Aportación del carisma vicenciano a la Misión de la Iglesia (6)

Francisco Javier Fernández ChentoFormación VicencianaLeave a Comment

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Autor: Corpus Juan Delgado, CM · Año publicación original: 2015 · Fuente: Vincencianismo y Vida Consagrada, (XXXIX Semana de Estudios Vicencianos), Editorial CEME, Santa Marta de Tormes, Salamanca, 2015, p. 405-450..
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6.- La Misión de la Iglesia y los obreros del Evangelio.

El Papa Francisco, al proponer la urgencia de la misión evangelizadora de la Iglesia en el mundo de hoy, exclama: “¡Cómo quisiera encontrar las palabras para alen­tar una etapa evangelizadora más fervorosa, ale­gre, generosa, audaz, llena de amor hasta el fin y de vida contagiosa!1.

Para esta etapa evangelizadora invoca el Papa al Espíritu Santo: “le ruego que venga a renovar, a sacudir, a impulsar a la Iglesia en una audaz salida fuera de sí para evangelizar a todos los pueblos2. Y describe a los evangelizadores como “evangelizadores con Espíritu, evangelizadores que se abren sin temor a la ac­ción del Espíritu Santo3; “evangelizadores que oran y trabajan4; “evangelizadores que anuncien la Bue­na Noticia no sólo con palabras sino sobre todo con una vida que se ha transfigurado en la pre­sencia de Dios5.

Al contemplar la situación que vive la Iglesia en Europa, o al recibir noticias de los misioneros y de las Hijas de la Caridad que han partido hacia tierras lejanas, Vicente de Paúl insistía en la necesidad que la Iglesia tiene de disponer de obreros, de personas que trabajen para continuar la misión de Jesucristo, de verdaderos apóstoles.

¡Ay!, la Iglesia tiene bastantes personas solitarias, gracias a Dios, y demasiadas inútiles, y otras muchas más que la desgarran. Lo que necesita es tener hombres evangélicos, que se esfuercen en purgarla, en iluminarla y en unirla a su divino esposo;…  para ir a anunciar a Jesucristo al pobre pueblo y a trabajar por la formación de los sacerdotes. Trabajemos en ello, padre, con todas nuestras fuerzas, confiando en que nuestro Señor, que nos ha llamado a su manera de vivir, nos hará partícipes de su espíritu y finalmente de su gloria6.

Acabamos de enviar tres sacerdotes y tres hijas de la Caridad a Narbona, a doscientas leguas de aquí; todavía necesitamos más para algunas nuevas fundaciones que se están presentando. Se están preparando algunos para el viaje a Madagascar que se hará a finales de mes. Nos piden obreros de todas partes; la mies es grande; hay que pedirle a Dios que suscite hombres apostólicos para trabajar en ella (SVP VIII, 114).

Vicente de Paúl recuerda emocionado los trabajos apostólicos de los misioneros en Berbería o en Madagascar:

Nuestro misionero de Berbería y los que están en Madagascar, ¿qué no han emprendido? ¿qué no han ejecutado? ¿qué es lo que no han hecho? ¿qué es lo que no han sufrido? … En Madagascar, los misioneros predican, confiesan, catequizan continuamente desde las cuatro de la mañana hasta las diez, y luego desde las dos de la tarde hasta la noche; el resto del tiempo lo dedican al oficio y a visitar a los enfermos. ¡Esos sí que son obreros! ¡Esos sí que son buenos misioneros! ¡Quiera la bondad de Dios darnos el espíritu, que los anima y un corazón grande, ancho, inmenso!7.

Obreros, hombres apostólicos son las expresiones que utiliza San Vicente de Paúl para referirse a quienes tienen la dicha de ser llamados para “cooperar en la extensión de la Iglesia por otros lugares«8; “no a una parroquia, ni sólo a una diócesis, sino por toda la tierra«9.

Dirigiéndose a sus compañeros, recurre Vicente de Paúl a la autoridad del señor Duval para subrayar la importancia de que los sacerdotes sean incansables obreros:

El padre Duval, un gran doctor de la iglesia, decía que un eclesiástico tiene que tener más faena de la que pueda realizar; pues, cuando la vagancia y la ociosidad se apoderan de un eclesiástico, todos los vicios se echan encima de él… ¡Oh, Salvador! ¡Mi buen Salvador! ¡Quiera tu divina bondad librar a la Misión de este espíritu de ociosidad, de búsqueda de la comodidad, y darle un celo ardiente de tu gloria, que la haga abrazarlo todo con alegría, sin rechazar nunca la ocasión de servirte!”10.

Trabajar como Jesucristo y en lo que hizo Jesucristo es la mayor dicha para la Familia Vicenciana:

¡Qué felicidad para usted poder trabajar en lo que Él mismo hizo! Él vino a evangelizar a los pobres y esa es también su tarea y su ocupación. Si nuestra perfección se encuentra en la caridad, como es lógico, no hay mayor caridad que la de entregarse a sí mismo por salvar a las almas y por consumirse lo mismo que Jesucristo por ellas. Y a eso es a lo que ha sido usted llamado11.

Porque la evangelización de los pobres no consiste únicamente en la proclamación de las grandes verdades de la fe, sino que, como la realizó Jesucristo, implica la realización de los signos anunciados por los profetas: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los pobres son evangelizados…12.

Puede decirse que venir a evangelizar a los pobres no se entiende solamente enseñar los misterios necesarios para la salvación, sino hacer todas las cosas predichas y figuradas por los profetas, hacer efectivo el evangelio13.

Santa Luisa de Marillac se dirige a las primeras Hermanas señalando que no es posible recibir en la Compañía a quien no esté en condiciones de trabajar14; porque para el servicio a los pobres se requiere buenas trabajadoras15. Las Hijas de la Caridad deben ganarse el pan con su trabajo16; salir a buscar a los pobres enfermos de los pueblos cercanos sin contentarse con recibir sólo a los que llegan a su casa17.

San Vicente y Santa Luisa recurrieron a la experiencia de las relaciones entre los amos y los criados, para describir la vida de las Hijas de la Caridad como “siervas” de los pobres, sus “amos y señores”.

La madre Lucía Rogé resumía bien esta aportación del carisma vicenciano a la Misión de la Iglesia: “Cuando se leen las instrucciones dadas por San Vicente y Santa Luisa a las primeras Hermanas, se advierte que quisie­ron hacer una transposición, tan aproximada como fuera posible, de esta función de sirvientas en favor de los Pobres, «nuestros Amos y Señores». Mucho se ha repetido que las Hijas de la Caridad, Siervas de los Pobres, yendo y viniendo, representan en su época una revolución en el plano de la vida consagrada en la Iglesia. Pero de la misma forma, representan también una revolución en el plano de la vida social18.

Al comienzo de su pontificado, el papa Benedicto XVI se presentaba como “humilde obrero de la viña del Señor19. Obreros, trabajadores apostólicos, siervas: una significativa aportación del carisma vicenciano a la Misión de la Iglesia, a la autocomprensión de los evangelizadores.

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  1. Francisco. Evangelii Gaudium, o.c., 261.
  2. Ibidem.
  3. Francisco. Evangelii Gaudium, o.c., 259.
  4. Id. 262.
  5. Id. 259.
  6. SVP III 181.
  7. SVP XI 122.
  8. SVP III 37.
  9. SVP XI 553.
  10. SVP XI 121.
  11. SVP VII 293.
  12. Son los signos que distinguen la Misión de Jesús. Cf. Lucas 4, 18 ss.
  13. SVP XI 391.
  14. C. 233; 535; 622.
  15. C. 603; 713.
  16. C. 232.
  17. C. 221; 233.
  18. L. Rogé. Actitudes de la Hija de la Caridad para el servicio: Don total para el servicio. Encuentro de los Consejos Provinciales en Ávila de 1981. Ceme, Salamanca 1982, 231-241.
  19. Benedicto XVI. Bendición apostólica «urbi et orbi». Primeras palabras de su santidad Benedicto XVI desde el balcón central de la basílica vaticana el martes 19 de abril de 2005. Sala de prensa del Vaticano. Roma 2005.

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