, escena VII.
  2. El padre Raymond Chalumeau ha catalogado más de 4000 imágenes de iconografia vicenciana, desde Simon Francois de Tours en el siglo XVII hasta finales del siglo XX (cf. André Dodin, San Vicente de Paúl y la caridad, CEME, Salamanca, 1977, pp. 186-189). Se podrían añadir hoy a esa lista otras muchas obras de arte.
  3. Obras completas de san Vicente de Paúl, CEME, Salamanca, t. XI, p. 725 (en adelante las obras de san Vicente se citarán sólo por el tomo y la página correspondientes).
  4. Albert Schweitzer, The Quest of the Historical Jesus, translated by William Montgomery (New York: MacMillan, 1961) 4.
  5. CR II, I.
  6. Gal 6:14; cf SV II, 339; XI, 20.
  7. Cf. R. P. Maloney, «The Cross in Vincentian Spirituality» in He Hears the Cry of the Poor (Hyde Park, New York: New City Press, 1995) 30- 51.
  8. SV XI, 343.
  9. Robert P. Maloney, «Being a Vincentian. Being a Formator» en Vincentiana 44, n. 2 (marzo-abril 2000) 115-127.
  10. Cita este texto André Dodin en op. cit., p. 107: «II a presque changé la face de l’Église.» El texto del sermón de Maupas du Tour en el funeral está disponible en el CD-ROM preparado por el padre Claude Lautissier, que contiene otros varios escritos vicencianos.
  11. Louis Abelly, Vida del venerable siervo de Dios, Vicente de Paúl, CEME, Salamanca, libro III, capítulo VI, p.583.
  12. XII 455.
  13. XI, 778.
  14. Louis Abelly, op. cit.., libro III, cap. XII, p. 669.
  15. XI, 771.
  16. IX, 932.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *