Aportes vicencianos a la Nueva Evangelización

Francisco Javier Fernández ChentoEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

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Autor: Celestino Fernández, C.M. · Año publicación original: 2015 · Fuente: Congregación de la Misión.

Reflexiones ofrecidas por la Congregación de la Misión con motivo de la Asamblea General de 2016
Este artículo es un resumen de otro más largo y desarrollado que se puede leer completo en: http://somos.vicencianos.org/blog/aportes-vicencianos-a-la-nueva-evangelizacion/.


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OLYMPUS DIGITAL CAMERAConvocados por el Superior General, P. Gregory G. Gay, los misioneros de la Congregación de la Misión celebrarán su 42ª Asamblea General, del 27 de junio al 15 de julio de 2016. El lema de la Asamblea se centra en la entraña evangelizadora de nuestro ser y quehacer: “Dejémonos renovar por la vitalidad misionera de nuestra vocación vicenciana”. Un lema que conecta con el proyecto planetario de la nueva evangelización en el que toda la Iglesia está embarcada en estos momentos.

La Asamblea General tiene, entre otros fines, “velar por la vitalidad apostólica de la Congregación y promoverla” (Cf. Constituciones C. M., III parte, III, nº 135). Y nada mejor para ello que reflexionar sobre una serie de cuestiones fundamentales de nuestro presente y de nuestro futuro que están en la base de nuestra misión en la Iglesia hoy. Cuestiones que podemos sintetizar en una sola pregunta: ¿qué podemos y debemos aportar los vicencianos a la nueva y urgente evangelización?

La evangelización, tarea de todos los cristianos

Se trata de ver si los vicencianos tenemos algo que decir en el campo universal de la evangelización. Evidentemente, la evangelización es ministerio y mandato universal para toda la Iglesia. No podemos hablar de una “evangelización vicenciana”, en cuanto tal. Porque el vasto campo de la evangelización es de todos los cristianos y para todos los cristianos. Es la tarea y la razón de ser de toda la Iglesia.

El arcoíris es un conjunto de variados colores, de ahí su belleza. Es un conjunto de colores que no es de ningún color concreto, sino de todos los colores por igual. Y así, cada color contribuye a embellecer el conjunto. Se trata es de encontrar ese color netamente vicenciano que contribuye a embellecer el arcoíris de la evangelización.

Algunas anotaciones sobre la Nueva Evangelización

No voy a entrar en disquisiciones sobre el empleo del vocablo evangelización “sin adjetivo o con adjetivo”. Pienso que es lo mismo, que lo importante es el “sustantivo”, es decir la “evangelización”. Pero es necesario tener en cuenta tres subrayados:

  • La nueva evangelización significa, en primer lugar, que hay que volver a evangelizar, puesto que la secularización se está decantando en occidente como una galopante descristianización. Los valores del evangelio, tales como el amor, la fraternidad, la igualdad, la solidaridad… han cedido estrepitosamente ante el empuje de nuevos valores “seculares” como el progreso, la eficacia, el éxito, el consumo… Pues aunque los valores cristianos siguen en la boca, hace tiempo que ya no están en el corazón.
  • Pero la nueva evangelización significa también, y sobre todo, que hay que evangelizar de una manera nueva, con nuevos métodos, nuevas metas y nuevas estrategias, para no incurrir en los errores del pasado. La nueva meta no puede ser el formar otra cristiandad, sino la construcción del reino de Dios. Y eso nada tiene que ver con la ocupación conquistadora del mundo, sino con la presencia testimonial en el mundo. No se trata de bautizar una cultura o un territorio, sino de bautizar al que crea, es decir, al que quiera asumir y compartir el mensaje de Jesús de Nazaret.
  • No hay que olvidar lo que el Papa Francisco viene repitiendo con insistencia, sobre todo en su Exhortación apostólica “Evangelii gaudium”: que la evangelización (o la nueva evangelización) tiene que poner a toda la Iglesia, en “estado de misión” y tiene que moverse en las “periferias” de la vida, periferias materiales, morales, geográficas, existenciales, espirituales…; y que esta evangelización tiene que ser diálogo, sanación, esperanza y alegría (Cf. Evangelii gaudium, nn. 20, 30, 46, 191).

Vamos a trazar unas claves específicamente vicencianas que nos aproximen a lo que pudiera ser hoy nuestra contribución genuina a la nueva evangelización.

Marco general de la Misión Vicenciana

Partimos de un marco general vicenciano. San Vicente de Paúl nos lo proporciona el 6 de diciembre de 1658, en una conferencia a los misioneros que, precisamente, trata sobre “la finalidad de la Congregación de la Misión”: “(Nuestra misión es): dar a conocer a Dios a los pobres, anunciarles a Jesucristo, decirles que está cerca el reino de los cielos y que ese reino es para los pobres” (SVP, XI, 387, en la edición española). Esta frase, para mí, constituye el mejor resumen de lo que debe ser el sello vicenciano de la evangelización. Y nos lleva a las grandes resonancias de la “Evangelii nuntiandi” de Pablo VI, el documento más completo sobre la evangelización.

Desde este marco general deben inspirarse, orientarse y articularse todas nuestras acciones evangelizadoras, y también hacia este marco general deben confluir todas nuestras actitudes y disposiciones. Este marco general nos presenta lo nuclear de la inspiración vicenciana: Dios, Jesucristo y los pobres:

  • La primacía de Dios: Dios es el absoluto. Nosotros somos cauces de su bondad y de su misericordia. Pero el Dios que tiene que anunciar un vicenciano es el Dios “protector de los pobres”, como diría Vicente de Paúl (Cf. SVP, IX, 1057).
  • La centralidad de Cristo: toda la vida de Vicente de Paúl es cristocéntrica, y la cristología de Vicente de Paúl no es teórica, sino viva y existencial. Obviamente, la identidad vicenciana es cristocéntrica y, por tanto, su opción por los pobres sólo se entiende porque la causa de los pobres es la causa de Cristo, y sigue y anuncia a “Jesucristo, evangelizador y servidor de los pobres”.
  • La pasión por los pobres: no se trata solamente de preocupación por los pobres, sino de algo más. Se trata de vivir aquello que expresaba Vicente de Paúl: “Los pobres, que no saben qué hacer ni a dónde ir, que se multiplican todos los días, constituyen mi peso y mi dolor” (Carta de Vicente de Paúl al P. Almerás, el 8 de octubre de Cf. P. Collet, La vie de Saint Vincent de Paul, vol. I, p. 479).

Hilo conductor de la Misión Vicenciana

Ese “marco general vicenciano” está vertebrado por un “hilo conductor” que da unidad a la misión vicenciana. Porque el peligro que tenemos es que la espiritualidad vicenciana específica se diluya entre tantos grupos y espiritualidades eclesiales.

Y ese hilo conductor es la “estructura diacónica” del carisma vicenciano. Con esta expresión me estoy refiriendo a la “caridad”, al “servicio de la caridad”, a la “misión de la caridad”, a la “diaconía” en su sentido etimológico. Porque en la “diaconía” habitan en una perfecta unión la caridad, la comunión, el servicio, la misión, la entrega. Todas las acciones, pensamientos e intuiciones de Vicente de Paúl tienen la motivación y el enfoque de la caridad como misión y de la misión como caridad.

Vicente de Paúl une el amor afectivo y el amor efectivo como dos realidades que tienen que formar un solo cuerpo, como la unión inseparable entre caridad y misión (Cf. SVP, IX, 534, 536, 539, 540). Y advierte que el amor afectivo sin compromiso evangelizador -o sea, la caridad sin la misiónes, por lo menos, sospechoso: “Amemos a Dios, hermanos míos, amenos a Dios, pero que sea a costa de nuestros brazos, que sea con el sudor de nuestra frente. Pues muchas veces los actos de amor de Dios, de complacencia, de benevolencia, y otros semejantes afectos y prácticas interiores de un corazón amante, aunque muy buenos y deseables, resultan sin embargo muy sospechosos, cuando no se llega a la práctica del amor efectivo…” (SVP, XI, 733).

El agente de la Misión Vicenciana

Para que haya un “aporte vicenciano a la nueva evangelización”, tiene que haber evangelizadores específicamente vicencianos. Voy a trazar una especie de retrato breve del “evangelizador vicenciano”, resaltando las líneas más importantes:

a) Persona con profunda experiencia de Que significa mucho más que ser simplemente piadoso.

b) Persona identificada con Cristo, evangelizador de los San Vicente de Paúl dice a los sacerdotes de la Misión: “El Hijo de Dios vino a evangelizar a los pobres; y nosotros, padres, ¿no hemos sido enviados a lo mismo?…” (Cf. SVP, XI, 209-210).

c) Persona con firme sentido de pertenencia a esta vocación específica vicenciana, que se alimenta de la espiritualidad vicenciana y que tiene muy clara en su vida la espiritualidad

d) Persona que se esfuerza por leer la voluntad de Dios en los “signos de los tiempos” que hacen referencia a las necesidades y acontecimientos de los pobres.

e) Persona llena de celo (virtud vicenciana), con todo lo que conlleva de tensión por la evangelización, de audacia y

f) Persona que siente la obligación de formarse. Y que está convencido de que la formación es una cuestión de justicia para la evangelización de los pobres.

El destinatario de la Misión Vicenciana

En el “Instrumentum laboris” del Sínodo sobre la nueva evangelización, de octubre de 2012, se dio mucha importancia a una serie de “escenarios” o “nuevos areópagos” donde hoy es más apremiante y necesaria la evangelización. Se habló “escenarios” como la cultura, el fenómeno migratorio, los medios de comunicación social, la economía global, los avances científicos y tecnológicos, el mundo de la política… (Cf. Instrumentum laboris, nn. 52-60).

Por otra parte, es ya sabida y repetida la afirmación de que los consagrados deben estar en la vanguardia de la misión: en la periferia, con los más pobres y excluidos; en la frontera, donde la iglesia enfrenta los nuevos desafíos misioneros; y en el desierto, donde el evangelio es poco o nada conocido.

Aplicando todo esto al evangelizador vicenciano, surgen unas cuantas preguntas: ¿con quién estamos los vicencianos? ¿dónde estamos? ¿cómo evangelizamos? ¿dónde ponemos el énfasis evangelizador? ¿qué escenarios o areópagos de la nueva evangelización entran en nuestras preocupaciones e inquietudes evangelizadoras? ¿desde dónde impulsamos la evangelización? ¿estamos en la vanguardia de la misión o nos hemos acostumbrado a una pastoral sacramentalista y de conservación? Fácilmente se puede observar que estas preguntas tienen que ver con lo que llamaríamos “los destinatarios” de la evangelización. Y así podríamos concretar esos destinatarios de la misión vicenciana:

  • Los pobres, en toda la extensión de la palabra “pobre” y en toda la extensión de la realidad de la pobreza: desde la pobreza económica hasta la pobreza cultural, moral, psicológica y social. Desde los pobres de siempre hasta los nuevos pobres que están siendo fabricados por los “mecanismos perversos” y las “estructuras de pecado”, como dice Juan Pablo II en su encíclica “Sollicitudo rei socialis”.
  • Los necesitados de formación cristiana y de atención espiritual que, además, son pobres y que, por esa necesidad, son todavía más pobres. El Papa Francisco dice en la Exhortación apostólica “Evangelii gaudium”, en el nº 200: “La peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual…”. Aunque hay que tener cuidado con el empleo inadecuado de lo que se suele catalogar como pobres espirituales.
  • Los pobres a los que nadie llega y nadie quiere atender. Los que ya no cuentan ni siquiera en las estadísticas de la pobreza, de la miseria y de la marginación social. Los que han perdido hasta la visibilidad o a nadie interesa que se hagan visibles.

El mesaje Vicenciano (Algunas insistencias desde el carisma vicenciano)

Los vicencianos podemos aportar al mensaje de la evangelización algunas insistencias derivadas de nuestro carisma y de nuestra espiritualidad propia. Voy a señalar cuatro insistencias vicencianas dentro del mensaje universal de la evangelización:

  • El Dios vivo y verdadero revelado por Jesucristo. Dios como Amor, como misericordia, como perdón gratuito, como protector y defensor de los pobres.
  • Jesucristo salvador y liberador. Jesucristo encarnado, que se hace el último, el siervo. Jesucristo que se presenta como el Mesías ungido por el Espíritu para liberar a los cautivos y a los oprimidos, y dar la buena nueva a los pobres… (Cf. Lc 4, 16-19).
  • La caridad, como eje fundamental de nuestra existencia creyente. El amor afectivo y efectivo como centro neurálgico del creyente y como prueba auténtica de la fe: “La fe actúa por el amor”, dice San Pablo a los Gálatas (Gal, 5, 6).
  • El pobre como “sacramento de Cristo” (Cf. Mt 25, 31-46) y como “señor y maestro”. Esto es lo más específicamente vicenciano.

Una actitud fundamental y algunos criterios viencianos

O dicho con otras palabras, cuáles serían las “maneras” de un vicenciano para colaborar, desde su identidad, en la tarea evangelizadora de toda la Iglesia.

a) La “misionariedad”, como actitud básica

En varias ocasiones, el Papa Francisco ha citado una palabra poco habitual en nuestro lenguaje pastoral. Me refiero al vocablo “misionariedad” (Cf. Discurso al Comité de Coordinación del CELAM, Río de Janeiro, 28 de julio de 2013). Se refiere a una actitud misionera que impregne toda nuestra vida, que llene de sentido nuestro ser cristiano y eclesial, y que oriente todas nuestras acciones evangelizadoras. Una actitud que va mucho más allá de simples “actos o de programas misioneros”. Esta actitud está inserta en el carisma, en la espiritualidad y en la mejor tradición vicenciana.

b) Algunos criterios vicencianos para la evangelización

Los llamo “criterios vicencianos” porque están en la misma raíz del carisma vicenciano y porque traducen y actualizan hoy el carisma que nos legó Vicente de Paúl:

  • Preferencia clara y expresa por el apostolado entre los pobres. O lo que es lo mismo, opción convencida por la evangelización de los pobres. Si no se da este criterio, sobra todo lo demás. (Cf. Constituciones C. M., II parte, I, nº 12, 1º).
  • Acercamiento y atención a la realidad humana, sobre todo, a la realidad sufriente de las víctimas del sistema (Cf. Constituciones C. M., II parte, I, nº 12, 2º).
  • Recuperar una espiritualidad de “encarnación”. No puede haber misión sin encarnación y sin inculturación.
  • Comunión con los pobres. Lo cual implica verdadero conocimiento de los problemas y necesidades de los pobres, auténtico encuentro con ellos, acogida profunda, participación real en sus avatares, sensibilidad respecto de sus derechos…
  • Evangelización “integral”, de palabra y de obra. Decía Vicente de Paúl: “Si hay alguno entre vosotros que crean que están en la Misión para evangelizar a los pobres y no para cuidarlos, para remediar sus necesidades espirituales y no las temporales, les diré que tenemos que asistirles y hacer que les asistan de todas las maneras, nosotros y los demás… Hacer esto es evangelizar de palabra y de obra; es lo más perfecto; y es lo que Nuestro Señor practicó…” (SVP, XI, 393).
  • Promover, impulsar, acompañar, formar al laicado, especialmente en todo lo que concierne al carisma, a la espiritualidad y a la misión vicenciana.
  • Formar y ser formados en la Doctrina Social de la Iglesia, como traducción viva y actual del espíritu vicenciano.
  • Impulsar lo que hoy se conoce como “misión compartida” en y con la Familia Vicenciana.
  • Privilegiar con audacia, con creatividad, con nueva imaginación la “misión popular”. Es una de las señas de identidad evangelizadora de los vicencianos.
  • Organizar la caridad como distintivo de nuestros centros evangelizadores. Vicente de Paúl recomendaba erigir una Cofradía de la Caridad allí donde se había llevado a cabo una misión. Era el fruto visible de la acción evangelizadora.
  • Aplicar la metodología del “cambio sistémico”. El Papa Francisco nos dice: “Desde el corazón del Evangelio reconocemos la íntima conexión que existe entre evangelización y promoción humana, que necesariamente debe expresarse y desarrollarse en toda acción evangelizadora” (Evangelii gaudium, nº 178). Todo esto significa que la Familia Vicenciana tiene, en el “cambio sistémico”, un criterio evangelizador en el pleno y actual sentido de lo que significa y conlleva la evangelización.

Conclusión

Evangelizar desde el compromiso con los pobres, desde el servicio caritativo, es lo más genuino de las claves vicencianas de la evangelización, es lo que más y mejor podemos aportar los vicencianos a la nueva evangelización. Desde la perspectiva vicenciana, la opción por los pobres se convierte en el eje y en el centro fundamental de la nueva evangelización.

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