Ávila en tres tiempos

Mitxel OlabuénagaHistoria de la Congregación de la Misión en EspañaLeave a Comment

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Author: Antonino Orcajo .
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Primer tiempo: ARENAS DE SAN PEDRO, 1862 – 1869

msoF811DEl primer tiempo comenzó en el año 1862; Arenas de San Pe­dro fue su escenario; mejor todavía, el monasterio y santuario de San Pedro de Alcántara. Es bueno recordar los orígenes de una fundación que duran te 110 años ha influido en la religiosidad y espiritualidad del pueblo y clero abulenses. Arenas de San Pe­dro, de la diócesis de Avila, marca la cuarta fundación de la pro­vincia española en el siglo XIX. Aún quedan recuerdos, aunque escasos, de la presencia de los PP. Paúles en Arenas. Las crónicas cuentan que las gentes del pueblo y alrededores acudían a la Comunidad de misioneros en busca de la amistad de Dios y que éstos recorrían la diócesis de dos en dos evangelizando a los po­bres. Acaso por el recuerdo del Santo penitente, o tal vez por el buen olor de santidad que dejaban los misioneros, las gentes sen­tían junto a ellos en el santuario una satisfacción humana y un recuerdo de lo divino. No es de extrañar que, al abandonar el pueblo, como consecuencia de la revolución de 1868, hasta los niños sintieran su partida.

Es e primer tiempo duró siete años, pero fueron suficientes para ganarse la simpatía del pueblo y clero abulenses. La simpatía nació como fruto de un trabajo duro y constante. El trabajo prin­cipal fueron las misiones y ejercicios espirituales; también se de­dicaron a la educación de los niños con vistas al sacerdocio. Avila, donde estaba instalado el Seminario Conciliar, distaba muchos ki­lómetros, los gastos eran elevados, y los niños con ganas de cul­tura, muchos. Estas razones movieron al Prelado de la Diócesis, don Fernando Blanco y Lorenzo, para responsabilizar al Supe­rior de Arenas de la formación espiritual y cultural de los niños, cuyas matrículas eran admitidas por la secretaría del Seminario de Avila.

Así nació, como una fuente callada, la fundación de Arenas de San Pedro, siendo Visitador el P. Juan Masnou, y primer Su­perior el P. Miguel Peregrí.

Segundo tiempo: AVILA, 1876 – 1970

Después de un silencio de siete arios comenzó el segundo tiem­po de la historia de los PP. Paúles en Avila. Exactamente el 1 de febrero de 1876. Esta efemérides me ha animado a ordenar hoy precisamente, fiesta de San Ignacio de Antioquía, las presentes notas históricas. Por múltiples razones de conveniencia apostólica, los misioneros Paúles no volvieron a Arenas, pero se instalaron en la ciudad de Avila. Ávila se presentaba como el mejor centro de comunicaciones; además tendrían acceso más fácil al Prelado y podrían atender a las Hijas de la Caridad en retiros, predica­ciones, etc. El radio de apostolado se difundió considerablemente. Así se lo hicieron notar los misioneros al señor Obispo, don Fer­nando Blanco, que continuaba rigiendo la Diócesis. La Provincia española de Paúles era gobernada por el P. Maller, mientras que el. P. Eladio Arnáiz iniciaba el superiorato de Avila.

Este segundo tiempo de noventa y cuatro años de historia se reparte en tres momentos. Cada momento se explica por una calle o plaza.

La calle Lesquinas, 3, acogió por vez primera a los PP. Paúles; solamente durante dos años. El P. Arnáiz con otros seis sacerdo­tes más, tres hermanos coadjutores y nueve estudiantes se repar­tieron las habitaciones del palacio del Conde de Orgaz, que se ha­bía reservado una parte del mismo para pasar con su familia «la fresca y tranquila temporada veraniega». Actualmente de este pa­lacio sólo quedan restos. El P. Osaba Rufino, en un artículo pu­blicado en el libro conmemorativo del centenario de la casa de Madrid, sufre un error topográfico al ubicar dicho palacio en la actual calle Duque de Alba.

Por lo demás, el archivo de la casa no ofrece tampoco un solo documento que nos permita reconstruir con seriedad la historia de este primer momento. Sin saber por qué, a los dos años vemos a la Comunidad asentada en la calle Valseca, 2. La actual residencia la es extremadamente sencilla, pobre, ni siquiera reúne las condiciones higiénicas deseables; la humedad sube por los muros de la casa, que permanece siempre en la umbría. Sin embargo, el segundo momento, que lo llena la calle Valseca, 2, duró veintiocho años. Existen todavía testigos que los «paúles viejos» de Valseca vivían unidos por la oración y el trabajo, principal­mente misionero. No sólo de la ciudad, también de los pueblos misionados llegaban a Valseca, 2, para descargar su conciencia y encontrar la paz.

El tercer momento es la expresión humana del crecimiento cultural y espiritual. El deseo de medrar hace cada vez más insopor­table la incomodidad. Al tocar el año 1906, la calle Valseca fue abandonada por inhóspita. La suerte quiso que por aquellos años fuera Visitador el P. Eladio Arnáiz. El P. Arnáiz había inaugu­rado, hacía treinta años, la residencia de la calle Lesquinas. No podía negar su simpatía por la ciudad de la Santa. A instancias de los misioneros de la calle Valseca puso interés, usó de su in­fluencia, que era mucha, y logró una nueva residencia en la plaza Fuente el Sol, 2. La nueva residencia tiene aires de mansión seño­rial. Con toda seguridad perteneció a los Aguilas. Los misioneros dieron gracias a Dios al encontrarse frente a un pequeño palacio deteriorado por dentro, pero que pasaba a su propiedad. Debió de entusiasmarles la fachada «mixta de mampostería y sillería», con pilastras corintias y pequeño frontón; un par de escusones explica todavía la hidalguía de los fundadores del siglo XVI. Con tiempo, la Guardia Civil, que había ocupado la mansión de los Aguilas, desalojó las habitaciones y bajos de la casa. Aún quedan restos en el sótano, como pesebreras, argollas, que contribuyen, por una parte, a resaltar el tipismo del local, pero que delatan la presencia de animales, que aprovecha la Guardia Civil para sus excursiones. Los misioneros entraron en la plaza Fuente el Sol, 2, en octubre de 1906. Nadie puede contar los trabajos y gracias conseguidos por los misioneros que han llenado el tercer momento de sesenta y cuatro años.

Tercer tiempo: AVILA, 1970…

Las necesidades de los tiempos pueden determinar la utilidad y el destino de las casas. La de Ávila al menos debe el tercer tiempo de su historia a un imperativo. Al dividirse la antigua provincia de Madrid, 1969, surgió de pronto el problema de la formación y ubicación de estudiantados a partir del Seminario Interno. Urgía acomodar cuanto antes una casa para los estudian­tes de Preu, que se hallaban concentrados en el Seminario de San Pablo, de Cuenca, y que en el segundo trimestre del curso 1970­1971 debían completar en régimen de Seminario Interno, la for­mación espiritual recibida. Alguien soñó que un lugar bueno para el futuro Seminario Interno lo ofrecía la casa y finca de Vallado­lid. Ciudad universitaria, con amplios campos para el apostolado, para la cultura, para el deporte, Valladolid presentaba un marco halagüeño y atractivo. Pero el plan cayó por tierra cuando la rea­lidad de Ávila fue cotejada con el sueño de Valladolid.

En efecto, una inspección realizada por el Procurador Provin­cial, P. Jesús Gómez, y dos sacerdotes más, con un Hermano com­probó que Ávila ofrecía más posibilidades y menos gastos que la ciudad del Pisuerga. Sucedió así: el grupo inspector salió de Ma­drid con destino a Valladolid, pero al pisar la provincia de Ávila la cortesía desvió al grupo para acercarse a la ciudad amurallada. No faltó quien interpretara un poco más tarde esta visita de cor­tesía a los cohermanos de la Comunidad de Ávila como una inspi­ración luminosa venida de la Santa andariega en busca de funda­ciones. Aunque el grupo continuó luego viaje a Valladolid, en Ávila quedó ya hecho el plan.

Como en los dos tiempos anteriores, un grupo reducido de estudiantes obligaría a remendar y acomodar la casa de Fuente el Sol. 2. Durante la historia de esta mansión señorial ha habido mu­chos arreglos y acomodaciones, pero los más importantes parten del año 1970.

El sótano, antigua cuadra, hoy perfectamente saneado, pre­senta y crea ambiente de catacumba, que lo mismo sirve para ínti­mas celebraciones eucarísticas, que para pasar recreos animados. Tres gruesas vigas de madera y un arco granítico soportan el peso de las habitaciones bajas y galería orientadas al patio.

La parte norte de la casa ha sido, sin duda, la más afectada por las últimas obras. Un cuerpo de edificio saliente con planta baja y piso ha completado armónicamente al que ya existía. Este cuerpo ha resuelto con gusto y acierto las urgencias más perento­rias que plantea una comunidad numerosa. La planta baja ofrece un local suficientemente espacioso que permite colocar una cocina Fagor Industrial de cuatro fuegos, dos planchas y un horno. El piso, con entrada enfrente de la galería, presenta también lugar para instalaciones de servicios, duchas y lavabos. El hueco entre los dos salientes ha sido aprovechado para lavado y planchado de ropa.

Pero el frío constituía, sin duda, el peor enemigo de la casa, situada en la parte alta de la ciudad. Durante los meses de invierno las temperaturas oscilan alrededor de los cero grados. Por eso, los Superiores, generosamente, determinaron hacer una reparación de­finitiva de la calefacción, que fuera única para la casa y para la iglesia. La experiencia de unos meses ha demostrado el acierto. Pese a las dificultades que se encontraron al instalar el tanque de fuel-oil de 12.000 litros, caldera serie cuarta mixta, bomba acele­rada, etc., por estrechamiento del local, hoy podemos disfrutar de una temperatura de 15 a 20 grados dentro de la casa. Este am­biente ideal permite dar las lecciones en el antiguo recibidor grande, hoy convertido en clase, previo desmontado de piso, nue­va solera de hormigón y pavimento de terrazo.

También el comedor ha sufrido nueva orientación: el sol entra ahora por los dos grandes ventanales que caen al patio. Los mue­bles, viejos y carcomidos, se van sustituyendo por otros nuevos de hierro y formica, que ayudan a la limpieza y a la alegría.

Otros muchísimos arreglos se han llevado a cabo para que el tercer tiempo de la historia de los PP. Paúles en Ávila comen­zara y siga con provecho espiritual y cultural de la Comunidad. Para que conste, este tercer tiempo se inició siendo Visitador de la Provincia de Madrid el P. Julián Tobar y Superior de la Casa, el P. José Luis Ranedo. Con él trabajaron en la formación de los once seminaristas que llegaron en febrero de 1971, los PP. Benito Aragón. Nicolás Terreros, Antonino Orcajo, Fernando Delgado y el Hno. Manuel García Varona. Actualmente la Comunidad formadora ha experimentado algún cambio: el P. José Antonio Esteban Sánchez y el Hno. Mateo Molero se han integrado a esta Comuni­dad, y han sido destinados los PP. Nicolás Terrero y Fernando Delgado. El grupo de seminaristas que están haciendo el Semina­rio Interno en su primera fase, suman diez.

Estas pueden ser las líneas generales que explican la conducta del Seminario. La vida espiritual ocupa el primer puesto. Lenta­mente la doctrina vicenciana va ocupando la inteligencia y el co­razón de los candidatos a la Congregación. Al cabo del curso se llega a una reflexión sobre el sacerdocio y vida de comunidad. Varios caminos abocan a esta reflexión. Hay seminaristas para quienes la experiencia apostólica se presenta como una necesidad ineludible. El contacto con los ancianos, con los niños, con los en­fermos aporta experiencias humanas valederas para iluminar la vocación misionera. La Casa Misión y Seminario de Ávila agradece a todas las Hijas de la Caridad los distintos campos de apostolado que ofrecen a los Seminaristas.

El estudio de las asignaturas que durante este tiempo se repar­ten, también pretenden conducir a los seminaristas a una refle­xión relativamente seria sobre problemas humanos, sociales, ecle­siales y de Congregación. Por ahora dispone el Seminario de una biblioteca juguete de 5.000 volúmenes, en su mayor parte del si­glo XIX, y principios del XX. La Comunidad tiene la ilusión de formar una buena biblioteca de temas históricos y teológicos es­pirituales y vicencianos. Confía en que los anaqueles se irán lle­nando poco a poco con obras maestras de última hora. En este aspecto los misioneros de principios de siglo nos han dado un buen ejemplo.

Esta es la historia muy resumida de la fundación de Ávila, que ocupa en las actuales fundaciones de España el séptimo lugar, por orden de antigüedad, y el segundo de la Provincia de de Madrid.

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